Elifaz relata su visión y las palabras que ha escuchado


12He percibido con sigilo una palabra, mi oído ha captado un murmullo. 
13Entre pesadillas de visiones nocturnas cuando el sueño invade a los humanos, 14un temblor me entró, un escalofrío que hizo estremecer todos mis huesos. 
15Un viento frío pasó sobre mi rostro que erizó el vello de mi cuerpo. 
16Alguien surgió, no reconocí su semblante, una figura delante de mis ojos; hubo un silencio, y luego oí su voz:
17"Un hombre ¿puede ser justo ante Dios?, una criatura, ¿íntegra ante su Hacedor, 18si ni de sus propios servidores se fía y en sus ángeles encuentra faltas?
19¡Cuánto más los que habitan estas cosas de arcilla, cimentadas sobre el polvo, serán aplastados como una polilla!
20De la mañana a la tarde quedan pulverizados; sin que nadie lo note, perecen para siempre.
21¿No les arrancan las cuerdas de la tienda y mueren sin alcanzar sabiduría?" (Job 4, 12-21).

4, 12   He percibido con sigilo una palabra

NO HAY RAZÓN PARA CULPAR A JOB. También en el caso presente, a mi modo de ver, Elifaz insinúa que Job dijo estas palabras tal vez para mover a otros a la imitación, o con otras intenciones. Comprended vosotros, cuantos también ahora os planteáis con inquietud parecidas cuestiones, a quienes os parecéis. Pues si Elifaz, cuando dijo en aquellos tiempos tales cosas, no obtuvo perdón, con más razón ha de aplicarse esto a nosotros que, aún después de conocer el desenlace de los hechos, decimos cosas parecidas, y eso que podríamos dar muchas razones de los hechos sucedidos a Job; lo mismo que ellos parecen haber encontrado la ocasión para injuriarle y atarcarle sin esperar al resultado de los hechos. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 4, 12.

4, 13-15   Un temblor me entró

EXPRESIONES FIGURADAS DEL SUEÑO. Todo el que anhela entregarse a las cosas del mundo es como el que está en vela. Todo el que, por el contrario, buscando la quietud interior, huye del estrépito de este mundo, es como el que duerme. Se debe tener en cuenta que en la Sagrada Escritura se habla del sueño figuradamente en tres sentidos. Unas veces el sueño expresa la muerte de la carne, otras la indolencia de la negligencia, otras, en fin, la quietud de la vida lograda tras terminar con los deseos terrenos... ¿Qué representan los huesos sino las acciones fuertes? Sobre ellas se dice por el profeta: "El Señor custodia todos sus huesos". Con frecuencia los hombres valoran sus obras porque desconocen cuán severo es el juicio del examen interior. Sin embargo, cuando contemplan los misterios supremos arrebatados en contemplación, entonces se desvanece, en cierto modo, su presuntuosa seguridad y tiemblan ante la mirada de Dios tanto más cuanto más indignas le parecen, ante su examen, las que juzgaban buenas obras... La permanencia, pues, pertenece sólo al Creador, por quien pasan todas las cosas sin que Él pase y en quien algunas cosas se conservan para que no pasen. La mente humana no puede capatar la estabilidad de la divinidad, por eso nuestro Redentor vino a nosotros en carne, creado, nacido, muerto, sepultado, resucitado, vuelto al cielo, mostrando la divinidad como pasando. Bien lo expresa el Evangelio al referir el caso del ciego al que se le dio la luz: el oído le fue curado mientras el Redentor pasaba, y los ojos mientras permanecía parado. Para beneficio de la humanidad, debía pasar; para mostrar la potencia de su divinidad, presente en todas partes, debía permanecer. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 31, 54-34, 63.

4, 16   Luego oí su voz

NUESTRA PERCEPCIÓN DE LA NATURALEZA DIVINA. [Elifaz] llama "murmullo" y "voz" a los conceptos sobre Dios. Lo mismo -viene a decir- que el murmullo y la voz golpean nuestros oídos, aunque no tengan ni forma ni aspecto, sin embargo recibimos sólo la sensación, sin que se les pueda ver, y también nos hacen pensar en la naturaleza de Dios, de la que nosotros recibimos la percepción y su conocimiento, como algo que Dios mismo ha puesto en nuestros pensamientos, pero que a nosotros nos es imposible percibir por sus formas. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 4, 16.

