Elogio a la sabiduría



13Bienaventurado el hombre que encuentra la sabiduría, y el hombre que alcanza la prudencia,
14pues adquirirla vale más que negociar con plata, y sus ganancias son mejores que el oro fino.
15Es más preciosa que las perlas, ni lo más atractivo se le iguala.
16Larga vida en su derecha, riquezas y gloria en su izquierda.
17Caminos deleitables son sus caminos, y pacíficos todos sus senderos.
18Es árbol de la vida para quienes la abrazan, ¡feliz quien la retiene!
19El Señor fundó la tierra con sabiduría, afirmó los cielos con prudencia.
20Con su saber se escindieron los océanos, y las nubes destilan rocío. (PROVERBIOS 3, 13-20)

3, 13-15    Bienaventurado el hombre que encuentra la sabiduría

REQUISITOS NECESARIOS PARA ENCONTRAR LA SABIDURÍA. Primero purifica por medio del temor divino las almas de aquellos que tienen la misión de hablar con sabiduría. Pues proponer a las gentes en general los misterios de la salvación y recibir a todos del mismo modo, tanto a los que no llevan una vida limpia y purificada, como a aquellos otros que han sido examinados y preparados para hacer uso diligente de los misterios, es como si uno echara un ungüento preciosísimo en un vaso sucio. BASILIO DE CESAREA, Homilía sobre el comienzo de Proverbios, 4.

3, 16    Larga vida en su derecha, riquezas y gloria en su izquierda

IZQUIERDA Y DERECHA. Como está escrito en Proverbios: "En su mano derecha están largos años de vida", lo que significa eterna felicidad. "En su mano izquierda están sus riquezas y su gloria", que son los bienes de este mundo, y que ciertamente no hay duda que Él puede darlos. Están también a su derecha los santos cuando son colocados en ese sitio para obtener su recompensa, mientras que los pecadores están a su izquierda, cuando son condenados a la pena eterna; los santos, porque desearon los bienes celestiales; los pecadores, porque siguieron las cosas mundanas. Leemos también que los pecadores han dado el papel de la izquierda a su derecha, de ellos el mismo profeta dice en el salmo 143: "La boca de ellos habló vanidad y su mano derecha es la derecha de la iniquidad". Pero el verdadero uso de la derecha está donde se muestra la gracia conferida por Dios. CASIODORO, Exposición de los Salmos, 120, 5.

LA IZQUIERDDA DE CRISTO INDICA A LA IGLESIA. La izquierda de Cristo, entendida en sentido positivo, significa la vida de la santa Iglesia. Por eso está escrito: "Larga vida en su derecha, riquezas y gloria en su izquierda". "Larga vida en su derecha", es decir, la sabiduría de nuestro Redentor, porque en la patria del cielo también se ha concedido a los elegidos, ángeles y hombres, una luz que no disminuye; "riquezas y gloria en su izquierda", porque también en el exilio de esta lejanía somos confortados por las riquezas de la virtud y de la gloria de la fe, hasta que alcancemos los bienes eternos. Sobre esta gloria dice el Apóstol: "Nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios, y no sólo esto: también nos gloriamos en las tribulaciones". Y sobre las riquezas afirma: "Porque en Él fuisteis enriquecidos en todo; en toda palabra y en toda ciencia. BEDA, Homilías sobre los Evangelios, 2, 21.

3, 18    Es árbol de vida

CRISTO ES EL ÁRBOL DE LA VIDA. Es necesario entender que todo esto se dice en metáforas; en efecto, Cristo mismo se llama "árbol de la vida". Si Él mismo, en otros lugares, se muestra a la vez como sacerdote, víctima y altar, un significado no impide el otro, y al mismo tiempo cada uno de estos sentidos se aplica matafóricamente; por ello tampoco aquí, en las prefiguraciones de los misterios, existe dificultad en atribuir a una única y sola persona papeles tan diversos. ORÍGENES, Homilías sobre Josué, 8, 6

