Elifaz incita a Job a ser paciente


1Entonces Elifaz, el temanita, intervino diciendo: 2"Si alguien intentara hablar contigo, ¿lo soportarías? Pero ¿quién puede detener las palabras?
   3Tú has dado lecciones a muchos y has fortalecido muchas manos decaídas; 4a los débiles han sostenido tus palabras y has vigorizado las rodillas vacilantes.
   5Ahora que te sucede a ti, te deprimes; te ha tocado a ti y te vienes abajo.
   6¿No es el temor de Dios tu confianza y tu esperanza la perfección de tu conducta?
   7Haz memoria. ¿Qué inocente ha perecido? O ¿cuándo han sido aniquilados los justos?
   8Por lo que he visto, los que cultivan la maldad y siembran la perfidia, la cosechan.
   9Al soplo de Dios desaparecen, al viento de su ira perecen.
   10Suena el ruido del león y la voz de la leona, pero los dientes de los cachorros quedan rotos.
   11Perece el león por falta de presa y se dispersan las crías de la leona" (Job 4, 1-11).

4, 1-2   Elifaz, el temanita, intervino

LAS PALABRAS DE JOB NO CONSTITUYEN PECADO. ¿Qué quiere decir la expresión de Elifaz a Job: "Acaso no has hablado muchas veces tú del sufrimiento"? Con el término "sufrimiento" la Escritura puede significar el pecado, como cuando dice: "El sufrimiento y el dolor están bajo su lengua". No dijo Elifaz: "¿Es que has hecho algo malo?", sino: "Tal vez has hablado", Así pues, cuando la fama de la vida de Job brillaba por todas partes y los múltiples testimonios de su virtud se extendían por todos los rincones de la tierra, Elifaz se dirigió a él y le dijo: "No me digas que tus acciones son bellas y buenas, pues sucede que también en las palabras puede darse pecado" (Y ¿quién soportará la violencia de tus palabras?) Observa la expresión: "¿Acaso no has hablado muchas veces"? La duda y la disputa no proceden de quien actúa con moderación, sino de quien no es capaz de convencer sabiamente. "¿Quién soportará la violencia de tus palabras?" ¿Qué es lo que Job ha dicho? Él pidió morir y ser liberado de la vida presente. ¿Ha dicho acaso: "A pesar de ser justo y de haber practicado grandes virtudes, debo sufrir tales males? No, sino: "Yo deseaba desaparecer junto con los impíos, con mis servidores, con los abortados; compartir la misma suerte que los impíos"; no dijo: "Yo que tengo tales cualidades y que soy tan notable". Juan Crisóstomo, Comenatrio al libro de Job, 4, 2.

4, 3-5   Te ha tocado a ti y te vienes abajo

UNA INVITACIÓN A LA PACIENCIA. "Tú has dado antes lecciones a muchos". Elifaz le hace ver a Job que ha corregido a muchos con su ejemplo, haciéndoles retornar a la conveniente cordura con su consejo y sus advertencias. Y tú has fortalecido las manos decaídas", es decir, dado que tú has exhortado a otros a que soportaran con coraje las calamidades que les sobrevinieron, ahora es justo que tú ejercites la paciencia en tus propias aflicciones. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 4, 3.

4, 6   "¿No es el temor de Dios tu confianza?"

ELIFAZ CREE QUE JOB ES CULPABLE. "¿No es la insensatez en lo que se fundamenta tu temor, tu esperanza y la maldad de tus caminos?". Es decir, el fin con el que hacías esto: o bien porque no hacías nada, o bien porque tu vida está llena de maldad, o bien porque no tenías miedo a Dios con recta intención, sino que todo eran simples palabras. "Y tu esperanza -dice Elifaz- se fundamentaba también el la insensatez y estaba llena de maldad". ¿Por qué? ¿Es necesario decirlo? ¿No es posible que quien ha ayudado muchas veces a otros se encuentre él mismo en la desgracia? "No", dice él. Juan Crisóstomo, Comenatrio al libro de Job, 4, 6.

