el impío no siempre es castigado en este mundo


17"¡Cuántas veces se apaga la lámpara de los impíos y las desgracias irrumpen sobre ellos! Dios les distribuye dolores en su furor.
18Serán como paja al viento, como polvo que se lleva el torbellino.
19¿Guardará Dios su rigor sólo para sus hijos? Que le pague a él, para que aprenda.
20Que sus ojos sean su ruina y beba de la furia del Omnipotente.
21¿Qué le importa la suerte de su casa, después de haber desaparecido él, cuando haya pasado la cuenta de sus meses?
22¿A Dios va a enseñarle sabiduría? ¡Él es quien juzga a los más excelsos!
23Unos mueren en pleno vigor, colmados de riqueza y felicidad, 24con sus costados bien lustrosos y jugosa la médula de sus huesos.
25Otros, en cambio, mueren con la amargura en el alma, sin haber probado la felicidad.
26Pero unos y otros yacen juntos en el polvo, recubiertos de gusanos.
27Conozco bien vuestros pensamientos y los planes que tramáis contra mí 28cuando decís: "¿Dónde está la casa del noble?, ¿dónde la tienda de los impíos?".
29¿No habéis preguntado a los que recorren los caminos? ¿No conocéis sus relatos?
30Que el malo queda a salvo en el desastre y se libra el día del furor.
31¿Quién puede echarle en cara su conducta o quién retribuye sus obras?
32Cuando al fin le llevan al sepulcro hacen vela sobre su tumba; 33con dulzura le acogen los terrones del valle, todo el mundo desfila tras él.
34¿Cómo seguís con vuestros consuelos vanos? Falsas me resultan vuestras respuestas. (Job 21, 17-34).

21, 17-18   Se apaga la lámpara de los impíos

LA LUZ ETERNA DE LA FE. La luz del justo permanece siempre, pues en la noche de este mundo la lámpara de la fe no puede ser extinguida por el viento de ninguna tentación, y ella le ayuda a seguir el camino hacia la gloria de la luz eterna. La luz del pecador, al contrario, se extingue en el breve tiempo de la vida, pues camina como en sombras. No permanecerá, y como dice Job, "sobrevendrá la inundación de los impíos", dicho de otro modo, la abundancia de tormentos, "con los que distribuye dolores en su furor". Sin duda, dice, Dios distribuye dolores porque paga a cada uno con las penas que merece. Felipe el presbítero, Comentarios al libro de Job, 21. 

21, 19-22   ¡Él es quien juzga a los más excelsos!

SOFAR MUESTRA SU IGNORANCIA. Ciertamente [Sofar], que habló antes de él, le dijo que "después del tiempo en el que el hombre ha estado en la tierra" también perecerá. [Job] se dirige a él, porque [Sofar] desconoce lo que es claro y evidente. Por ello le dice: "Tú has entendido las cosas de manera distinta a como yo las he dicho, pues son justamente lo contrario. En verdad, nadie puede pensar que conoce los deseos secretos de Dios, que gobierna toda la creación. Así pues, dime, ¿por qué son castigados los que no son impíos? Uno se encuentra en la necesidad y otro en la riqueza, pero su maldad es la misma". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 21, 19-22a. 

21, 23-26   Mueren con la amargura

UN CONCEPTO EQUIVOCADO DE LA JUSTICIA DIVINA. Para refutar los argumentos de los que querían referirlo todo a [su propio concepto de] la equidad del juicio divino, propone dos grupos de personas que son desiguales en méritos y en éxitos, de modo que aparezca claro que en el presente estado de cosas era pobre la justicia que ellos le atribuían a Dios. Juliano de Eclana, Explicación al libro de Job, 21, 23-25.

21, 27-30   ¿Dónde está la tienda de los impíos?

