reflexión de Job sobre la vida humana


1¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero?
2Como esclavo que busca la sombra, como jornalero que espera el salario, 3así he tenido que afrontar yo meses inútiles, me ha tocado pasar meses de dolor.
4Al acostarme me pregunto: "¿Cuándo me levantaré?". Al hacerse de noche me lleno de pesares hasta el amanecer.
5Mi carne, cubierta de gusanos, es una costra terrosa, mi piel se ha agrietado y supura.
6Mis días corrían como lanzadera pero se han parado por falta de hilo.
7Recuerda que mi vida es como un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha.
8El que me veía no volverá a verme: pones tus ojos en mí, y enseguida dejo de existir.
9Como una nube se disipa y pasa, así, el que baja al seol no vuelve a subir, 10no regresa más a su casa, no volverá a ver su morada (Job 7, 1-10).

7, 1-4   ¿No es milicia la vida del hombre sobre la tierra?

UNA VIDA DE DOLOR Y TERROR. No sólo es dolorosa esta vida, sino que también es espantosa, porque además de ser herido también he temido los golpes del Señor, y por ello salto de un lugar a otro, como los esclavos amenazados por sus señores. Incluso, cada día, como los criados que esperan su salario -y el salario constituye todo el bien y la esperanza de un alimento-, también yo [espero] la recompensa de mi paciencia, pero sin encontrarla, porque ha pasado mucho tiempo y ha transcurrido un buen número de meses; en esos días me he agotado en esperar una vana esperanza. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 10, 7, 2-3.

7, 5   Mi carne, cubierta de gusanos

UNA IMAGEN DE LA CORRUPCIÓN. Si entendemos estas palabras como dichas por la Iglesia universal, descubrimos que unas veces está sometida a la podredumbre de la carne y otras a la suciedad del polvo. Hay muchos en ella que, entregados al amor de la carne se pudren con la infección de la lujuria. Hay algunos que se abstienen del placer de la carne, pero yacen con toda su mente en acciones terrenas. Que diga, por tanto, la santa Iglesia, por boca de un solo miembro que habla en nombre de todos, que diga lo que soporta cada tipo de hombres: "Mi carne está cubierta de podredumbre y de la suciedad del polvo". Como si claramente dijera: "Hay muchos que son miembros míos por la fe, pero no están sanos ni limpios por sus obras, ya que, o derrotados por deseos impuros corren hacia la podredumbre de la corrupción, o entregados a obras terrenas están cubiertos de polvo. En aquéllos que soporto en su lascivia, gimo por la carne putrefacta; en éstos que sufro mientras buscan cosas terrenas, ¿qué hago sino cubrirme de la suciedad del polvo? Gregorio Magno, Libros morales, 8, 10, 23.

7, 6   Mis días corrían como lanzadera

EL TIEMPO PASA RÁPIDAMENTE. "Mis días han pasado más veloces que la tela corta del tejedor". Es muy apropiado comparar el tiempo de la carne a la tela, porque así como la tela se extiende con los hilos, así también la vida mortal con cada uno de sus días; a medida que aumenta se acerca más a que la corten, pues -como hemos dicho más arriba-, a medida que transcurre el tiempo, el futuro se abrevia y de todo el espacio de la vida son cada vez menos los acontecimientos que han de suceder, porque son más los que ya pasaron. La tela, en efecto, para ser tejida, se fija a dos leños por arriba y por abajo: por abajo, lo ya tejido se enrolla, mientras por arriba lo que se ha de tejer se desenrolla; así, cuanto más avanza, menos queda. Lo mismo ocurre con el tiempo de nuestra vida: lo ya pasado es como si lo enrolláramos por debajo, mientras que lo que ha de venir lo desenrollamos por arriba, pues a medida que crece nuestro pasado, menor se hace nuestro futuro. Gregorio Magno, Libros morales, 8, 11, 26.

7, 7   Mi vida es como un soplo

ESPERANZA EN EL MUNDO NUEVO. "Mi ojo volverá a ver la dicha", pues [el autor] habla de la esperanza que está reservada a los hombres en el mundo nuevo. Iso'dad de Merw, Comentario al Libro de Job, 7, 7. 

7, 8   Enseguida dejo de existir

LA COMPASIÓN Y LA JUSTICIA DE NUESTRO REDENTOR. La vista de un hombre es la misericordia del Redentor que ablanda la dureza de nuestra insensibilidad cuando pone su mirada en ella. Así lo afirma el Evangelio, diciendo: "Miró Jesús a Pedro, y Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho, y saliendo fuera lloró amargamente". Una vez que el alma ha sido despojada del cuerpo, la vista del hombre ya no ve, porque después de la muerte, la gracia no libera a quien antes de la muerte no ha restaurado con el perdón. Gregorio Magno, Libros morales, 8, 15, 30.

7, 9-10   El que baja al seol

CASTIGO POR LOS DESEOS TERRENALES. Así como el habitáculo corporal es la casa del cuerpo, así también para cada alma se convierte en casa aquel lugar donde se ha acostumbrado a vivir con el deseo. No retorna ya a su casa, porque una vez que un hombre ha sido entregado a los suplicios eternos, no puede ya volver al lugar donde había puesto su corazón. Gregorio Magno, Libros los morales, 8, 18, 34.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 7, p. 79-81
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodrígez

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