4, 7   "¿Qué inocente ha perecido?"

LOS JUSTOS TROPIEZAN CON TODAS LAS ADVERSIDADES DE LA VIDA PRESENTE. En el caso de los herejes -de los cuales hemos dicho que son figura los amigos de Job-, o de cualquier malvado, tan inadecuados son los reproches como reprensibles sus exhortaciones, pues [Elifaz] dijo: "¿Qué inocente jamás ha perecido o cuándo han sido rectos los exterminados?". Sucede, en verdad, con frecuencia, que también mueren los inocentes y desaparecen por completo los rectos; se salvan, no obstante, para la vida eterna. Si nuingún inocente muriera, el profeta nunca hubiera dicho: "El justo muere y no hay quien le haga caso". Si Dios es su providencia no arrebatara a los justos, nunca la Sabiduría habría dicho sobre el justo: "Fue arrebatado para que la maldad no pervirtiera su inteligencia". Si a los justos no les golpeara contrariedad alguna, Pedro no habría advertido: "Es el momento en que empiece el juicio sobre la casa de Dios". Así pues, son verdaderamente rectos quienes se preparan con amor de la patria suprema para afrontar las adversidades de la vida presente. Los que no temen padecer aquí males con tal de alcanzar los bienes eternos, no son, ciertamente, rectos. Elifaz sostiene que los rectos no desaparecen y que los inocentes no perecen, porque a menudo los que sirven a Dios no por la esperanza de la gloria celeste, sino por la recompensa terrena, se imaginan lo que ellos buscan. Y pretendiendo dar lecciones cuando predican la seguridad terrena, no hacen más que mostrar con todos sus esfuerzos aquello que aman. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 17, 34.

4, 8-9   Al soplo de Dios desaparecen

LA COSECHA DE LA AFLICCIÓN CONSTITUYE EL FRUTO DE LA CONDENACIÓN. Sembrar dolores es decir mentiras; cosechar aflicción es mostrarse superior diciéndola. Siembran dolores los que realizan maldades; cosechan aflicción cuando reciben el castigo debido a su perversidad. Fruto del dolor es el daño recibido en pago. Al afirmar que los que siembran y cosechan dolores mueren al soplo de Dios y son consumidos al aliento de su ira, se da a entender que ahí la cosecha del dolor no es el castigo, sino la iniquidad cumplida, porque al castigo de la cosecha se antepone el aliento de la ira divina. Por tanto, siembran y cosechan aquí dolores, porque las obras que realizan son malvadas y prosperan en su maldad. Del inicuo dice el salmista: "En todo tiempo sus caminos están manchados; apartan de su cara tus juicios, dominan a todos sus enemigos". Y un poco más adelante: "Bajo su lengua, fatiga y dolor". Siembran dolores cuando realizan acciones perversas; cosechan aflicción cuando crecen temporalmente en sus perversidades. ¿Cómo pueden, entonces, morir al soplo de Dios aquellos a los que no se les permite aquí subsistir largo tiempo y ser más felices que los justos? Sobre ellos también dice el salmista: "No padecen las fatigas de los hombres, y con los demás humanos no son atribulados". Por eso dijo Jeremías:"¿Por qué progresa el camino de los impíos?". Está escrito: "El Señor que paga es paciente", de ahí que tolere largo tiempo a los que condena para siempre. Una veces golpea con rapidez, para socorrer con su consuelo la pusilanimidad de los inocentes. Otras veces, Dios en su omnipotencia, deja que los inicuos prevalezcan por mucho tiempo para limpiar con mayor pureza la vida de los justos. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 18, 35.

4, 10-11   Perece el león por falta de presa

LOS ARROGANTES HAN PERECIDO. El texto designa por "león" a los hombre fuertes, que inspiraban temor a las gentes, como hacen los leones; y con la palabra "leona" se refiere a sus mujeres, que eran maliciosas y daban miedo con sólo sus palabras. También sus hijos eran insolentes y crueles. Todo esto ha desaparecido y ha sido extinguido en su momento. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 4, 10.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 57-61
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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