EL JUSTO ANHELA ALCANZAR EL MUNDO ETERNO. Los hombres débiles, que aspiran a destacar en este mundo y temen los sufrimientos como si de grandes males se trataran, miden las culpas a partir de las penas en aquellos que ven padecer. Al verlos golpeados por el sufrimiento, imaginan que han desagradado a Dios. Por eso, los amigos del santo Job, que lo han visto padecer, creyeron que había sido un impío, pensando claramente que si no hubiera sido impío, sus tiendas seguirían en pie. Pero así piensa quien trabaja aun sintiendo repugnancia por la debilidad, quien fija la pisada del pensamiento en el deleite del mundo presente, quien no sabe pasar con deseos perfectos a la vida eterna. De ahí que rectamente añada: "¿No habéis preguntado a los que corren los caminos? ¿No conocéis sus relatos? Que malo queda a salvo en el desastre y se libra el día del furor". Con frecuencia, la paciencia divina soporta largo tiempo a los que ya condena a los castigos previstos y permite destacar a los que ve cometer maldades cada vez más graves. Como ve a qué foso de condena se encaminan, estima en nada eso que los malvados pretenden acumular en esta vida. Pero quien ama la gloria de la vida presente, considera que es gran felicidad haber prosperado en este mundo según el propio capricho, aunque después tenga que soportar los suplicios eternos. Por eso, sólo estima en nada el progreso del malvado quien ya ha separado la pisada del corazón del amor del mundo presente. De ahí que al hablar de la futura condena del impío, antes afirme: "¿No habéis preguntado a los que corren los caminos? ¿No conocéis sus relatos?" Los que corren los caminos son los que consideran que la vida presente es el camino y no la patria, quienes no fijan sus corazón en el amor de las cosas pasajeras, quienes no desean permanecer en los bienes transitorios sino que desean llegar a los eternos. Gregorio Magno, Libros morales, 15, 65, 67-57, 68.

21, 31-33   ¿Quién retribuye sus obras?

UNA ALUSIÓN AL DIABLO VENCIDO POR CRISTO. Parece que Job se refiere directamente al diablo, aunque de modo genérico también se puede referir a todos los pecadores. ¿Quién podrá echar en cara [al diablo] sus sendas corrompidas, hacia las cuales ha llevado al mundo entero? ¿O qué criatura podrá darle lo que se merece? Sólo el Cordero de Dios, puesto que "él no cometió pecado, "ni en su boca se halló engaño". Felipe el presbítero, Comentarios al libro de Job, 21.

21, 34   Falsas me resultan vuestras respuestas

IMPOTENCIA DE JOB. Vosotros me habéis traído sufrimiento y tormento en lugar de consuelo; yo no gano nada con hablar mucho y vuestras respuestas no me valen para nada. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 21, 34.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 158-164
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job piensa en la prosperidad del impío


1Job intervino diciendo: 2"Escuchad con atención mis palabras, será para mí vuestro mejor consuelo.
3Tened paciencia mientras hablo, después podréis burlaros.
4¿Acaso yo me enfrento con un hombre? ¿Por qué, entonces, habría de ser impaciente?
5Miradme: os asombraréis y os llevaréis la mano a la boca.
6Al pensar en ello yo mismo me horrorizo y un escalofrío recorre mi carne.
7¿Por qué siguen viviendo los impíos? Envejecen y crecen en fortuna.
8Su descendencia está segura junto a ellos, su prole se desarrolla ante sus ojos.
9Sus casas se mantienen serenas, sin miedo, pues la vara de Dios no les alcanza. 
10Su toro fecunda sin marrar, su vaca, sin abortar pare.
11Dejan sueltos a sus niños como ovejas, sus hijos saltan jugueteando.
12Catan con arpas y cítaras, se alegran al son de la flauta.
13Disfrutan de la felicidad de su vida y en paz descienden al seol.
14Ellos decían a Dios: "Apártate de nosotros, no queremos conocer tus caminos. 15 ¿Quién es el Omnipotente para que le sirvamos? ¿Qué nos aprovecha suplicarle?".
16Aunque están en su mano los bienes, ¡lejos de mí el consejo de los impíos!". (Job, 21, 1-16)

21, 7-14   ¿Por qué siguen viviendo los impíos?

LA MISERICORDIA DE DIOS. Ciertamente Dios no cesa de beneficiar a los malvados, para demostrar que no les guarda rencor, no sea que digan: "Dado que Dios nos odia, nunca nos abrirá la puerta del arrepentimiento". Y mientras Él trata a los justos dura y severamente, sin embargo ofrece su amor a los injustos. Las recompensas que en su momento han de concederse por las virtudes de los justos, constituyen los signos futuros de buenas obras que ellos hacen. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 21, 3-7.

21, 15-16   ¿Quién es el Omnipotente para que le sirvamos?

