el formalismo del culto


10¡Escuchad la palabra del Señor, príncipes de Sodoma! ¡Prestad oído a la Ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!
11¿Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios? -dice el Señor-. ¡Estoy harto de holocaustos de carneros, y de grasa de animales cebados! La sangre de novillos, corderos y machos cabríos ¡no la quiero!
12Cuando venís ante Mí, ¿quién pide eso de vuestras manos para pisar mis atrios? 13No traigáis más ofrendas vanas. ¡Abomino del humo del incienso, de los novilunios, sábados y llamadas a asamblea...! ¡No soporto iniquidad y reunión solemne! 14Mi alma aborrece vuestros novilunios y solemnidades, me resultan una carga, estoy cansado de soportarlos. 15Cuando eleváis vuestras manos, me tapo los ojos para no veros. Cuando multiplicáis vuestras plegarias, no os quiero escuchar: vuestras manos están llenas de sangre.
16Lavaos, purificaos, quitad de delante de mis ojos la maldad de vuestras obras, dejad de hacer el mal, 17aprended a hacer el bien: buscad la justicia, proteged al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda.
18Venid y litiguemos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarán blancos como la nieve; aunque fuesen rojos como la púrpura, quedarán como la lana. 19Si queréis y escucháis, comeréis lo mejor de la tierra; 20pero si no queréis y os rebeláis, seréis devorados por la espada, pues ha hablado la boca del Señor. (Isaías 1, 10-20).

1, 11   ¡Estoy harto de holocaustos de carneros!

NECESIDAD DEL ARREPENTIMIENTO. ¿Cómo esperáis conseguir alguna redención de vuestras almas mediante los sacrificios ofrecidos sin la correspondiente penitencia? Ciertamente Dios no se aplaca con sangre de animales ni por sacrificios colocados ante el altar, sino mediante un corazón contrito: "Un corazón contrito es un sacrificio para Dios".
Eso mismo es lo que les dice a los que realizan ingentes expiaciones, pero sin embargo no se arrepienten con los hechos. En verdad, la Escritura no rechaza todos los sacrificios, sino únicamente los judíos. Así dice: "¿Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios?". De esta manera rechaza la multitud, pero busca el único sacrificio. Basileo de Cesarea, Comentario sobre Isaías, 1, 24.

1, 12   ¿Quién pide eso de vuestras manos?

LA PEDAGOGÍA DE LOS SACRIFICIOS. Es evidente que los sacrificios no fueron establecidos fundamentalmente en favor de los judíos, sino como una pedagogía que inspiraba toda su conducta. Por eso, como los judíos despreciaban las obligaciones presentes, para no ocuparse de otra cosa que de los sacrificios, Dios dice que nunca se los aceptará...
En efecto, hay todo un libro, denominado Levítico, que registra con rigor lo relativo a los sacrificios. También existen abundantes leyes al respecto en Deuteronomio y en otros muchos libros. ¿Cómo, pues, Dios, puede afirmar: "Quién ha solicitado estas cosas de vosotros"? Esto tiene lugar para que aprendamos que lo que Dios quiere fundamentalmente no es legislar sobre los sacrificios, sino [mostrar] que el punto de partida de esa legislación era la debilidad judía. Juan Crisóstomo, Comentario a Isaías, 1, 4. 

1, 13   No traigáis más ofrendas vanas

CADA DÍA ES FESTIVO. Decidme vosotros, que venís a la Iglesia sólo los días festivos: ¿es que los demás días no son festivos? ¿Es que no son días del Señor? Es propio de los judíos celebrar como solemnes determinados y raros días... Dios, por tanto, odia a los que piensan que el día de la fiesta del Señor sea un sólo día. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 10, 3. 

1, 14   Mi alma aborrece vuestros novilunios y solemnidades

LOS SÁBADOS DE LA HUMANIDAD. Y si Él ha manifestado en algún pasaje aversión a los sábados, al decir: "vuestros sábados", es porque considera que son los de los hombres, no los suyos. Son los sábados que celebra sin temor de Dios un pueblo lleno de pecados, que ama a Dios "con los labios y no con el corazón". Tertuliano, Contra los Marción, 4, 12, 13. 

1, 15   No os quiero escuchar

LA LENGUA ES LA MANO DE LOS QUE REZAN. ¿Y qué hacer si me veo sorprendido en alguna culpa? Purificarte. ¿Cómo y de qué manera? Llora, suspira, da limosna, explica al que ofendiste, reconcíliate con él por estos medios, limpia bien tu lengua a fin de que no irrites aún más a Dios. Si un suplicante se te abrazara a los pies con las manos sucias de excrementos, no sólo no le escucharías, sino que le darías un puntapié. ¿Cómo, pues, te atreves tú a acercarte a Dios de esa manera? La lengua es la mano de los que oran y por ella nos abrazamos a las rodillas de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 5. 

1, 16   Lavaos, purificaos

EL PODER DEL ARREPENTIMIENTO. Hagamos todo lo posible para purificarnos, quitemos nuestros pecados. ¿Qué debemos hacer? Lo que nos enseña el profeta cuando dice: "Lavaos, purificaos, quitad las maldades de vuestras almas de delante de mis ojos"... Mira que la tarea de purificación debemos comenzarla nosotros y después la continúa Dios. En verdad, primero dice: "lavaos, purificaos", y después prosigue: "Yo haré que quedéis blancos"... Grande es la eficacia de la penitencia si consigue que quedemos como la nieve, blancos como la lana, aunque el pecado haya manchado nuestras almas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Carta a los Hebreos, 12, 4. 

1, 18   Aunque vuestros pecados fuesen como grana

REMISIÓN DE LOS PECADOS. El profeta Isaías, como anteriormente hemos citado, dijo de qué manera habrían de rechazar los pecados aquellos que antes pecaron y ahora se arrepienten. Justino Mártir, Apología, 1, 61, 6


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 12, p. 51-59
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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