Fidelidad a la propia esposa



15Bebe el agua de tu aljibe, a raudales de tu propio pozo.
16¿Se van a derramar fuera tus fuentes, y tus acequias por las calles?
17Que sean para ti, para ti solo, sin compartir con extraños.
18Que tu fuente sea bendita, goza con la esposa de tu juventud,
19cierva de amores, gacela graciosa. Que tus pechos te embriaguen sin cesar, que su amor te fascine siempre.
20¿Por qué dejarte fascinar, hijo mío, por una mujer ajena, y abrazar el seno de una extranjera?
21Pues ante los ojos del Señor están los caminos del hombre, y sopesa todos sus senderos.
22Al malvado lo atraparán sus propias iniquidades, y se enredará en las cuerdas de su pecado.
23Morirá por falta de instrucción, sin advertir la magnitud de su necedad. (PROVERBIOS 5, 15-23)

5, 15-17    Bebe el agua de tu aljibe

LOS FRUTOS DE LA BÚSQUEDA PERSONAL. Hay que procurar el fruto de la alegría y del gozo. En ti se encuentra la dulzura de tu amabilidad; de ti brota, en ti permanece y se encuentra dentro de ti. Tú mismo debes buscar la alegría de tu propia conciencia. Por eso la Escritura dice: "Bebe el agua de tu aljibe, a raudales de tu propio pozo". AMBROSIO, Exámeron, 3, 12, 49.

TU PROPIO POZO. Procura, pues, también tú, que escuchas, tener tu propio pozo y tu propia fuente, para que, cuando tomes el libro de las Escrituras entre las manos, empieces a producir de tu propio pensamiento alguna interpretación, y, conforme a lo que aprendiste en la Iglesia, intenta beber también tú de la fuente de tu espíritu. El origen del agua viva está en tu interior; dentro de ti hay venas perennes y corrientes colmadas de sentido racional, si no están obstruidas por la tierra y los detritus. Haz lo necesario por excavar tu tierra y purificarla de la inmundicias, es decir, por remover la desidia de tu espíritu y sacudir la indolencia del corazón. ORÍGENES, Homilías sobre el Génesis, 12, 5.

USA TUS PROPIOS RECURSOS. "Bebe las aguas de tu propia cisterna" y de la fuente de tu piscina, es decir, no vayas a las fuentes de otro, sino reúne de tus propias corrientes los consuelos de la vida. ¿Tienes vasos de metal, vestidos, bestias de carga, utensilios de toda clase? Despréndete de ellos; acepta dejar todas estas cosas, excepto la libertad. BASILIO DE CESAREA, Sermones sobre las costumbres, 5.

SERÁ COMO UN MANANTIAL. "Bebe el agua de tu cisterna, los raudales de tu pozo...". Y según Isaías: "Serás como un huerto regado, como corrientes de aguas vivas que no se agotan jamás. Edificarán tus hijos las desiertas ruinas y alzarás los cimientos primeros, y te llamarán reparador de brechas y restaurador de caminos deshechos"... Y así toda la dirección que imprime a tu vida esa ciencia y tu meditación constante, como todos tus pensamientos y aun su orientación incierta, no serán más que una santa e incesante meditación de la ley divina. JUAN CASIANO, Colaciones, 14, 13.

5, 19    Gacela graciosa

LAZOS DE AFECTO Y CONSTANCIA. Considera cómo lo conduce hacia el vínculo del mismo yugo. Pues le muestra por medio del animal (la cierva) la pureza del placer, y por medio de la gacela hace presente la diligencia de la esposa y la amabilidad. Y dado que él conoce que hay muchas cosas tentadoras, decidió prudentemente poner el indisoluble vínculo del amor delante de ellos concediéndoles la constancia. Por lo demás, la sabiduría, como un ciervo, es capaz de rechazar las serpentinas doctrinas de los herejes y destruirlas. HIPÓLITO DE ROMA, Fragmentos sobre los Proverbios, 10.

5, 20    ¿Por qué dejarte fascinar?

NO PERMANECER ÚNICAMENTE EN LA EDUCACIÓN SECULAR. "No vayas frecuentemente tras los pasos de la extraña"; en efecto, anima a utilizar la cultura mundana, pero no a permanecer e instalarnos en ella. Así, pues, los dones concedidos oportunamente a cada generación para su bien son una educación preparatoria a la palabra del Señor. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromata, 1, 29, 9.

5, 22    Al malvado lo atraparán sus propias iniquidades

ATRAPADOS POR LOS PROPIOS PECADOS. Teman los atados, teman los desatados. Los desatados teman ser atados; los atados oren para ser desatados. "Cada uno está atado por los lazos de sus pecados". Fuera de esta Iglesia nada se puede desatar. AGUSTÍN, Sermones, 295, 2.

NOSOTROS MISMOS NOS CASTIGAMOS. He afirmado anteriormente que Dios nos castiga por nuestros pecados y ahora digo que somos nosotros mismos los que nos castigamos, aunque parezca que me contradigo. Ambas cosas son verdaderas. En efecto, es Dios quien nos castiga, aunque en realidad somos nosotros por nuestra conducta, los que hacemos que nos castigue. Ahora bien, si somos nosotros la causa del castigo que Él nos manda, ¿quien puede dudar que somos nosotros mismos quienes nos castigamos por culpa de nuestros pecados? Todo el que pone la causa del castigo se castiga a sí mismo, como está escrito: "Al malvado lo atraparán sus propias iniquidades". En consecuencia, si los hombres malvados se encuentran atados con las solas cuerdas de sus propios pecados, es evidente que todo pecador, cuando peca, se ata a sí mismo. SALVIANO EL PRESBÍTERO, Sobre el gobierno de Dios, 8,1,8.

¡LAVAOS, PURIFICAOS! Cuantos os veis envueltos en el insoportable traje de las culpas y os sentís enredados en las cadenas de vuestros pecados, escuchad la voz del profeta: "Lavaos, purificaos; quitad de delante de mis ojos la maldad de vuestras obras", para que el coro de los ángeles pueda proclamad sobre vosotros: "Dichosos los que son perdonados de las culpas, y le han sido cubiertos sus pecados". CIRILO DE JERUSALÉN, Las catequesis, 1, 1.

5, 23    Morirá por falta de instrucción

EL DESTINO DE LOS PECADORES Y REBELDES. "Él morirá con los que carecen de instrucción; será sacado de la abundancia de su gordura". El que es cazado en la infracción de la ley y no está instruido, experimentará las mismas cosas que aquéllos. En efecto, el que tiene que ver con asesinos, es asesino.
Mira cómo muestra [Salomón] que la muerte es amarga cuando dice con quiénes morirá [el inicuo]. Es terrible, sin duda, abandonar la vida con mala reputación. La infracción de la ley multiplicó las cadenas, lo cual [Salomón] ha denominado necedad, de tal modo que la carne es destruida por las obras de la carne y le mantiene lejos de la vida que podría salvarle. Perece por su insensatez, no por la lujuria, ya que tenía su propia mujer, un medio legítimo de satisfacer el deseo. Por eso, nadie debe acusar a la naturaleza, sino a su propia intemperancia, la cual no es algo propio de la naturaleza. JUAN CRISÓSTOMO, Comentario a Proverbios, 5, 23.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 96-99
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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