Un padre a su hijo



1Hijo mío, si saliste fiador de tu prójimo, si estrechaste la mano de un extraño, 2si te has enredado con las palabras de tus labios, si quedaste atrapado por los dichos de tu boca, 3haz lo siguiente, hijo mío, para escapar pues caíste en manos de tu prójimo: ve, humíllate e importuna a tu prójimo.
4No concedas sueño a tus ojos, ni sopor a tu mirada.
5Escapa, como la cierva de la mano, como el pájaro de la mano del lacero.
6Vete donde la hormiga, perezoso, observa su conducta y hazte sabio:
7ella no tiene jefe, guardián, ni quien le mande;
8prepara en verano su sustento, almacena su comida en tiempo de siega.
9¿Hata cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10Un poco de dormir, un poco de sopor, otro poco de cruzar los brazos para reposar,
11y llegará como un vagabundo, tu propia miseria, y, como un hombre armado, tu indigencia.
12El hombre perverso, el varón malicioso, anda con boca retorcida,
13guiña los ojos, escarba con los pies, señala con los dedos,
14en su corazón hay falsedades, maquina la maldad, a cada momento siembra discordias.
15Por eso, de improviso llegará su ruina, de repente será destrozado sin remedio. PROVERBIOS 6, 1-15.


6, 1-2    Si saliste fiador de tu prójimo

RESPONSABILIDAD ANTE EL PRÓJIMO. Salir fiador del prójimo significa cargar con el alma de otro obligándose a salvarla. La mano del ministro queda ligada con un extraño, porque el alma queda obligada a soportar la carga de una responsabilidad que antes no tenía. Y comprometerse por las palabras de su boca, dejándose prender por ellas, significa que, cuando piense dar buenos consejos a sus fieles, antes, es necesario que él mismo viva lo que ha dicho. Por tanto, [el ministro] se compromete por las palabras de su boca, cuando por exigencia de la recta razón se reprime para que el camino de su vida no se desvíe a otro que no sea el de su enseñanza. En presencia del juez justo, él se ha comprometido a cumplir, en su propia conducta, lo que prescribe a los demás con su palabra. GREGORIO MAGNO, La regla pastoral, 3, 4.

6, 3-4    No concedas sueño a tus ojos, ni sopor a tu mirada

ESTAR BIEN DESPIERTO POR DENTRO Y POR FUERA. A todo el que está puesto al frente de los demás para darles ejemplo, hay que exhortarle no sólo a que él mismo se cuide, sino también a que importune a su prójimo. No es suficiente que se cuide él, viviendo santamente, sino despierta de la torpeza del pecado a aquel a quien preside. Se dice con razón: "No concedas sueño a tus ojos, ni duerman tus párpados". Conceder sueño a los ojos significa que, se desentiende uno totalmente de sus fieles. Duermen los párpados cuando nuestros pensamientos, oprimidos por la pereza, hacen la vista gorda a lo que saben que tienen que decir a los fieles. Estar dormido profundamente es no conocer ni corregir las acciones de los que han sido encomendados. No estar dormido, sino desentendido, es saber lo que hay que reprender y, sin embargo, no enmendarles -por desidia- con las merecidas amonestaciones. Y, al descuidarlos, se apodera de los ojos un sueño total que, de ordinario, cuando el que preside no ataja el mal que conoce, por su negligencia, llega incluso a ignorar los pecados de sus fieles. Así pues, hay que exhortar a los que presiden, para que mirando a su alrededor tengan los ojos despiertos por dentro y por fuera; y procuren hacerse como los animales del cielo, que son presentados y descritos como llenos de ojos por dentro y por fuera. GREGORIO MAGNO, La regla pastoral 3, 4.

6, 6    Vete donde la hormiga, perezoso

UNA COLONIA DE HORMIGAS ES COMO UN MONASTERIO. Acordándome de que Salomón nos remite a la laboriosidad de la hormiga y que con tal ejemplo espolea a las mentes perezosas, comencé a sentir la nostalgia de las celdas del monasterio y a echar de menos la similitud de aquellas hormigas con los monjes, entre los cuales trabajaba en común y, aunque nada sea propiedad de ninguno, todos poseen todo en común. JERÓNIMO, Vida de Malco, 7.

6, 8    Almacena su comida en tiempo de siega

APRENDER EL ORDEN DE LOS MONASTERIOS. Construye colmenares para las abejas, cosa a la que te invita los Proverbios, y de aquellos cuerpos menudos aprende el orden y la regia disciplina de los monasterios. JERÓNIMO, Cartas, 125, 11.

COMPARACIÓN ENTRE LA HORMIGA Y LA ABEJA. También se dice: "Mira, perezoso, a la hormiga, y sé más sabio que dicho animal" pues ella deposita alimento abundante y variado, durante la cosecha, para hacer frente al rigor del invierno. "Mira también a la abeja y aprende cómo trabaja". También ella se extiende por todo el prado produciendo un solo panal de miel. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromata, 1, 33, 5-6.

IMITAR A LA HORMIGA Y A LA ABEJA. Existe la hormiga laboriosísima para despertar al perezoso, al indolente, puesto que, cuando uno tiene una juventud ociosa, entonces ha de ser instruido por los animales irracionales, acusado por la divina Escritura, que dice: "Acércate a la hormiga, perezoso, arde en emulación mirando sus caminos y hazte más sabio que ella". Al ver que en el tiempo oportuno atesora comida para sí, imítala y atesora para ti frutos de buenas obras para el siglo venidero. Y también: "Acércate a la abeja, y aprende cómo trabaja"; cómo recorre flores de toda clase y fabrica miel para utilidad tuya; para que recorriendo tú también las divinas Escrituras afiances con fuerza tu propia salvación. CIRILO DE JERYUSALÉN, Las catequesis, 9, 13.

6, 11-14    Tu indigencia

LA POBREZA PROVIENE DE LA OCIOSIDAD. "Llegará, como un vagabundo, tu propia miseria, y, como un hombre armado, tu indigencia". No hay nada peor que la miseria. Llega inmediatamente al hombre ocioso con tal rapidez que supera en velocidad a los mejores corredores. En verdad, la miseria es por ello necesidad; la miseria es carencia de ciencia; la necesidad es carencia de virtudes. ¿No ves la importancia del trabajo? ¿No te enseñan los animales irracionales? ¡Apréndelo por la experiencia! ¡No pretendas aparecer más irracional que los animales irracionales! Huye, pues, de la miseria. ¿Que el trabajo es algo pesado? En cambio, fíjate en su fin. ¿Que la ociosidad es agradable? Fíjate en su final. Te ruego que no te fijes en los comienzos de las cosas, sino que mires en dónde terminan. Quien sale de su casa no pretende detenerse en el camino, sino que, una vez que ha comenzado a andar, sólo piensa en la meta. Con ese pensamiento comienza y desea unir el comienzo con el fin. En cambio, tú haces lo contario. JUAN CRISÓSTOMO, Comentario a Proverbios, 6, 11.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 99-105
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