COMPRENDER EL TEMOR DEL SEÑOR



1Hijo mío, si acoges mis palabras y guardas mis preceptos,
2prestando oídos a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia;
3si invocas el discernimiento y apelas a la prudencia,
4si la procuras como la plata y la buscas como a los tesoros,
5entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da la sabiduría, de su boca, el saber y la discreción.
7Él reserva destreza a los rectos, es escudo para quienes andan con integridad,
8protege las sendas del derecho, y guarda el camino de sus fieles.
9Entonces comprenderás justicia, derecho y rectitud: todo buen sendero.
10Porque la sabiduría vendrá a tu corazón, y el saber deleitará tu alma.
11La sagacidad te guardará, la prudencia te protegerá.
12Te librará del mal camino, de los hombres que propalan falsedades,
13que dejan las sendas rectas para andar por caminos tenebrosos,
14que se gozan obrando el mal y se alegran con perversas falsedades,
15cuyas sendas son retorcidas, y aberrantes sus senderos.
16Te librará de la mujer ajena, de la extranjera que seduce con palabras suaves,
17que dejó al esposo de la juventud y olvidó la alianza de su Dios:
18su casa se ha inclinado hacia la muerte, y sus senderos hacia el mundo de los muertos.
19Cuantos entran allí no retornan ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por eso, anda por el camino de los buenos, y guarda las sendas de los justos,
21pues los rectos habitarán la tierra, y los íntegros en ella permanecerán.
22Pero los malvados serán extirpados de la tierra, y los traidores arrancados de ella. (PROVERBIOS 2, 1-22)

 2, 4   Si la procuras como la plata

AMAR A DIOS TANTO COMO AL DINERO. Puede parecer indigno y ofensivo el comparar la sabiduría con las riquezas, puesto que el amor debe compararse con el amor. Veo que vosotros tenéis tanto amor al dinero que estáis dispuestos a soportar fatigas, emprender ayunos, atravesar mares y enfrentaros a vientos y turbulencias. Por ello intento cambiar el objeto de vuestro amor y no acrecentar el amor que tenéis a lo que amáis. Dios os pide que le améis en la misma medida, no más. Él habla a los malos, se refiere a los avaros. Pide que se le ame tanto como al dinero, aunque Dios valga mucho más que el dinero. AGUSTÍN, Sermones, 399, 10, 11.

2, 5   Hallarás el conocimiento de Dios

SABIDURÍA E INTELIGENCIA DEBEN PRECEDER AL TEMOR DE DIOS. Es necesario que la sabiduría y la inteligencia existan de antemano para hacer posible el temor del Señor. EVAGRIO PÓNTICO, Escolios a los Proverbios, 20.


2, 6   Porque el Señor da la sabiduría

CELO POR EL ESTUDIO, DOTADO DE PIEDAD. Hemos de advertir a los estudiosos de los Libros santos que no sólo conozcan los géneros literarios de la Escritura, para saber con precisión de qué manera se expresa, y los retengan en la memoria, sino también, y esto es lo principal y lo más necesario, que oren para comprender. En estos libros, acuyo estudio se dedican, podrán leer que "el Señor da la sabiduría" y de su boca procede la ciencia y el entendimiento, de quien también recibieron ese mismo deseo de saber, si es que está acompañado de piedad. AGUSTÍN, Sobre la doctrina cristiana, 3, 37, 56.

2, 15    Cuyas sendas son retorcidas

LA MENTE COMO UN SENDERO RECTO. Dice la Escritura: "Preparad el camino del Señor"; es decir, preparaos a recibir lo que Cristo desee decretar. Apartad los corazones de la sombra de la ley, cesad las imágenes, abandonad los consejos pervertidos... "Haced rectas sus sendas". Recta, lisa y fácil es la senda que conduce al bien; en cambio la otra es torcida, o sea, la que conduce a la maldad a los que transitan por ella. Ciertamente, de éstos está escrito: "Cuyas sendas son torcidas, y aberrantes sus senderos". Así pues, la honestidad de la mente es como un camino recto que no tiene nada de retorcido. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comentario al Ev. de Lucas, 6.


2, 20   Guarda las sendas de los justos

SOMOS NOSOTROS LOS QUE CONVERTIMOS EL SENDERO SUAVE EN ÁSPERO Y TORCIDO. Somos nosotros, repito, los que volvemos ásperos con los guijarros de nuestros deseos los rectos y fáciles senderos del Señor. Somos nosotros quienes nos apartamos del camino real empedrado con las rocas apostólicas y proféticas, y nivelado por las huellas de los apostóles y del mismo Señor. Preferimos seguir los caminos torcidos y cubiertos de matorrales. Con los ojos vendados vamos tras el encanto de los placeres de aquí abajo, arrastrándonos por esas sendas oscuras y obstruidas por las zarzas de los vicios. Y no importa que se lastimen nuestros pies ni que nuestra vestidura nupcial quede hecha jirones. Procedemos cual si estuviéramos destinados a ser pábulo de las espinas, de las serpientes y de los escorpiones que tienen allí sus guaridas. JUAN CASIANO, Colaciones, 24, 24.


 La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 10, pp. 64-68
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general 
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