Job afligido camina por la senda divina



8"Pero si voy al oriente, Él no está allí; si al occidente, no lo percibo.
9Si me dirijo al norte, no lo diviso; si me vuelvo al sur, no llego a verlo.
10Ya que sólo Él conoce mi conducta, que me pruebe en el crisol, y saldré como el oro.
11A sus huellas se adhieren mis pies, sigo su camino sin torcerme.
12Del precepto de sus labios no me aparto, en mi seno guardo las palabras de su boca.
13Pero si Él ha decidido esto, ¿quién le hará cambiar? Lo que ha proyectado lo hace.
14Así que ejecutará mi sentencia y otras muchas cosas pensadas contra mí.
15Por tanto, me horrorizo en su presencia y reflexionando me estremezco.
16Dios me encoge el corazón, el Omnipotente me aterra, 17aunque aún no he sucumbido a la tiniebla, ni la oscuridad ha ocultado mi rostro" (Job 23, 8-17).

23, 8-9   Si voy al oriente, Él no está allí

LA NATURALEZA INVISIBLE E INCOMPRENSIBLE DE DIOS. Éste sentido del texto: "Me alegro, dice Job, de ser juzgado bajo los ojos divinos, yo y mis acciones. Sin embargo, ¿qué es lo que siento? Dios es invisible por naturaleza. ¿Lo buscaré en las cosas que están detrás de mí? No se le puede ver. Se encuentra delante de mí, mas no lo percibo. Si se vuelve hacia la izquierda, no tengo modo de aprehenderlo; si me sale por la derecha, no lo veo en absoluto". Esto no significa que Dios vaya y venga de un lugar a otro con una forma corpórea o cambiante, sino que la intención es mostrar que en todas partes Dios está presente, si bien para nosotros es inalcanzable e invisible, además de inaprensible. Olimpiodoro, Comentarios al libro de Job, 23, 8-9

23, 10-12   Él que conoce mi conducta

LA SENDA QUE LLEVA AL CUMPLIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE DIOS. "Ya que sólo Él conoce mi conducta". Como si claramente dijera: "Yo me examino minuciosamente y ni siquiera puedo conocerme perfectamente. Y, sin embargo, Aquel a quien no consigo ver, ve con gran detalle todo lo que hago".
Sigue [el texto]: "Que me pruebe en el crisol, y saldré como el oro". El oro, puesto en el crisol, recupera el resplandor de su naturaleza, al tiempo que pierde las impurezas. Por eso, es como oro probado al fuego el alma de los justos que en medio de la tribulación se les arranca los vicios y crecen en méritos.
No fue el orgullo lo que llevó al santo Job, sometido a tribulación, a comparase con el oro, porque a quien Dios llamó justo antes de la prueba, no permitió que fuera tentado para purificarlo de vicios, sino para aumentar sus méritos, como el oro que es purificado al fuego. En realidad, se tuvo por menos de lo que era, pues, entregado a la tribulación, pensó que necesitaba ser purificado, él que no tenía en sí nada que purificar...
"A sus huellas se adhieren mis pies". Las pisadas de Dios son las obras suyas que vemos, y con las que gobierna a quien obra el bien y el mal, con las que pone bajo sus órdenes a justos e injustos, con las que a diario conduce a los que siguen hacia bienes mayores y permite que quienes se le oponen se precipiten hacia males peores.
De estas pisadas decía el profeta: "Ya aparece la procesión, oh Dios". Cuando vemos la virtud de su generosidad y de su bondad, y, mirando, procuramos imitarla, ¿qué otra cosa seguimos sino sus huellas, ya que imitamos, la que, en cierto modo, es secuela de su obrar?...
"Sigo su camino sin torcerme". Sigue su camino y no se tuerce quien pone por obra su intención. Seguir el camino con la intención significa, ciertamente, no torcerse. Ésta es la preocupación de los justos: confrontar diariamente sus acciones con los caminos de la Verdad y, proponérselos como regla, no torcerse de su rectitud.
En verdad, procuran todos los días recogerse interiormente y, a medida que se acercan a la cima de las virtudes, examinan con cauto rigor todo lo que en ellos mismos está aún por debajo de ellos mismos. Con diligencia se empeñan por estar íntegramente ahí donde ya ha llegado una parte de ellos.
Sigue [el texto]: "Del precepto de sus labios no me aparto" Así como los siervos dóciles están siempre atentos a los rostros de sus señores para escuchar presurosos y cumplir atentos lo que mandan, así también las almas de los justos están con su intención ante el Señor todopoderoso y están pendientes de su Escritura como si de su boca se tratara, de modo que se conforman a su voluntad en la medida en que reconocen en sus palabras esa misma voluntad, ya que por la Escritura Dios comunica todo lo que quiere. Sucede así que sus palabras no pasan en vano por sus oídos, sino que se fijan en sus corazones. De ahí que añada a continuación: "En mi seno guardo las palabras de su boca". Guardamos la palabras de su boca en nuestro seno cuando escuchamos sus mandatos, no de forma pasajera sino llevándolos a la práctica. Por eso está escrito de la misma Virgen Madre: "María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón". Estas palabras, cuando se llevan a la práctica, quedan guardadas en el corazón, si al cumplirlas por fuera el ánimo de quien las hace no se engríe por dentro. Y es que, cuando la palabra acogida se lleva a la práctica buscando la alabanza humana, es evidente que la Palabra de Dios no se oculta en el seno del alma. Pero desearía saber, santo varón, ¿por qué te examinas con tanto empeño, por qué te exiges tanto? Gregorio Magno, Libros morales, 16, 32, 39-36, 44.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 173-175
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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