Aser


20"Aser tiene un pan excelente,
produce manjares regios" (Génesis 49, 20).

49, 20   Produce manjares regios

El profeta habla de modo oscuro. Aquí el profeta, o bien alude veladamente a los apóstoles, que sirvieron y distribuyeron el pan de la vida, o bien habla del Salvador, pues predice o nos da a conocer el pan que baja del cielo, hecho comida y bebida para los santos. Efectivamente, Aser se traduce por "riqueza", pues era el único, por su riqueza, capaz de saciar a todos los que se le acercasen. Y en efecto, el propio Cristo, dando testimonio de sí mismo, decía: "Yo soy el pan que ha bajado del cielo. Vuestros padres comieron en el desierto el maná, y murieron. El que come mi pan no verá la muerte para siempre". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 24. 

El pan del cielo. Como Aser significa "dichoso", el pan de aquel hombre que por la penitencia se ha apartado del error se dice que es excelente, ya que le guiamos paulatinamente al presente estado de dicha, después de su conversión, del conocimiento espiritual y de la victoria sobre las tentaciones. Se alimenta, en efecto, con ese pan que baja del cielo y da la vida al mundo, ese pan que es excelente para él. Rufino, Sobre las bendiciones de los patriarcas, 2, 21. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 450-451
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Neftalí



21"Neftalí es una cierva suelta
que tiene hermosos cervatos" (Génesis 49, 21).

49, 21   Una cierva suelta

"Neftalí: cepa exuberante que, en su fruto, añade belleza". "Cepa exuberante" designa al pueblo llamado a la libertad mediante la fe, con el fin de que todos puedan fructificar para Dios. Efectivamente, la vid espiritual era el Salvador, pero los sarmientos son sus santos, los que creyeron en Él ; en cambio los racimos son sus mártires; los troncos de madera atados a las vides manifiestan su Pasión; los vendimiadores son los ángeles; los cestos en que se recoge el fruto de la vid son los apóstoles, el lagar es la Iglesia, y el vino la fuerza del Espíritu Santo. La expresión "cepa exuberante" significa los que han sido liberados de las ataduras de la muerte, como también dice Isaías [en realidad Malaquías]: "Saldréis y brincaréis como becerros sueltos de sus amarres". Lo de "en su fruto añade belleza" lo dice porque, en la regeneración por medio del agua, adquieren la gracia y la belleza del Verbo, que era "el más bello de todos los hombre". Hipólito, Sobre la bendiciones de Isaac y Jacob, 25.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 451
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Gad


19"A Gad le asaltarán los ladrones; 
pero él asaltará su retaguardia" (Génesis 49, 19).

49, 19   Asaltará su retaguardia

Banda de salteadores llama al sanedrín de los sumos sacerdotes y escribas que tentaron con variadas pruebas al Salvador, porque querían hallar una causa contra Él, para apoderarse de Él con engaño y matarlo. Pero Él, a su vez, conocedor de sus intrigas, los puso a prueba con su justicia y los entregó a la muerte por su propio pecado. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 23.

La madurez viene de la prueba. Según este proceso, el sentido moral discurre de la siguiente forma: este hombre nuestro, habiéndose arrepentido y habiendo confesado su error, se convierte gracias a su inteligencia y manifiesta ya cierto progreso, de modo que tras haber progresado puede ser tentado por el enemigo y se puede poner a prueba la fuerza de su ánimo y la constancia de su propósito, pues dice la Escritura: "Quien no ha sido probado conoce poco". Nunca nadie alcanzará la perfección sin haber sido antes puesto a prueba en las tentaciones. Rufino, Sobre las bendiciones de los patriarcas, 2, 20.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 448-449
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Dan


16"Dan juzgará a su pueblo
como una más de las tribus de Israel.
17Dan será serpiente junto al camino,
víbora junto al sendero,
que muerde el jarrete del caballo
y hace caer hacia atrás al jinete.
18Espero, oh Señor, tu salvación" (Génesis 49, 16-18).

49, 16   Dan juzgará a su pueblo

Si [un descendiente de] Dan juzga a su pueblo, cuánto más uno de Judá, al cual pertenece el reino, habrá de juzgar todas las naciones. Pues nuestro Señor se hizo serpiente contra la serpiente primordial, y víbora contra Satán, como la serpiente de bronce derrotó a las serpientes [en el desierto]. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 43, 6. 

La profecía presagia al Anticristo. Una interpretación sencilla es ésta: la tribu de Dan también dio un juez a Israel. En efecto, los jueces pertenecieron a distintas tribus después de Josué. Sansón fue de la tribu de Dan y juzgó durante veinte años. Pero esta profecía no se refiere a él, sino al Anticristo que nacería de la tribu de Dan y juzgaría al pueblo con una crueldad y tiranía inhumanas. Como una serpiente acurrucada en el sendero, tratará de derribar a cuantos andan por el camino de la verdad, pues desea hacer caer la verdad misma. Moder el jarrete del caballo es que el caballo, dañado por la absorción del veneno y malherido por el diente de la serpiente, dé una coz al Señor Jesús para descabalgar al jinete, que se dejó caer para elevar todo el pueblo. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 7, 32.

49, 17   Dan será serpiente

Lo que dice el profeta, "que muerde el talón del caballo", significa que tienta a los que proclaman el camino de la verdad y de la salvación. Así tentó a los apóstoles, engañó a Judas y se apoderó de él. Se apoderó de él como de un caballo y consignó a la muerte al jinete que lo montaba. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 22.

Evitar la mordedura de la serpiente. Por lo tanto cuando caminamos hemos de estar precavidos de que no haya una serpiente oculta y que siga la huella del caballo, es decir, de nuestro cuerpo, y haga caer en un descuido al jinete dormido. Pues si estamos vigilantes y precavidos en muchas ocasiones evitaremos el mordisco de la serpiente. Luego no nos ha de sorprender el sueño de la negligencia, el sueño del mundo. Que no nos sorprenda el sueño de las riquezas para que no se diga de nosotros: "Se durmieron, y ninguno de ellos logró riquezas". Estás dormido, jinete, cuando la avaricia golpea tu pecho, cuando la pasión te inflama... Judas dormía, pues no escuchaba las palabras de Cristo. Dormía Judas en el sueño de las riquezas, ya que buscaba la paga de su traición. El diablo lo vio dormido y preso en el sueño profundo de la avaricia. Se metió en su corazón, hirió al caballo, descabalgó al jinete y lo apartó de Cristo. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 7, 33.

El sendero indica un camino angosto. Un sendero es un camino más estrecho, lo cual indica que Dan no avanza por el camino ancho y dilatado que conduce a la muerte, sino por el estrecho y accidentado que lleva a la vida. "Muerde el jarrete del caballo" haciendo lo que el apóstol Pablo dice: "Castigo mi cuerpo y lo someto a servidumbre, no sea que, después de haber predicado a otros, quede yo descalificado". Actúa así para que el jinete caiga hacia atrás. Este tal teme las exaltaciones y alturas y prefiere que su alma caiga de una altura malvada a una humillación buena, para aprender de Jesús, que es manso y humilde de corazón. Es propio de los que progresan temer el enaltecimiento. Tal y como también Pablo decía: "Para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee". De esta forma, el alma, apartada de la exaltación y obligada a retroceder tras la humildad de Cristo, espera del Señor la salvación. Rufino, Sobre las bendiciones de los patriarcas 2, 17.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia 
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 446-448
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Isacar


14"Isacar es un asno robusto
echado entre aguaderas;
15ve que el descanso es bueno
y la tierra agradable;
ofrece el lomo a la carga
llega ha hacerse esclavo a sueldo" (Génesis 49, 14-15).