4, 17   Un hombre, ¿puede ser justo ante Dios?

NO HAY PECADO OCULTO PARA DIOS. Y no creas, dice Elifaz, que te digo estas cosas a modo de reproche. Porque ningún hombre es irreprochable del todo, antes bien, aunque pase desapercibido ante los hombres, no queda oculto al ojo de Dios que todo lo ve y todo lo sabe con exactitud. Esto, pues, significa "lo que es contrario al Señor". Olimpiodoro, Comentario al libro de Job, 4, 17.

4, 18-19   Ni de sus propios servidores se fía

SI LOS ÁNGELES CAEN, ¡CUÁNTO MÁS LOS HUMANOS! No es fácil para los hombres el permanecer sin pecado; esto se encuentra por encima de la naturaleza humana. Ni siquiera la misma clase angélica lo ha conseguido. Esto es lo que [Elifaz] dice: "Ni de sus propios servidores se fía". Es evidente que Dios no se fía de los justos -como tú, que te fías de ti mismo-, porque conoce la debilidad de su naturaleza y la facilidad de su carne para caer. También los ángeles caídos le dan motivos para desconfiar, pues "en sus ángeles encuentra faltas". Él los apartó de su primer honor y de su rango y los rebajó, porque tenían malos pensamientos contra Dios. Pero si Él está tan a su favor que, aunque posean una naturaleza frágil, sin embargo, habitan en las alturas entre las potencias virtuosas, y si está tan a favor de los ángeles que, por su naturaleza, están por encima de nosotros, ¿qué diremos de nosotros, que somos hombres, e inclinados al pecado? Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 7, 4, 18-21.

4, 20-21   Perecen para siempre

LA IMPOTENCIA DE LOS PODERES HUMANOS. Todavía se mantiene Elifaz en el mismo principio, conforme al cual, según su opinión, las circunstancias de Job son debidas a su pecado, y por eso habla de ese modo. En efecto, como [los hombres] no pudieron ayudarse a sí mismos por medio de la virtud arrepintiéndose de sus pecados, les sobrevinieron las tribulaciones. Y Elifaz sugiere que comprende esta situación: [los hombres] perecen ya que, por su debilidad, no pueden apartar de sí los terribles sucesos, demostrando así el escaso valor del poder humano. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 4, 20-21.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 57-63
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Elifaz incita a Job a ser paciente


1Entonces Elifaz, el temanita, intervino diciendo: 2"Si alguien intentara hablar contigo, ¿lo soportarías? Pero ¿quién puede detener las palabras?
   3Tú has dado lecciones a muchos y has fortalecido muchas manos decaídas; 4a los débiles han sostenido tus palabras y has vigorizado las rodillas vacilantes.
   5Ahora que te sucede a ti, te deprimes; te ha tocado a ti y te vienes abajo.
   6¿No es el temor de Dios tu confianza y tu esperanza la perfección de tu conducta?
   7Haz memoria. ¿Qué inocente ha perecido? O ¿cuándo han sido aniquilados los justos?
   8Por lo que he visto, los que cultivan la maldad y siembran la perfidia, la cosechan.
   9Al soplo de Dios desaparecen, al viento de su ira perecen.
   10Suena el ruido del león y la voz de la leona, pero los dientes de los cachorros quedan rotos.
   11Perece el león por falta de presa y se dispersan las crías de la leona" (Job 4, 1-11).

