Los efectos de la voz de Dios en la naturaleza




1"Por esto se me estremece el corazón a punto de salirse de su sitio.
2Escuchad bien el estrépito de su voz y el ruido que sale de su boca.
3Por todo el cielo lanza su fulgor y su brillo alcanza el extremo de la tierra.
4Tras Él ruge su voz, Dios hace tronar con voz de majestad y no retiene sus rayos cuando se ha escuchado su voz.
5Dios hace tronar con voz maravillosa, hace cosas grandes que no conocemos.
6Manda la nieve: "¡Cae sobre la tierra!", y la lluvia del aguacero: "¡Arrecia!".
7Recluye a todo hombre bajo sello para que todos reconozcan sus obras.
8El animal entra en su guarida y se cobija en sus cubiles.
9De los recintos del sur viene el huracán y de los vientos del norte el frío.
10Al soplo de Dios se forma el hielo y la superficie del agua se congela.
11Él lanza desde el nublado los rayos y las nubes esparcen su fulgor.
12Éstas giran y giran siguiendo sus mandatos para ejecutar en la faz de la tierra todo lo que Él les impone: 13o como castigo severo a su tierra, o como signo de favor, consigue sus objetivos". (Job 37, 1-13)

37, 1    Se me estremece el corazón

EL ASOMBRO DE ELIHÚ. La creación -dice- es efectivamente de Dios; pero cuando yo me percaté de cómo los hombres se perjudican unos a otros, mi corazón se perturbó y apenas si me retuve de admirar, yo también, de una parte su perversidad y de otra su resignación. JULIANO ARRIANO, Comentarios sobre Job, 36, 33b-37, 1.

37, 2-4    El estrépito de su voz

EL TRUENO DEL CASTIGO. [El autor] habla del trueno que se produce en el momento de infligir el castigo a los pecadores; se oye por doquier y todo el que lo oye alaba a Dios. ISO'DAD DE MERW, Comentario al libro de Job, 37, 2.

37, 5-8    Manda a la nieve

LA CREACIÓN NOS INVITA A LA HUMILDAD. Ésta es la razón -afirma- de la grandeza de sus criaturas, la razón del frío y del calor, la causa de la irregualridad de los vientos. ¿Era imposible crear un conjunto armonioso? [Si Dios no lo ha hecho] es para impedir por todos los medios el orgullo y la soberbia de la mente. Se trata de que cualquier persona reconozca su debilidad. "¿Quién puede resistir -dice [la Escritura]- delante de su frialdad?". Todo el universo se ha creado para esta finalidad y para ella existe. En efecto, este [orgullo] es el que principalmente nos ha alejado de la confianza en Dios, por ello es por lo que Dios lo ha organizado todo teniendo en cuenta lo contrario, tanto la creación como la constitución misma del cuerpo y el curso de la vida, de manera que todo existe en el bien de la humildad, para que aprendamos a conducirnos con moderación y reconozcamos nuestra propia debilidad. JUAN CRISÓSTOMO, Comentario al libro de Job, 37, 7b.

37, 11    Las nubes esparcen su fulgor

UNA IMAGEN DE LA PREDICACIÓN CRISTIANA. "Él lanza desde el nublado los rayos". ¿Quiénes y cuáles son los elegidos sino el trigo de Dios que hay que almacenar en los graneros del cielo?... Pero este trigo -hasta que llegue a madurar el fruto- aguarda el agua de las nubes para crecer, porque el alma de los buenos se riega con la palabra de los predicadores, para que el tempero de la caridad no se seque con el sol de los deseos carnales...
"Y las nubes esparcen su fulgor". Esparcir las nubes su fulgor es que los santos predicadores difundan de palabra y de obra ejemplos de vida. Pues por mucho que difundan la luz de una verdad interior, no lograrán convertir todos los corazones como desean. GREGORIO MAGNO, Libros morales, 27, 30. 54-31, 55.

37, 12-13    Todo lo que Él les impone

PALABRAS PROFÉTICAS DE ELIHÚ. Y puesto que obedecen conforme a lo que se les manda, hay que decir justamente: "Siguiendo sus mandatos para ejecutar en la faz de la tierra todo lo que Él les impone". Pues encuentran camino para la predicación tanto más expédito cuanto se dejan conducir a ella no por la propia voluntad, sino por la voluntad que los envía... El Señor, por tanto, conduce a sus nubes bien en una tribu, bien en su tierra o en cualquier otro lugar de su misericordia, donde mande que se encuentren sus nubes. En algún tiempo envió a los predicadores del Antiguo y Nuevo Testamento sólo a la tribu de Judá, y reprobó a casi todo Israel por el mal gobierno de los reyes. Otras veces hizo que también sobre su tierra llovieran estas nubes, porque después de castigarlo con la cautividad volvió a dar la gracia de antes a este mismo pueblo de Israel. Otras veces quiso que brillaran las nubes en un lugar de su misericordia, pues también a los gentiles mostró milagros espléndidos por obra de los predicadores santos, para librar del yugo del error por pura misericordia a los que oprimía la ira de la perfidia congénita.
Pero observa como Elihú, que percibió con el espíritu profético los acontecimientos futuros y dijo muchas cosas sublimes, siendo hombre arrogante lastrado con el peso de su engreimiento, es incapaz de sostener lo que dice. GREGORIO MAGNO, Libros morales, 27, 34, 58  




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 7, pp. 241-244
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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