Job desea la muerte


8"¡Quién me alcanzará lo que pido, y lo que espero Dios me concediera! 
9Que Dios se dignara machacarme y con su mano extendida destruirme, 10sería, al menos, un consuelo, y me gozaría en este implacable sufrimiento sin haber renegado de los mandamientos del Santo.
11¿Qué fuerza me queda para seguir esperando? ¿Cuál es mi porvenir para querer prolongar mi vida?
12¿Es mi fuerza como una roca? ¿Es mi carne como el bronce?
13En verdad, no hay fortaleza en mí y todo apoyo me ha abandonado.
14El que aparta de su amigo su misericordia abandona el temor del Omnipotente" (Job 6, 8-14).

6, 8-10   Que Dios se dignara machacarme

UNA SÚPLICA A DIOS. "De ninguna manera renunciaré a la réplica frente a vosotros", dice Job. En efecto, yo no soy consciente de haber cometido nada semejante a lo que vosotros decís, pero yo no digo esto. Más bien [Job] dice: "Soy castigado por encima de lo que puede soportar la naturaleza humana: la magnitud de los sufrimientos supera la capacidad de los cuerpos mortales". Tú, en cambio, observa conmigo como Job, incluso a pesar de verse en una necesidad tan grande, de ninguna manera se decidió a entrar en el relato de sus virtudes, sino que las ocultó hasta aquí. Y así, de una parte, publicada sus faltas muchas veces con gran sinceridad ante la reunión de un público numeroso y ante una brillante audencia, y de otra parte, callaba sus obras buenas, aun cuando se veía en una necesidad tan grande. A saber, no dice: "No puedo soportarlos"... En efecto, decir que "soy débil, yo no soy de piedra" es la forma de hablar de uno que no manifiesta ser castigado injustamente, antes bien es una manera de reconocer que uno es castigado justamente aunque no sea capaz de soportar los castigos, y por eso ruega poder alcanzar el perdón. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 6, 10a.

6, 11-14   ¿Qué fuerza me queda?

LA FUERZA Y EL AMOR DE LOS JUSTOS. ¿Cuál es mi fortaleza para que tenga que soportar? ¿Cuál es mi fin para que tenga que obrar con paciencia? Se debe saber que una es la fortaleza de los justos y otra la de los réprobos. La fortaleza de los justos consiste en vencer la carne, negarse a los propios gustos, acabar con el placer de la vida presente, amar las asperezas de este mundo en vista de los premios eternos, despreciar los halagos de la prosperidad, superar en el corazón el miedo a la adversidad. La fortaleza de los réprobos, por el contario, consiste en amar sin interrupción los bienes pasajeros, permanecer insensible ante los azotes del Creador, no abandonar el amor de las cosas temporales ni siquiera en la adversidad, alcanzar una gloria vana aun en perjuicio de la vida, procurar aumento de maldad, impugnar la vida de los buenos no sólo con palabras y costumbres sino también con la espada, poner la esperanza en ellos mismos, cometer maldades a diario sin que les falte el deseo para ello... "Mi fortaleza no es la de las piedras ni mi carne es de bronce"... Así pues, que el santo varón, rehuyendo la dureza de los réprobos en medio de las heridas, diga: "Mi fortaleza no es la de las piedras ni mi carne es de bronce". Como confensando claramente: "Rehúyo asemejarme a los réprobos que están bajo las heridas de la disciplina, porque ni me he endurecido como las piedras hasta el punto de enmudecer bajo el estímulo de los golpes cuando debía haberme entregado a la confesión, ni resuena la voz de mi confesión como el bronce ignorando el sentido de mis palabras". Los réprobos son débilmente fuertes para recibir el golpe y los elegidos valerosamente débiles, por eso, el santo Job, no considerando insensatamente ser fuerte, se da a conocer como fuerte por su estado de salud. Que indique, por tanto, de dónde ha recibido esta fortaleza, no sea que arrogándose para sí las fuerzas que posee, corra derecho a la muerte. Muchas veces la virtud poseída mata de forma aún peor que la que no se tiene, porque al elevar la mente para que se fíe de sí misma, es atravesada por la espada del orgullo; y cuando cree estar dándole vida robusteciéndola, la está elevando para matarla; de esta forma, la confianza arrastra a la muerte del alma que, por esperar en sí, se alejó de la fortaleza interior... "Quien aparta del propio amigo la misericordia, abandona el temor del Señor". ¿A quién designa con el nombre de amigo sino a cualquier prójimo en general que unido fielmente a nosotros, al recibir ahora de nosotros una buena acción nos auxilia luego sinceramente para obtener la patria eterna? Dos son los preceptos de la caridad: el amor a Dios y al prójimo. Por medio del amor a Dios se logra el amor al prójimo, y por medio del amor al prójimo se nutre el amor a Dios. Quien no cuida el amor a Dios, no sabe qué es amar al prójimo. Progresamos plenamente en el amor a Dios si de las ubres de su amor mamamos antes la caridad al prójimo. Y así, porque el amor a Dios engendra el amor al prójimo, el Señor que iba a decir en la ley: "Ama, a tu prójimo", antepuso "Ama al Señor tu Dios", de manera que en la tierra de nuestro pecho, su amor hundiera primero la raíz para que luego germinara el amor fraterno en sus ramas. Y a su vez, como el amor a Dios crece unido al amor al prójimo, Juan da testimonio de ello al increpar diciendo: "Quien no ama  su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?". El amor divino nace por medio del temor, pero al crecer se transforma en afecto. Gregorio Magno, Libros morales, 7, 21, 24-24, 28.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 73-76
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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