Elifaz relata su visión y las palabras que ha escuchado


12He percibido con sigilo una palabra, mi oído ha captado un murmullo. 
13Entre pesadillas de visiones nocturnas cuando el sueño invade a los humanos, 14un temblor me entró, un escalofrío que hizo estremecer todos mis huesos. 
15Un viento frío pasó sobre mi rostro que erizó el vello de mi cuerpo. 
16Alguien surgió, no reconocí su semblante, una figura delante de mis ojos; hubo un silencio, y luego oí su voz:
17"Un hombre ¿puede ser justo ante Dios?, una criatura, ¿íntegra ante su Hacedor, 18si ni de sus propios servidores se fía y en sus ángeles encuentra faltas?
19¡Cuánto más los que habitan estas cosas de arcilla, cimentadas sobre el polvo, serán aplastados como una polilla!
20De la mañana a la tarde quedan pulverizados; sin que nadie lo note, perecen para siempre.
21¿No les arrancan las cuerdas de la tienda y mueren sin alcanzar sabiduría?" (Job 4, 12-21).

4, 12   He percibido con sigilo una palabra

NO HAY RAZÓN PARA CULPAR A JOB. También en el caso presente, a mi modo de ver, Elifaz insinúa que Job dijo estas palabras tal vez para mover a otros a la imitación, o con otras intenciones. Comprended vosotros, cuantos también ahora os planteáis con inquietud parecidas cuestiones, a quienes os parecéis. Pues si Elifaz, cuando dijo en aquellos tiempos tales cosas, no obtuvo perdón, con más razón ha de aplicarse esto a nosotros que, aún después de conocer el desenlace de los hechos, decimos cosas parecidas, y eso que podríamos dar muchas razones de los hechos sucedidos a Job; lo mismo que ellos parecen haber encontrado la ocasión para injuriarle y atarcarle sin esperar al resultado de los hechos. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 4, 12.

4, 13-15   Un temblor me entró

EXPRESIONES FIGURADAS DEL SUEÑO. Todo el que anhela entregarse a las cosas del mundo es como el que está en vela. Todo el que, por el contrario, buscando la quietud interior, huye del estrépito de este mundo, es como el que duerme. Se debe tener en cuenta que en la Sagrada Escritura se habla del sueño figuradamente en tres sentidos. Unas veces el sueño expresa la muerte de la carne, otras la indolencia de la negligencia, otras, en fin, la quietud de la vida lograda tras terminar con los deseos terrenos... ¿Qué representan los huesos sino las acciones fuertes? Sobre ellas se dice por el profeta: "El Señor custodia todos sus huesos". Con frecuencia los hombres valoran sus obras porque desconocen cuán severo es el juicio del examen interior. Sin embargo, cuando contemplan los misterios supremos arrebatados en contemplación, entonces se desvanece, en cierto modo, su presuntuosa seguridad y tiemblan ante la mirada de Dios tanto más cuanto más indignas le parecen, ante su examen, las que juzgaban buenas obras... La permanencia, pues, pertenece sólo al Creador, por quien pasan todas las cosas sin que Él pase y en quien algunas cosas se conservan para que no pasen. La mente humana no puede capatar la estabilidad de la divinidad, por eso nuestro Redentor vino a nosotros en carne, creado, nacido, muerto, sepultado, resucitado, vuelto al cielo, mostrando la divinidad como pasando. Bien lo expresa el Evangelio al referir el caso del ciego al que se le dio la luz: el oído le fue curado mientras el Redentor pasaba, y los ojos mientras permanecía parado. Para beneficio de la humanidad, debía pasar; para mostrar la potencia de su divinidad, presente en todas partes, debía permanecer. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 31, 54-34, 63.

4, 16   Luego oí su voz

NUESTRA PERCEPCIÓN DE LA NATURALEZA DIVINA. [Elifaz] llama "murmullo" y "voz" a los conceptos sobre Dios. Lo mismo -viene a decir- que el murmullo y la voz golpean nuestros oídos, aunque no tengan ni forma ni aspecto, sin embargo recibimos sólo la sensación, sin que se les pueda ver, y también nos hacen pensar en la naturaleza de Dios, de la que nosotros recibimos la percepción y su conocimiento, como algo que Dios mismo ha puesto en nuestros pensamientos, pero que a nosotros nos es imposible percibir por sus formas. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 4, 16.

4, 17   Un hombre, ¿puede ser justo ante Dios?

NO HAY PECADO OCULTO PARA DIOS. Y no creas, dice Elifaz, que te digo estas cosas a modo de reproche. Porque ningún hombre es irreprochable del todo, antes bien, aunque pase desapercibido ante los hombres, no queda oculto al ojo de Dios que todo lo ve y todo lo sabe con exactitud. Esto, pues, significa "lo que es contrario al Señor". Olimpiodoro, Comentario al libro de Job, 4, 17.

4, 18-19   Ni de sus propios servidores se fía

SI LOS ÁNGELES CAEN, ¡CUÁNTO MÁS LOS HUMANOS! No es fácil para los hombres el permanecer sin pecado; esto se encuentra por encima de la naturaleza humana. Ni siquiera la misma clase angélica lo ha conseguido. Esto es lo que [Elifaz] dice: "Ni de sus propios servidores se fía". Es evidente que Dios no se fía de los justos -como tú, que te fías de ti mismo-, porque conoce la debilidad de su naturaleza y la facilidad de su carne para caer. También los ángeles caídos le dan motivos para desconfiar, pues "en sus ángeles encuentra faltas". Él los apartó de su primer honor y de su rango y los rebajó, porque tenían malos pensamientos contra Dios. Pero si Él está tan a su favor que, aunque posean una naturaleza frágil, sin embargo, habitan en las alturas entre las potencias virtuosas, y si está tan a favor de los ángeles que, por su naturaleza, están por encima de nosotros, ¿qué diremos de nosotros, que somos hombres, e inclinados al pecado? Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 7, 4, 18-21.

4, 20-21   Perecen para siempre

LA IMPOTENCIA DE LOS PODERES HUMANOS. Todavía se mantiene Elifaz en el mismo principio, conforme al cual, según su opinión, las circunstancias de Job son debidas a su pecado, y por eso habla de ese modo. En efecto, como [los hombres] no pudieron ayudarse a sí mismos por medio de la virtud arrepintiéndose de sus pecados, les sobrevinieron las tribulaciones. Y Elifaz sugiere que comprende esta situación: [los hombres] perecen ya que, por su debilidad, no pueden apartar de sí los terribles sucesos, demostrando así el escaso valor del poder humano. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 4, 20-21.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 57-63
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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