lamentaciones por los pecadores


8¡Ay de los que acumulan casas y más casas, y juntan campos y más campos, hasta agotar el terreno! ¿Es que sólo vivís vosotros en el país? 9El Señor de los ejércitos me ha jurado al oído: "¡Muchas casas grandes y hermosas quedarán desoladas, sin que nadie las habite!". 10Pues diez yugadas de viña producirán un sólo cántaro, y un saco de simiente producirá una espuerta.
11¡Ay de los que madrugan de mañana para ir tras los licores, y trasnochan para que el vino los escandile! 12Todo es cítara y arpa, pandero, flauta, y vino en sus festines, pero no contemplan la obra del Señor ni miran la hechura de sus manos. 13Por eso, mi pueblo va a ser deportado por falta de inteligencia; sus nobles morirán de hambre, y su plebe abrasada de sed. 14Por eso, el seol ensanchará sus fauces, abrirá su boca descomunal, y bajarán sus nobles y sus plebeyos, su bullicio y su alborozo. 15El hombre será doblegado, el varón será humillado, y los ojos de los altivos, abajados.
16Pero el Señor de los ejércitos será ensalzado en el juicio, el Dios santo se mostrará santo en la justicia. 17Pacerán corderos como en sus prados, y cabritos cebados rumiarán entre las ruinas.
18¡Ay de los que tiran de la culpa con las cuerdas de la vanidad, y del pecado con sogas de carreta; 19de los que van diciendo: "Que se dé prisa, que actúe pronto para que veamos su obra, que se acerque y llegue el designio del Santo de Israel, y lo conoceremos!".
20¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, de los que ponen tinieblas por luz y luz por tinieblas, de los que cambian lo amargo en dulce y lo dulce en amargo! 21¡Ay de los que se ven sabios, y se tienen por sensatos! 22¡Ay de los campeones en beber vino, y de los intrépidos en mezclar licores; 23de los que justifican al delincuente, a cambio de soborno, y privan al justo de su justicia!
24Por eso, como la llama de fuego devora el rastrojo, y la paja sucumbe en la hoguera, así se pudrirá su raíz, y sus flores se dispersarán como el polvo, porque despreciaron la Ley del Señor de los ejércitos y ultrajaron la palabra del Santo de Israel. (Isaías 5, 8-24)

5, 10   Un saco de simiente producirá una espuerta

EFECTOS DEL PECADO. Existen muchos ejemplos en los que la tierra sufre por culpa de los pecados de los hombres. ¿Por qué extrañarse si la iniquidad de los hombres altera su fertilidad y fecundidad, cuando sucede que por nuestra causa la tierra puede ser corruptible o incorruptible?... Mira el caso de Noé. Cuando la naturaleza humana cayó en una extrema perversidad, todos los elementos se confundieron: las semillas, las plantas y las especies animales, la tierra, el mar y el aire, las montañas, los valles y las colinas, las ciudades, las murallas, las casas y los caminos; en una palabra, todo fue inundado por aquel terrible diluvio. Pero como era necesario que nuestra especie creciera, la tierra encontró de nuevo su orden habitual y volvió a su hermosura primera. También se puede ver que esto sucedía en parte como un honor para el hombre. Juan Crisóstomo, Comentario a Isaías, 5, 4. 

5, 18   ¡Ay de los que tiran de la culpa!

PECADO TRAS PECADO. Cada uno teje con sus pecados una maroma... ¿Quién es el que hace una larga maroma? El que añade un pecado a otro pecado. ¿Cómo se enlazan unos pecados con otros? Ocultando con el nuevo pecado el ya cometido. Hace uno un robo y, para que no se descubra quién lo hizo, acude a un matemático ¡Ya está bien cometer un robo! ¿Por qué quieres añadir un pecado a otro pecado? He ahí dos pecados. Luego, blasfema contra el obispo porque le prohíbe consultar al astrólogo. Ya son tres pecados. Si llega a tus oídos: Echadlo de la Iglesia, dices: Me voy al partido de Donato. Cuarto pecado ya. La maroma se va alargando. Témela. Agustín, Tratado sobre el Ev. de Juan, 10, 5.

5, 20   ¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal!

DE LO AMARGO A LO DULCE. Así obran quienes se oponen al martirio: al considerar perdición lo que es salvación, convierten lo dulce en amargo y la luz en tinieblas; al preferir esta misérrima vida a la otra bienaventurada, ponen lo amargo en lugar de lo dulce y las tinieblas en lugar de la luz. Tertuliano, El escorpión, 1, 13.

5, 21   ¡Ay de los que se ven sabios!

BUSCAR EL BIEN COMÚN. Huyamos de toda vanidad y odiemos totalmente las obras del camino perverso. No viváis solos, encerrados en vosotros mismos, como si ya estuvieseis justificados. Por el contrario, reuníos y buscad juntos lo que conviene al bien común. Carta del Ps.- Bernabé, 4, 10.

SEGUIR SU PROPIA VOLUNTAD. ¿Quién confunde más al pueblo de Dios: el que, poseído de la fuerza de su libertad, desprecia el auxilio del Creador y confía en su voluntad, o el que en cada uno de los preceptos teme el juicio del Señor? Jerónimo, Diálogo contra los pelagianos, 2, 24.

NUESTRAS PROPIAS DEBILIDADES. Considerad a vuestros prójimos recíprocamente como superiores en el camino de Dios, y de un modo especial a los que no han sido encomendados, porque no sabéis los bienes que guardan en su interior aun aquellos a quien veis obrar mal. Procure, pues, cada uno ser grande; pero, con todo, no se considere a sí mismo que lo es, para que no suceda que, atribuyéndose arrogadamente la grandeza, pierda lo que interiormente tenía. Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 1, 7, 4


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 12, p. 84-89
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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