LOS OJOS CLAVADOS SÓLO EN LAS COSAS CELESTIALES. Muchas veces los hombres prefieren servir a los hombres que ven, antes que servir a Dios a quien no ven. Procuran el fin visible de todo lo que hacen y como no pueden poner los ojos del cuerpo en Dios, dejan de servirle o, si empezaron a hacerlo, se fatigan. Como se ha dicho, no creen que exista lo que no pueden ver corporalmente. Si buscaran humildemente a Dios, Creador de todo, descubrirían en ellos mismos que lo que no se ve es más importante que lo que se ve. Ellos mismos subsisten a partir de un alma invisible y de un cuerpo visible; y si se les quita lo que no se ve, pierden también al instante lo que se ve. Ciertamente, los ojos de la carne permanecen abiertos, pero no pueden ya ver ni sentir. El sentido de la vista desaparece porque se ha retirado quien lo habitaba; y la casa de la carne queda vacía, porque de ella se ha alejado aquel espíritu invisible que solía mirar por sus ventanas...
Como para nosotros la eternidad debe estar en la intención y las cosas temporales en el uso diario, el Señor dice que la primera se da y que las segundas se añaden con abundancia. Sin embargo, con frecuencia los hombres cuando piden bienes temporales y no buscan los premios eternos, piden lo que se añade, sin desear aquello a lo que se añade. No consideran ganancia de su petición si aquí son pobres materialmente y allí viven la riqueza de la bienaventuranza en la eternidad, pues, como se ha dicho, vueltos únicamente a las cosas visibles, renuncian a ganar las invisibles con esfuerzo de la petición. Si buscaran los bienes eternos, recibirían ya el fruto de su trabajo, porque cuando el alma anhela con plegarias el rostro de su Creador, inflamada en deseos divinos, se separa de las realidades inferiores, se une a las realidades eternas, por el fervor de su amor se abre para acogerlas, y acogiéndolas se inflama. Amar los bienes superiores ya es elevarse. Cuando el alma ansía con gran deseo alcanzar las realidades celestes, gusta ya de modo admirable eso mismo que desea alcanzar. Sigue: "Aunque están en su mano los bienes, ¡lejos de mí el consejo de los impíos!". Tiene en su mano los bienes quien despreciando las realidades temporales las tiene bajo el dominio del alma. Quien las ama mucho, más que dominarlas, él está bajo el domino de ellas. Muchos justos fueron ricos en este mundo; colmados de bienes y honores aparentaban tener muchas cosas, pero como sus almas no estaban sometidas a la complacencia de lo que poseían, mantenían en su mano los bienes, porque estaban sometidos al dominio de su alma. Por el contrario, los inicuos ansían los bienes materiales con tanto deseo, que no son ellos los que dominan las cosas que poseen, sino que son ellos los que, con el alma cautiva, están dominados por los bienes que tienen.
Por eso, aunque están en sus manos los bienes materiales, rectamente se añade: "¡lejos de mí el consejo de los impíos!". ¿Cuál es el consejo de los impíos sino buscar la gloria terrena y despreciar la eterna, desear la salud temporal con daño de la interior, y cambiar los sufrimientos pasajeros por los tormentos eternos? Gregorio Magno, Libros morales, 15, 46, 52-48, 54.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 158-162
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Sofar explica que la justicia divina nunca falla


1Entonces intervino Sofar, el naamatita, diciendo: 2"Mis reflexiones me mueven a replicarte por la inquietud que hay dentro de mí.
3Escucho doctrinas que me molestan, y un soplo de mi inteligencia me impulsa a responder.
4Sabes esto desde siempre, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra: 5que la alegría de los malvados es breve y el gozo de los impíos dura un instante.
6Aunque su talla se eleve hasta el cielo o hasta las nubes levante su cabeza,
7perecerá para siempre como estiércol, y los que le vieron preguntarán dónde está.
8Como un sueño vuela y no aparece, se desvanece como visión nocturna.
9Los ojos que lo veían no volverán a mirarlo, ni contemplarán de nuevo el lugar donde estaba.
10Sus hijos tendrán que indemnizar a los pobres, y sus manos tendrán que devolver sus bienes.
11Sus huesos, llenos aún de vigor juvenil, yacen con él en el polvo.
12Si el mal resultaba dulce en su boca y lo escondía bajo la lengua, 13manteniéndolo sin soltarlo, sujetándolo bajo el paladar, 14ese alimento se altera en sus entrañas y se hace en su interior veneno de áspid.
15Las riquezas que tragó tendrá que vomitarlas, Dios se las arrancará de sus entrañas.
16Veneno de áspid chupará y lo matará la lengua de una víbora.
17No verá ya ríos de aceite, ni torrenetes de miel y de cuajada; 18tendrá que devolver su ganancia sin probarla y no disfrutará los bienes de su negocio, 19porque reprimió y abandonó a los pobres, robó casas y no las edificó; 20porque no conoció satisfación en su interior, ni pudo resistir a su ansiedad.
21Nada escapa a su ambición, por tanto su gozo no perdurará.
22En plena abundancia le llega la penuria, toda la desgracia viene sobre él.
23Cuando su vientre está a punto de llenarse, Dios envía sobre él el ardor de su cólera y lanza una lluvia de dolor en su carne.
24Si escapa del arma de hierro le alcanza el arco de bronce; 25una flecha sale por su espalda, y de su hígado una punta brillante.
Todos los terrores vienen sobre él, 26todas las tinieblas le acechan desde su escondite, le devora un fuego que nadie atiza, y cosume lo que aún queda de su tienda.
27Los cielos desvelan su culpa, la tierra se levanta contra él.
28Una inundación arrastra su casa, queda derruida el día de la cólera.  
29Tal es la suerte que Dios otorga al malvado, la herencia que le adjudica. (Job 20, 1-29)

