Job duda de la justicia de Dios


14¿Cuánto menos voy yo a replicarle, ni a elegir argumentos contra Él? 15Pues aunque tuviera razón no replicaría, pediría favor a quien me juzga. 16Aunque al invocarle me responda, no creeré que ha escuchado mi voz, 17Él, que me aplasta en la tormenta y multiplica sin motivo mis heridas.
18No me deja ni tomar alimento, me llena de amargura.
19Si es por fuerzas, Él es el fuerte; si por un juicio, ¿quién le hará comparecer?
20Si yo fuera justo, mi boca me condenaría; si íntegro, ella me declararía culpable.
21Pero, ¿soy íntegro? Ni yo lo sé. ¡Desprecio mi vida!
22Todo es lo mismo. Por eso digo: al íntegro y al malvado Él nos aniquila.
23Si una catástrofe acarrea de repente la muerte, Él se ríe de la desgracia de los inocentes.
24Ha dejado la tierra en manos de malvados y tapa el rostro de sus jueces. Si no es Él, ¿quién entonces?
25Mis días han ido más rápidos que un mensajero, han huido sin ver la felicidad, 26se deslizan como una canoa de papiro, como águila que se precipita a la presa.
27Si me digo: "Voy a olvidar mi dolor, cambiaré mi semblante y lo pondré alegre", 28veo venir otros dolores, pues sé que no me declaras inocente.
29Si yo soy perverso, ¿para qué fatigarme en vano?
30Si me lavase con agua de nieve y limpiara mis manos con lejía, 31me hundirías en el fango y hasta mis vestiduras me horrorizarían.
32Dios no es un hombre como yo para responderle, para ir juntos a un pleito.
33No hay un árbitro entre los dos que pueda interponer su mano entre nosotros, 34que pueda alejar de mí su azote para que no me espante su terror.
35Pero yo hablaré sin temerle, pues no es así como yo me siento (Job 9, 14-35).

9, 14-16   Aunque tuviera razón no replicaría

LA ORACIÓN Y LA HUMILDAD DEBEN SER CONDIMENTO DE LA JUSTICIA. Como si abiertamente dijera: "Si la criatura a la que no oprime la carne no alcanza a pensar en Dios, ¿con qué mente podré yo, que estoy sometido al peso de la corrupción, discutir sobre sus juicios?". No obstante, del mismo modo que a menudo las palabras que Dios nos dirige son sus juicios que expresan la sentencia sobre nuestros actos, así también las palabras que nosotros dirigimos a Dios son  las obras que le presentamos. Pero el hombre no logra con sus palabras hablar con Dios, porque ante su sutil juicio no tiene ninguna confianza en las propias acciones. De ahí que oportunamente diga: "Aunque haya hecho algo justo, no le responderé, sino que suplicaré a mi Juez". Como hemos dicho repetidas veces, toda la justicia humana se revela injusticia si se juzga rigurosamente. Por eso, después de la justicia se requiere la oración... Incluso cuando esta justicia es ejercitada plenamente por los más virtuosos, se dice que apenas se ejercita, porque la mente humana difícilmente cumple lo que comprende y bien poco es lo que comprende. Diga, pues: "Aunque haya hecho algo justo, no le responderé, sino que suplicaré a mi Juez". Como si más abiertamente se expresara diciendo: "Aunque llegue a cumplir una obra virtuosa, recobro la vida no por mis méritos sino gracias al perdón". Así pues, cuando realicemos una obra recta, debemos apoyarnos en la oración, para que todo lo que vivimos justamente se funde en la humildad. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 17, 27-18, 28.

9, 17   Multiplica sin motivo mis heridas

DOS SIGNIFICADOS DIFERENTES. Estas palabras significan dos cosas diferentes: o bien Job no había pecado, aun cuando él, no obstante, estaba cumpliendo un castigo, o bien que Cristo, como si fuese culpable de pecado, habría sufrido decididamente la tentación de las pasiones. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 9, 17.

9, 18-19   Él es el fuerte

EL PODER DE DIOS ES ILIMITADO. "No me deja recobrar", es decir: estoy lleno de males. "Me ha llenado de amargura", pues Él me sobrepasa en poder. ¿"Quien resistirá a su decisión"? Job no dice simplemente que Dios es superior en poder, sino que tiene poder para hacer lo que quiere. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 18-19.

9, 20-21   Pero, ¿soy íntegro?

EL PECADO DE LA SOBERBIA. "Si yo fuera íntegro, ella me declararía culpable". Precisamente si yo pienso que he conseguido la pureza en mis acciones, seré hallado perverso en mis palabras. O, por el contario, "si yo fuera íntegro en mis palabras sería regañado por mis acciones". De igual manera, al que es justo en sus acciones, pero lo proclama en voz alta con palabras ostentosas, "su boca le condenará", porque ha caído en el orgullo, que es lo que conviene al traidor, la verdadera impiedad. Y si uno es irreprochable, pero desconoce de donde le viene esa pureza y, por ello precisamente, pone su confianza en sí mismo y se vanagloria exageradamente, se convierte en perverso. Evidentemente, la mano de Dios le ha abandonado. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 12, 9, 20.

9, 22-24   Todo es lo mismo

LOS SUFRIMIENTOS DE ESTE MUNDO PRESAGIAN LA PASIÓN. "La tierra ha sido dada a las manos del impío". En lo que se refiere al contexto del pasaje, parece decir que su parte terrrena, es decir, su cuerpo, ha sido entragado a los tormentos y a las vejaciones, y se le ha dado al impío el poder afligirlo. Por eso ocurre que los que lo ven no pueden expresar un juicio justo acerca de la culpa del afligido. Pero en lo que se refiere a la profecía que reivindica los méritos de la persona, Job, pasando del contexto de una disputa a los misterios futuros, abre sus labios y vaticina acerca de la pasión del Señor que, por la vileza exterior de aquel a quien habían crucificado, no pudieron reconocer su dignidad interior. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 9, 24.