49, 14   Isacar es un asno robusto

En las líneas anteriores nos hemos fijado en un hombre que ha pecado según un triple movimiento del alma (como debilidad de toda alma), y hemos distinguido que la concupiscencia puede estar representada por Rubén, la ira por Simeón y la prudencia sin una recta orientación por Leví. Pero hemos mostrado a tal hombre, penitente ya de su error, en Judá, y ampliamente convertido en Zabulón. Sin embargo, en Isacar, cuyo nombre significa "recompensa", lo vemos ya esperando la recompensa por las buenas obras, porque no sólo abandona el mal, sino que desea el bien descansando echado en medio de las suertes. Se encuentra "en medio" quien, según una moción de la sabiduría, no se inclina ni a derecha ni a izquierda, es decir, quien procura mantener y recorrer el camino recto de la virtud, el cual puede también verse simbolizado en la suertes. Se llama "suerte" a la parte de herencia que se distribuye a cada uno, la cual no parece que corresponda por casualidad, como piensa la gente, sino que se concede por designio y juicio de Dios. Por eso, para nosotros, según la exposición moral, por "suertes" se han de entender los mandamientos de Dios, por medio de los cuales se obtiene la herencia celeste. Así pues, este que ya está convertido, espera también la recompensa de sus obras siempre "en medio de las suertes", como echado entre las aguaderas, es decir, descansa entre los mandamientos de Dios, contemplando el descanso que es bueno y la tierra que es fértil. Tras la lucha que mantenía dentro de sus pensamientos, en la que la carne combate por abatir y expulsar al espíritu, y el espíritu a la carne, su espíritu descansa en Dios; ve entonces que el descanso es bueno, pues Jesús le puede decir: "Venid vosotros y descansad un poco". Pero ve también que la tierra es buena. ¿Cuándo ve la tierra buena? Cuando ha limpiado su carne de vicios y deseos desordenados, entonces ve que la tierra es buena y fértil, capaz de producir sin duda frutos de justicia en buenas obras. Así, viendo esto, ha arrimado su hombro para trabajar y se ha convertido en agricultor. Agricultor de su propia tierra ha de ser considerado quien en los campos de su alma y de su corazón mete el arado y los surca sin desfallecer con el arado de la Palabra de Dios y la reja de las Escrituras; quien riega desde los manantiales de Israel las plantaciones de la fe, de la caridad, de la esperanza y de la justicia, y asume para su alma ruda toda disciplina de la agricultura. Rufino, Sobre las bendiciones de los patriarcas, 2, 14. 

49, 15   Ofrece el lomo a la carga

Está claro que Isacar representa alegórica y metafóricamente al Salvador, que es el único que deseó el bien ya desde niño, tal como dice Isaías: "Antes de conocer el niño a su padre y a su madre, ya rechaza lo malo y elige lo bueno". Él descansa en medio de la heredad de los profetas, en el cumplimiento de lo que éstos dijeron. Y efectivamente, en la montaña se vio a Moisés y Elías conversando con él, a su derecha y a su izquierda, de modo que el Salvador aparecía descansando en medio de ellos. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 21.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 444-446
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Zabulón



13Zabulón habitará junto al mar
y será puerto para los barcos;
su frontera llegará hasta Sidón (Génesis 49, 13).

49, 13   Zabulón habitará junto al mar

A través de Zabulón está designando figuradamente y de antemano a los gentiles, los cuales, a pesar de habitar ahora en el mundo sobre la costa, se ven zarandeados, igual que en el mar, por las tentaciones, lo que les hace fondear y refugiarse en los puertos: en las iglesias. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 20.

La Iglesia es como un puerto de salvación. El mismo nombre promete lo mejor, pues la palabra latina significa ser librado de los ataques nocturnos. Ciertamente es una cosa buena y propia de quien pone la esperanza en alas del Señor. Le rodeará su verdad para "que no tenga miedo del terror de la noche... ni de la peste que se propaga en las tinieblas". Y dice que Zabulón habitará junto al mar, para que vea los naufragios de los demás mientras él está inmune de peligro. Y verá a otros a merced de las olas de este mundo, los cuales serán zarandeados por todo tipo de doctrinas. Él perseverará firme en la raíz de la fe, como sucede con la Iglesia, que echando raíces y fundamentada en la fe, observa las tormentas de los herejes y el naufragio de los judíos, porque se apartaron del timonel que los guiaba. Y la Iglesia habita junto al mar; pero no está preocupada por las olas, sino que, más preparada para prestar socorro que preocupada del peligro, acude rápidamente como puerto de salvación a prestar socorro a los que, acosados por las grandes tormentas, quieran refugiarse en el puerto. Y llama con los brazos extendidos al refugio de su tranquilidad a los que están en peligro, ofreciéndoles la seguridad de la fe. Por lo tanto en este mundo las iglesias están diseminadas, como los puertos marítimos, a lo largo de las costas, diciendo a los que luchan que tienen un puerto preparado para los creyentes, en el que pueden refugiarse las naves azotadas por los vientos. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 5, 26.

Zabulón se extiende hasta Sidón. Si se busca en este lugar el sentido moral, entonces Zabulón se ha de interpretar como "flujo nocturno". Así se puede entender lo que sigue, ya que el alma, que vivía en tinieblas, después que ve la luz del Señor y se ha convertido por la confesión a la penitencia, se le quitan y fluyen de ella todas aquellas cosas que soportaba cuando estaba en la noche de la ignorancia. Aventaja a Judá en la confesión, a la que sigue también la conversión, cuando fluye todo lo que había en las noches y las tinieblas. Es como si intentara vencer al hombre viejo y dejar las obras de la noche, para caminar honradamente, como en pleno día. Pero el hecho de que su frontera llegue hasta Sidón, o sea, hasta los cazadores, quizás signifique que a Zabulón se le ha de contar entre aquellos a quienes se dice: "Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que destrozan las viñas". De ahí, pues, que [Zabulón] se extienda hasta los cazadores, para que también él aprenda a cazar, por si alguna fiera o alguna raposa dañina, es decir, si demonios salvajes o pensamientos malignos irrumpen en su corazón y quieren exterminar la viña del Señor Sabaoth. Convertido en un cazador hábil podrá cazar los malos pensamientos. Rufino, Sobre las bendiciones de los patriarcas, 2, 11.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.  443-444
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Judá


8"A ti, Judá, te alabarán tus hermanos;
pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos
y ante ti se postrarán los hijos de tu padre.
9Judá es un cachorro de león;
¡hijo mío, volviste con la presa!
Se recuesta echándose como un león,
y como una leona: ¿quién le hará levantarse?
10No se apartará de Judá el cetro
ni el bastón de mando de entre sus pies,
hasta que venga aquel, a quien le pertenece,
y a quien deben obediencia las naciones.
11Ata su asno a una cepa
y a una parra su pollino;
lava en vino sus vestidos
y en sangre de uvas sus manto;
12sus ojos son más oscuros que el vino
y sus dientes más blancos que la leche" (Génesis 49, 8-12).

49, 8   A ti, Judá, te alabarán tus hermanos

"¿Por qué razón el profeta decidió hacer recaer sobre Judá tal bendición, y no igualmente sobre los primeros?" Aprende: puesto que de la tribu de Judá nacería efectivamente David, y de David, según la carne, Cristo, el profeta, al conocer de antemano en sentido espiritual el porvenir, bendijo a David, vástago de Judá, y al que nacería, según la carne, de David, Cristo, que así recibiría de Dios no solamente la bendición según el espíritu, sino también la bendición según la carne. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 15. 

49, 9   Judá es un cachorro de león

Al decir "león" y "cachorro de león" claramente señaló las dos personas, la del Padre y la del Hijo. La expresión: "de un vástago brotaste, hijo mío" quiere demostrar el nacimiento de Cristo según la carne: encarnado por obra del Espíritu Santo en el seno de la Vírgen, en ella germinó y, saliendo al mundo, como flor y aroma de suave olor, se manifestó visiblemente. Por tanto, puesto que dijo: "Cachorro de león", demostró que Cristo nació de Dios según el espíritu, como rey nacido de rey, pero no silenció tampoco su nacimiento según la carne, sino que dijo: "De un vástago brotaste, hijo mío". Efectivamente, Isaías dice: "Saldrá un vástago de la raíz de Jesé y un retoño brotará de ella". La raíz, pues, de Jesé era del linaje de los patriarcas, como una raíz plantada en tierra; el vástago florecido de ella era, en cambio, María, que era de la casa y familia de David, y el retoño germinado de ella era Cristo: precisamente lo que decía Jacob cuando profetizaba: "De un vástago brotaste, hijo mío". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 16.

49, 10   A quien deben obediencia las naciones


He aquí que el que es el primero y el último, creador de todas las cosas, es enviado por el Señor, su Padre, para quien es justamente eterno e igual. Así, ¿cuándo vino Cristo? Que lo diga Jacob en las bendiciones de los patriarcas: "No se apartará de Judá el cetro ni el bastón de mando de entre sus pies, hasta que venga aquel a quien le pertenece y a quien deben obediencia las naciones". Entonces viene cuando al suceder en el reino un extranjero, Herodes, falta el príncipe de Judá, ante cuya falta viene el que debía ser enviado. Aquel a quien las gentes y los pueblos esperaban. Ildefonso, Sobre la virginidad perpetua de Santa María, 5

49, 11   Ata su asno a una cepa

"Y su pollino -dice [la Escritura]- lo ha atado a la vid"; a su pueblo sencillo y pequeño lo ha atado a su Logos, designado alegóricamente por la vid: ésta da vino, para el cuerpo; la sangre para el alma. Clemente de Alejandría, Pedagogo, 1, 15, 3.

49, 12   Sus ojos son más oscuros que el vino

"Ojos" fueron, pues, los profetas, los ojos de Cristo, cuando se alegraron del poder del Espíritu y vaticinaron los padecimientos que le sobrevendrían y que servirían a las generaciones posteriores para que todo hombre creyera y pudiera salvarse. En cuanto a las palabras: "Sus dientes son más blancos que la leche", o bien designan a los apóstoles, santificados por su Verbo y blanqueados como leche, que nos distribuyeron el alimento espiritual y celeste, o bien de nuevo está hablando de los mandaminetos del Señor, los que salieron de la boca santa y se hicieron leche para nosotros, a fin de que, nutridos por ellos, podamos también tener parte en el Pan del cielo. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 19.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 431-441
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Simeón y Leví


5"Simeón y Leví son hermanos;
instrumentos de violencia sus cuchillos.
6¡Que no me una yo a sus decisiones
ni asista a sus asambleas!;
porque, en su cólera, asesinaron hombres
y, por su capricho, desjarretaron toros.
7Maldita sea su cólera, porque es violenta;
y su furor, porque es cruel.
Los reapartiré entre Jacob;
los dispersaré por Israel" (Génesis 49, 5-7).

49, 5   Instrumentos de violencia

También estas son figuras de Satán y de la muerte. Del mismo modo que éstos, con su ira, destruyeron la ciudad y por medio de su codicia saquearon sus propiedades, así también Satán, con su envidia asesinó secretamente al mundo, igual que éstos habían asesinado abiertamente a los hijos de Siquem... Pero la buena nueva de nuestro Señor resucitó a los muertos que el pecado había asesinado secretamente, y la promesa bendita del Hijo resucitó a los muertos sobre los que había caído la tirana muerte. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 43, 3.

49, 6-7   Maldita sea su cólera, porque es violenta

Lee el Evangelio y hallarás lo que está escrito, a saber, que los escribas procedían de la tribu de Simeón, mientras que los sumos sacerdotes eran de la tribu de Leví. Como quiera, pues, que Cristo fue entregado por consejo y decisión de éstos, y ejecutado bajo su poder, el profeta lo vio anticipadamente, y exclama: "¡Que no asista mi alma a su asamblea!". Habla de la asamblea en que deliberaron buscando un pretexto de acusación contra Jesús para "apoderarse de él con engaño y darle muerte", tal como dice también Isaías: "¡Ay de su alma!, pues en su deliberación resolvieron contra ellos mismos, al decir: Amarremos al justo, porque no es incómodo". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 14.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 428-430
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Rubén


3"Rubén, tú eres mi primogénito,
mi fuerza y primicia de mi vigor,
primero en dignidad, y primero en poder:
4hierves como el agua, no predominarás
porque subiste al lecho de tu padre,
y al subir mancillaste mi tálamo (Génesis 49, 3-4).

49, 3   Rubén, tú eres mi primogénito

Según el sentido místico, a mí me parece que Rubén puede representar al primer pueblo judío, ya que es el primogénito y el comienzo de los hijos, tal como dice el profeta: "Israel es mi primogénito". La Palabra de Dios fue dada, en efecto, en primer lugar a ellos. Sin embargo, las Escrituras denuncian que ese pueblo fue duro y temerario, pues dice de ellos el profeta: "Todo lo que dice este pueblo es duro"; y en otro lugar: "Sois siempre de dura cerviz e incircuncisos de corazón". Este pueblo comete injurias contra Dios Padre cuando le da la espalda y no su rostro. Manchó el lecho de la concubina sobre el que se recostó, es decir, manchó con sus frecuentes prevaricaciones la ley del Antiguo Testamento. Que la ley del Antiguo Testamento esté representada en la persona de una concubina, lo enseñó Pablo al decir: "Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre". Éstos son los dos Testamentos. Agar, que fue la concubina, es figura del Antiguo Testamento.
   Pues sólo una fue la perfecta paloma o madre, la Iglesia, que, como virgen casta y como reina de su esposo, el rey, está unida a Cristo por el Evangelio. Rufino, Sobre las bendiciones de los patriarcas, 2, 5.

49, 4   Porque subiste al lecho de tu padre

Lecho y tálamo llamó a la carne de Cristo, por la cual se salvan los santos, pues en ella reposan como en un lecho santo. De ella se apoderaron entonces los ímpios, que la ultrajaron ofreciéndole vinagre, golpeándole la cabeza con una caña, azotándole la espalda, escupiéndole en la cara, desollando a bofetones sus mejillas y clavando sus manos. Todo esto llevó a cabo el pueblo impío e infiel, junto a los sumos sacerdotes, los escribas y todos los capitostes del pueblo. Por eso el santo profeta no silenció lo que éstos hicieron ni quiere ser cómplice de su maldad o de su consejo, antes bien, él mismo se sitúa lejos de la actividad de semejante canalla. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 13.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 426-427
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob llama a sus hijos


1Jacob llamó a sus hijos y habló así: "Reuníos, que voy a anunciaros lo que os sucederá en los días venideros.
   2Juntaos y escuchad, hijos de Jacob,
   escuchad a vuestro padre Israel" (Génesis 49, 1-2).

49, 1   Jacob llamó a sus hijos

Por tanto, las palabras: "Reuníos, que voy a vaticinaros lo que os sucederá en los días venideros", son profecía, que no bendición, pues la bendición recae sobre alguien bendecido, mientras que la profecía se refiere a algún hecho que se cumple. Pero, dado que la Escritura dice: "Todas éstas  son las doce tribus de Israel, y esto, lo que les dijo su padre al bendecirlos, bendiciendo a cada uno con una bendición propia", ¿cómo compaginar lo explicado anteriormente, cuando unas veces se muestra clara la profecía, y otras en cambio se llama bendición? En esto se hace necesario comprender que en las mismas palabras hay bendiciones y profecías, con el fin de que, por una parte, las bendiciones recaigan sobre aquel que nació de Judá y fue prefigurado en José, el mismo que por descender de la tribu de Leví fue sacerdote del Padre; y por otra, las profecías recaigan sobre los que obran lo contrario y tienen por nada al Hijo de Dios. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y de Jacob, 12.

49, 2   Escuchad, hijos de Jacob

Mira la inteligencia del justo. Tan pronto como conoce el momento de su muerte, llama a sus hijos junto a sí y dice: "Juntaos para que os prediga ya lo que sucederá en los últimos días. Congregaos y escuchad a vuestro padre Israel". "¡Ea! ¡Aprended de mí no cosas de ahora ni hechos que ocurrirán dentro de poco, sino lo que sobrevendrá en los últimos días", viene a decir. "Y esto os lo digo no por mí mismo, sino bajo la inspiración del Espíritu. Por eso anuncio ya hechos que ocurrirán muchas generaciones más tarde. Y como me dispongo a dejar esta vida, quiero dejar grabadas estas cosas en la memoria de cada uno de vosotros igual que sobre una columna de bronce".
   Observa cómo el justo, reunidos ya sus hijos, se sirve del orden de su nacimiento para pronunciar para cada uno de ellos la conveniente maldición o bendición, con lo que demuestra su extraordinaria virtud. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 67, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 424-426
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob pone a Efraím delante de Manasés



17Al ver José que su padre había puesto la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, le pareció mal; y agarró la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraím a la cabeza de Manasés, 18diciendo a su padre: "Así no, padre mío, que el primogénito es éste; pon tu derecha sobre su cabeza". 19Pero su padre rehusó diciendo: "Lo sé, hijo mío, lo sé; también éste se convertirá en un pueblo, y él también será grande; pero, con todo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia se convertirá en multitud de naciones". 20Aquel día Jacob los bendijo diciendo: 
   En ti se bendecirá Israel diciendo:"Dios te haga como Efraím y Manasés" 
   Y puso a Efraím delante de Manasés. 21Israel dijo a José: "Yo voy a morir; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.  22A ti te entrego Siquem, una parte más que a tus hermanos, la que arrebaté del poder de los amorreos con mi espada y mi arco. (Génesis 48, 17-22).

48, 20   Puso a Efraím delante de Manasés

Jacob declara que este misterio se aplica espiritualmente a los pueblos. Pues cuando su hijo pensaba que estaba equivocado a causa de su ancianidad y quiso cambiarle las manos, diciéndole: "Así no, padre mío, que el primogénito es éste; pon tu derecha sobre su cabeza", no quiso hacerlo, sino que le dijo: "Lo sé, hijo mío, lo sé; también éste se convertirá en un pueblo, y él también será grande; pero, con todo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia se convertirá en multitud de naciones" También profetizó que Efraím aventajaría a su hermano mayor en las bendiciones, diciendo: "En ti se bendecirá Israel diciendo: "Dios te haga como a Efraím y a Manasés"". Y a pesar de ser nietos, fueron adoptados como hijos para no ser privados de la bendición del abuelo. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 1, 5.

48, 21   La tierra de vuestros padres

No nos apresuremos a reunir dinero para dejárselo a nuestros hijos, sino que hemos de enseñarles la virtud y suplicar para ellos la bendición de Dios. Ésta, efectivamente, ésta es la mayor provisión, ésta es una riqueza indecible, inagotable, que cada día aumenta nuestros ahorros. Nada hay semejante a la virtud, nada más poderoso que ella. Aunque me hables de la misma dignidad real, del que se ciñe la corona, sino tuviera virtud sería más desgraciado que cualquier pobre vestido con andrajos. ¿De qué podrá servirle la diadema o la púrpura al hombre que está abandonado a su propia indolencia? ¿Acaso le intimida la fama de la gente? Una sola cosa hay que buscar aquí: si mediante la práctica de la virtud se pueden encontrar abiertas las puertas de la confianza con Él. Quien no obtuvo así su confianza se encontrará entre los que carecen de honra y no tienen derecho ha hablar. Juan Crisósotomo, Homilías sobre el Génesis, 66, 4.

48, 22   Los amorreos

Después de bendecir a sus nietos y poner el menor encima del mayor, mediante la previsión del futuro, Jacob quiere persuadir a José de que no es sin razón ni motivo por lo que ha obrado así, sino que profetiza lo que va a ocurrir. Le vaticina también su propia muerte, le dice que volverán al extranjero a Canaán, la tierra de sus padres, y les hace esperanzadoras promesas para que se consuelen durante la espera. La esperanza de cosas mejores alivia siempre, es cierto, las fatigas de esta vida. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 67, 1.

La Biblia comentada 
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 422-424
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob bendice a los hijos de José


8Israel vio a los hijos de José, y preguntó: "¿Quienes son éstos?". José respondió a su padre: 2Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí". Le dijo Jacob: "Acércamelos para que los bendiga". Los ojos de Israel se había debilitado por la vejez, y a penas podía ver. José se los acercó y él los abrazó y los besó. 11Israel dijo a José: "No esperaba ver tu rostro, y ahora me concede verte a ti y también a tu descendencia". 12José los sacó de entre las rodillas de su padre y se postró en tierra. 13Después tomó José a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, y se los acercó. 14Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor; y su izquierda sobre la cabeza de Manasés; adrede cruzó los brazos, ya que Manasés era el primogénito. 15Entonces bendijo a José diciendo:
     "El Dios en cuya presencia anduvieron
     mis padres Abrahán e Isaac;
     el Dios que ha sido mi pastor desde el día en que nací
     hasta el día de hoy;
     16el ángel que me libró de todo mal,
     bendiga a estos muchachos:
     perdure en ellos mi nombre
     y el de mis padres Abrahán e Isaac,
     y en multitud se conviertan sobre la tierra" (Génesis 48, 8-16).

48, 12   Se postró rostro en tierra

Mira como desde el principio enseñó a sus hijos a otorgar al anciano el debido respeto. Tomándolos José de acuerdo al derecho de la primogenitura, dice el texto, presentó a Manasés y luego a Efraím. En este punto date cuenta, por favor, de que el justo tenía ya débiles los ojos del cuerpo, "pues sus ojos se habían debilitado por la vejez y a penas podía ver", pero tenía vigorosos los ojos de la mente y veía ya de antemano por obra de la fe los acontecimientos futuros. Efectivamente, sin hacer caso de José cambió las manos al impartir su bendición y Jacob otorgó la preferencia al menor, poniendo a Efraím por delante de Manasés. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 66, 2-3.

48, 14   Sobre la cabeza de Efraím

También aquí está representada de modo evidente la cruz, para describir ese misterio por el cual Israel el primogénito se marchó, igual que hizo Manasés el primogénito, y las gentes se multiplicarían a imagen de Efraím el pequeño. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 41, 4.

48, 16   Bendiga a estos muchachos

Palabras propias de un corazón agradecido, de un alma piadosa que tiene recientes en la memoria los favores de Dios. "Aquel, dice, a quien agradaron mis padres, el que me alimentó desde mi juventud hasta el día de hoy, el que desde el principio me preservó de todo mal, el que mostró hacia mí solicitud tan grande. Él bendecirá a estos muchachos y serán llamados con mi nombre y el nombre de mis padres, Abrahán e Isaac, y llenarán la tierra hasta ser una gran muchedumbre". ¿Ves al mismo tiempo la inteligencia y la humildad de Jacob? Inteligencia porque veía el futuro con los ojos de la fe y por ello dio precedencia a Efraím sobre Manasés. Y humildad porque nunca menció su propia virtud, sino que elevó su acción de gracias y pronunció su oración y su bendición basándose en que sus padres habían complacido a Dios, y en los favores que él mismo había obtenido. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 66, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 420-422
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob hace suyos a los hijos de José


1Después de estos sucesos le dijeron a José: "Tu padre está enfermo". Él llevó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím. 2Cuando le anunciaron a Jacob: "Tu hijo José ha venido a verte", Israel se reanimó y se sentó en la cama. 3Le dijo Jacob a José: "El-Saday se me manifestó en la Luz, en tierra de Canaán y me bendijo 4diciéndome: "Te haré crecer, te multiplicaré y te convertiré en multitud de pueblos; daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua". 5Y en cuanto a tus dos hijos que te han nacido en el país de Egipto, antes de que yo viniera a Egipto a estar contigo, ellos serán míos; Efraím y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón. 6En cambio, la descendencia que hayas tenido después de ellos será tuya, y serán mencionados en la herencia junto al nombre de sus hermanos. 7Cuando yo venía de Padán, Raquel se me murió en tierra de Canaán, en el camino, un trecho antes de llegar a Efrata, y allí le di sepultura, en el camino de Efrata, es decir, de Belén (Génesis 48, 1-7).

48, 5   Efraím y Manasés

El apostolado de Pablo es análogo al de la décimotercera tribu. Sus palabras: "Tus dos hijos, los nacidos en Egipto antes que yo viniera a Egipto a estar contigo, son míos. Efraím y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón. En cambio, la descendencia que hayas tenido después será tuya", significan lo siguiente: como quiera que eran doce los hijos de Jacob, de los que precisamente nacieron las doce tribus, a los hijos de José los distribuyó en dos tribus, de lo que resultaron trece tribus, pues la tribu de José fue dividida entre sus dos hijos. Y esto está relacionado con el apóstol Pablo, que hacía el número trece después de los apóstoles, pues fue elegido, efectivamente, entre el número de las tribus, se le incluyó en la lista, y así fue enviado como apóstol de los gentiles. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 11.

Pablo es elegido posteriormente. Corría José a recibir la bendición. Y presentó a sus hijos Manasés y Efraím, a los que bendijo Jacob. Los bendijo porque, como tenía doce hijos y el decimotercer apóstol, elegido después, sería Pablo, así quedaba bendecida en sus dos ramas una decimotercera tribu, descendiente de Manasés y Efraím. De esta forma Pablo no sería excluido del número de las tribus de los patriarcas. Y el sublime predicador del Antiguo y del Nuevo Testamento podría probar fácilmente que había heredado la bendición paterna. Ambrosio, Sobre los patriarcas, 1, 2.

Jacob abraza a los hijos de José como suyos. Nosotros, "los últimos" hemos sido hechos "los primeros" por la fe, y el pueblo de los gentiles heredó la gloria del primogénito; fue honrado gracias a su sumisión y docilidad; Cristo en persona lo aseguró de ellos diciendo: "Un pueblo al que no conocí me sirvió, al oír hablar me obedeció". Aunque hemos nacido como de una madre ajena porque la Iglesia ha sido llamada de entre pueblos distintos, Cristo nos basta como mediador para unirnos a Dios Padre, para adscribirnos a la suerte de los santos, para elevarnos a la gloria propia de ellos y para declarar que somos un linaje santo. Pero observa cómo por amor al bienaventurado José, Jacob coloca a los hijos de José junto a los suyos. También nosotros hemos sido amados en Cristo y, puesto que por Él hemos nacido en el Espíritu al nacimiento espiritual, hemos sido considerados dignos de ser recibidos por el Padre, como ya se dijo antes, y hemos sido agregados a los santos que nos precedieron. Ahora bien, si hemos sido llamados hijos de Dios Padre, debemos también estar bajo el poder del que nos atrajo y nos unió a sí, es decir, a Cristo. Observa cómo el dichoso Jacob, después de haber recibido de entre sus hijos a Efraím y Manasés, dice: "Los hijos que tengas, serán tuyos". Ves pues que si somos llamados hijos de Dios Padre, no menos lo seremos de Cristo. Y esto es lo que dice dirigiéndose al Padre, según creo: "Los que me diste del mundo eran tuyos, y tú me los has dado y soy glorificado en ellos". Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 6, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testameto, Tomo 2,  p. 419-420
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los últimos días de Jacob


27Israel se estableció en el país de Egipto, en la región de Gosen. Allí arraigaron, crecieron y se multiplicaron mucho. 28Jacob vivió en el país de Egipto dicisiete años, y el total de los años de vida de Jacob fue ciento cuarenta y siete años.
   29Cuando los días de Israel tocaban a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: "Si he hallado gracia ante ti, por favor, pon la mano bajo mi muslo, y jura que actuarás conmigo con misericordia y fidelidad; no me entierres en Egipto 30cuando descanse con mis padres, sino sácame de Egipto y entiérrame en el sepulcro". José respondió: "Lo haré según tu palabra". 31Jacob insistió: "Júramelo". Y se lo juró. Entonces Israel se dejó caer sobre la cabecera de la cama. (Génesis 47, 27-31).

La petición de Jacob de no ser enterrado en Egipto sirve como de punto de partida para reflexionar sobre el hecho de que para los cristianos sólo morir en pecado constituye la verdadera muerte en el exilio (Crisóstomo).

47, 27  Isreael se estableció en Gosen

Veamos ahora lo que dice Moisés: "Israel habitó en Egipto, en el país de Gosen". Gosen significa proximidad o cercanía. Ello indica que, aunque Israel habita en Egipto, no está lejos de Dios, sino que le es cercano y está unido a Él, como Él mismo dice: "Bajaré contigo a Egipto y estaré contigo".
   Luego nosotros, aunque parezca que hemos bajado a Egipto, aunque por nuestra condición carnal sostengamos las luchas y combates de este mundo, aunque habitemos entre los que son esclavos del faraón, sin embargo, si nos mantenemos cerca de Dios, si nos dedicamos a la meditación de sus mandamientos y buscamos "sus preceptos y sus juicios" -pues esto es estar siempre cerca de Dios, pensar en las cosas de Dios, "buscar las cosas de Dios"-, también Dios estará siempre con nosotros, por Cristo Jesús, nuestro Señor, "al cual es la gloria por los siglos de los siglos. Amén". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 16, 7.

47, 29   No me entierres en Egipto

Muchos hombres mezquinos, cuando les exhortamos a no dar gran importancia al funeral y a no pensar que es un asunto urgente el trasladar los restos de los muertos del extranjero a su patria, nos traen a colación esta historia dicendo que el patriarca estaba muy preocupado por ello. En primer lugar, como dije antes, hay que considerar que el sentir de entonces, cuando Jacob hacía su súplica, no era como el de hoy. En segundo lugar, el justo varón no deseaba que se hicieran así las cosas sin motivo, sino para darles un atisbo de felices esperanzas, es decir, para indicar que ellos volverían un día, mucho más tarde, a la tierra prometida... Como prueba de que a los ojos de la fe estaban haciéndose visibles los hechos futuros, óyelo de quien ya habla de la muerte como de un sueño. Porque dice Jacob: "Me acostaré com mis padres". Por eso afirma: "Por la fe han muerto todos éstos sin haber obtenido las promesas, aunque las conocían desde hacía tiempo y habían creído en ellas". ¿Cómo? A los ojos de la fe. Nadie, por tanto, crea que esta disposición de Jacob fue producto de la mezquinidad, sino que lo hizo en el momento propicio como premonición de un futuro retorno. Absuelve, pues, al justo varón de toda culpa.
   Ahora que hemos profundizado en nuestros valores después de la venida de Cristo, sería natural censurar a quien se preocupa de cosas como la sepultura. Pues nadie debe pensar que es una desventura si uno fallece en tierra extranjera o si deja esta vida en soledad. Tal hombre no se debe considerar desafortunado, sino más bien el que muere en pecado, aunque muera en su lecho, aunque sea en su casa y aunque deje esta vida rodeados de sus familiares...
   Que, efectivamente, nada perjudica al hombre bueno has de aprenderlo en el ejemplo de la mayoría de los santos, me refiero a los profetas y a los apóstoles, pues, a excepción de unos pocos, no sabemos donde fueron sepultados. Porque a unos los decapitaron, otros fueron apedreados y dejarón así este mundo, y otros entregaron sus vidas en medio de innumerables y variados suplicios a causa de su piedad, todos mártires por Cristo. Y nadie osaría decir de hombres semejantes que tuvieron una muerte deshonrosa, sino que estará de acuerdo con la Sagrada Escritura cuando dice: "Honorable a los ojos de Señor es la muerte de sus santos". E igual que llamó "honorable" a la muerte de los santos, así oye también cómo llama "vil" a la muerte de los pecadores. "Porque la muerte de los pecadores es vil"... Por tanto, aunque uno deje esta vida en su casa, con su mujer y sus hijos al lado, presente de los parientes y conocidos, si resulta que carece de virtud, la suya será una muerte vil... En cambio, aunque haya caído entre ladrones, aunque sea pasto de alimañas, aquel que posee virtud, tendrá una muerte honorable. Dime, entonces: ¿el hijo de Zacarías no fue decapitado? ¿Esteban, coronado como el primero de los mártires, no fue lapidado y perdió de este modo la vida? ¿Pablo y Pedro, no fue uno decapitado mientras que el otro sufrió boca abajo el castigo de la cruz, pasando así a la otra vida? ¿No son por eso especialmente celebrados y alabados en todas partes del mundo?
   Reflexionando todas estas cosas, no nos compadezcamos de los que mueren en el extranjero ni llamemos dichosos a quienes dejaron esta vida hallándose en casa. Antes bien, siguiendo la norma de la Sagrada Escritura, consideremos bienaventurados a los que vivieron virtuosamente y así pasaron a la otra vida, y compadezcámonos de quienes murieron en pecado... Por eso, considerando estas cosas, hemos de ocuparnos de la virtud y contender en esta vida como en un pugilato para que, una vez terminado el espectáculo, podamos ceñirnos la corona resplandeciente y no tengamos que arrepentirnos de nuestra insensatez. Durante el tiempo que dura la contienda, efectivamente, es posible, si queremos, librarnos de nuestra indolencia y consagrarnos a la virtud para poder alcanzar las coronas que nos están reservadas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 66, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 416-418
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodrígez

Hambre en Egipto


13No había pan en toda la tierra porque el hambre era rigurosa y tanto el país de Egipto como el país de Canaán estaban asolados por el hambre. 14José se hizo con todo el dinero que había en el país de Egipto y en el país de Canaán a cambio del grano que le compraban, y reunió todo el dinero en casa del faraón.
   15Pero se agotó el dinero en el país de Egipto y en el país de Canaán, y acudieron todos los egipcios a José diciéndole: "Danos pan, ¿o es que vamos a morir delante de ti porque falte el dinero?". 16Les respondió José: "Entregad vuestro ganado, y os daré pan a cambio de vuestro ganado si os falta dinero". 17Traían su ganado a José y éste les daba pan a cambio de caballos, de rebaños de ganado mayor y menor, y de asnos; y durante aquel año les proveyó de pan a cambio de todo su ganado. 18Pasó aquel año, y al año siguiente acudieron a él los egipcios y le dijeron: "No vamos a ocultar a mi señor que se acabó el dinero, y los rebaños de animales han pasado a ser de mi señor; no queda ante mi señor sino nuestras personas y nuestros campos. 19¿Es que vamos a morir ante tus ojos, nosotros y nuestros campos? Compra nuestras personas y nuestros campos a cambio de pan, y seremos nosotros y nuestros campos esclavos del faraón; danos semilla y podremos vivir; así no moriremos y nuestros campos no quedarán yermos".
   20Así compró José para el faraón toda la tierra de Egipto, pues cada uno de los egipcios vendió su campo porque arreciaba el hambre sobre ellos. El país vino a ser propiedad del faraón, 21y el pueblo le quedó sometido a esclavitud, desde un extremo a otro de las fronteras de Egipto. 22Solamente dejó de comprar las tierras de los sacerdotes, porque tenían una renta del faraón y comían de la renta que les pasaba el faraón; por eso no vendieron sus campos. 23José dijo a la gente: "Hoy os he adquirido a vosotros y a vuestras tierras para el faraón; ahí tenéis simiente para sembrar la tierra. 24Cuando lleguen las cosechas, entregaréis la quinta parte al faraón, y tendréis cuatro partes para simiente de los campos, para alimento vuestro y de quienes haya en vuestras casas, y para comida de los niños". 25Ellos respondieron: "Nos has salvado la vida; que encontremos favor ante mi señor; seremos esclavos del faraón". 26Entonces José estableció la ley sobre el campo de Egipto, vigente hasta el día de hoy, de que la quinta parte es para el faraón, a excepción únicamente de las tierras de los sacedotes, que no pasaron a ser propiedad del faraón. (Génesis 47, 13-26).