4, 1-2   Elifaz, el temanita, intervino

LAS PALABRAS DE JOB NO CONSTITUYEN PECADO. ¿Qué quiere decir la expresión de Elifaz a Job: "Acaso no has hablado muchas veces tú del sufrimiento"? Con el término "sufrimiento" la Escritura puede significar el pecado, como cuando dice: "El sufrimiento y el dolor están bajo su lengua". No dijo Elifaz: "¿Es que has hecho algo malo?", sino: "Tal vez has hablado", Así pues, cuando la fama de la vida de Job brillaba por todas partes y los múltiples testimonios de su virtud se extendían por todos los rincones de la tierra, Elifaz se dirigió a él y le dijo: "No me digas que tus acciones son bellas y buenas, pues sucede que también en las palabras puede darse pecado" (Y ¿quién soportará la violencia de tus palabras?) Observa la expresión: "¿Acaso no has hablado muchas veces"? La duda y la disputa no proceden de quien actúa con moderación, sino de quien no es capaz de convencer sabiamente. "¿Quién soportará la violencia de tus palabras?" ¿Qué es lo que Job ha dicho? Él pidió morir y ser liberado de la vida presente. ¿Ha dicho acaso: "A pesar de ser justo y de haber practicado grandes virtudes, debo sufrir tales males? No, sino: "Yo deseaba desaparecer junto con los impíos, con mis servidores, con los abortados; compartir la misma suerte que los impíos"; no dijo: "Yo que tengo tales cualidades y que soy tan notable". Juan Crisóstomo, Comenatrio al libro de Job, 4, 2.

4, 3-5   Te ha tocado a ti y te vienes abajo

UNA INVITACIÓN A LA PACIENCIA. "Tú has dado antes lecciones a muchos". Elifaz le hace ver a Job que ha corregido a muchos con su ejemplo, haciéndoles retornar a la conveniente cordura con su consejo y sus advertencias. Y tú has fortalecido las manos decaídas", es decir, dado que tú has exhortado a otros a que soportaran con coraje las calamidades que les sobrevinieron, ahora es justo que tú ejercites la paciencia en tus propias aflicciones. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 4, 3.

4, 6   "¿No es el temor de Dios tu confianza?"

ELIFAZ CREE QUE JOB ES CULPABLE. "¿No es la insensatez en lo que se fundamenta tu temor, tu esperanza y la maldad de tus caminos?". Es decir, el fin con el que hacías esto: o bien porque no hacías nada, o bien porque tu vida está llena de maldad, o bien porque no tenías miedo a Dios con recta intención, sino que todo eran simples palabras. "Y tu esperanza -dice Elifaz- se fundamentaba también el la insensatez y estaba llena de maldad". ¿Por qué? ¿Es necesario decirlo? ¿No es posible que quien ha ayudado muchas veces a otros se encuentre él mismo en la desgracia? "No", dice él. Juan Crisóstomo, Comenatrio al libro de Job, 4, 6.

4, 7   "¿Qué inocente ha perecido?"

LOS JUSTOS TROPIEZAN CON TODAS LAS ADVERSIDADES DE LA VIDA PRESENTE. En el caso de los herejes -de los cuales hemos dicho que son figura los amigos de Job-, o de cualquier malvado, tan inadecuados son los reproches como reprensibles sus exhortaciones, pues [Elifaz] dijo: "¿Qué inocente jamás ha perecido o cuándo han sido rectos los exterminados?". Sucede, en verdad, con frecuencia, que también mueren los inocentes y desaparecen por completo los rectos; se salvan, no obstante, para la vida eterna. Si nuingún inocente muriera, el profeta nunca hubiera dicho: "El justo muere y no hay quien le haga caso". Si Dios es su providencia no arrebatara a los justos, nunca la Sabiduría habría dicho sobre el justo: "Fue arrebatado para que la maldad no pervirtiera su inteligencia". Si a los justos no les golpeara contrariedad alguna, Pedro no habría advertido: "Es el momento en que empiece el juicio sobre la casa de Dios". Así pues, son verdaderamente rectos quienes se preparan con amor de la patria suprema para afrontar las adversidades de la vida presente. Los que no temen padecer aquí males con tal de alcanzar los bienes eternos, no son, ciertamente, rectos. Elifaz sostiene que los rectos no desaparecen y que los inocentes no perecen, porque a menudo los que sirven a Dios no por la esperanza de la gloria celeste, sino por la recompensa terrena, se imaginan lo que ellos buscan. Y pretendiendo dar lecciones cuando predican la seguridad terrena, no hacen más que mostrar con todos sus esfuerzos aquello que aman. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 17, 34.

