Jacob sale para Egipto


1Israel emprendió el viaje con todo lo que tenía; llegó a Berseba y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2Dios llamó a Israel en una aparición aquella noche: "¡Jacob, Jacob!". Éste contestó: "¡Aquí estoy!". 3Y le dijo: "Yo soy el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque te constituiré allí en un gran pueblo. 4Yo bajaré contigo a Egipto, y yo te haré también subir; y José te cerrará también los ojos. 5Jacob se puso en camino desde Berseba, y los hijos de Israel subieron a su padre Jacob, a los niños y a las mujeres en carros que había enviado el faraón para transportarle. 6Llevaron su ganado y las riquezas que habían hecho en el país de Canaán, y llegaron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él: 7sus hijos y sus nietos, y sus hijas y sus nietas; a toda su descendencia la llevó consigo a Egipto. (Génesis 46, 1-7).

46, 1   Ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac

Es lógico que se ponga en camino quien se acerca a Cristo. La fe procede de la devoción. Primero se puso en camino, después ofreció sacrificios. Porque está pronto a ofrecer sacrificios el que ha llegado al conocimiento de Dios. "Dios llamó a Israel en una aparición aquella noche: "¡Jacob, Jacob!". Éste contestó: ¡Aquí estoy!". Y le dijo: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque te constituiré allí en un gran pueblo. Yo bajaré contigo a Egipto y te guiaré para siempre". Ambrosio, Sobre José, 14, 81.

46, 3   Yo soy Dios, el Dios de tu padre

Después de esto, nos parece conveniente considerar y examinar lo que Dios dice en visión a Israel mismo y cómo lo envía a Egipto robusteciéndolo y exhortándolo como a quien parte hacia determinados combates. Dice, en efecto: "No temas bajar a Egipto", como si dijese: Cuando tengas que luchar "contra los principados, las potestades y los dominadores de este mundo de tinieblas" -que figuradamente es llamado Egipto-, no temas, no vaciles. Y si quieres saber el motivo por el que no debes temer, escucha mi promesa: "Allí haré de ti una gran nación; bajaré contigo a Egipto y al final yo mismo te haré volver de allí". Luego no teme bajar a Egipto, no teme afrontar las luchas de este mundo ni los combates de los demonios opositores aquel con el que Dios baja al combate. Escucha, por ejemplo, al Apóstol que dice: "He trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo". Y también en Jerusalén, tras haberse levantado una sedición contra él y después de haber sostenido un magnífico combate por la palabra y la predicación del Señor, se le apareció el Señor y le dijo las mismas palabras que ahora se le dicen a Israel: "No temas, Pablo, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 5.

46, 4   Yo bajaré contigo a Egipto

Sin embargo, yo pienso que en este pasaje se esconde un misterio aún más grande; porque me conmueve lo que dijo: "Haré de ti una gran nación; bajaré contigo a Egipto y al final te haré volver de allí". ¿Quién es el que llegó a ser una gran nación en Egipto y al final fue reclamado? Podría pensarse que se trata de aquel Jacob al que aquí se alude, y sin embargo, no es verdad. A Jacob no se le hizo volver de Egipto al final, puesto que murió en Egipto. Y sería absurdo decir que Jacob fue reclamado por Dios, dado que su cuerpo fue devuelto. Si se admitiese esto, no sería verdad que "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos". No es necesario, por tanto, entender este retorno como el de un cuerpo muerto, sino que se atestigua de hombres vivos y en plenitud de fuerzas.
   Veamos, pues, si estas palabras no representan tal vez la figura del Señor, que baja a este mundo y llega a ser una gran nación, a saber, la Iglesia de los gentiles, y de su vuelta al Padre, una vez que se ha consumado, o la del primer hombre creado, que baja a Egipto en medio de luchas cuando, arrojado de las delicias del paraíso, es traído a las fatigas y miserias de este mundo y se le propone el combate con la serpiente con estas palabras: "Tu acecharás su cabeza y ella acechará tu calcañal", y todavía se le dice a la mujer: "Pondré enemistad entre tú y él, entre tu linaje y su linaje".
   Con todo, Dios no abandonará a los que fueron colocados en medio de este combate, sino que está siempre con ellos. Se complace en Abel, reprende a Caín; invocado, acude en auxilio de Henoc; en el diluvio, manda a Noé construir el arca de la salvación; hace salir a Abrahán de la casa de su padre y de su parentela, bendice a Isaac y a Jacob; hace salir de Egipto a los hijos de Israel. Por medio de Moisés escribe la Ley de la letra; por medio de los profetas completa lo que faltaba. Esto significa "estar con ellos" en Egipto.
   Por lo que se refiere al texto: "al final los haré salir de allí", pienso, como dijimos más arriba, que significa que al final de los tiempos su Hijo unigénito descendió a los infiernos por la salvación del mundo y desde allí reclamó al primer hombre creado. Pues lo que dijo al ladrón: "Hoy estarás conmigo en el paraíso", debes entenderlo no como dicho sólo a él, sino a todos los santos por los que había descendido a los infiernos. Luego en Él, con más verdad que en Jacob, se cumple lo que se dijo: "Al final te haré salir de allí". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 5.

46, 4   José te cerrará los ojos

Pero veamos ahora cómo debe  entenderse la palabra: "Y José pondrá tus manos sobre tus ojos". Yo pienso que tras el velo de esta frase se esconden muchos misterios de sentido arcano que en otro momento deberán tocarse y tratarse. Entretanto, no será inútil decir que algunos de nuestros predecesores han creído ver ahí la indicación de una profecía, ya que de la tribu de José era aquel Jeroboam que hizo dos vacas de oro para inducir al pueblo a adorarlas y, por medio de ello, como imponiendo sus manos, cegó y cerró los ojos de Israel para que no viese su impiedad. En relación con este asunto se dijo: "Todo esto, por causa de la impiedad de Jacob y del pecado de la casa de Israel. Y ¿cuál es la impiedad de Jacob? ¿No es acaso Samaría?".
   Mas si uno afirma que las palabras con las que Dios se refiere a las cosas futuras bajo la apariencia de piedad no deben plegarse a una acción reprensible, diremos que el verdadero José, nuestro Señor y Salvador, del mismo modo que puso su mano corporal sobre los ojos del ciego y le devolvió la vista que había perdido, así también puso sus manos espirituales sobre los ojos de la Ley, que estaban cegados por la inteligencia carnal de los escribas y fariseos, y les devolvió la vista, para que aquellos a quienes el Señor desvela las Escrituras descubran la visión y la inteligencia espirituales de la Ley.
   Ojalá que el Señor ponga sus manos sobre nuestros ojos, para que también nosotros empecemos a mirar no las cosas visbles, sino las invisibles, y nos abra esos ojos que no contemplan las cosas presentes, sino las futuras, y nos desvele esa mirada del corazón que permite ver a Dios en espíritu, por el mismo Señor Jesucristo, al cual "la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 7.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 401-404
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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