20, 6-8   Perecerá para siempre como el estiércol

LA IRRELEVANTE Y DETESTABLE VIDA DEL HIPÓCRITA. Se dice que la soberbia del hipócrita sube hasta el cielo cuando su soberbia aparenta ser vida celestial. Hata las nubes levanta su cabeza cuando se cree que la parte principal, es decir, su inteligencia, se equipara a los méritos de los santos que le han precedido. Sin embargo, perece para siempre como estiércol, porque al morir, cuando sea llevado a los tormentos del estiércol de los vicios, será golpeado por los espíritus malignos... A menudo, la vida de los hipócritas se muestra finalmente a los hombres como reprobable, y se revela con signos cada vez más claros quiénes fueron en realidad. Por eso, quienes le vieron engreído, dirán de él ahora abatido: "¿Dónde está?". Porque no aparecerá ni donde se mostró engreído ni en el descanso de la eternidad al que se pensaba que iría. Sobre la brevedad de esa vida, oportunamente añade: "Como un sueño vuela y no aparece, se desvanece como visión nocturna". ¿Qué es la vida del hipócrita, sino una cierta visión fantasmagórica que muestra una imagen de lo que no posee en realidad? Gregorio Magno, Libros morales, 15, 4, 5-6, 7. 

20, 9-10   Los ojos que lo veían no volverán a mirarlo

EL ACABAMIENTO REPENTINO VIENE DE DIOS. Es decir, su ruina llega de golpe, para que no pienses que su desgracia se debe al orden natural, sino que está de acuerdo a un poder extraordinario y divino. Y no habla solamente de sus crímenes, sino también de sus sacrificios, pues si no se ofrecen, son absolutamente inútiles. "Dejar perecer a los hijos -dice Sofar- es signo de debilidad". También esto indica que el golpe proviene de Dios, ya que los hombres inferiores prevalecen sobre ls más fuertes. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 20, 8-10.

20, 15   Las riquezas que tragó

EL HIPÓCRITA HABLA SABIAMENTE, PERO NO VIVE EN CONSECUENCIA. El hipócrita desea conocer la palabra de Dios, pero no cumplirla; desea hablar doctamente, pero no vivir lo que habla. Justamente por no cumplir lo que sabe, acaba incluso por perder lo que sabe, pues como no asocia a su saber una actuación recta, despreciada la rectitud del buen obrar, pierde también el saber. Por eso, las riquezas de las Sagradas Escrituras que tragó al leer, tendrá que vomitarlas echándolas al olvido. Dios las sacará de su vientre, ya que, por un justo juicio, aparta de la memoria aquello que no se ha querido practicar, para que no se retengan en la lengua los precptos divinos que no se han querido observar en la vida. De ahí que se diga por el profeta: "Dios dice al impío: ¿Por qué repites mis preceptos y tienes en tu boca mia alianza?". Si sucede que las palabras de la doctrina parece mantenerse en la boca del hipócrita hasta el final, entonces recibe un castigo mayor por no haberse visto privado, ni siquiera siendo malvado, del auxilio del don de Dios. En verdad, está escrito [que la misericordia del Señor permanece con los que] "recuerdan sus mandatos y los cumplen". Por eso, quien recuerda sus mandatos y no los cumple, retiene, con las palabras de la doctrina, la setencia que lo condenará. Gregorio Magno, Libros morales, 15, 14, 17.

