sólo Dios puede conocer los pecados del hombre


1Sofar, el naamatita, intervino diciendo: 2"El que tanto habla ¿no recibirá respuesta? ¿Va a tener razón el más locuaz?
3¿Harán callar a los hombres tus palabrerías? ¿Te mofarás sin que nadie te conteste?
4Tú has dicho: "Mi doctrina es pura, soy íntegro a tus ojos".
5Bueno sería que Dios hablara y abriera sus labios para ti: 6te descubriría los secretos de la sabiduría, fascinantes para el entendimiento, y sabrías que Dios pasa por alto parte de tus culpas.
7¿Vas a sondear las profundidades de Dios, vas a penetrar hasta la perfección del Omnipotente?
8Es más alta que los cielos, ¿qué podrás hacer?, más profunda que el seol, ¿qué podrás saber?
9Su dimensión es más larga que la tierra y más ancha que los mares.
10Si Dios pasa, si encarcela, si cita a juicio, ¿quién podrá impedirlo?
11Porque el conoce a los hombres falaces y viendo la maldad, ¿no la tendrá en cuenta?
12El hombre necio se hará sagaz cuando el onagro se deje domesticar (Job 11, 1-12).

11, 1-2   El que tanto habla ¿no recibirá respuesta?

LAS PALABRAS AUDACES DE SOFAR. Sofar no reconoce el mesurado propósito de las declaraciones que hace Job sobre sí mismo, y por eso le dice: "No seas charlatán". La Sagrada Escritura, enseñando que hay que controlar el exceso de halar, dice: "La palabrería no puede escapar al pecado". A quí se llama "palabrería" a decir cosas inapropiadas. Pero no es la cantidad de palabras lo que define a la "palabrería", como evidencia el Apóstol cuando "hasta la media noche extiende su discurso para su auditorio". Por otro lado, es de admirar la audacia de Sofar para Job, pues aunque está dándole una respuesta, dice que no hay quién pueda responderlo. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 11, 3. 

11, 3   ¿Harán callar a los hombres tus palabrerías?

EL RESENTIMIENTO DE SOFAR. Sofar o bien quiere decir: "¿No hay nadie que te replique?", es decir, "nosotros", o también pretende decir: "No hay nadie que conozca tus pecados, sino solamente Dios que, si hubiera querido convencerte de ello, ya habrías muerto". Mira cómo a Job, sin que en ningún momento diga que sufre injustamente y que él no tiene pecados, se le reprocha precisamente esto. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 11, 3b.

11, 4   Soy íntegro a tus ojos

SOFAR RECHAZA EL TESTIMONIO DE DIOS. Job había dicho anteriormente: "Si yo soy perverso, ¿para qué fatigarme en vano? ¿Trata de definirse a sí mismo como inocente? Pero estas palabras no son de Job, sino de Dios. En efecto, es Dios quien lo ha designado "íntegro en sus acciones" y "alejado del mal". En consecuencia, tú [Sofar] rechazas el testimonio precisamente de Dios. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 14, 11, 4-6.

11, 5-6   Te descubrirá los secretos de la sabiduría

LAS OBRAS OCULTAS DE LA SABIDURÍA SUPREMA. Las obras de la sabiduría divina son públicas cuando Dios omnipotente gobierna a los que crea, lleva a su perfección las obras buenas que comienza, y, con su inspiración, ayuda a los que ilumina con la luz de su visita. Es claro que guía con benevolencia a todos los que gratuitamente ha creado. Cuando concede dones espirituales, Él mismo lleva a cumplimiento lo que Él mismo comenzó movido por su propia benevolencia. Son secretas las obras de la sabiduría divina, cuando Dios abandona a los que ha creado..., cuando nos ilumina con la claridad de su luz y, sin embargo, permitiendo las tentaciones de la carne, nos turba con las tinieblas de la ceguera; cuando no protege los dones que concedió, cuando suscita en nuestra mente el deseo de Él y, sin embargo, por un oculto juicio, nos angustia con la dificultad de nuestra debilidad... y la multiplicidad de su ley. ¿Qué se debe entender aquí sino la caridad, por la cual se leen en la mente los preceptos de la vida que deben llevarse a la práctica? Sobre esta ley se dice por la voz de la Verdad: "Éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros". Pablo dijo de ella: "La plenitud de la ley es el amor". Y en otro lugar: "Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo". ¿Qué se puede entender por ley de Cristo más congruentemente que la caridad que en verdad practicamos, cuando soportamos por amor las cargas fraternas? Gregorio Magno, Libros morales, 10, 6, 6-7.