4, 8-9   Al soplo de Dios desaparecen

LA COSECHA DE LA AFLICCIÓN CONSTITUYE EL FRUTO DE LA CONDENACIÓN. Sembrar dolores es decir mentiras; cosechar aflicción es mostrarse superior diciéndola. Siembran dolores los que realizan maldades; cosechan aflicción cuando reciben el castigo debido a su perversidad. Fruto del dolor es el daño recibido en pago. Al afirmar que los que siembran y cosechan dolores mueren al soplo de Dios y son consumidos al aliento de su ira, se da a entender que ahí la cosecha del dolor no es el castigo, sino la iniquidad cumplida, porque al castigo de la cosecha se antepone el aliento de la ira divina. Por tanto, siembran y cosechan aquí dolores, porque las obras que realizan son malvadas y prosperan en su maldad. Del inicuo dice el salmista: "En todo tiempo sus caminos están manchados; apartan de su cara tus juicios, dominan a todos sus enemigos". Y un poco más adelante: "Bajo su lengua, fatiga y dolor". Siembran dolores cuando realizan acciones perversas; cosechan aflicción cuando crecen temporalmente en sus perversidades. ¿Cómo pueden, entonces, morir al soplo de Dios aquellos a los que no se les permite aquí subsistir largo tiempo y ser más felices que los justos? Sobre ellos también dice el salmista: "No padecen las fatigas de los hombres, y con los demás humanos no son atribulados". Por eso dijo Jeremías:"¿Por qué progresa el camino de los impíos?". Está escrito: "El Señor que paga es paciente", de ahí que tolere largo tiempo a los que condena para siempre. Una veces golpea con rapidez, para socorrer con su consuelo la pusilanimidad de los inocentes. Otras veces, Dios en su omnipotencia, deja que los inicuos prevalezcan por mucho tiempo para limpiar con mayor pureza la vida de los justos. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 18, 35.

4, 10-11   Perece el león por falta de presa

LOS ARROGANTES HAN PERECIDO. El texto designa por "león" a los hombre fuertes, que inspiraban temor a las gentes, como hacen los leones; y con la palabra "leona" se refiere a sus mujeres, que eran maliciosas y daban miedo con sólo sus palabras. También sus hijos eran insolentes y crueles. Todo esto ha desaparecido y ha sido extinguido en su momento. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 4, 10.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 57-61
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job desea el descanso de la muerte


13Ahora dormiría en silencio y descansaría en el sueño final 14con los reyes y nobles de la tierra que edificaron mausoleos que hoy son ruinas; 15con los príncipes que atesoraron oro y recubrieron de plata sus moradas.
   16Ahora no existiría, como un aborto sepultado, como un niño que no llega a ver la luz.
   17Allí los malvados ya no provocan tumulto ni los exhaustos encuentran reposo; 18juntos descansan los prisioneros sin oír los gritos del capataz.
   19El pequeño y el grande se igualan, el esclavo se libera del amo.
   20¿Para qué dar a luz a un miserable y traer a la vida a uno lleno de amargura; 21a los que ansían la muerte que no llega, y la buscan con más afán que un tesoro; 22a los que se llenarían de alegría si se toparan con su propia tumba; 23al hombre al que se le ha cerrado el camino, porque Dios le tiene acorralado?
   24Mi único alimento son mis sollozos, como abundantes aguas, mis gemidos.
   25El mal que más temo me llega, lo que más me aterra me sucede.
   26No tengo paz ni sosiego, no descanso, estoy turbado (Job 3, 13-26).

3, 13   "Descansaría en el sueño final"

EL DESCANSO DE LOS JUSTOS. Es deseable gozar de la creación de Dios; llegar a ser hombre y recibir la imagen de Dios es un honor, pero no el demorarse en esta vida impura, que fascina a muchos hombres, más no es deseable para los justos. Tampoco la salida de esta tierra es una tristeza, puesto que la muerte es el descanso de las penalidades; la muerte es un sueño y salir del cuerpo es un descanso. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 6, 3, 13-16.

3, 14-16   Como un niño que no llega a ver la luz

UNA LLAMADA A LA HUMILDAD. "Y con los príncipes -dice- que poseen oro en abundancia". Me parece a mí que Job quiere moderar la soberbia de esos personajes y persuadirlos de que los asuntos humanos no son de gran importancia, pues no es sin razón y por casualidad que se ha introducido en este pasaje a los reyes "que se enorgullecían de sus espadas". Considera también sus palabras de sabiduría en medio de la desgracia: la riqueza no dio [a los grandes] protección alguna, de nada les sirvió su poder, a todos les sobrevino la muerte. "O como un feto -dice- expulsado del seno materno". Observa cómo, para no parecer presuntuoso, se compara a sí mismo con un aborto; hasta tal punto era [Job] humilde y digno de compasión. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 3, 20-23.

