esperanza de Job en Dios Salvador


23"¡Quién me diera poder escribir mis palabras! ¡Quién me diera poderlas grabar sobre bronce!
24¡Y con puzón de hierro y plomo esculpirlas en roca para siempre!
25Bien sé yo que mi defensor vive y que Él, el último, se alzará sobre le polvo.
26Y después de que mi piel se haya destruido, desde mi carne veré a Dios.
27Yo le veré por mí mismo, mis ojos lo contemplarán y no otro. Dentro de mí desfallecen mis entrañas.
28Si decís: "¿Cómo podremos perseguirle, o qué acusación encontraremos contra él?", 29temed vosotros mismos la espada, pues las faltas se pagan con espada, y sabréis que hay uno que juzga". (Job 19, 23-29)

19, 23-24   ¡Quién me diera poder escribir mis palabras!

JOB HABLA SINCERA Y DELIBERADAMENTE. Todo lo desordenado que hablamos cuando estamos excitados, después deseamos que quede relegado al olvido como algo que nos avergüenza. Pero, por el contrario, lo que decimos con serenidad y con cuidado deseamos que se fije en la memoria y que se transmita de boca en boca. Por lo cual también el santo Job, queriendo mostrar que lo que había dicho, no lo había esparcido con ánimo perturbado, sino que lo había expresado con verdad y con razón, desea que no sólo se escriba en papel, sino que se grabe en plomo y en piedra, para que se conserve muchos años durante largo tiempo. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 19, 23-24. 

19, 25-27   Mi defensor vive

UNA PROFECÍA. "Porque yo sé que mi Redentor vive y que al final se alzará sobre la tierra". Aquí el bienaventurado Job predice la futura manifestación de Emmanuel en la carne al final de los tiempos. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 19, 25.

19, 28-29   Sabréis que hay uno que juzga

DEBEMOS TEMER A CRISTO JUEZ. Todo lo que actúa perversamente, no teniendo temor por lo que hace, ignora la existencia del juicio de Dios. Si supiera que debe temerlo, no cometería las acciones que en él serán castigadas. Hay muchos que saben de palabra que al final habrá juicio, pero actuando malvadamente atestiguan que en realidad lo ignoran. Quien no teme el juicio como se debe, tampoco conoce la forma terrible en que llegará. Si pensara con resonsabilidad la gravedad del terrible juicio, se guardaría con temor del día de la ira. Una forma de huir de la espada que viene de frente es aplacar la sentencia de una severa sanción antes de que llegue. Pues el terror al Juez sólo se puede evitar antes del juicio. Ahora no puede ser visto, pero puede ser aplacado con oraciones. Cuando se siente para aquel terrible juicio, entonces podrá ser visto, pero ya no podrá ser aplacado, porque las obras de los malvados, que ha soportado durante largo tiempo en silencio, las pagará airado todas juntas. Por eso, es necesario temer ahora al Juez, cuando todavía no ejerce el juicio, cuando aguanta prolongadamente, cuando aún soporta las maldades que ve, para que cuando golpee con su mano de una sola vez para otorgar la retribución merecida, no hiera en juicio con rigor tan grande como lo que ha tenido que aguantar antes del juicio. Gregorio Magno, Libros morales, 14, 59, 79.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 151-152
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

3 Comentarios:

María del Carmen dijo...

Que bonitoo!!! Un saludo Marta y María!!! gran trabajo el que haces recopilando tanta información acerca de las lecturas!!!... Dios te llene de bendiciones siempre!!!

Marta y María, contemplativos en el mundo dijo...

La vida del hombre en la tierra es una milicia. Nos preparamos para el combate.

Gracias María del Carmen por tu comentario. Que Dios te bendiga.

Marta y María, contemplativos en el mundo dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

Publicar un comentario