11, 7   Las profundidades de Dios

LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO HUMANO. Estas palabras significan: "¿Sabes lo que el Todopoderoso hará al final de sus obras?". Yo ciertamente admito que tenemos experiencia de cosas que, por otra parte, son evidentes y manifiestas, pero que apenas nos descubren la gradeza del Cielo y de todas las cosas divinas. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 11, 7.

11, 8-9   Es más alta que los cielos

¡QUÉ PEQUEÑOS SOMOS LOS SERES HUMANOS! Él quiere decir: "¿Podrías tú hacer algo semejante?" o bien pretende afirmar: "Como tú eres en el universo una humilde criatura y por lo tanto no puedes hacer nada, lo mismo que tú eres humilde sobre la tierra, así Dios es excelso en los cielos". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 11, 8a.

11, 10-11   Viendo la maldad

VANIDAD E INIQUIDAD. Ocurre con frecuencia que el espíritu eleva ya la mente a los bienes supremos, pero la carne, sin embargo, la asalta con importunas tentaciones. Mientras el ánimo es llevado a contemplar realidades celestes, es turbado con imágenes de acciones ilícitas. El empuje de la carne hiere repentinamente al que ya había sido arrebatado fuera de la carne a la contemplación de realidades santas. Cielo y tierra, por tanto, se ven obligados a convivir cuando la elevada contemplación ilumina y la importunidad de la tentación oscurece una misma y única mente, de modo que ve, entendiendo, lo que desea, y, sucumbiendo en su pensamiento, soporta lo que le avergüenza. Del cielo, en verdad, viene la luz. En el infierno, sin embargo, se encuentran las tinieblas. Cielo e infierno se reducen a uno cuando la mente, que considera ya la luz de la patria celeste, lleva también las tinieblas de la tentación oculta procedente del combate de la carne... Como si manifestando las premisas sacara la conclusión, diciendo: "Como ve que al tolerar los vicios, éstos crecen, confunde los dones juzgándolos". En la descripción se guarda un recto orden: primero se reconoce la vanidad y después se alude a la iniquidad. Toda iniquidad es vanidad. Sin embargo, no toda vanidad es inquidad. Hacemos cosas vanas siempre que pensamos en cosas pasajeras. De ahí que llamemos evanescer a lo que rápidamente desaparece de la vista del que mira. Por eso dijo el salmista: "Vanidad total es todo hombre que vive", porque, como viviendo se encamina a la muerte, se dice ciertamente que es vanidad. Ahora bien, rectamente no se dice que sea iniquidad, porque si bien es verdad que perece como castigo a su pecado, no es, sin embargo, pecado lo que le acontece en la vida. Vanas son en efecto, las cosas que pasan. Por eso, también mediante Salomón se dice: "Todo es vanidad". No obstante, con facilidad llega la iniquidad después de la vanidad, ya que, mientras pasamos por algunas cosas transitorias, nos atamos a algunas de ellas perjudicialmente; y, como la mente no se mantiene inalterada, escapando de sí misma, se abandona a los vicios. Así, a costumbrada a cosas cambiantes, pasa de la vanidad a la iniquidad, y, mientras es llevada de una cosa a otra, se ve manchada por culpas que van surgiendo. Por la palabra vanidad se puede entender también la culpa y con el término iniquidad se puede designar el pecado más grave. Gregorio Magno, Libros morales, 10, 10, 17-11, 21.

11, 12   El hombre necio se hará sagaz

LA VANIDAD DE PALABRAS. Y con razón dijo Sofar: "Como al asno del desierto que rebuzna interminablemente". "Ninguna diferencia hay, viene a decir, entre nuestras palabras y aquel sonido ininteligible que se deja oír al azar, y con estupidez: criticamos todo y a todos, y censuramos todo". De nuevo, los amigos de Job le aconsejan que cuide y se preocupe de su vida; pero en verdad esto no sirve de nada -dice él-. Por eso había dicho Job: "Aunque yo sea justo, no levantaré mi cabeza". "¿De qué me sirve?", dice Job. "Efectivamente, yo soy justo, pero ante los ojos de Dios soy impuro". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 11, 8b-12.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 103-106
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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