3, 17-19   Ni los exhautos encuentran reposo

LA LIBERACIÓN DEL PECADO MEDIANTE EL AMOR DE DIOS. Los que se robustecen en el amor de su Creador, cuanto más se afianzan en la deseada fortaleza de Dios, menos se fían de sus propias fuerzas, y cuanto más robustamente desean los bienes eternos, más experimentan la saludable carencia de bienes temporales. De ahí que el salmista, privado de la fuerza de su amor, dijera: "Languidece mi alma en pos de tu salvación". Progresando en la salvación de Dios, languidecía porque deseando la luz de la eternidad, la anhelaba, una vez quebrada ya en él la confianza de la carne. Por eso dice en otro lugar: "Ansía mi alma y languidece en los atrios del Señor". Al decir "ansía", añadió rectamente y "languidece", porque mucho menor es el ansia de la divinidad cuando no se experimenta la propia fragilidad. Quien se enciende ansiando los atrios de la eternidad, es justo que languidezca en el amor de lo temporal, pues cuanto más se enfría en el empeño por este siglo, más ardientemente se eleva al amor de Dios... ¿Quién es el capataz sino el tentador cruel que una vez entregó al género humano la moneda del engaño y no deja de exigir a diario el cambio debido de la muerte? En el paraíso puso a disposición del hombre el dinero del pecado; con maldad creciente se lo exige a diario con usura. Sobre este capataz dice la Verdad en el Evangelio: "Y el juez te entregará al capataz". La voz de este capataz es la miserable sugestión de la tentación. Oímos la voz del capataz cuando somos tocados por su tentación; no le escuchamos si resistimos al que nos toca... No obstante, añade rectamente: "Y el siervo se ve libre de su señor". "Todo el que peca es siervo del pecado", porque todo el que se subordina a un deseo depravado, inmediatamente somete la cerviz libre del alma  al dominio de la iniquidad. Rechazamos este dominio cuando nos enfrentamos a la maldad que nos apresaba; cuando resistimos a la violencia del hábito malo y, aplastando los deseos perversos, reivindicamos contra ella el derecho para nosotros de la libertad congénita; cuando golpeamos la culpa con la penitencia y lavamos con llantos las manchas del pecado. Gregorio Magno, Libro morales, 4, 33, 67-35, 71.

3, 20-23   Traer a la vida a uno lleno de amargura

LA MUERTE ES TAN PROVECHOSA COMO LA VIDA. "¿Para qué -dice Job- se ha dado la luz a los que viven en amargura de alma, y la vida a las almas en sufrimiento?". También aquí las palabras son propias no de uno que hace reproches -¡Dios no lo quiera!-, sino de uno que pregunta y que sufre; pues lo que no se ha dicho con una misma aptitud de espíritu no debe ser interpretado de una misma manera. Así, cuando un sabio dice: "¿De qué le sirvieron las riquezas al necio?", no se que quiere decir ninguna otra cosa, sino que él no era digno de ellas. Aprendamos en este pasaje que no sólo la vida, sino también la muerte resulta útil para nosotros cuando es deseada de esta forma. "Los que desean la muerte -dice el texto sagrado- y no la hallan". Por eso dice el Eclesiastés: "Todo tiene un momento"; y de nuevo se dice: "¡Oh muerte, cuán dulce es tu recuerdo!". Job dice estas palabras para que cuando tú oígas a su mujer aconsejarle: "Di una palabra contra Dios y muere", no pienses que él no la pronunció porque amaba la vida, sino por piedad, pues el que consideraba la muerte como deseable y la tenía como un gran bien, no se atrevió a buscarla en la situación actual. La muerte -dice- es un descanso para el hombre". Esto es lo que Job deja claro. Ahora bien, si la muerte es un descanso, ¿por qué no se precipitan hacia ella los hombres en tropel? Por esto Dios nos ha hecho deseable la vida, para que no nos lancemos con prisa hacia la muerte. "Su camino -se dice- está cerrado"; a mí me parece que habla de "la muerte", pero algunos piensan que se refiere al camino de los hombres". Que Job habla "de la muerte", es evidente por lo dicho anteriormente y de forma especial cuando dice: "Y la desentierran como a un tesoro", evidentemente escondido. "El futuro es oscuro -dice Job- no encontramos camino". No me hables, pues, de los que se ahorcan, porque Job habla sólo de lo que está en conformidad con la naturaleza y con el mandamiento de Dios. "Pues el Señor -dice Job- le encerró en sí mismo", en conformidad también con lo dicho en el Evangelio: "El día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche"; para que nadie diga: "Por qué tú no escoges la muerte?". Job responde: el Señor le ha encerrado en sí mismo; las puertas -dice- están cerradas". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 3, 20-23.

