La familia de Jacob



8Estos son los nombres de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, de Jacob y de sus hijos: Rubén, primogénito de Jacob, 9y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. 10Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea. 11Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí. 12Hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres, Zéraj; Er y Onán habían muerto en el país de Canaán. Los hijos de Peres fueron: Jesrón y Jamul. 13Hijos de Isacar: Tolá, Puá, Job y Simrón. 14Hijos de Zabulón: Séred, Elón y Yajleel. 15Estos fueron los hijos que Lía dio a Jacob en Padán-Aram, además de su hija Dina. En total, entre sus hijos e hijas, treinta y tres personas. 16Hijos de Gad: Sefón, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arod y Arelí. 17Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá, y Séraj, hermana de éstos. Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel. 18Éstos son los hijos que dio a Jacob Zilpá, la esclava que Labán regaló a su hija Lía: dieciséis personas. 19Hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín. 20A José le nacieron en el país de Egipto Manasés y Efraím, los hijos que le dio Asenat, hija de Poti-Fera, sacerdote de On. 21Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupim, Jupim y Ared. 22Éstos son los hijos que Raquel dio a Jacob; en total, catorce personas. 23Hijos de Dan: Jusim. 24Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Silem. 25Éstos son los hijos que dio a Jacon Bilhá la esclava que Labán regaló a su hija Raquel: en total, siete personas. 26El total de personas que entraron con Jacob a Egipto, las nacidas de él, sin contar las mujeres de sus hijos, fueron sesenta y seis; 27más los dos hijos de José, que le nacieron en Egipto, hacen  de la familia de Jacob que entró a Egipto un total de setenta personas. (Génesis 46, 8-27).

46, 27   Un total de setenta personas

Bajaron a Egipto un total de setenta y cinco personas, como está escrito. Este número significa el perdón. Pues serían tenidos como indignos después de tanta dureza de corazón y de tan gran pecado si no se les hubiese concedido el perdón de sus pecados. Judá, que es la confesión del error, va al encuentro de José. El pueblo hebreo, que está por llegar, lo manda a preanunciarlo. Por esto, el verdadero José, árbitro e intérprete de la divinidad, sale a su encuentro, porque la confesión ya precedió a los que la perfidia tenía aprisionados. Cristo es el intérprete de la divinidad, porque: "A Dios nadie lo ha visto jamás; el Dios Unigénito, el que está en el seno del Padre, Él mismo lo dio a conocer. Él también salvará en los últimos tiempos al pueblo judío, ya viejo y cansado, no por sus méritos, sino por la elección de su gracia, y le impondrá las manos sobre los ojos para quitarle la ceguera. Le retrasa su salvación para que al fin crea el que antes no juzgó que habría de creer, y perdiera la soberbia de la primera elección. Por eso el Apóstol dice: "La ceguera de Israel fue parcial, hasta que entrara la plenitud de los gentiles y así todo Israel se salve". Los hechos de los patriarcas son símbolos de eventos futuros. El mismo Jacob dice a sus hijos: "Reuníos, que voy a anunciaros lo que os sucederá en los días venideros. Juntaos y escuchad, hijos de Jacob, escuchad a vuestro padre Israel". Ambrosio, Sobre José, 14, 84.

Jacob y Simeón se van en paz. Jacob descendió a Egipto con setenta y cinco personas y su hijo José vino a su encuentro. Cuando Jacob lo vio, le dijo: "Te veo, hijo, ya puedo morir en paz". También se puede encontrar algo parecido a la historia de nuestro José [es decir, Cristo]. Cuando Simeón, ese venerable anciano, que era padre por edad, aunque no lo fuera por generación de hijos, vio a Cristo, por el que todavía estaba en este mundo, como si fuera otro Egipto, a pesar de su decrepitud, exclamó: "Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto tu salvación". Según el número de personas [llegadas a Egipto con Jacob], también el salmo setenta y cinco de David dice: "Dios es conocido en Judea, mientras que en Israel su nombre es grande". Puesto que Israel significa "el que ve a Dios", es necesario que todo hombre iluminado por la gracia, judío o griego, sea liberado de la esclavitud de Egipto, aunque el faraón, el diablo, lo oprima con su pesado yugo. Quodvultdeo, Libro de las promesas y predicciones de Dios, 1, 32, 44.

Maravillas ante la providencia de Dios. ¿Por qué motivo la Sagrada Escritura nos indica el número con precisión? Para que podamos saber cómo llega a realizarse la predicción de Dios cuando dice: "Allí os convertiré en una gran nación". En efecto, de estas setenta y cinco personas, el pueblo de Israel creció hasta seiscientos mil. ¿Ves como no es en vano ni sin razón que nos enseñe el número de los que bajaron a Egipto? El fin era hacernos saber que de unos pocos surgió un gran número, para que no desconfiáramos de las promesas de Dios. Cuando pienses que tras la muerte de Jacob y de José, aún sirviéndose el rey de Egipto de tanto ingenio para reducirlos a un corto número y que no creciera su población, ni así pudo, sino que de esa manera aumentó todavía más y creció, asómbrate y siente espanto de la providencia de Dios, porque es imposible que jamás falle lo que Él se propone, aunque otros maquinen mil argucias. Juan Crisóstomos, Homilías sobre el Génesis, 65, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testameto, Tomo 2,  p. 405-407
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

1 Comentario:

Anónimo dijo...

quisiera saber de una figura sobre exodo 1, 1-5

Publicar un comentario