José


22"José es un retoño fecundo,
retoño fecundo junto a la fuente,
sus brotes sobrepasan el muro.
23Le hostigan lanzándole dardos;
le atacan ferozmente los arqueros.
24Pero se les rompe el arco
y se aflojan los músculos de sus brazos,
por obra del fuerte de Jacob,
en nombre del Pastor, la Piedra de Israel,
25por el Dios de tu padre, que te auxilia
y El-Saday que te bendice
con bendiciones del cielo desde arriba,
bendiciones del abismo que yace en lo hondo, 
bendiciones de pechos y de senos.
26Las bendiciones de tu padre sobrepasan
las bendiciones de las colinas antiguas, 
los anhelos de los collados eternos.
Recaigan sobre la cabeza de José,
sobre la frente del elegido entre sus hermanos (Génesis 49, 22-26).

49, 22   José es un retoño fecundo

A José lo bendijo con mayor riqueza que a todos sus hermanos, porque veía en él los misterios que, prefigurados a través de él, tendrían su cumplimiento en Cristo; por eso el profeta bendice, no a José, sino al que José prefiguraba, pues le dice: "Un hijo crecido es para mí José", y es que, gracias a su nombre señorial y perfecto, la gracia de Cristo creció y se multiplicó en el mundo. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 26.

49, 25   Con bendiciones del cielo

Has prevalecido en este despreciable cuerpo, le dice, "por las bendiciones de pechos y senos". [Jacob] llama pechos a ambos testamentos, en uno de los cuales Cristo fue anunciado y en el otro mostrado. Y buenos pechos, porque el Hijo nos crió alimentados por la leche espiritual y nos ofreció a Dios. Y se refiere también a los pechos de María, verdaderamente benditos, con los que la Santa Virgen amamantó al pueblo de Señor. Por eso la mujer del Evangelio exclama: "Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron". Ambrosio, Sobre los patriarcas, 11, 51.

49, 26   Las bendiciones de tu padre

"Las bendiciones de tu padre sobrepasan las bendiciones de las colinas antiguas, los anhelos de los collados eternos". Brilló, como luz del cielo, sobre todos los patriarcas, profetas y apóstoles, todos ellos varones de grandes méritos; y también sobre el sol, la luna y los arcángeles, como Él mismo dice: "No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su señor". ¿A quién le fueron sometidas todas las cosas? ¿A quién dio todo cuanto existe? En Él son bendecidos todos sus santos, porque Él es la cabeza que está por encima de todas las cabezas, -"la cabeza de la mujer es el hombre, la cabeza del hombre es Cristo"- y sobre todas la cumbres, porque es la cumbre más alta. Además es la cumbre altísima de los justos, a los que llama hermanos adquiridos por la gracia y por una cierta regeneración. Por ello entendemos que los hermanos de José son más bien aquellos de los que dice el salmo:  "Anunciaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea". Ambrosio, Sobre los patriarcas, 11, 52.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 452-456
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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