El sabio hereda honor y el necio infamia



21Hijo mío, no lo pierdas de vista: conserva la destreza y la sagacidad.
22Serán vida para tu alma, y gracia para tu cuello.
23Así recorrerás confiado tu camino, y no tropezará tu pie.
24Cuando reposes, no tendrás miedo, cuando te acuestes, será dulce tu sueño.
25No temerás el terror repentino, ni la troma de los malvados cuando irrumpa,
26porque el Señor te dará confianza, y guardará tu pie de la trampa.
27No niegues un favor a quien lo necesite, cuando esté en tu mano hacerlo.
28No digas a tu prójimo: "Vete y vuelve, mañana te daré", si tienes en ese momento.
29No maquines mal contra tu prójimo mientras vive confiado contigo.
30No pleitees con nadie sin motivo, sino te ha echo agravio.
31No envidies al violento, ni elijas ninguno de sus caminos,
32porque el Señor abomina del extraviado, pero tiene intimidad con los rectos.
33La maldición del Señor está en casa del malvado, pero bendice la morada de los justos;
34se burla de los insolentes, pero a los humildes da su gracia.
35Los sabios heredarán gloria, pero los necios acumularán infamia. ( PROVERBIOS 3, 21-35 )

3, 23    No tropezará tu pie

LA FILOSOFÍA GRIEGA ES ÚTIL. Antes de la venida del Señor, la filosofía era necesaria para la justificación de los griegos; ahora, sin embargo, es provechosa para la religión, y constituye una propedéutica para quienes pretenden conseguir la fe mediante demostración racional; por eso se dice: "Tu pie no tropezará", refiriendo a la Providencia lo que es bueno, tanto griego como nuestro. Ciertamente, Dios es la causa de todos los bienes; de unos [lo es] principalmente, como el Antiguo y el Nuevo Testamento, de otros consecuentemente, como de la filosofía. Quizás también la filosofía haya sido dada primitivamente a los griegos antes de llamarles también a ellos mismos el Señor, ya que también la filosofía educaba a los griegos, al igual que la Ley a los hebreos, hacia Cristo. En verdad, la filosofía, abriendo camino, predispone al que luego es perfeccionado por Cristo. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromata, 1, 28, 1-3.

3, 25    No temerás el terror repentino

DIOS NOS GUARDA. Si tienes seguridad y crees que Dios te cuida, no debes preocuparte por el cuerpo ni debes angustiarte por los medios con los que debes gobernar tu alma. Ahora bien, si dudas esto y tratas de tener cuidado de tu alma sin tener en cuenta a Dios, serás el más desgraciado de todos los hombres. En este caso ¿para qué te sirve el vivir? "Deja en el Señor tu cuidado" y serás más poderoso que cualquier miedo.
Quien de una vez por siempre ha puesto su vida en manos del Señor, permanece seguro en el descanso de la mente. Sin la renuncia voluntaria a los bienes, el alma no puede liberarse de la agitación de los pensamientos. Sin la calma de los sentidos, no se puede percibir la paz de la mente. Sin entrar en tentaciones, no se puede conquistar la sabiduría del Espíritu. Sin la lectura [asidua de la Escritura], no se puede aprender la finura de los pensamientos. Sin la tranquilidad de los pensamientos, el entendimiento no puede ser movido por los misterios secretos. Sin la confianza de la fe, nadie podrá soportar tentaciones y dificultades. Sin la experiencia directa y actual de la Providencia divina, el corazón no puede confiar en Dios. Si el alma no prueba los sufrimientos por amor a Cristo, nunca estará unida conscientemente a Él. ISAAC DE NÍNIVE, Homilías ascéticas, 5.

3, 34    A los humildes da su gracia

TESTIMONIO DE LA ESCRITURA. Casi no hay página alguna en los Libros sagrados en la cual no resuene que Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. AGUSTÍN, Sobre la doctrina cristiana, 23, 33.

SUMISIÓN A DIOS Y A LA IGLESIA. Que nadie os engañe. Si alguien no está dentro del altar del sacrificio, carece del pan de Dios. Pues, si la oración de uno o dos tiene tal fuerza, ¡cuánto más la del obispo y la de toda la Iglesia! Así pues, el que no viene a la reunión es ya un soberbio y se juzga a sí mismo. En efecto, está escrito: "Dios resiste a los soberbios". Por tanto, pongamos empeño en no enfrentarnos al obispo para ser obedientes a Dios. IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Carta a los efesios, 5.