20, 16-18   No verá ya ríos de aceite

UNA PREDICCIÓN DE LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO. "Ya no verán la ramificación de los ríos, los torrentes de miel y de cuajada". Estas palabras significan que esos ríos se dividían en el monte Calvario, y los torrentes que brotaban de los ríos representan los dones del Espíritu Santo, comunicados mediante la revelación del Evangelio. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 20, 17. 

20, 19-21   No conoció satisfación en su interior 

LA RIQUEZA ADQUIRIDA CON VIOLENCIA NO DURARÁ. Aplastó las casas de muchos pobres, les quitó el sustento y no lo restituyó. No tienen salvación. "Aplastó" significa que los machacó despiadadamente, saqueó todos sus bienes y no se los devolvió. "No los restituyó" significa que no los repuso. Por tanto, igual que él saqueó los bienes de los pobres y no los devolvió, así tampoco lo suyo se salvará. Por su apetito no se salvará: no le quedará resto de comida. Olimpiodoro, Comentarios al libro de Job, 20, 19-21.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 153-157
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

esperanza de Job en Dios Salvador


23"¡Quién me diera poder escribir mis palabras! ¡Quién me diera poderlas grabar sobre bronce!
24¡Y con puzón de hierro y plomo esculpirlas en roca para siempre!
25Bien sé yo que mi defensor vive y que Él, el último, se alzará sobre le polvo.
26Y después de que mi piel se haya destruido, desde mi carne veré a Dios.
27Yo le veré por mí mismo, mis ojos lo contemplarán y no otro. Dentro de mí desfallecen mis entrañas.
28Si decís: "¿Cómo podremos perseguirle, o qué acusación encontraremos contra él?", 29temed vosotros mismos la espada, pues las faltas se pagan con espada, y sabréis que hay uno que juzga". (Job 19, 23-29)

19, 23-24   ¡Quién me diera poder escribir mis palabras!

JOB HABLA SINCERA Y DELIBERADAMENTE. Todo lo desordenado que hablamos cuando estamos excitados, después deseamos que quede relegado al olvido como algo que nos avergüenza. Pero, por el contrario, lo que decimos con serenidad y con cuidado deseamos que se fije en la memoria y que se transmita de boca en boca. Por lo cual también el santo Job, queriendo mostrar que lo que había dicho, no lo había esparcido con ánimo perturbado, sino que lo había expresado con verdad y con razón, desea que no sólo se escriba en papel, sino que se grabe en plomo y en piedra, para que se conserve muchos años durante largo tiempo. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 19, 23-24. 

19, 25-27   Mi defensor vive

UNA PROFECÍA. "Porque yo sé que mi Redentor vive y que al final se alzará sobre la tierra". Aquí el bienaventurado Job predice la futura manifestación de Emmanuel en la carne al final de los tiempos. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 19, 25.

19, 28-29   Sabréis que hay uno que juzga

DEBEMOS TEMER A CRISTO JUEZ. Todo lo que actúa perversamente, no teniendo temor por lo que hace, ignora la existencia del juicio de Dios. Si supiera que debe temerlo, no cometería las acciones que en él serán castigadas. Hay muchos que saben de palabra que al final habrá juicio, pero actuando malvadamente atestiguan que en realidad lo ignoran. Quien no teme el juicio como se debe, tampoco conoce la forma terrible en que llegará. Si pensara con resonsabilidad la gravedad del terrible juicio, se guardaría con temor del día de la ira. Una forma de huir de la espada que viene de frente es aplacar la sentencia de una severa sanción antes de que llegue. Pues el terror al Juez sólo se puede evitar antes del juicio. Ahora no puede ser visto, pero puede ser aplacado con oraciones. Cuando se siente para aquel terrible juicio, entonces podrá ser visto, pero ya no podrá ser aplacado, porque las obras de los malvados, que ha soportado durante largo tiempo en silencio, las pagará airado todas juntas. Por eso, es necesario temer ahora al Juez, cuando todavía no ejerce el juicio, cuando aguanta prolongadamente, cuando aún soporta las maldades que ve, para que cuando golpee con su mano de una sola vez para otorgar la retribución merecida, no hiera en juicio con rigor tan grande como lo que ha tenido que aguantar antes del juicio. Gregorio Magno, Libros morales, 14, 59, 79.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 151-152
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez