Jacob hace suyos a los hijos de José


1Después de estos sucesos le dijeron a José: "Tu padre está enfermo". Él llevó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím. 2Cuando le anunciaron a Jacob: "Tu hijo José ha venido a verte", Israel se reanimó y se sentó en la cama. 3Le dijo Jacob a José: "El-Saday se me manifestó en la Luz, en tierra de Canaán y me bendijo 4diciéndome: "Te haré crecer, te multiplicaré y te convertiré en multitud de pueblos; daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua". 5Y en cuanto a tus dos hijos que te han nacido en el país de Egipto, antes de que yo viniera a Egipto a estar contigo, ellos serán míos; Efraím y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón. 6En cambio, la descendencia que hayas tenido después de ellos será tuya, y serán mencionados en la herencia junto al nombre de sus hermanos. 7Cuando yo venía de Padán, Raquel se me murió en tierra de Canaán, en el camino, un trecho antes de llegar a Efrata, y allí le di sepultura, en el camino de Efrata, es decir, de Belén (Génesis 48, 1-7).

48, 5   Efraím y Manasés

El apostolado de Pablo es análogo al de la décimotercera tribu. Sus palabras: "Tus dos hijos, los nacidos en Egipto antes que yo viniera a Egipto a estar contigo, son míos. Efraím y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón. En cambio, la descendencia que hayas tenido después será tuya", significan lo siguiente: como quiera que eran doce los hijos de Jacob, de los que precisamente nacieron las doce tribus, a los hijos de José los distribuyó en dos tribus, de lo que resultaron trece tribus, pues la tribu de José fue dividida entre sus dos hijos. Y esto está relacionado con el apóstol Pablo, que hacía el número trece después de los apóstoles, pues fue elegido, efectivamente, entre el número de las tribus, se le incluyó en la lista, y así fue enviado como apóstol de los gentiles. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 11.

Pablo es elegido posteriormente. Corría José a recibir la bendición. Y presentó a sus hijos Manasés y Efraím, a los que bendijo Jacob. Los bendijo porque, como tenía doce hijos y el decimotercer apóstol, elegido después, sería Pablo, así quedaba bendecida en sus dos ramas una decimotercera tribu, descendiente de Manasés y Efraím. De esta forma Pablo no sería excluido del número de las tribus de los patriarcas. Y el sublime predicador del Antiguo y del Nuevo Testamento podría probar fácilmente que había heredado la bendición paterna. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 1, 2.

Jacob abraza a los hijos de José como suyos. Nosotros, "los últimos" hemos sido hechos "los primeros" por la fe, y el pueblo de los gentiles heredó la gloria del primogénito; fue honrado gracias a su sumisión y docilidad; Cristo en persona lo aseguró de ellos diciendo: "Un pueblo al que no conocí me sirvió, al oír hablar me obedeció". Aunque hemos nacido como de una madre ajena porque la Iglesia ha sido llamada de entre pueblos distintos, Cristo nos basta como mediador para unirnos a Dios Padre, para adscribirnos a la suerte de los santos, para elevarnos a la gloria propia de ellos y para declarar que somos un linaje santo. Pero observa cómo por amor al bienaventurado José, Jacob coloca a los hijos de José junto a los suyos. También nosotros hemos sido amados en Cristo y, puesto que por Él hemos nacido en el Espíritu al nacimiento espiritual, hemos sido considerados dignos de ser recibidos por el Padre, como ya se dijo antes, y hemos sido agregados a los santos que nos precedieron. Ahora bien, si hemos sido llamados hijos de Dios Padre, debemos también estar bajo el poder del que nos atrajo y nos unió a sí, es decir, a Cristo. Observa cómo el dichoso Jacob, después de haber recibido de entre sus hijos a Efraím y Manasés, dice: "Los hijos que tengas, serán tuyos". Ves pues que si somos llamados hijos de Dios Padre, no menos lo seremos de Cristo. Y esto es lo que dice dirigiéndose al Padre, según creo: "Los que me diste del mundo eran tuyos, y tú me los has dado y soy glorificado en ellos". Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 6, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testameto, Tomo 2,  p. 419-420
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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