LA HUMILDAD RESITE A LA ARROGANCIA. Puesto que somos una porción santa, hagamos todo lo que es propio de la santidad, huyendo de la calumnia, de la unión infame e impura, de las embriagueces, de las revueltas y de los deseos repugnantes del adulterio abominable y de la execrable soberbia. "Pues Dios -dice- rechaza a los soberbios y da la gracia a los humildes". Por tanto, unámonos a aquellos a los que se les da la gracia de Dios. Revistámonos de concordia teniendo sentimientos de humildad, siendo dueños de nosotros mismos, alejándonos de toda murmuración y calumnia, siendo justos con obras y no con palabras. CLEMENTE DE ROMA, Cata a los Corintios, 30, 1-3.

LA GRACIA DE DIOS ES MAYOR QUE LA AMISTAD TERRENA. La gracia que el Señor concede es mayor que la pura amistad del mundo, porque ésta [la amistad] proporciona los bienes terrenos para un corto tiempo y además con acompañamiento de dolor, mientra que Él dispensa el gozo de la vida eterna. A continuación se explica quiénes son los que reciben esta gracia: "Dios resiste a los soberbios, y a los humildes da la gracia". Ciertamente Dios castiga a los ladrones, perjuros, lujuriosos y demás pecadores, porque desprecian sus mandamientos; pero se dice que resiste especialmente a los soberbios, porque los que confían en su propia fuerza, los que no quieren someterse al poder divino con la penitencia, los que rechazan buscar el auxilio de la gracia divina, como si se bastasen a sí mismos para salvarse, serán sometidos a un castigo mayor. Por el contario, da la gracia a los humildes porque quienes, en el aml de sus vicios, acuden suplicantes a las manos del verdadero médico, reciben merecidamente el don de la deseada salvación... Dará, pues, su gracia a los humildes porque concede la realización de las buenas obras y el don de la eterna bienaventuranza a quienes viven humildemente. BEDA, Comentario a la Carta de Santiago, 1, 4, 6.

DIOS ES SEVERO CON EL ARROGANTE PERO BONDADOSO CON EL HUMILDE. Lo diré de forma más sencilla. Dios odia todo tipo de pecado -la mentira, el perjurio, el robo, el latrocinio, el adulterio, la fornicación-, y si alguien fuera sorprendido en alguno de estos pecados, no podría levantar sus ojos del suelo y nosotros lo consideraríamos como persona detestable. Sin emabargo, seguimos teniendo trato con el soberbio, a pesar de que cometa un pecado mayor que el del adúltero. Quien fornica puede excusarse diciendo: "Me venció mi carne, mi juventud pudo más que yo". No es que esté yo diciendo que debas hacerlo, pues Dios también lo aborrece, sino que, comparando la gravedad de cada pecado, hay quien puede hallar una excusa para ciertos pecados, por ejemplo para un hurto. ¿Qué disculpa puede poner? "Robé por necesidad, porque me moría de hambre, por enfermedad". El soberbio, en cambio, ¿qué excusa puede aducir? Date cuenta, pues,  de que la soberbia es un mal tan grade que no admite excusa alguna. Todos los pecados perjudican a quienes los cometen, pero, más que ninguno, la soberbia. Os digo pues, esto para que no creáis que la soberbia es un pecado de poca importancia. ¿Qué dice el apóstol Pablo a propósito de esto? Dice... "Que no sea neófito, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la misma condena que el diablo". Date cuenta, pues, de cómo el que se ufana incurre en la condena del diablo. Por eso, ateniéndome a lo que puede leerse en las Escritura, Dios "se opone a los soberbios y otorga en cambio su gracia a los humildes", os advierto que hemos de evitar toda clase de pecados, pero sobre todo el de la soberbia. JERÓNIMO, Homilías sobre la obediencia.

3, 35    Los sabios heredarán gloria

LOS SABIOS HEREDARAN, PERO LOS MALVADOS CAEEN EN SUS DESGRACIAS. No dijo simplemente que recibirán gloria, sino que los "sabios heredarán". Y es que muchos impíos serán exalatados, pero sólo para que se haga mayor su "deshonor". Pues, al igual que si alguien coloca en alto un hombre deforme y desfigurado para que sea visto, no lo honra, sino que lo deshonra al hacer manifiesta a muchos su deformidad, así también Dios levanta a los impíos, para que se haga patente su fealdad. Fue levantado el Faraón, pero para que tuviese todo el mundo como acusador. HIPÓLITO DE ROMA, Fragmentos sobre Proverbios.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 80-83
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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