Los hermanos preparan el encuentro con José


16Cuando José vio con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: "Haz entrar a estos hombres en casa, mata a algún animal y prepáralo, pues ellos van a comer conmigo a mediodía". 17El hombre hizo lo que le había mandado José e introdujo a aquellos hombres en casa de José. 18Ellos sintieron miedo al ser introducidos en casa de José, y decían: "Nos meten aquí por lo del dinero devuelto en nuestros sacos la otra vez, para acosarnos, caer sobre nosotros y llevarnos como esclavos con nuestros asnos". 19Se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la puerta de la casa, 20diciéndole: "Escúchanos, por favor, señor; ya bajamos otra vez a comprar alimento, 21y sucedió que al llegar al lugar donde pernoctamos y abrir nuestros sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de su saco, todo nuestro dinero en su justo peso, y queremos devolverlo personalmente. 22Hemos traído, además, otro dinero para comprar alimento. No sabemos quién metió nuestro dinero en los sacos". 23Él respondió: "Quedaos en paz, no temáis; vuestro Dios, el Dios de vuestros padres, os puso un tesoro en los sacos, pues vuestro dinero me llegó a mí". Entonces sacó a Simeón con ellos. 24Les introdujo en casa de José, les trajo agua para lavarse los pies, y echó pienso a los asnos. 25Ellos prepararon los regalos antes de que llegase José a mediodía, pues oyeron que iban a comer allí. (Génesis 43, 16-25).

43, 18   Para... llevarnos como esclavos

Cuando vieron que los siervos de José se apresuraban a desatar sus monturas y a meter su equipaje, se dijeron con amargura: "Hemos privado a nuestro padre de Benjamín, y no volveremos a ver el rostro de nuestro padre. El dinero fue colocado con malicia en la abertura de nuestros equipajes para que, aunque nos libremos [de la acusación] de espionaje, nos cojan y nos hagan esclavos por [la acusación] de hurto. Confesemos ante el mayordomo el [asunto] del dinero antes de que comience a acusarnos, para que nuestro hermano Benjamín quede libre de [la acusación] de espionaje y la confesión de nuestros labios [nos libre de la acusación] de robo. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 4.

43, 19   Se acercaron al mayordomo de José

Se acercaron al mayordomo de José y le dijeron: "Cuando volvimos la primera vez abrimos nuestros equipajes, y había dinero de alguien en su abertura. Ahora te lo devolvemos, pues no es justo que tomemos el dinero del grano junto con el grano". Pero cuando [el mayordomo] vio el miedo que tenían, los consoló y les dijo: Estad tranquilos, no temáis. No es por el dinero recibido por lo que os traemos a esta casa. La verdad que se encuentra en vosotros nos ha hecho esperaros con ansia. No vais a ser juzgados por algo que no habéis robado. Habéis sido invitados a sentaros y a hablar libremente ante [José], pues nuestro señor es justo y, por este honor que os ha reservado en esta segunda ocasión, él quiere haceros olvidar la desgracia que os asaltó la primera vez. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 5.

Prefirieron ser justificados por las obras. Y se acercaron al mayordomo. Querían presentar su petición en la puerta. Todavía tienen dudas de entrar y prefieren ser justificados por sus obras, pues quieren dar razones más que recibir la gracia, y por eso se quedan en la puerta. Sin embargo el que espera el fruto del seno de la Virgen y la herencia del Señor, comercia con los bienes del Hijo. No se queda avergonzado en la puerta, sino que, al dejar esta vida, rechaza al enemigo para que éste, consciente de sus culpas aún más graves, no ponga un obstáculo al que se acerca al cielo. Por tanto, el mayordomo le responde de modo místico. Y debes saber de quién se trata cuando leas que Moisés era fiel a toda su casa. Los mayordomos son Moisés, Pedro, Pablo y todos los santos. Sólo Cristo es el Señor. Está escrito que Moisés fue fiel a toda su casa como servidor para atestiguar lo que fue dicho. Sin embargo, Cristo está como Hijo en su casa, que somos nosotros, si mantenemos la libertad y la gloria de la esperanza. Ambrosio, Sobre José, 9, 48.

43, 23   El Dios de vuestros padres

Cristo es el don de la alegría. Ellos dijeron: "El dinero de cada uno estaba en la boca de su saco. Hemos traído nuestro dinero en su justo peso". ¡Oh gran misterio, visto con toda evidencia! Es como decir: ¿por qué estáis sorprendidos? ¿Vosotros pensáis que el dinero que tenéis en los sacos es vuestro? ¿Que tenéis que no hayáis recibido? Y si lo recibisteis, ¿de qué os gloriáis? Ya habéis quitado el hambre, habéis sido hechos ricos, pues creéis que tenéis dinero, pero el Dios de vuestros padres os ha dado el dinero. El Dios vuestro es el Dios de vuestros padres, a quien habéis negado. Pero es un Dios que comprende y perdona, que os recibe si volvéis a Él. El mismo que no quiere vuestro dinero es quien os da el suyo. Él puso el dinero en vuestros sacos que estaban llenos de lodo. Es vuestro compañero el que dice: has despedazado mi saco y me has vestido de alegría. El don de la alegría es Cristo. Él es vuestro dinero; Él es vuestro precio. Ambrosio, Sobre José. 9, 50.

43, 25   Ellos prepararon los regalos  

El mediodía simboliza la luz óptima de la justicia. "Preparaon los regalos antes que entrase José al mediodia". La fe de Pablo aceleró el mediodía. Antes era ciego, después comenzó a ver la luz de la justicia, porque si uno abre al Señor su camino y espera en Él, también el Señor levantará su justicia como la luz, y su juicio como el mediodia. Y cuando Dios se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré era mediodia, y resplandecía la luz eterna por la presencia del Señor. Es mediodia cuando el verdadero José entra en su casa para almorzar. En efecto, el día brilla más cuando celebramos los sagrados misterios. Ambrosio, Sobre José, 10, 52.  

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 377-379
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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