9, 25-26   Mis días han ido más rápido que un mensajero

LA PRONTITUD Y LA PERSEVERANCIA DEL MENSAJERO. El corredor parece no tocar el suelo, por la rapidez, sino estar dotado de alas. "Mi vida es más rauda que la de un corredor", [dice Job]. Puesta mi mirada en las cosas de arriba, "no corro sin meta fija", y no doy [con los pies] en el suelo. Por el deseo de alcanzar la meta, los justos, aunque den en el suelo, es decir, aunque se vean en medio de la tribulación, continúan su carrera sin parar. Así también corría David, pues dijo: "Corrí el camino de los mandamientos cuando tú ensanchaste mi corazón". Job insinúa esta interpretación: los jueces, cuyos rostros tapa quien les manda, huyen por miedo del hombre justo y no ven la rectitud de su carrera. No son dignos, efectivamente. Pero quizás dice esto también refiriéndose a los justos, que huyen de los jueces conforme al pasaje: "Apártate, no te demores en este lugar". No vieron la rapidez de la virtud y se detuvieron. Quizá sea oportuno comparar esto con: "No conocía al malvado, pues se apartaba de mí". Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 9, 25-26.

9, 27-28   Veo venir otros dolores

RECONOCIMIENTO DE LA LIMITACIÓN HUMANA. Decimos que no debemos hablar así cuando, recorriendo nuestra debilidad con nuestros interrogantes, acabamos por tener miedo de nosotros mismos y nos frenamos en la consideración de la reverencia debida a Dios. Al frenarnos, la cara de nuestra mente se transforma, porque antes, no comprendiendo, se atrevía a cuestionar los bienes supremos, pero después, reconociendo su debilidad empieza a venerar lo que ignora. En esa misma transformación está el dolor: se aflige mucho porque está ciega para entender las cosas que le afectan. Considera justas las cosas que sufre; teme que en medio del dolor se exceda al hablar; impone silencio a la boca, pero el dolor provocado aumenta cuanto más reprime... Y así, como nuestras mismas obras buenas no pueden evitar la espada de la insidiosa culpa, sino se defienden a diario con solícito temor, rectamente dice ahora el santo varón: "Todas mis obras me hacen temer". Como si dijera con humilde confesión: "Veo lo que he realizado abiertamente, pero ignoro que he cumplido escondidamente al hacerlas". Con frecuencia nuestras buenas obras se pierden a causa del engaño, porque nuestros actos están sometidos a deseos terrenos. A menudo se debilitan a causa de la desidia, porque, al enfriarse el amor, desaparece el fervor con que se iniciaron. Por eso, como apenas se puede vencer la insinuación de la culpa en el acto mismo de la virtud, ¿qué queda para nuestra seguridad sino que incluso en la virtud debemos vigilar siempre con temor? Después, sin embargo, al corazón se presenta escrupulosamente lo que sigue: "Sabiendo que no perdonas al culpable". Si no perdona al culpable, ¿quién escapará de la muerte eterna, sabiendo que no hay nadie limpio de culpa? ¿O acaso perdona al penitente y no perdona al culpable? Porque cuando lloramos los pecados, dejamos de ser culpables. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 33, 51-34, 54.

9, 29-31   Me hundirás en el fango

JOB APARECE COMO MALDITO E IMPURO. "Y puesto que soy impío -dice Job-, ¿por qué no he muerto?" Te das cuenta, ¿cómo él no niega que es pecador? "¿Por qué no he muerto?", dice: éstas no son palabras de una persona que hace reproches, sino de alguien que busca. "No conozco -dice- el designio de Dios". Pues aunque yo me lave con nieve y me limpie con manos puras [esto no servirá de nada], tú me sumergiste en la fosa, y mis vestidos se horrorizaron de mí, es decir: Yo soy a los ojos de todos un ejemplo de impiedad; sería necesario que el mezquino desapareciera, para que no pueda convertirse en maestro de los demás. Aunque yo llegará a ser más puro que el sol, sigo teniendo una mancha -dice-, y no una mancha casual; mis vestidos se horrorizaron de mí. ¿Y qué decir de los hombres, cuando hasta mis vestidos se horrorizan de mí? Lo que Job quiere decir es lo que sigue: Hasta el más íntimo, también él, me ha declarado el odio; no se ha apartado de mí a causa de mi castigo, sino que se ha apartado de mí como alguien maldito y manchado. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 29-31.

9, 32-33   Dios no es un hombre

EL JUICIO DE DIOS ES SOBRECOGEDOR. Lo que aquí dice Job es aproximadamente esto: "Si el que castiga fuese un hombre, el suplicio no hubiera condenado totalmente al que sufre de forma tan amarga, sino que yo podría comparecer junto con él para ser juzgado y probar que él es injusto. Sin embargo, como es Dios, esto es imposible que suceda; por el contrario, es suficiente ser castigado y sufrir así la última de las decisiones". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 32a.

9, 34-35   Hablaré sin temerle

EL PODER Y EL SUFRIMIENTO ABSOLUTO SOBRECOGEN. Podré hablarle con paz serena, si aleja de mí estas cosas: la grandeza de su poder y las penas de su castigo. Felipe el presbítero, Comentarios al libro de Job, 9.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 92-96
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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