3, 19    El Señor fundó la tierra con sabiduría

CRISTO, SABIDURÍA DE DIOS, ES COMPRENDIDO CON DIFERENTES NOMBRES. En el libro de los Proverbios encontrarás esta frase: "El Señor fundó la tierra en su sabiduría, consolidó los cielos en su inteligencia". Hay, pues, una inteligencia de Dios, que no debes buscar sino en Cristo Jesús; porque todo cuanto es de Dios es este modo es Cristo. Él es la Sabiduría de Dios, la Potencia de Dios, la Justicia de Dios, la Santificación, la Redención y Él es también la Inteligencia de Dios. Pues bien, en cuanto a sustancia es uno, pero en lo que respecta a las nociones lleva numerosos nombres que aluden a cosas diferentes. Tú no entiendes lo mismo de Cristo cuando lo concibes como Sabiduría y cuando lo concibes como Justicia. En efecto, cuando lo concibes como Sabiduría, entiendes con ello la ciencia de las cosas divinas y humanas; cuando lo concibes como Justicia, entiendes el poder de asignar a cada uno lo que merece, y cuando es como Santificación, entiendes la capacidad de hacer santos a los que creen en Dios y a los consagrados a Él. De la misma manera, por tanto, le concebirás como Inteligencia cuando es ciencia del bien y del mal y de ninguna de las dos cosas. ORÍGENES, Homilías sobre Jeremías, 8, 2.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 74-79
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

La instrucción del Señor



11Hijo mío, no rechaces la instrucción del Señor, ni te canses de sus reprensiones,
12porque el Señor reprende a quien ama, como un padre a su hijo amado. (PROVERBIOS 3, 11-12)

3, 12    El Señor reprende a quien ama

LA GRACIA DE DIOS Y NUESTRA VOLUNTAD. ¿Qué cosa se manifestará más patente que la gracia de Dios, cuando se recibe lo que se ha suplicado? Porque si nuestro Salvador dijera: "Vigilad para no caer en la tentación", parecería sólo haber avisado a la voluntad humana; pero al añadir "y orad", manifestó que Dios ayuda para no caer en la tentación. Estas palabras se dijeron al libre albedrío: "No desdeñes, hijo mío las lecciones de tu Dios". AGUSTÍN, De la gracia y el libre albedrío, 4, 9.

CASTIGO POR UNA BUENA RAZÓN. ¿Y cuál es aquí el castigo para el que yerra? Es tal vez alguna aflicción y algún azote, ya sea para enmendar, ya para probar. Y uno, o bien recibe enmienda por sus pecados no sea que por no enmendarse incurra en mayores castigos; o bien es puesta aprueba su fe para ver con qué tolerancia o con cuánta paciencia soporta el castigo. En ambos casos, sin quejarse del Padre cuando castiga y alegrándose cuando acaricia; pero alegrándose cuando acaricia de forma que se muestra agradecido también al que castiga, porque "el Señor azota a todo hijo que recibe". AGUSTÍN, Sermones, 113A, 4. 

SUFRIR A CAUSA DE LA JUSTICIA. "Aquien el Señor ama, le castiga; y azota a todo hijo que le es aceptable"... Puesto que fuimos expulsados de la felicidad original del paraíso por una contumaz apetencia de delicias, es muy justo que seamos aceptados de nuevo por la paciencia en los sufrimientos. Fugitivos somos por haber hecho mal; reintegrados seremos por padecer el mal. Porque allí contra la justicia delinquimos, y aquí por la justicia sufrimos. AGUSTÍN, Sobre la paciencia, 14, 17.

PACIENTES ANTE EL CASTIGO DE DIOS. Si pensamos que algunas desgracias son enviadas por el Señor, ¿a quien deberíamos mostrar nuestra paciencia mejor que al Señor? Más bien deberíamos felicitarnos y alegrarnos de haber sido juzgados dignos del castigo divino: "Yo castigo -dice [la Escritura]- a los que amo". ¡Bienaventurado el servidor a quien el Señor trata de corregir, porque se considera digno de su cólera y no le engaña omitiendo sus advertencias! TERTULIANO, Sobre la paciencia, 11, 4.

EL SEÑOR REPRENDE AL QUE AMA. Amados hermanos, asumamos la corrección por la que nadie debe irritarse. La advertencia que mutuamente nos hagamos es buena y muy beneficiosa, pues nos une a la voluntad de Dios. En efecto, así dice la palabra santa: "El Señor me corrigió y no me entregó a la muerte. Porque el Señor corrige al que ama y azota a todo aquel que acepta, como hijo"... No rechaces la advertencia del Todopoderoso pues Él mismo hace padecer y de nuevo restablece. Él hirió, pero sus manos curan. CLEMENTE DE ROMA, Carta a los Corintios, 56, 2-4.6-7.