47, 20   Compró José para el faraón toda la tierra de Egipto

Me parece que también en esta frase se encierra un reproche contra los egipcios, pues no es fácil que de los hebreos oigas decir que el hambre los venció; porque, aunque está escrito que "el hambre abrumó al país", no se dice, sin embargo, que el hambre haya vencido a Jacob y a sus hijos como se dice de los egipcios que el hambre los venció. En efecto, aunque el hambre alcance también a los justos, no los vence. Por eso se glorían incluso en ella, como hace Pablo, que de buena gana, se alegra en este género de tribulaciones cuando dice: "En el hambre y en la sed, en el frío y en la desnudez". Luego lo que para los justos es ejercicio de virtud, para los injustos es castigo de pecado.
   Finalmente, también está escrito que en tiempo de Abrahán "hubo hambre en la tierra y Abrahán bajó a Egipto para habitar allí, porque el hambre abrumaba el país". Si, como piensan algunos, la divina Escritura se expresase en un lenguaje negligente y descuidado, habría podido decir que Abrahán bajó a Egipto para habitar allí, porque el hambre le abrumaba a él. Pero observa con qué gran precisión y cautela se expresa la palabra divina. Cuando habla de los santos dice que el "hambre abrumaba el país"; cuando habla de los injustos dice que el hambre los abrumaba a ellos mismos. Por tanto, el hambre no abruma a Abrahán, ni a Jacob, ni a sus hijos, sino que, si abruma, se dice que abruma al país. Así mismo, está escrito que en la época de Isaac "hubo hambre en el país, a parte de aquella primera hambre que tuvo lugar en tiempos de Abrahán". Ahora bien, esta hambre a penas puede afectar a Isaac; tanto es así que el Señor le dice: "No bajes a Egipto, sino habita en la tierra que yo te mostraré, habita en ella y yo estaré contigo".
   Según esta observación, pienso yo, decía el profeta mucho tiempo después: "Fui joven y ahora viejo, y no he visto al justo abandonado ni a su posteridad mendigando el pan". Y en otro lugar: "El Señor no hará morir de hambre al justo". Todos estos textos muestran claramente que pueden padecer hambre la tierra y "los que gustan de las cosas terrenas", pero aquellos cuyo alimento es "hacer la voluntad del Padre que está en los cielos" y cuya alma se nutre de aquel "pan que ha bajado del cielo", no pueden nunca sufrir las privaciones del hambre.
   Por eso, la divina Escritura, atentamente, no emplea la expresión "estar abrumados por el hambre" para quienes, según su conocimiento, poseen la ciencia de Dios y reciben el alimento de la sabiduría celeste. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 16, 3.

47, 21   El pueblo le quedó sometido a esclavitud

Según el testimonio de la Escritura, ningún egipcio era libre, pues el faraón redujo el pueblo a la esclavitud y no dejó a nadie libre dentro de los confines de Egipto, sino que suprimió la libertad en todo el país de Egipto. Por eso, sin duda, escribió: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó del país de Egipto, de la casa de la esclavitud". Egipto, por tanto, llegó a ser la casa de la esclavitud y, lo que es más desgraciado, de la esclavitud voluntaria.
   En efecto, cuando se refiere de los hebreos que fueron reducidos a la esclavitud y que, privados de la libertad, tuvieron que soportar el yugo de la tiranía, se recuerda también que fueron conducidos a esa situación violentamente. Pues está escrito: "Los egipcios detestaban a los hijos de Israel, y los egipcios oprimían violentamente con su poder a los hijos de Israel y les amargaban la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos con toda suerte de labores del campo, con las que los reducían a esclavitud por la fuerza". Repara, por tanto, en lo que está escrito: los hebreos fueron reducidos a esclavitud por la fuerza; ellos poseían, en efecto, una libertad natural que no les podía ser arrebatada fácilmente mediante engaño, sino sólo con violencia. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 16, 1.

47, 24   Entregaréis la quinta parte al faraón

Ahora, si os parece bien, compararemos al pueblo egipcio con el pueblo israelita.
   Se dice, en efecto, en lo que sigue, que, después del hambre y de la esclavitud, el pueblo egipcio ofrece "la quinta parte al faraón"; por contra, el pueblo israelita ofrece la décima parte a los sacerdotes. Advierte que también en esto la divina Escritura se apoya en argumento de peso. El pueblo egipcio paga los tributos según el número cinco, indicando así los cinco sentidos del cuerpo a los que sirve el pueblo carnal, pues los egipcios se complacen siempre en las cosas visibles y corpóreas. El pueblo israelita, en cambio, honra la década, número de la perfección, pues recibió las diez palabras de la Ley y, ligado por la virtud del decálogo, acogió, gracias a la liberalidad divina, misterios ignorados de este mundo. Pero también en el Nuevo Testamento la década es igualmente venerable. Así, el fruto del espíritu germina en diez virtudes y el siervo fiel ofrece al Señor diez minas como producto de su negociación y recibe el mando sobre diez ciudades...
   Esa es la diferencia entre el pueblo de los egipcios y el pueblo de Israel... Si eres todavía esclavo de los sentidos carnales, si todavía pagas los impuestos según el número cinco y miras a las cosas visibles y temporales y no a las invisibles y eternas, reconócete el pueblo egipcio; pero si tienes siempre ante los ojos el decálogo de la Ley y la década del Nuevo Testamento, de la que acabamos de hablar, y de éstos ofreces los diezmos, si inmolas con espíritu de fe los primogénitos de tu pensamiento al "primogénito de entre los muertos" y presentas tus primicias al que es "primicia de todo", eres un verdadero israelita, en el que no hay engaño. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 16, 6.