3, 24-26   "No tengo paz ni sosiego"

JOB SE SIENTE FORZADO A REVELAR SUS SENTIMIENTOS. No he incurrido en lo que padezco como si fuera un inconsciente, pues cuando veía en los otros los males que acarrea la pobreza, y las diferentes enfermedades del cuerpo, la misma comunión natural o física me amonestaba a temer, no fueran a ocurrirme a mí también tales cosas. Por eso, además, me veo inducido a temer mucho que aumenten los males que padezco. Esta expectación hace que la muerte parezca mejor que la vida. Pero añadió: "¿No he callado?". El texto griego lee "no he callado", es decir, no he permanecido disfrutando con la prosperidad de mis bienes. Dice que había temido incurrir en el mal de la necesidad de mostrar, contra su propósito y su voz lastimera, si padecía alguna pena. Y por eso dice: "¿No he callado?", es decir, cuando la acritud del dolor me ha golpeado, he querido esconder en silencio lo que padecía; pero es tan grande la fuerza del cruel mal que ha caído sobre mí, que me he visto impulsado a manifestar mis tribulaciones con débil voz. Juliano de Eclana, Explicación al libro de Job, 3, 25-26.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p.  54-56
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job maldice el día de su nacimiento


1Después de esto Job abrió su boca y maldijo el día de su nacimiento, 2diciendo:
   3"Perezca el día que me vio nacer, la noche que dijo: "Un varón ha sido concebido".
   4Que aquel día se convierta en oscuridad, que Dios desde arriba no lo tenga en cuenta, que nunca brille la luz sobre él.
   5Que lo envuelvan tinieblas y sombras de muerte, que las nubes lo cubran, y le aterrorice el sol eclipsado.
   6Que la tiniebla se apodere de esa noche, y no entre en el cómputo del año ni en la cuenta de los meses.
   7Que sea una noche estéril, sin gritos de júbilo.
   8Que la maldigan los que maldicen el día, los que evocan al monstruo Leviatán.
   9Que se apaguen las estrellas del alba, que espere la luz y no llegue ni vea los parpadeos del amanecer, 10por no haber cerrado las puertas del vientre que me llevó, y no haberme ahorrado ver tanta miseria.
  11¿ Por qué no perecí en el seno materno, o no encontré la muerte al salir de las entrañas?
  12¿Por qué me acogieron las rodillas, y los pechos me dieron de mamar?" (Job 3, 1-12).

3, 1-2   Job... maldijo el día de su nacimiento

JOB MALDICE EL DÍA DE SU NACIMIENTO. Es habitual entre los hombres maldecir y murmurar contra las desgracias que les acontecen, pues Dios no nos pide que seamos insensibles. Pero cuando nos hallamos en las tribulaciones y sufrimos los males que nos aquejan, Dios nos pide que no nos abandonemos en la blasfemia, sino que utilicemos aquellas palabras que expresan los peligros y la gravedad de nuestra miseria. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 3, 1. 

3, 3   "Perezca el día que me vio nacer"

UNA ALUSIÓN AL PECADO DE EVA. No el día en que fui modelado, sino en el que nací... Porque Dios me modeló en el bien, pero Eva, que fue la que transgredió, me concibió en tristeza. Y el mismo David, que no ignoraba esto, por inspiración del Espíritu, lo introdujo en el salmo profético de la siguiente manera: "¡Mira! En la culpa nací, y en pecado me concibió mi madre". Y esto, sin duda, tuvo lugar después del pecado del paraíso y después de la transgresión debida al miserable alimento del árbol. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 6, 3, 3.

3, 4-5   "¡Que aquel día se convierta en oscuridad!"