DIOS NO PERDONÓ A SU HIJO ÚNICO. Está escrito: "El Señor corrige a todo el que ama, y a todo hijo que recibe lo azota". No decaigamos frente al azote, para gozarnos en la resurrección. Tan cierto es que azota a todo hijo que recibe, que ni siquiera a su propio Hijo perdonó, sino que lo entregó por todos nosotros. Poniendo la mirada en Él, que sin haber cometido pecado fue flagelado, que murió por nuestros pecados y resucitó por nuestra justificación, no temamos que los azotes sean signo de rechazo; al contrario, tengamos la confianza de que seremos aceptados y justificados. AGUSTÍN, Semones, 157, 3.

LA ENFERMEDAD COMO CASTIGO POR EL PECADO. No todas las enfermedades provienen de la naturaleza o de un mal alimento o de cualquier causa física, cosas por las que ahora vemos que es útil el uso de la medicina. A veces, las enfermedades son también castigos por los pecados y nos son infligidas para incitarnos a la conversión... Por tanto,  es necesario que los pecadores permanezcan tranquilos, abandonen los tratamientos médicos y descubran que lo que les sucede es por culpa de sus propios pecados, como aquel que dijo: "Debo soportar el enojo del Señor porque pequé contra Él". BASILIO DE CESAREA, La gran regla monástica, 55.

PROGRESO HACIA LA SALVACIÓN. [El Señor] visita con una vara cuando castiga con severidad; así también el Apóstol, escribiendo a los corintios, dice: "¿Qué queréis? ¿Que vaya a vosotros con la vara o con caridad y espíritu de mansedumbre?". Él nos invita con azotes cuando nos visita más ligeramente. En un caso golpea con la vara, en otro fustigan los azotes. Qué se haga en uno u otro caso pone de manifiesto en el pueblo cristiano según la naturaleza de su pecado, a fin de que le aproveche para la salvación, como Salomón dice: "El Señor reprende a quien ama; azota a todo hijo que recibe". CASIODORO, Exposición de los Salmos, 88, 33.

LA ESPERANZA NO SE ACABA. El padre únicamente corrige al que ama; el maestro únicamente reprende al alumno que ve de más agudo ingenio; si el médico deja de curar, es que ha perdido toda esperanza. Y si tú replicaras que así como Lázaro recibió los males en su vida, así yo también soportaré resignado mis sufrimientos, para que se me conceda la gloria futura, "El Señor no tomará dos veces venganza de lo mismo". Por qué Job, hombre santo y sin tacha, y justo entre los de su tiempo, tuvo que sufrir tantas calamidades está explicado en su mismo libro. JERÓNIMO, Cartas, 68, 1.

EL RECHAZO DE LA SANA DOCTRINA TRAE CONSIGO INDISCIPLINA. Muchos enemigos de la sana doctrina culpan a la justicia, juzgan la disciplina como despotismo y atribuyen a su naturaleza soberbia el castigo razonable. Sin embargo, no existe despotismo a no ser donde se ordena algo injusto, ni existe soberbia sino donde se desprecia la disciplina.
La disciplina, por tanto,  es maestra de la religión, maestra de la auténtica piedad, que no reprende para ocasionar daño ni castiga para infligir dolor. Más bien, airada corrige las costumbres de los hombres, e inflamada hace de guardiana, como dice Salomón... De hecho no hay nada que la disciplina no remedie o salve. Si un sabio la aprende no pierde el don de la amistad ni incurre en peligro de condena. VALERIANO, Sermones, 1, 1.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 72-74
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

Perseverancia en la instrucción




1Hijo mío, no olvides mi enseñanza, que tu corazón guarde mis preceptos,
2porque te proporcionarán largos días, años de vida y paz.
3Que la bondad y fidelidad no te abandonen. Átalas a tu cuello, escríbelas sobre la tabla de tu corazón,
4y alcanzarás reconocimiento y éxito a los ojos de Dios y de los hombres.
5Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te fíes de tu propio discernimiento.
6Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas.
7No quieras ser sabio a tus propios ojos; teme al Señor y apártate del mal.
8Será medicina para tu vientre y jugo para tus huesos.
9Honra al Señor con tu hacienda y con las primicias de todas tus ganancias.
10Así se llenarán tus graneros de abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto. ( PROVERBIOS 3, 1-10).

