Job critica las palabras de sus amigos


1"Todo esto han visto mis ojos, mis oídos lo han escuchado y lo han entendido bien.
2Como vosotros, también yo lo sé; que no soy más simple que vosotros.
3Pero es al Omnipotente a quien me dirijo, con Dios mismo quiero disputar.
4Que vosotros todo lo maquilláis con mentiras, sois médicos sin fundamento.
5Quien os enmudeciera del todo os haría sabios.
6Escuchad, por favor, mi defensa, atended a las razones de mi boca.
7¿Vais a hablar a favor de Dios con mentiras, en su defensa diréis falsedades?
8¿Así pensásis defender su causa, disputar así en su favor?
9Sería bueno que os examinara Él. ¿O pensáis que se le puede engañar como se engaña a un hombre?
10Os lo demandará severamente si en secreto os mostráis parciales.
11¿Acaso no os sobrecoge su majestad, no pesa sobre vosotros su terror?
12Vuestras máximas son proverbios de ceniza, respuestas de barro, vuestras réplicas" (Job 13, 1-12). 

13, 1-2   Todo esto han visto mis ojos

VER, OÍR Y ENTENDER. Lo que había de suceder, Job lo veía presente en Aquel para quien ni el futuro llega ni el pasado se aleja, porque todo está simultáneamente presente ante sus ojos. Y como lo que había de suceder, unas veces lo vio en forma de obras y otras en forma de palabras, rectamente añade: "Todo esto han visto mis ojos, mis oídos lo han escuchado". Pero como los dichos son inútiles si carecen de sentido, oportunamente se indica enseguida: "Y lo han entendido bien". Cuando algo se muestra a la vista o al oído, si no se puede entender, apenas tiene valor como profecía. El faraón vio en sueños lo que iba a suceder a Egipto, pero como no comprendía lo que veía, no fue considerado profeta. El rey Baltasar vio un dedo de la mano que escribía en la pared, pero no fue profeta porque no comprendió el sentido de lo que veía. Por eso, para probar que el santo Job poseía el espíritu de profecía, no sólo se afirma que vio y oyó, sino también que entendió. Este entendimiento no le lleva al orgullo, tal como atestiguan las palabras que añade a continuación: "Como vosotros, también yo lo sé; porque no soy más simple que vosotros". Al hablar así, da ha conocer la gran humildad que posee quien niega ser más simple que aquellos a los que supera ampliamente con su vida santa. Gregorio Magno, Libros morales, 11, 20, 31-21, 32.

13, 6-7   ¿Vais a hablar a favor de Dios con mentiras?

DIOS OYE LAS PALABRAS NECIAS. Considerad, pues, ahora lo que voy a decir para refutaros y juzgar si me expreso juiciosamente. ¿Acaso no habláis delante del Señor y pronunciáis en su presencia palabras engañosas? ¿No os dais cuenta de que Dios oye vuestras palabras? ¿Cómo, entonces, si os oye, osáis hablar en contra de la verdad? Observad, además, estas palabras que proceden de un hombre irreprochable y sincero, cómo en todo momento y lugar [Job] censura la mentira, aun cuando haya quien parezca hablar en nombre de Dios. Por eso él dice todo lo que siente con verdad y francamente, por lo cual también Dios le aprueba, ya que Él mismo es la verdad. La mentira es, en efecto, cosa del demonio, como dice el Salvador. Olimpiodoro, Comentario al libro de Job, 13, 6-7.

13, 8-10   Os lo demandaré severamente

DIOS CASTIGA LA PARCIALIDAD. "Si Dios sigue vuestras huellas", dice Job. Vosotros, los que ahora habláis, si el tema que se juzga os afectara directamente, no hablaríais de esta forma, es decir, si estuvierais en mi situación y Dios examinase minuciosamente vuestros asuntos, no seríais jueces como lo sois ahora; o también de otra forma; he aquí lo que digo: no podéis convertiros en jueces de mis palabras los que habláis así; pues -viene a decir Job- aunque os extendáis en más palabras y hagáis todo lo posible en hablar en favor de Dios, no por eso dejará de reprocharos menos y de pediros cuentas y explicaciones. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 13, 8-10a.

13, 11-12   ¿No pesa sobre vosotros su terror?

ATERRORIZADOS POR DIOS. El autor parece afirmar que, por el temor a Dios y por el terror que inspira, vosotros debéis evitar el pronunciar un reproche. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 13, 11.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 115-118
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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