actuales aflicciones de Job



14"Irrumpen como por portillo abierto y entre escombros se abalanzan.
15El terror se ha vuelto contra mí, mi dignidad se evapora como el viento, como nube se disipa mi salud.
16Ahora mi alma se deshace en mi interior, se apoderan de mí los días de aflicción.
17De noche el dolor taladra mis huesos, no descansa lo que va royéndome.
18Con gran violencia Él me sujeta las vestiduras, me oprime como el cuello de la túnica.
19Me ha arrojado al fango y me he convertido en polvo y ceniza.
20Clamo a ti y no me respondes, permanezco ante ti y no me miras.
21Te has vuelto cruel conmigo, me persigues con la fuerza de tus manos.
22Me levantas a lomos del viento, me haces estremecer en la tormenta.
23Ya sé que me conduces a la muerte, donde todo viviente tiene reservado su lugar.
24Nadie extiende su mano a la ruina, ni ve en el infortunio su salud.
25¿No he llorado con el que llevaba una vida dura, no se ha entristecido mi alma con el pobre?
26Esperaba felicidad y me sobrevinieron males, anhelaba la luz y me llegó la oscuridad.
27Mis entrañas se estremecen sin descanso, me han llegado los días de aflicción.
28Entristecido, camino sin calor, en la asamblea me levanto pidiendo ayuda.
29He llegado a ser hermano de chacales y compañero de avestruces.
30Mi piel se me ha vuelto negra, mis huesos arden por la fiebre.
31Mi cítara está de luto, mi flauta, con la voz de los que lloran". (Job 30, 14-31)

30, 14-15   El terror se ha vuelto contra mí

NO QUEDA NINGÚN CONSUELO. Habiendo desaparecido estas cosas que solían o podían conmover mis afectos, es decir, después de haber sido privado tanto de consuelos como de ocupaciones, sé que no hay para mí esperanza alguna que me haga capaz de soportar lo restante. "Como nube se disipa mi bienestar". Dice que su bienestar ha pasado -no su vida- la cual estaba asentada en las comodidades de su casa y en la seguridad de su cuerpo. JULIANO DE ECLANA, Explicación al libro de Job, 30, 15.

30, 16-17   Los días de aflicción

MALESTAR ESPIRITUAL Y FÍSICO. Los que me maltrataban me consideraban como una nube de paso, y por lo mismo, se envalentonaron y se encararon conmigo. Naturalmente, yo voy rumiando en mis adentros los razonamientos, dolorido por el día y molido por la noche en mis miembros, no en uno solo, sino en todos, como si me arrancaran los nervios de su natural adherencia. JULIANO ARRIANO, Comentario sobre Job, 30, 16-17. 

30, 18-20   Me he convertido en polvo y ceniza

UN PARALELISMO CON CRISTO. "Soy como el polvo y la ceniza", es decir, me he vuelto despreciable para ellos, como si yo fuese polvo, y parezco semejante al deleznable barro. También a Emmanuel, aunque era Dios, inconscientemente se le consideró indigno cuando se revistió con la carne, de modo que los judíos impuros dijeron: "Porque siendo hombre, te haces Dios". EFRÉN DE NISIBI, Comentarios al libro de Job, 30, 19. 

30, 21-22   Te has vuelto cruel conmigo

ABANDONO EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO. "Me atacó sin compasión". Atribuye a Dios sus desdichas, como si Dios lo aprobara, y dice que los dolores exceden a sus fuerzas. "Me azotaste con mano fuerte, me colocaste entre sufrimientos y me apartaste de la salvación". Me atormentaste con gran poder. Lo mismo que en la naturaleza hiciste cada cosa conforme a su esencia, húmeda o seca, así también a mí me hiciste para padecer, incluso lejos de ti. JULIANO ARRIANO, Comentario sobre Job, 30, 21-22. 