3, 1    Que tu corazón guarde mis preceptos

OYENTES Y SEGUIDORES DE LA LEY. Si es verdad que el que no vive según la ley olvida la ley, el que vive conforme a ella la recuerda. Y si es verdad que el que observa las palabras de Dios las guarda, el que no las pone en práctica las pierde. Por eso se ha dicho: "No son justos ante Dios los que oyen la Ley, sino los que cumplen la Ley: éstos son los que serán justificados. EVAGRIO PÓNTICO, Escolios a los Proverbios, 27. 

HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD. ¿Qué significa el que Dios mande tan repetidas veces guardar y cumplir todos sus preceptos? ¿A qué manda, si no hay libertad? ¿Por qué es bienaventurado aquel de quien el Salmo dice que "su voluntad estuvo al servicio de la ley de Dios"? ¿Por ventura no aparece manifiesto que el hombre permanece en la ley de Dios por propia voluntad? Y luego hay muchos mandatos que en cierto modo, pero expresamente, convienen a la voluntad, como: "No te dejes vencer del mal", y otros semejantes, cuales son: "No seas sin entendimiento como el caballo y como el mulo", "No desdeñes las enseñanzas de tu madre", "No te tengas por sabio", "No desdeñes las decisiones de tu Dios", "No descuides la ley", "No niegues un beneficio al que lo necesita", "No trames mal alguno contra tu prójimo", "No atiendas a los engaños de la mujer", "No quiso entender para obrar bien", "No quisieron aprender", y otros innumerables que en los antiguos libros de la palabra divina, no aprueban otra cosa sino el libre albedrío de la voluntad humana". AGUSTÍN, De la gracia y el libre albedrío, 2, 4.

3, 3    Que la bondad y la fidelidad no te abandonen

ÓLEO DE MISERICORDIA. Si tú deseas ayunar, hazlo conforme al precepto del Evangelio y ten en cuenta las leyes evangélicas en las que el Salvador prescribe los ayunos: "Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara". Y si preguntas cómo tienes que lavarte la cara, el apóstol Pablo enseña que "con la cara descubierta, contemplarás la gloria del Señor, transformada en su misma imagen, cada vez más gloriosa conforme al Espíritu del Señor". Además, "unge tu cabeza", pero no lo hagas con el óleo del pecado, pues "el óleo del impío no debe perfumar tu cabeza". Más bien, "unge tu cabeza" con el óleo de la alegría, con el óleo de la misericordia, para cumplir el mandato de la sabiduría: "Que la bondad y la fidelidad no te abandonen". ORÍGENES, Homilías sobre el Levítico, 10, 2.

3, 7    No quieras ser sabio a tus propios ojos

IGNORANCIA Y PRECIPITACIÓN ENGENDRAN PREPOTENCIA. La ignorancia, por así decirlo, va constantemente acompañada por la precipitación y emplaza a la gente a dar una gran importancia a suposiciones inconsistentes. Así, los que son víctimas de esa enfermedad tienen una considerable autoestima y piensan que poseen un conocimiento que nadie puede superar. Se olvidan de lo que afirma Salomón: "No quieras ser sabio a tus propios ojos"; es decir, según tu propio criterio. Y también: "La sabiduría que no es probada engaña". Nosotros no poseemos necesariamente opiniones verdaderas sobre cada uno de los puntos doctrinales en los que creemos, sino que con frecuencia nos desviamos del camino recto, nos extraviamos y caemos en lo que no conviene. Pero pienso que actuando correcta e imparcialmente, sin dejarnos llevar por la pasión, llegamos a desear la verdad y a perseguirla con ardor. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comentario al Ev. de Lucas, 136. 

3, 9    Honra al Señor con tu hacienda 


NO POR MÉRITO SINO POR GRACIA. No sólo debemos honrar al Señor con el dinero que damos al pobre, sino también con las ganancias de nuestro trabajo, con la riqueza y frutos de todas las gracias celestiales que recibimos, es decir, en todo hemos de buscar su gloria y no la nuestra. Pues honra al Señor con su hacienda y con las primicias de sus frutos el que atribuye todo lo bueno que hace, no a sus fuerzas y méritos, sino a la gracia divina, acordándose de aquellas palabras: "Porque sin mí no podéis hacer nada". BEDA, Comentario a los Proverbios, 1, 3.

