Judá intercede por su padre y José se da a conocer a sus hermanos


18Judá se le acercó y le dijo: "Te suplico, mi señor, que permitas a tu siervo decir una palabra a oídos de mi señor; y no se excite tu ira contra tu siervo, pues eres como el faraón"...
   45-1José ya no podía contenerse ante todos sus asistentes y ordenó: "Salid todos de mi presencia". Y no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos. 2Al llorar levantó la voz, y lo oyeron los egipcios y la casa del faraón. 3José dijo a sus hermanos: "Yo soy José; ¿vive aún mi padre?". Sus hermanos no podían responderle, porque quedaron aterrados ante él.
   4Entonces José dijo a sus hermanos: "Acercaos a mí". Se acercaron y les dijo: "Yo soy José, vuestro hermano, el que vendistéis a los egipcios; 5pero ahora no os preocupéis, no os parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió por delante para vuestra salvación. 6Llevamos dos años de hambre dentro del país y todavía quedan cinco años en los que no habrá ni siembra ni siega. 7Dios me envió delante de vosotros para aseguraros la subsistencia en la tierra, y conservaros la vida mediante una gran liberación. 8No me enviastéis, por tanto, vosotros aquí, sino que es Dios quien me ha puesto como un padre para el faraón, como señor de toda su casa, y como gobernador de todo el país de Egipto. 9Daos prisa, subid a donde está mi padre y decidle: "Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho Señor de todo Egipto, baja a donde estoy yo, sin detenerte; 10te instalarás en la región de Gosen, vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos; tu ganado mayor y menor, y todo lo que posees". 12Estáis viendo con vuestros propios ojos, y también lo ve mi hermano Benjamín, que os hablo yo personalmente. 13Contadle a mi padre toda mi gloria en Egipto y todo lo que habéis visto, y daos prisa en bajar aquí con mi padre". 14Luego se hechó al cuello de su hermano Benjamín y rompió a llorar; Benjamín lloró también abrazado a él. 15Besó José a todos sus hermanos y lloró abrazado a ellos. Después de esto sus hermanos comenzaron a hablarle. (Génesis 44, 18-45, 15).

45, 3   Yo soy José

Mandó salir a todos para darse a conocer a sus hermanos. Pues el mismo Jesús enseñó que había venido para salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y llorando dijo José: "Yo soy José; ¿vive aún mi padre?" Lo que quiere decir: extendió sus manos al pueblo infiel y perseguidor, que no buscaba el anuncio del testamento, pero el mismo Señor quería salvar a su pueblo. El que decía: "Yo soy" es el mismo que dijo: "Aquí estoy" y "Me dejé encontrar por quienes no preguntaban, me hallaron los que no me buscaban". No es este "yo soy" lo mismo que contestó Jesús al ser interrogado por los príncipes de los judíos?: "Por tanto, ¿tú eres el hijo de Dios? Vosotros lo decís: Yo soy, les respondió". ¿O lo que contesta a Pilato: "Tú lo dices: Yo soy Rey: Para esto he nacido y para esto he venido"? También su respuesta al príncipe de los sacerdotes: "Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". "Tú lo has dicho -le respondió Jesús-. Además os digo que en adelante veréis al Hijo de Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo". Por lo tanto, esto es lo que significa el "Yo soy José" (yo tengo el poder divino). Ambrosio, Sobre José, 12, 67.

45, 4   Yo soy José, vuestro hermano

"Acercaos a mí", ya que yo me he acercado a vosotros hasta el punto de que me he hecho partícipe de vuestra naturaleza al asumir el cuerpo. No queráis apartaros del que comparte vuestra naturaleza, aunque desconozcaís al autor de la salvación.. "Se acercaron y les dijo: Yo soy José, vestro hermano, el que vendisteis a los egipcios; pero ahora no os preocupéis ni os parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió por delante para vuestra salvación". Cuán amable es la hermandad que excusa incluso del pecado fraticida, diciendo que ha sido la divina providencia, y no la impiedad humana, la que lo hizo, puesto que no fue entregado por los hombres a la muerte, sino enviado por el Señor para dar la vida. Semejante es la interseción de nuestro Señor Jesucristo, quien superando a todos los hermanos en piedad, imploró por el pueblo en la cruz: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen". Semejante el ejemplo de santidad ante sus discípulos... "Se llenaron de espanto y de miedo, pensando que veían un espíritu. Y les dijo: "¿Por qué os asustáis y por qué admitís esos pensamientos en vuestros corazones?" Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo". Ambrosio, Sobre José, 12, 68.

45, 9   Subid a donde está mi padre

Se expresan con las mismas palabras, para que veamos que es el mismo el que habla primero por José, y después Él en persona, puesto que usa las mismas expresiones. Primero les dijo: "No os preocupéis"; y ahora les manda: "Daos prisa, subid a donde está mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto". Y en el Evangelio dice: "No os asustéis. Id a decir a mis discípulos que vayan a Galilea: allí me verán". Y al final les dice: "Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra". O lo que es lo mismo: Ha sido voluntad de Dios que yo recibiera la potestad, no disposición de la dureza de los hombres. No importa el crimen que conduce al premio. Lo dicho en el Génesis: "Dios me envió delante de vosotros", se refiere a lo que dice el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Tal es el premio a la vida de los santos: salvar a otros. Y no en vano ha sido escrito en el Génesis: "Vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos". Lo mismo que se lee en el Evangelio: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Ambrosio, Sobre José, 12, 70.

45, 15   Besó José a todos sus hermanos

Habéis admirado la castidad de José; considerad ahora su benignidad. A cambio del odio, él devuelve amor; y al ver a sus hermanos -a sus hermanos enemigos-, y queriendo que lo reconocieran, dio testimonio de sentimientos de amor con piedad y dolor. Los besó uno a uno, y lloraba por cada uno; y bañando el cuerpo de los aterrados con llanto y lágrimas, lavaba con lágrimas de amor el odio de sus hermanos, a los que siempre amó, con el amor de su padre vivo y de su hermano muerto. No recordará que había sido arrojado a la cisterna para que muriera, no piensa que pusieron precio a su hermano, sino que, devolviendo bien por mal, ya entonces practicó los preceptos apostólicos, que todavía no se habían promulgado. El bienaventurado José, pensando en la dulzura del amor verdadero, con la ayuda de Dios procuró arrojar de su corazón el veneno de la envidia, del que sabía que sus hermanos habían sido heridos. Cesáreo de Arlés, Sermón, 90, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 390-393
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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