47, 26   Las tierras de los sacerdotes

¿Quieres saber, finalmente, qué diferencia hay entre los sacerdotes de Dios y los sacerdotes del faraón? El faraón dona las tierras a sus sacerdotes; el Señor, en cambio, no dona a sus sacerdotes porción alguna en la tierra, sino que les dice: "Yo soy vuestra porción". Por tanto, vosotros, que leéis estos textos, considerad a todos los sacerdotes del Señor y mirad en qué se distinguen: los que tienen su porción en la tierra y se ocupan de cuidados y negocios terrenos parecen más sacerdotes del faraón que del Señor. Porque es el faraón el que quiere que sus sacerdotes posean tierras y se apliquen al cultivo del suelo y no del alma y se consagren al campo y no a la ley. Escuchemos, por contra, lo que manda Cristo, nuestro Señor, a sus sacerdotes: "El que no renuncia a todas sus posesiones, no puede ser discípulo mío".
   Yo tiemblo al decir esto, pues en primer lugar me estoy acusando a mí mismo, yo mismo pronuncio mi propia condena. Cristo niega que sea su discípulo aquel al que ve poseyendo algo y aquel que no "renuncia a todas sus posesiones". ¿Y qué hacemos nosotros? ¿Cómo podemos leer o explicar estas cosas al pueblo nosotros, que no sólo no renunciamos a lo que poseemos, sino que queremos procurarnos también aquello que no hemos tenido nunca antes de venir a Cristo? ¿Podemos acaso esconder y no proclamar lo que está escrito porque la conciencia nos remuerda? No quiero hacerme culpable de doble delito. Confieso, y lo confieso abiertamente delante del pueblo que escucha, que estas cosas están escritas, aunque reconozco que yo no las he cumplido aún. Pero, advertidos de esto al menos, apresurémonos a cumplirlas y a pasar de los sacerdotes del faraón, cuya posesión es terrena, a los sacerdotes del Señor, cuya porción no está en la tierra, cuya "porción es el Señor". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 16, 5.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 411-415
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

José instala a su padre y a sus hermanos en Egipto


1Fue José y dio al faraón la noticia: "Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, vacas y todo lo que poseen han llegado del país de Canaán y están ahora en la región de Gosen". 2Y de entre todos sus hermanos eligió cinco hombres y se los presentó al faraón. 3El faraón les preguntó: "¿Cuál es vuestra ocupación?". Ellos respondieron al faraón: "Nosotros tus siervos somos pastores de ovejas, lo mismo que nuestros padres". 4Y añadieron: "Hemos venido a habitar en el país, porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, ya que es rigurosa el hambre en el país de Canaán. Ahora, permite que tus siervos se insatlen en la región de Gosen". 5Habló el faraón a José diciéndole: "Tu padre y tus hermanos han venido a ti; 6el país de Egipto está a tu disposición; instala en lo mejor del país a tu padre y a tus hermanos. Que se establezcan en la región de Gosen; y si sabes que hay entre ellos hombres expertos, ponlos de mayorales al frente de mi ganado".
   7José hizo venir a su padre Jacob y lo presentó al faraón. Jacob bendijo al faraón, 8y el faraón preguntó a Jacob: "¿Cuántos son los años de tu vida?". 9Respondió Jacob al faraón: "Ciento treinta son los años de mi peregrinar. Pocos y malos han sido los años de mi vida, y no llegan a los años de vida de mis padres en su peregrinar". 10Jacob bendijo al faraón y salió de su presencia. 11José instaló a sus padre y a sus hermanos, y les otorgó propiedades en el país de Egipto, en lo mejor del país, en la región de Ramsés, como había ordenado el faraón. 12Además, él mismo proveyó de alimento a su padre, a sus hermanos y a toda la familia de su padre, según el número de descendientes. (Génesis 47, 1-12).

47, 8   ¿Cuántos son los años de tu vida?

La vida es un peregrinar. Como vio que el anciano se encontraba en la más extrema vejez, le preguntó cuántos años tenía. Jacob contestó: "Los años de mi peregrinar en la tierra". Mira cómo todos los hombres justos se hallan en esta vida como si la pasaran siendo peregrinos. En efecto, escucha más tarde a David cuando afirma: "Porque extranjero soy yo en la tierra y estoy de paso" Y Jacob dice: "Los años de mi peregrinar en la tierra". Por eso también Pablo decía acerca de estos hombres justos: "reconocían que eran extranjeros y gente de paso en la tierra". Dice Jacob: "Los años de mi peregrinar en la tierra son ciento treinta; pocos y malos han sido, y no llegaron a los años de vida de mis padres". Se refiere aquí a los años de servidumbre que padeció bajo Labán a consecuencia de su huida por causa de su hermano. Luego, tras la vuelta de allí, la pena tan larga que tuvo por la muerte de José, y las demás desgracias ocurridas entre tanto. ¿Cuánto miedo crees que Jacob tendría cuando los de Simeón y Leví destruyeron, para vengar a su hermana, una ciudad con todos sus habitantes y tomaron cautivos a todos en Siquem? En efecto, decía Jacob entonces para manifestar la congoja en la que se hallaba: "Me habéis hecho odioso hasta ponerme a malas con los habitantes del país. Yo dispongo de pocos hombres; si ellos se juntan contra mí, me golpearán y seré aniquilado yo y mi casa". Por eso dice: "Pocos y malos han sido los años de mi vida". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 65, 3.

47, 11   José instaló a su padre... en la región de Ramsés

Y además añadiremos a esto lo siguiente: que José fue reconocido por Benjamín y sus hermanos, que habían llegado hasta él, y los consideró dignos de sentarlos a su mesa, como hemos dicho antes. Sin embargo no les dio ningún regalo, únicamente les mandó que deberían volver trayendo consigo a su padre, me refiero a Jacob. Cuando llegó y lo vio ya presente junto con sus hijos, entonces, sólo entonces, les asignó la mejor tierra de todas. Esta narración puede ser una señal clara de que Cristo, al final de los tiempos de este mundo, recibirá a los israelitas que vuelvan, evidentemente cuando estén de acuerdo con el nuevo pueblo, que está simbolizado como he dicho, en Benjamín. Por lo demás, la herencia, esperamos, no se nos dará separadamente de los santos padres. Del mismo modo que aquellos que murieron en la fe, como dice sabiamente Pablo, "no recibieron lo que les había prometido al haber dispuesto Dios algo mejor, para que no llegarán a la perfección sin nosotros", así también nosotros aguardamos a los padres para no llegar a la perfección sin ellos. Así pues, junto a los santos padres, los primeros, los de en medio y los del pueblo último, recibiremos en Cristo la herencia del reino de los cielos, la mejor y la que no ha sido hecha por manos humanas. Por Él y con Él al Dios y Padre la gloria junto con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Inscripciones sobre el Pentateuco, 6, 2.

47, 12   Proveyó de alimento a su padre

"José racionó la comida por cabeza", dice el texto. ¿Qué quiere decir "por cabeza"? Lo suficiente para cada uno de ellos. Y es que la Escritura acostumbra a referirse a cada persona a veces como un alma y a veces como un cuerpo. Y como decía más arriba: "Jacob bajó a Egipto con setenta y cinco almas", queriendo decir con setenta y cinco varones y mujeres, así también en este caso "por cabeza" significa "a cada persona". Y aunque todo Egipto y Canaán estaban devastadas por el hambre, éstos se hallaban en la abundancia, pues tenían trigo manando como de una fuente. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 65, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 409-411
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez