Cuidar la discreción




1Hijo mío, presta atención a mi sabiduría, inclina tu oído a mi prudencia, 
2para conservar la sagacidad y que tus labios guarden la ciencia.
3Porque los labios de la mujer ajena destilan miel, y su paladar es más suave que el aceite,
4pero al final es amarga cono el ajenjo, cortante como la espada de dos filos.
5Sus pies bajan a la muerte, el seol retiene sus pasos.
6No sopesa la senda de la vida, y sus senderos se descaminan sin que lo advierta.
7Ahora, pues, hijos, escuchadme, y no os apartéis de los dichos de mi boca.
8Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa,
9no sea que entregues tu dignidad a otros y tus años a alguien implacable;
10no sea que se sacien de tus bienes los extraños, de tus fatigas, en casa de extranjero,
11y tengas que gemir a la postre, cuando tu carne y tu cuerpo se consuman,
12y digas: "¿por qué aborrecí la instrucción, y mi corazón rechazó la corrección,
13y no escuché la voz de mis guías, ni presté oído a mis maestros?
14A punto estuve del colmo de la desgracia, en medio de la asamblea y de la comunidad. (PROVERBIOS 5, 1-14)

5, 1     Presta atención a mi sabiduría

GUARDA TUS PENSAMIENTOS. "Atiende a mi sabiduría, hijo mío; aplica tu oído a mi prudencia, para que guardes la reflexión". No hay en nosotros nada más fugaz que el corazón; porque se aleja de nosotros tantas veces como se desliza por malos pensamientos. Por eso, dice el salmista: "mi corazón me ha abandonado". Y, volviéndose a sí mismo, dice: "Tu siervo ha encontrado su corazón para orar a ti". Se encuentra el corazón, acostumbrado a huir, cuando se domina el pensamiento vigilantemente. GREGORIO MAGNO, La regla pastoral, 3, 14.

5, 3-4    Al final es marga como el ajenjo

LA RECTITUD ES AMARGA EN SUS INICIOS PERO DULCE AL FINAL. "Lo que al principio parecía dulce al final es amargo como el ajenjo, cortante como la espada de dos filos". En cambio, la naturaleza de la justicia es contraria, sucede a la inversa. Al comienzo parece amarga, `pero al final es más dulce que la miel, porque produce los frutos de la virtud. ORÍGENES, Homilías sobre Josué, 14, 2.

EL EXPERTO TEÓLOGO Y DESVERGONZADO PECADOR. Si se vive en vergonzosa fornicación, ¿qué utilidad puede acarrear el conocer perfectamente las verdades sobre Dios? Y asimismo, si se pronuncian palabras impías ¿qué utilidad puede comportar el llevar una vida reconocidamente casta? Por tanto, el conocimiento de las verdades es un gran tesoro y una necesidad del alma prudente puesto que son muchos los que seducen por medio de vanas filosofías y falacias. Los paganos estragan con palabras suaves: "Porque los labios de la mujer ajena destilan miel". CIRILO DE JERUSALÉN, Las catequesis, 4, 2.

LA SATISFACIÓN DE LOS PECADORES DURA POCO TIEMPO. Cuando un pecador busca satisfación no encuentra el fruto agradable de su pecado, como dice la sabiduría de Dios: "Es dulce al pecador el pan del fraude, pero después se llena su boca de grava". "Porque los labios de la mujer destilan miel, y su paladar es más suave que el aceite, pero al final es amarga como el ajenjo, cortante como la espada de dos filos". Por eso el que come se alegra durante un poco de tiempo, pero después se abstiene durante mucho, porque el infeliz no sabía que los que se alejan de Dios fallecen. ATANASIO, Carta festiva, 7, 5.

LOS DOS CAMINOS: UNO HACIA LA MUERTE Y OTRO HACIA LA VIDA. En un brevísimo espacio de tiempo [el demonio], a través de un camino amplio y espacioso, conduce a la muerte a los soberbios y a los lujuriosos. Por el contrario, Cristo nuestro Señor, a través de un camino estrecho y angosto, conduce a la vida a los humildes y obedientes. Ambos caminos, tanto el amplio como el angosto, tienen un final y son brevísimos: ni el camino angosto se ha de trabajar por mucho tiempo, ni el amplio se ha de gozar por mucho tiempo. Y así, aquellos que le deleita el camino amplio y voluptuoso, después de un breve gozo tendrán un suplicio sin fin; y por el contrario, aquellos que siguen a Cristo por el camino angosto, después de breves angustias merecerán llegar a los premios eternos. Porque si un laico viviendo en el mundo tiene soberbia, esto es un pecado para él; pero, si la tuviera un monje, es un sacrilegio. Vosotros hermanos débiles mostraros de una manera tan santa, tan justa, tan piadosa, que vuestros méritos no sólo sean suficientes para vosotros, sino que también en este mundo puedan impetrar el perdón para otros pecadores. Porque si no refrenamos la lengua nuestra religión no es verdaera sino falsa; y sería mejor no hacer votos, que incumplir las cosas prometidas después de haber hecho el voto. CESÁREO DE ARLÉS, Sermones, 233, 7.

5, 8    Aleja de ella tu camino

HUIR DEL MAL. Tú huyes como conviene si tu corazón no imita los consejos de los pecadores ni sus pensamientos. Huyes como conviene si tu ojo rehuye las jarras y las copas para no nublarse mientras bebe de continuo. Huyes como conviene si tu ojo evita la lengua ajena para que la tuya guarde la verdad. Huyes como conviene si no respondes al irreflexivo conforme se merece su locura. Huyes como conviene si alejas tus pasos de la presencia de los necios. Así pues, si caes de repente como un guía malo y deseas huir como conviene, haz que tus caminos se encuentren lejos de sus discursos. AMBROSIO, Sobre la huida, 9, 56.

5, 9    No sea que entregues tu dignidad a otros

CREADOS A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS. ¿Qué hay que entender por extraños a nosotros, sino los malos espíritus, que han sido separados de la patria celestial? ¿Qué, por nuestra honra, sino que, aunque creados con cuerpos de barro, sin embargo, hemos sido hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador? Y ¿quién es el cruel, sino aquel ángel apóstata que, por soberbia, se buscó para sí mismo la muerte y, aun perdido, no cesa de buscar la muerte para el género humano? Así pues, da su honra a gente extraña aquel que, creado a imagen y semejanza de Dios, emplea los años de su vida en complacer a los espíritus malignos. Además, entrega sus años a alguien cruel, aquel que hace uso del tiempo que ha recibido para vivir según la voluntad del enemigo que le domina para su mal. GREGORIO MAGNO, La regla pastoral, 3, 12.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 93-96
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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