los amigos consuelan a Job


9Su propia mujer decía: "¿Todavía te mantienes firme en tu integridad? Maldice a Dios y muérete". 10Job le respondía: "Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo no vamos a ceptar también los males?". Y en todo esto tampoco pecó Job con sus labios.
   11Tres amigos de Job se enteraron de toda la desgracia que le había acaecido y vinieron, cada uno desde su región, para acompañarle y consolarle. Eran Elifaz, el temanita, Bildad, el suajita, y Sofar, el naamatita. 12Cuando le vieron desde lejos no le reconocieron; entonces alzaron su voz y lloraron. Se rasgaron las vestiduras y lanzaron polvo al aire sobre sus cabezas. 13Se sentaron en el suelo junto a él durante siete días y siete noches sin decir una palabra porque comprendían que el dolor de Job era muy intenso (Job 2, 9-13). 

2, 9   "Maldice a Dios y muérete"

JOB AFRONTA UNA NUEVA PRUEBA. Como el traidor había sido vencido en todas las batallas y había fracasado en todas sus tentativas, había sido obstaculizado en todos sus enredos, todas sus redes habían sido hechas añicos y había perdido en todas sus estratagemas, después de haber destruido los bienes de Job, después de la muerte de sus numerosos hijos, después de haber lastimado con golpes su cuerpo, como último recurso y, como el diablo pensaba, el más lacerante de todos, enfrentó a Job con su propia esposa. Hesequio de Jerusalén, Homilías de Job, 4, 2, 9.

2, 10   Tampoco pecó Job con sus labios

DIOS POSEE EL PODER DE HACER TODO CUANTO DESEA. Es decir: "Aunque no hubiera más que males, sería necesario soportarlos". El es nuestro Señor y dueño. ¿No tiene el poder de enviarnos todo? ¿Por qué nos ha dado los bienes? No porque los hayamos merecido; por lo tanto no nos aflijamos ahora tampoco con el pensamiento de que sufrimos inmerecidamente. Pues él tiene autoridad suprema para darnos sólo males; si también nos ha dado bienes, ¿por qué nos quejamos? Observa como Job en ninguna parte habla de faltas ni de méritos, sino solamente de que pertenece a Dios hacer todo lo que quiere. Acuérdate de los antiguos momentos de prosperidad y no llevarás con dificultad el presente. Nos basta para nuestro consuelo saber que es el Señor quien nos envía esto. No hablemos pues de si es "justa o injustamente". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 2, 10.

2, 11   Tres amigos de Job se enteraron

SENTIDO SIMBÓLICO DE LOS AMIGOS DE DIOS. Entre tanto, mientras los amigos analizaban el caso de Job y hacían los preparativos para su viaje, no hay duda de que pasaron muchos días. Todos ellos eran señores y hombres de rango distinguido. Los tres amigos de Job representan la clase de los sumos sacerdotes, sacerdotes y profetas, que prosperaban entre los judíos. Y los siete hijos de Job representa a los sacerdotes de la Iglesia, a los apóstoles, a los profetas, a todos aquellos agraciados con el don de hacer milagros y curaciones, a los asistentes de los asesores, a los presbíteros y a los diaconos. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 2, 11.

2, 12-13   No le reconocieron

LOS VICIOS SE VUELVEN VIRTUDES. Cuando nuestro corazón se duele sinceramente, los vicios no pronuncian ninguna palabra contra nosotros. Cuando se busca una vida de rectitud plenamente, cualquier vana sugestión de pervesidad queda bloqueada. Sucede con frecuencia que si nos lanzamos con fuerte empeño contra la iniciativa de los vicios, podemos poner esos mismos vicios al servicio de la virtud. Algunos, en efecto, dominados por la ira, someten esta a la razón poniéndola al servicio de un celo santo. Otros, engreídos por la soberbia, inclinan su ánimo al temor de Dios y transforman ésta en una voz autorizada y libre para la defensa de la justicia. Otros, preocupados por la condición física, someten su cuerpo al ejercicio de obras de caridad, de modo que donde sentían el impulso para obrar la iniquidad, ahí obtienen los beneficios de la piedad. Gregorio Magno, Libros morales, 3, 37, 70.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 48-50
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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