Job desea el descanso de la muerte


13Ahora dormiría en silencio y descansaría en el sueño final 14con los reyes y nobles de la tierra que edificaron mausoleos que hoy son ruinas; 15con los príncipes que atesoraron oro y recubrieron de plata sus moradas.
   16Ahora no existiría, como un aborto sepultado, como un niño que no llega a ver la luz.
   17Allí los malvados ya no provocan tumulto ni los exhaustos encuentran reposo; 18juntos descansan los prisioneros sin oír los gritos del capataz.
   19El pequeño y el grande se igualan, el esclavo se libera del amo.
   20¿Para qué dar a luz a un miserable y traer a la vida a uno lleno de amargura; 21a los que ansían la muerte que no llega, y la buscan con más afán que un tesoro; 22a los que se llenarían de alegría si se toparan con su propia tumba; 23al hombre al que se le ha cerrado el camino, porque Dios le tiene acorralado?
   24Mi único alimento son mis sollozos, como abundantes aguas, mis gemidos.
   25El mal que más temo me llega, lo que más me aterra me sucede.
   26No tengo paz ni sosiego, no descanso, estoy turbado (Job 3, 13-26).

3, 13   "Descansaría en el sueño final"

EL DESCANSO DE LOS JUSTOS. Es deseable gozar de la creación de Dios; llegar a ser hombre y recibir la imagen de Dios es un honor, pero no el demorarse en esta vida impura, que fascina a muchos hombres, más no es deseable para los justos. Tampoco la salida de esta tierra es una tristeza, puesto que la muerte es el descanso de las penalidades; la muerte es un sueño y salir del cuerpo es un descanso. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 6, 3, 13-16.

3, 14-16   Como un niño que no llega a ver la luz

UNA LLAMADA A LA HUMILDAD. "Y con los príncipes -dice- que poseen oro en abundancia". Me parece a mí que Job quiere moderar la soberbia de esos personajes y persuadirlos de que los asuntos humanos no son de gran importancia, pues no es sin razón y por casualidad que se ha introducido en este pasaje a los reyes "que se enorgullecían de sus espadas". Considera también sus palabras de sabiduría en medio de la desgracia: la riqueza no dio [a los grandes] protección alguna, de nada les sirvió su poder, a todos les sobrevino la muerte. "O como un feto -dice- expulsado del seno materno". Observa cómo, para no parecer presuntuoso, se compara a sí mismo con un aborto; hasta tal punto era [Job] humilde y digno de compasión. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 3, 20-23.

3, 17-19   Ni los exhautos encuentran reposo

LA LIBERACIÓN DEL PECADO MEDIANTE EL AMOR DE DIOS. Los que se robustecen en el amor de su Creador, cuanto más se afianzan en la deseada fortaleza de Dios, menos se fían de sus propias fuerzas, y cuanto más robustamente desean los bienes eternos, más experimentan la saludable carencia de bienes temporales. De ahí que el salmista, privado de la fuerza de su amor, dijera: "Languidece mi alma en pos de tu salvación". Progresando en la salvación de Dios, languidecía porque deseando la luz de la eternidad, la anhelaba, una vez quebrada ya en él la confianza de la carne. Por eso dice en otro lugar: "Ansía mi alma y languidece en los atrios del Señor". Al decir "ansía", añadió rectamente y "languidece", porque mucho menor es el ansia de la divinidad cuando no se experimenta la propia fragilidad. Quien se enciende ansiando los atrios de la eternidad, es justo que languidezca en el amor de lo temporal, pues cuanto más se enfría en el empeño por este siglo, más ardientemente se eleva al amor de Dios... ¿Quién es el capataz sino el tentador cruel que una vez entregó al género humano la moneda del engaño y no deja de exigir a diario el cambio debido de la muerte? En el paraíso puso a disposición del hombre el dinero del pecado; con maldad creciente se lo exige a diario con usura. Sobre este capataz dice la Verdad en el Evangelio: "Y el juez te entregará al capataz". La voz de este capataz es la miserable sugestión de la tentación. Oímos la voz del capataz cuando somos tocados por su tentación; no le escuchamos si resistimos al que nos toca... No obstante, añade rectamente: "Y el siervo se ve libre de su señor". "Todo el que peca es siervo del pecado", porque todo el que se subordina a un deseo depravado, inmediatamente somete la cerviz libre del alma  al dominio de la iniquidad. Rechazamos este dominio cuando nos enfrentamos a la maldad que nos apresaba; cuando resistimos a la violencia del hábito malo y, aplastando los deseos perversos, reivindicamos contra ella el derecho para nosotros de la libertad congénita; cuando golpeamos la culpa con la penitencia y lavamos con llantos las manchas del pecado. Gregorio Magno, Libro morales, 4, 33, 67-35, 71.

3, 20-23   Traer a la vida a uno lleno de amargura

LA MUERTE ES TAN PROVECHOSA COMO LA VIDA. "¿Para qué -dice Job- se ha dado la luz a los que viven en amargura de alma, y la vida a las almas en sufrimiento?". También aquí las palabras son propias no de uno que hace reproches -¡Dios no lo quiera!-, sino de uno que pregunta y que sufre; pues lo que no se ha dicho con una misma aptitud de espíritu no debe ser interpretado de una misma manera. Así, cuando un sabio dice: "¿De qué le sirvieron las riquezas al necio?", no se que quiere decir ninguna otra cosa, sino que él no era digno de ellas. Aprendamos en este pasaje que no sólo la vida, sino también la muerte resulta útil para nosotros cuando es deseada de esta forma. "Los que desean la muerte -dice el texto sagrado- y no la hallan". Por eso dice el Eclesiastés: "Todo tiene un momento"; y de nuevo se dice: "¡Oh muerte, cuán dulce es tu recuerdo!". Job dice estas palabras para que cuando tú oígas a su mujer aconsejarle: "Di una palabra contra Dios y muere", no pienses que él no la pronunció porque amaba la vida, sino por piedad, pues el que consideraba la muerte como deseable y la tenía como un gran bien, no se atrevió a buscarla en la situación actual. La muerte -dice- es un descanso para el hombre". Esto es lo que Job deja claro. Ahora bien, si la muerte es un descanso, ¿por qué no se precipitan hacia ella los hombres en tropel? Por esto Dios nos ha hecho deseable la vida, para que no nos lancemos con prisa hacia la muerte. "Su camino -se dice- está cerrado"; a mí me parece que habla de "la muerte", pero algunos piensan que se refiere al camino de los hombres". Que Job habla "de la muerte", es evidente por lo dicho anteriormente y de forma especial cuando dice: "Y la desentierran como a un tesoro", evidentemente escondido. "El futuro es oscuro -dice Job- no encontramos camino". No me hables, pues, de los que se ahorcan, porque Job habla sólo de lo que está en conformidad con la naturaleza y con el mandamiento de Dios. "Pues el Señor -dice Job- le encerró en sí mismo", en conformidad también con lo dicho en el Evangelio: "El día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche"; para que nadie diga: "Por qué tú no escoges la muerte?". Job responde: el Señor le ha encerrado en sí mismo; las puertas -dice- están cerradas". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 3, 20-23.

3, 24-26   "No tengo paz ni sosiego"

JOB SE SIENTE FORZADO A REVELAR SUS SENTIMIENTOS. No he incurrido en lo que padezco como si fuera un inconsciente, pues cuando veía en los otros los males que acarrea la pobreza, y las diferentes enfermedades del cuerpo, la misma comunión natural o física me amonestaba a temer, no fueran a ocurrirme a mí también tales cosas. Por eso, además, me veo inducido a temer mucho que aumenten los males que padezco. Esta expectación hace que la muerte parezca mejor que la vida. Pero añadió: "¿No he callado?". El texto griego lee "no he callado", es decir, no he permanecido disfrutando con la prosperidad de mis bienes. Dice que había temido incurrir en el mal de la necesidad de mostrar, contra su propósito y su voz lastimera, si padecía alguna pena. Y por eso dice: "¿No he callado?", es decir, cuando la acritud del dolor me ha golpeado, he querido esconder en silencio lo que padecía; pero es tan grande la fuerza del cruel mal que ha caído sobre mí, que me he visto impulsado a manifestar mis tribulaciones con débil voz. Juliano de Eclana, Explicación al libro de Job, 3, 25-26.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p.  54-56
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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