Dios invita a Job a observar su poder


1El Señor interpeló a Job diciendo: 2"¿Querrá disputar todavía el censor con el Omnipotente? El que critica a Dios, ¿querrá replicar?".
3Entonces Job respondió al Señor diciendo: 4"He hablado con ligereza, ¿qué podría replicar? Me taparé la boca con la mano. 5He hablado una vez y no responderé de nuevo, dos veces y no añadiré más".
6Pero el Señor respondió a Job desde el torbellino diciendo: 7"Cíñete la cintura como un hombre, Yo te preguntaré y tú me instruirás.
8¿Es que vas a anular mi derecho? ¿Vas a condenarme para quedar tú justificado?
9¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Puedes tronar con una voz como la suya?
10Rodéate de esplendor y de grandeza, vístete de gloria y majestad.
11Derrama la explosión de tu cólera, mira al arrogante y humíllalo; 12mira al soberbio y derríbalo, y aplasta a los malvados en su sitio. 13Húndelos juntos en el polvo, enciérralos en la caverna.
14Entonces yo también te alabaré porque tu diestra te ha dado la victoria. (Job 40, 1-14)


40, 1-2     El que critica a Dios, ¿querrá replicar?

UNA INVITACIÓN A LA HUMILDAD. Bien sabemos que apaga la vista de su corazón por las tinieblas de la soberbia el que, diciendo cosas buenas, menosprecia considerar las mejores; y, por el contrario, de gran rayo de humildad alumbra sus obras el que más sutilmente piensa los bienes de los otros; porque, cuando ve que los otros hacen cosas que él ha hecho, reprime la elevación de la soberbia que dentro de sí se esfuerza en levantar de la singularidad de los bienes. Y de ahí que, por voz divina, se diga a Elías, que pensaba que estaba solo: "Dejé para mí siete mil varones que no encorvaron sus rodillas ante Baal". Para que cuando conociese que no había quedado él solo, pudiese evitar la gloria de la soberbia que de la singularidad se le podía levantar. Así que el bienaventurado Job no es reprimido por haber hecho alguna cosa mala, sino por haber aprendido de las buenas acciones ajenas; para que cuando considerara que era semejante a los demás, se sometiera humildemente a aquel que de manera singular es Soberano. GREGORIO MAGNO, Libros morales, 31, 53, 107.

40, 6-8    Yo te preguntaré

LA FINALIDAD DE LAS PRUEBAS DE JOB. Puede que [Job] hable de su intervención actual: No digo estas cosas para condenarte, sino para indicar que tú eres justo; o bien pretenda hablar de su prueba, llamando intervención a su asentimiento, es decir, no pienses que lo he ordenado por ninguna razón. En verdad, no ha dicho "para que tú seas justo", sino porque tú has aparecido justo", como lo eras en efecto, con la finalidad de que enseñes a los demás [a ser justos]. Finalmente, puede que desee hablar de su intervención actual, es decir: Si he dicho estas cosas es para que tú, conforme a lo que he manifestado, aparezcas justo, no para condenarte. A continuación, de nuevo, le pone su propia fuerza y su odio a los pecadores, porque no sólo soy fuerte -dice- sino que actúo y uso de mi fuerza contra los pecadores. JUAN CRISÓSTOMO, Comentario al libro de Job, 40, 8.

40, 10-11    Derrama la explosión de tú cólera

LA PEQUEÑEZ DE LA NATURALEZA HUMANA. El trueno y todo lo demás que existe no es para impresionar, sino para dar a conocer a Dios. Fíjate con cuantos argumentos trata de convencerle de la pequeñez de su naturaleza; y no le dice simplemente "tú eres pequeño", sino: "Yo soy grande", y tú no puedes nada de lo que yo hago. JUAN CRISÓSTOMO, Comentario al libro de Job, 40, 11-12.

40, 12-14    Aplasta a los malvados en su sitio

PALABRAS PRONUNCIADAS CON CARIÑO. Estas palabras no están dichas con ánimo ofendido sino con afecto diligente, de modo que puedan servirle para su consuelo e instrucción, y pueda entender que realizar semejante gran juicio está por encima de sus fuerzas. "Entonces Yo también te alabaré porque tu diestra te ha dado la victoria". Si puedes jugar el papel de semejante juez, como he descrito en mi discurso, evidentemente no necesitas de ninguna ayuda. JULIANO DE ECLANA, Explicación al libro de Job, 40, 15.




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7; pp. 259-262
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez  

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