PERFECCIONAR LA JUSTICIA DE LA LEY ANTIGUA. "Honra a Dios de tus justos trabajos y ofrécele parte de los frutos de tu justicia, para que se llenen tus graneros de la abundancia de trigo, y rebosen de vino tus lagares". No olvidéis que dando fiel cumplimiento a este acto de religión perfeccionáis la justicia de la Ley antigua. Los que estuvieron sometidos a ella, caso de conculcarla, caían inevitablemente en el pecado, y aun cumpliéndola, no podían llegar al ápice de la perfección. JUAN CASIANO, Colaciones, 21, 2.

MODERACIÓN EN EL JUICIO. Nuestro Señor no quiere que hagamos nada por su culto y su honor sin que esté orientado por la moderación, porque "el honor del rey ama la justicia". También el sapientísimo Salomón nos advierte que no debemos decantarnos ni a una ni a otra parte por defecto de circunspección: "Honra a tu Dios -dice- con tus trabajos, y ofrécele [parte] de los frutos de tu justicia". Y es que en nuestra conciencia habita un juez incorruptible y fiel que, incluso cuando todos yerran a propósito de nuestra pureza, él no se engaña jamás. JUAN CASIANO, Colaciones, 21, 22.

LAS MALDADES NO HONRRAN A DIOS. También está escrito: "Honra al Señor con tu hacienda". Con toda seguridad no honra al Señor quien se apropia injustamente de algo para darlo con buen fin. Por eso también se dice por medio de Salomón: "Quien ofrece un sacrificio de la hacienda del pobre, es como si inmolara al hijo en presencia del padre". GREGORIO MAGNO, Cartas 9, 219.

SOMOS SÓLO ADMINISTRADORES. Nosotros hemos recibido únicamente en usufructo los bienes que poseemos, y los usamos como algo prestado por el Señor; somos, por así decirlo, como propietarios momentáneos. Así, cuando partamos de este mundo, deberemos abandonar, queramos o no, todos los bienes mundanos. Por tanto, si sólo somos usufructuarios, ¿por qué procuramos estafar al legítimo propietario y hacer nuestras las riquezas que no podremos llevar al otro mundo? ¿Por qué no gozamos con lealtad de los recursos, aunque sean pequeños, que Dios nos ha dado? Deberíamos pagar aquello que poseemos mientras sea posible, mientras lo permita el Señor que es quien nos lo ha prestado.
¿Qué hay más recto y honesto que, muerto el usufructuario, devolver el patrimonio a su legítimo propietario? La voz de Dios, mediante el lenguaje de la sagrada Escritura nos advierte a cada uno de nosotros: "Honra al Señor con tu hacienda", y en otro lugar: "Paga lo que debes". Dios es un dueño bueno, condescendiente. No invita a desprendernos de nuestros bienes terrenos. Así dice: "Honra al Señor con tu hacienda". Todo lo que se nos ha dado es suyo, y aun así afirma que es nuestro, para que podamos darlo a otros. Dice que es algo nuestro, para que quien haga el bien reciba recompensas mayores. De esta manera, el donante recibe un premio mayor cuando es generoso respecto a los bienes que le pertenecen. SALVIANO EL PRESBÍTERO, Contra la avaricia, 1, 5.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 68-71
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

COMPRENDER EL TEMOR DEL SEÑOR



1Hijo mío, si acoges mis palabras y guardas mis preceptos,
2prestando oídos a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia;
3si invocas el discernimiento y apelas a la prudencia,
4si la procuras como la plata y la buscas como a los tesoros,
5entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da la sabiduría, de su boca, el saber y la discreción.
7Él reserva destreza a los rectos, es escudo para quienes andan con integridad,
8protege las sendas del derecho, y guarda el camino de sus fieles.
9Entonces comprenderás justicia, derecho y rectitud: todo buen sendero.
10Porque la sabiduría vendrá a tu corazón, y el saber deleitará tu alma.
11La sagacidad te guardará, la prudencia te protegerá.
12Te librará del mal camino, de los hombres que propalan falsedades,
13que dejan las sendas rectas para andar por caminos tenebrosos,
14que se gozan obrando el mal y se alegran con perversas falsedades,
15cuyas sendas son retorcidas, y aberrantes sus senderos.
16Te librará de la mujer ajena, de la extranjera que seduce con palabras suaves,
17que dejó al esposo de la juventud y olvidó la alianza de su Dios:
18su casa se ha inclinado hacia la muerte, y sus senderos hacia el mundo de los muertos.
19Cuantos entran allí no retornan ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por eso, anda por el camino de los buenos, y guarda las sendas de los justos,
21pues los rectos habitarán la tierra, y los íntegros en ella permanecerán.
22Pero los malvados serán extirpados de la tierra, y los traidores arrancados de ella. (PROVERBIOS 2, 1-22)