LA RAZÓN DE LA VENIDA DE CRISTO. Descubrid aquí la razón que condujo al Emmanuel a un nuevo nacimiento en la carne. Ciertamente, el pecado del mundo fue la causa de la venida de Cristo. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 3, 4.

3, 6-7   "Que sea una noche estéril"

LA FALSA JUSTIFICACIÓN QUE ADÁN HACE DEL PECADO AGRAVA SU CULPA. Se cumplirá el año de nuestra iluminación cuando aparezca el eterno Juez a la santa Iglesia y complete la vida de su peregrinación. Recibirá la recompensa de sus trabajos cuando, acabado ese tiempo de lucha, regrese a la patria. Dice en efecto el profeta: "Coronas el año con tus beneficios". Se corona el año con bendiciones cuando, finalizado el tiempo del trabajo, recibe el alma el precio de sus virtudes. Los días del año son cada una de las virtudes; los meses son la multitud de acciones virtuosas. Cuando el alma se erige confiada esperando el premio a las virtudes que el juez concederá  en su venida, vienen también a su memoría los males que cometió y siente gran temor no sea que el severo juez, viniendo a recompensar virtudes, examine también las fechorías que cometió, las sopese atentamente y, al final del año, enumere también su noche... Hay algunos que no sólo no lloran sus pecados, sino que además no paran de defenderlos y alabarlos. Al defender su culpa, la aumentan. Contra tal comportamiento se dice: "¿Pecaste? no lo vuelvas ha hacer". Añade pecado al pecado quien defiende las maldades que cometió. No deja solitaria la noche quien añade a las tinieblas de su culpa la excusa de su defensa. El primer hombre [Adán], preguntando por la noche de su pecado, no quiso que esa noche fuera solitaria, porque, cuando se le llamó para que se arrepintiera, añadió a su pecado el agravante de la excusa, diciendo: "la mujer que me diste como compañera, me dio del árbol y comí". Volvió contra su Autor el error de su culpa, como dando a entender: "Al darme a la mujer, me diste la ocasión de pecar". La rama de ese pecado se extiende ahora al género humano desde esa raíz, de modo que todavía hoy se buscan justificaciones para el mal cometido. Gregorio Magno, Libros morales, 4, 20, 37-21, 39.

3, 8   Los que maldicen el día

UNA INIQUIDAD ESPIRITUAL CONTAMINA LA TIERRA. Que la noche o el día aquel sean malditos, porque se merecen el horror y la desolación del dragón que ha sido sacado del mar a la tierra. En efecto, la tradición de los hebreos o de los sirios interpreta que el Leviatán es aquel del que David dice: "Este dragón que creaste para jugar con él". Aunque el dragón parece representar una figura de espíritus malignos, sin embargo, se dice que una vez salido o arrojado a la tierra, provacará tanta destrucción entre los hombres y los animales que con razón todas las maldiciones se acumulan sobre él. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 3, 8.

3, 9   "¡Que se apagen las estrellas del alba!"

UNA ADVERTENCIA A LOS PECADORES. "Que se apagen las estrellas del alba". Que los pecadores, que durante la noche piensan que brillan con las riquezas y los honores del mundo, se oscurezcan al caer el alba y, por su propia culpa, no lleguen a ver la luz del Evangelio. "Que espere la luz y no llegue". Porque la noche del pecado y de la muerte no puede reconocer la luz de Cristo el Redentor, ni tampoco quienes han nacido en ella si antes no la destruyen renacidos por el bautismo. Felipe el presbítero, Comentario al libro de Job, 3.

3, 10-12   "¿Por qué no perecí en el seno materno?"