30, 23-24   Me conduces a la muerte

SALVACIÓN DE LA MUERTE. Esto que se dice: "Ya sé que me conduces a la muerte, donde todo viviente tiene reservado su lugar", es además la historia exacta del bienaventurado Job, según consta que antes de la gracia de la redención, también los justos iban a la prisión de los infiernos. La entrada misma en los infiernos se dice de la morada de todos los vivientes, porque antes de la venida del Mediador nadie llega aquí sin haber pasado por la corrupción, nadie viene aquí sin haber recorrido hacia la muerte de su cuerpo los pasos de la corrupción. Esta sentencia del santo varón coincide, conforme a la misteriosa alegoría, con las voces de la santa Iglesia en la persona de los débiles, que, de palabra, mantienen la fe, pero en el deseo contradicen los preceptos de la fe. Pues dice: "Ya sé que me conduces a la muerte, donde todo viviente tien su lugar". Porque ve que muchos viven entregados a sus placeres y ya conoce su muerte de antemano, considera que sirven seguro a sus deseos en el camino de esta vida; pero todos los que viven en ella de acuerdo con la carne van a la morada de la muerte. Con todo, hay algunos que corren a la fosa de sus placeres, aunque se apartan pronto de su abismo con los gemidos de la penitencia, y los azotes del flagelo de arriba hieren sirviéndoles para aprender más que para morir. De ellos se sobreentiende con razón: "Nadie extiende su mano a la ruina, ni ve en el infortnio su salud". Con ingenio debe entenderse en estas palabras que cuando el bienaventurado Job cuenta su vida, traslada a los otros lo suyo. Pues decía especialmente como de sí mismo: "Me levantas a lomos del viento, me haces estremecer en la tormenta. Ya sé que me conduces a la muerte, donde todo viviente tiene reservado su lugar". Pero no se refiere a sí mismo, sino a los demás, cuando añade: "Pero no extiendes tu mano para exterminarlos". Pues mientras habla de sí mismo razonando las causas, añade de otros y señala que en él están representadas muchísimas personas. Entonces, cuando el Señor hiere para la enmienda del pecado, no extiende su mano para exterminar a los pecadores; y salva a los que caen cuando hiere en la salud del cuerpo a los culpables, para que, postrados fuera, se levanten por dentro; y así, los que firmes por fuera estaban hundidos en la salud de su alma, heridos en el cuerpo vuelvan a la salud interior. GREGORIO MAGNO, Libros morales, 34, 66-35, 67. 

30, 25-26   Esperaba felicidad y me sobrevinieron males

LOS JUSTOS SUFREN PERSECUCIÓN. Como el santo varón sabía que -delante de Dios omnipotente- alguna vez es don mayor dar el alma que una ofrenda, dice: "He llorado con el que lleva una vida dura, se ha entristecido mi alma con el pobre". Porque al dar las cosas se da algo ajeno a uno mismo, pero el que ofrece al prójimo lágrimas y se compadece le da además algo de sí mismo. Por eso decimos que la compasión es más que la limosna, pues muchas veces da cualquier cosa incluso el que no se compadece, pero el que de verdad se comapdece nunca le niega a su prójimo lo que ve que necesita...
"Esperaba felicidad y me sobrevinieron males, anhelaba la luz y me llegó la oscuridad". El pueblo fiel espera bienes, pero recibe males; anhela la luz y le llega oscuridad; porque con la gracia de la recompensa espera participar ya del gozo con los ángeles; pero como se dilata aquí por más tiempo, ha de soportar la mano de los perseguidores; el que pensaba que iba a gozar enseguida del premio de la visión eterna, se ve obligado a sufrir aquí todavía las tinieblas de sus perseguidores. Dolerían menos los males irrogados por los perseguidores, si vinieran de los infieles y de los enemigos. Por eso atormentan el alma de los elegidos tanto más cuanto que proceden de quienes se esperaban bienes. GREGORIO MAGNO, Libros morales, 20, 36, 70-37, 72. 

30, 27-31   Me levanto pidiendo ayuda

LOS SUFRIMIENTOS OBLIGAN A JOB A PEDIR AYUDA. En verdad, el exceso de desdichas que sobre [Job] habían sobrevenido le obligan a gemir y lamentarse. Aunque lo deseara, no puedo guardar silencio, dice. "En la asamblea me levanto pidiendo ayuda", sin sentir vergüenza de los asistentes y sin ruborizarme ante la multitud de la asamblea. Y esta actitud es provocada por la grandeza de sus gracias. "He caído -dice- en la condición animal de los pájaros. No reconociendo mi verdadera naturaleza; mi situación no es mejor que la suya". JUAN CRISÓSTOMO, Comentario al libro de Job, 30, 26-29. 


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 203-206
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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