Jacob pone a Efraím delante de Manasés



17Al ver José que su padre había puesto la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, le pareció mal; y agarró la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraím a la cabeza de Manasés, 18diciendo a su padre: "Así no, padre mío, que el primogénito es éste; pon tu derecha sobre su cabeza". 19Pero su padre rehusó diciendo: "Lo sé, hijo mío, lo sé; también éste se convertirá en un pueblo, y él también será grande; pero, con todo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia se convertirá en multitud de naciones". 20Aquel día Jacob los bendijo diciendo: 
   En ti se bendecirá Israel diciendo:"Dios te haga como Efraím y Manasés" 
   Y puso a Efraím delante de Manasés. 21Israel dijo a José: "Yo voy a morir; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.  22A ti te entrego Siquem, una parte más que a tus hermanos, la que arrebaté del poder de los amorreos con mi espada y mi arco. (Génesis 48, 17-22).

48, 20   Puso a Efraím delante de Manasés

Jacob declara que este misterio se aplica espiritualmente a los pueblos. Pues cuando su hijo pensaba que estaba equivocado a causa de su ancianidad y quiso cambiarle las manos, diciéndole: "Así no, padre mío, que el primogénito es éste; pon tu derecha sobre su cabeza", no quiso hacerlo, sino que le dijo: "Lo sé, hijo mío, lo sé; también éste se convertirá en un pueblo, y él también será grande; pero, con todo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia se convertirá en multitud de naciones" También profetizó que Efraím aventajaría a su hermano mayor en las bendiciones, diciendo: "En ti se bendecirá Israel diciendo: "Dios te haga como a Efraím y a Manasés"". Y a pesar de ser nietos, fueron adoptados como hijos para no ser privados de la bendición del abuelo. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 1, 5.

48, 21   La tierra de vuestros padres

No nos apresuremos a reunir dinero para dejárselo a nuestros hijos, sino que hemos de enseñarles la virtud y suplicar para ellos la bendición de Dios. Ésta, efectivamente, ésta es la mayor provisión, ésta es una riqueza indecible, inagotable, que cada día aumenta nuestros ahorros. Nada hay semejante a la virtud, nada más poderoso que ella. Aunque me hables de la misma dignidad real, del que se ciñe la corona, sino tuviera virtud sería más desgraciado que cualquier pobre vestido con andrajos. ¿De qué podrá servirle la diadema o la púrpura al hombre que está abandonado a su propia indolencia? ¿Acaso le intimida la fama de la gente? Una sola cosa hay que buscar aquí: si mediante la práctica de la virtud se pueden encontrar abiertas las puertas de la confianza con Él. Quien no obtuvo así su confianza se encontrará entre los que carecen de honra y no tienen derecho ha hablar. Juan Crisósotomo, Homilías sobre el Génesis, 66, 4.

48, 22   Los amorreos

Después de bendecir a sus nietos y poner el menor encima del mayor, mediante la previsión del futuro, Jacob quiere persuadir a José de que no es sin razón ni motivo por lo que ha obrado así, sino que profetiza lo que va a ocurrir. Le vaticina también su propia muerte, le dice que volverán al extranjero a Canaán, la tierra de sus padres, y les hace esperanzadoras promesas para que se consuelen durante la espera. La esperanza de cosas mejores alivia siempre, es cierto, las fatigas de esta vida. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 67, 1.

La Biblia comentada 
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 422-424
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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