 2, 4   Si la procuras como la plata

AMAR A DIOS TANTO COMO AL DINERO. Puede parecer indigno y ofensivo el comparar la sabiduría con las riquezas, puesto que el amor debe compararse con el amor. Veo que vosotros tenéis tanto amor al dinero que estáis dispuestos a soportar fatigas, emprender ayunos, atravesar mares y enfrentaros a vientos y turbulencias. Por ello intento cambiar el objeto de vuestro amor y no acrecentar el amor que tenéis a lo que amáis. Dios os pide que le améis en la misma medida, no más. Él habla a los malos, se refiere a los avaros. Pide que se le ame tanto como al dinero, aunque Dios valga mucho más que el dinero. AGUSTÍN, Sermones, 399, 10, 11.

2, 5   Hallarás el conocimiento de Dios

SABIDURÍA E INTELIGENCIA DEBEN PRECEDER AL TEMOR DE DIOS. Es necesario que la sabiduría y la inteligencia existan de antemano para hacer posible el temor del Señor. EVAGRIO PÓNTICO, Escolios a los Proverbios, 20.


2, 6   Porque el Señor da la sabiduría

CELO POR EL ESTUDIO, DOTADO DE PIEDAD. Hemos de advertir a los estudiosos de los Libros santos que no sólo conozcan los géneros literarios de la Escritura, para saber con precisión de qué manera se expresa, y los retengan en la memoria, sino también, y esto es lo principal y lo más necesario, que oren para comprender. En estos libros, acuyo estudio se dedican, podrán leer que "el Señor da la sabiduría" y de su boca procede la ciencia y el entendimiento, de quien también recibieron ese mismo deseo de saber, si es que está acompañado de piedad. AGUSTÍN, Sobre la doctrina cristiana, 3, 37, 56.

2, 15    Cuyas sendas son retorcidas

LA MENTE COMO UN SENDERO RECTO. Dice la Escritura: "Preparad el camino del Señor"; es decir, preparaos a recibir lo que Cristo desee decretar. Apartad los corazones de la sombra de la ley, cesad las imágenes, abandonad los consejos pervertidos... "Haced rectas sus sendas". Recta, lisa y fácil es la senda que conduce al bien; en cambio la otra es torcida, o sea, la que conduce a la maldad a los que transitan por ella. Ciertamente, de éstos está escrito: "Cuyas sendas son torcidas, y aberrantes sus senderos". Así pues, la honestidad de la mente es como un camino recto que no tiene nada de retorcido. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comentario al Ev. de Lucas, 6.


2, 20   Guarda las sendas de los justos

SOMOS NOSOTROS LOS QUE CONVERTIMOS EL SENDERO SUAVE EN ÁSPERO Y TORCIDO. Somos nosotros, repito, los que volvemos ásperos con los guijarros de nuestros deseos los rectos y fáciles senderos del Señor. Somos nosotros quienes nos apartamos del camino real empedrado con las rocas apostólicas y proféticas, y nivelado por las huellas de los apostóles y del mismo Señor. Preferimos seguir los caminos torcidos y cubiertos de matorrales. Con los ojos vendados vamos tras el encanto de los placeres de aquí abajo, arrastrándonos por esas sendas oscuras y obstruidas por las zarzas de los vicios. Y no importa que se lastimen nuestros pies ni que nuestra vestidura nupcial quede hecha jirones. Procedemos cual si estuviéramos destinados a ser pábulo de las espinas, de las serpientes y de los escorpiones que tienen allí sus guaridas. JUAN CASIANO, Colaciones, 24, 24.


 La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 10, pp. 64-68
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general 
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