UN PRESAGIO DE LAS PALABRAS DE JESÚS. Y a ti, lector, ¿no te llama la atención que Job no haya dicho palabras como las siguientes: "A cambio de qué recibo esto? ¿Recibo todo esto como premio a mi hospitalidad? ¿Lo recibo como premio a mi generosidad?". Pero él no dijo nada de esto, sino que, como aquel que sufre justamente todo lo que él soportó, también deseó de forma sabia y como si lo mereciera, no haber nacido; esto es lo que Cristo dijo a Judas: "¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!". Y esto es precisamente lo que dice Job: "¿Por qué he nacido? Mejor sería no haber nacido. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 3, 11a-16b19.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 50-53
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

los amigos consuelan a Job


9Su propia mujer decía: "¿Todavía te mantienes firme en tu integridad? Maldice a Dios y muérete". 10Job le respondía: "Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo no vamos a ceptar también los males?". Y en todo esto tampoco pecó Job con sus labios.
   11Tres amigos de Job se enteraron de toda la desgracia que le había acaecido y vinieron, cada uno desde su región, para acompañarle y consolarle. Eran Elifaz, el temanita, Bildad, el suajita, y Sofar, el naamatita. 12Cuando le vieron desde lejos no le reconocieron; entonces alzaron su voz y lloraron. Se rasgaron las vestiduras y lanzaron polvo al aire sobre sus cabezas. 13Se sentaron en el suelo junto a él durante siete días y siete noches sin decir una palabra porque comprendían que el dolor de Job era muy intenso (Job 2, 9-13). 

2, 9   "Maldice a Dios y muérete"

JOB AFRONTA UNA NUEVA PRUEBA. Como el traidor había sido vencido en todas las batallas y había fracasado en todas sus tentativas, había sido obstaculizado en todos sus enredos, todas sus redes habían sido hechas añicos y había perdido en todas sus estratagemas, después de haber destruido los bienes de Job, después de la muerte de sus numerosos hijos, después de haber lastimado con golpes su cuerpo, como último recurso y, como el diablo pensaba, el más lacerante de todos, enfrentó a Job con su propia esposa. Hesequio de Jerusalén, Homilías de Job, 4, 2, 9.

2, 10   Tampoco pecó Job con sus labios

DIOS POSEE EL PODER DE HACER TODO CUANTO DESEA. Es decir: "Aunque no hubiera más que males, sería necesario soportarlos". El es nuestro Señor y dueño. ¿No tiene el poder de enviarnos todo? ¿Por qué nos ha dado los bienes? No porque los hayamos merecido; por lo tanto no nos aflijamos ahora tampoco con el pensamiento de que sufrimos inmerecidamente. Pues él tiene autoridad suprema para darnos sólo males; si también nos ha dado bienes, ¿por qué nos quejamos? Observa como Job en ninguna parte habla de faltas ni de méritos, sino solamente de que pertenece a Dios hacer todo lo que quiere. Acuérdate de los antiguos momentos de prosperidad y no llevarás con dificultad el presente. Nos basta para nuestro consuelo saber que es el Señor quien nos envía esto. No hablemos pues de si es "justa o injustamente". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 2, 10.

2, 11   Tres amigos de Job se enteraron

SENTIDO SIMBÓLICO DE LOS AMIGOS DE DIOS. Entre tanto, mientras los amigos analizaban el caso de Job y hacían los preparativos para su viaje, no hay duda de que pasaron muchos días. Todos ellos eran señores y hombres de rango distinguido. Los tres amigos de Job representan la clase de los sumos sacerdotes, sacerdotes y profetas, que prosperaban entre los judíos. Y los siete hijos de Job representa a los sacerdotes de la Iglesia, a los apóstoles, a los profetas, a todos aquellos agraciados con el don de hacer milagros y curaciones, a los asistentes de los asesores, a los presbíteros y a los diaconos. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 2, 11.

2, 12-13   No le reconocieron

LOS VICIOS SE VUELVEN VIRTUDES. Cuando nuestro corazón se duele sinceramente, los vicios no pronuncian ninguna palabra contra nosotros. Cuando se busca una vida de rectitud plenamente, cualquier vana sugestión de pervesidad queda bloqueada. Sucede con frecuencia que si nos lanzamos con fuerte empeño contra la iniciativa de los vicios, podemos poner esos mismos vicios al servicio de la virtud. Algunos, en efecto, dominados por la ira, someten esta a la razón poniéndola al servicio de un celo santo. Otros, engreídos por la soberbia, inclinan su ánimo al temor de Dios y transforman ésta en una voz autorizada y libre para la defensa de la justicia. Otros, preocupados por la condición física, someten su cuerpo al ejercicio de obras de caridad, de modo que donde sentían el impulso para obrar la iniquidad, ahí obtienen los beneficios de la piedad. Gregorio Magno, Libros morales, 3, 37, 70.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 48-50
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez