El regreso a Canaán


21Así lo hicieron los hijos de Israel; José les dio carros según la orden del faraón, y les proporcionó provisiones para el viaje. 22A cada uno de ellos le ragaló un vestido nuevo, pero a Benjamín le dio trescientos siclos de plata y cinco vestidos nuevos. 23A su padre le mandó lo siguiente: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de grano, pan y provisiones para el viaje de su padre. 24Despidió a su hermanos, y cuando se marchaban les dijo: "No os enfadéis en el camino". 25Subieron de Egipto y llegaron al país de Canaán donde estaba su padre Jacob. 26Le dieron la noticia: "José vive todavía y él es quien manda en todo el país de Egipto". Jacob no se conmovió porque no les creía. 27Entonces le contaron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que José mandaba para transportarle, Jacob, su padre, recobró el ánimo. 28Israel exclamó: "Es suficiente; mi hijo José vive todavía. Iré a verle antes de morir". (Génesis 45, 21-28).

45, 22   A cada uno de ellos le regaló un vestido nuevo

Reciben dos vestiduras. ¿De qué vestiduras se trata? De las que no debes dudar, pues has leído que se dijo de la Sabiduría: "Todos los suyos llevan vestido doble". Uno es espiritual, otro moral. Pero no todos los apóstoles, ni todos los profetas, ni todos los pastores, ni todos los poderes tienen la gracia de curación o el don de lenguas. Donde hay premios diversos, hay méritos diversos. Ambrosio, Sobre José, 13, 76.

45, 23   Provisiones para el viaje de su padre

Y envió regalos a su padre. El hijo rinde honor al padre, Cristo invita a su pueblo a recibir las promesas y los dones de Dios. Llevan la carga aquellos asnos que antes realizaban un trabajo inútil y duro, pero ahora son útiles. De modo simbólico, van cargados con los dones de Cristo esos asnos que en el Evangelio llevarán al dador de los dones. Ambrosio, Sobre José, 13, 77.

45, 24   No os enfadéis en el camino

Les ordenó que no se pelearan en el camino. La disputa que les prohibió era ésta: que uno dijo al otro: "Tú aconsejaste que lo arrojásemos al aljibe", mientras que otro se pelaba con su hermano [diciendo]: "Tú nos metiste prisa para que lo vendiésemos a los árabes atado y con cadenas". "Puesto que os he perdonado a todos, perdonaos mutuamente para que no os peleéis por causa de vuestras mutuas demandas y vuestro alegre viaje se os vuelva calamitoso por culpa de vuestras disputas". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 40, 2. 

45, 25   Llegaron al país de Canaán

Al leer las Sagradas Escrituras, debemos prestar atención al modo de usar los términos "subir" y "bajar" en cada uno de los pasajes. Pues si los examinamos detenidamente descubriremos que casi nunca se dice que uno haya bajado a un lugar santo, ni se recuerda que haya subido a un lugar vituperable. Estas observaciones ponen de manifiesto que la divina Escritura no se ha compuesto en un estilo zafio y rudo, sino conforme a un método apropiado a la enseñanza divina, y que se aplica menos a los relatos históricos que a las realidades y sentidos místicos.
   Encontrarás, pues, escrito que los que nacen del linaje de Abrahán han bajado a Egipto, mientras que los hijos de Israel han subido de Egipto. Y en fin, del mismo Abrahán se dice: "Abrahán subió desde Egipto al desierto, él mismo y su esposa y todo lo que le pertenecía, y Lot con él. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 1. 

45, 26   Jacob no se conmovió porque no les creía 

Pero veamos cómo hay que entenderla palabra escrita: "Tú hijo José vive". Yo no la entiendo como dicha en sentido ordinario. Supongamos, por ejemplo, que José se hubiese dejado vencer por la lujuria y hubiese pecado con la mujer de su señor; no creo que los patriarcas le hubiesen dado a su padre, Jacob, esta noticia: "Tu hijo José vive". Pues, si se hubiese comportado así, no habría estado vivo, porque "el alma que peca morirá".
  También Susana enseña lo mismo cuando dice: "Me estrechan angustias por todas partes. Si hago esto -es decir, si peco-, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos". Ve, por tanto, que también ella considera el pecado como la muerte misma.
  Pero incluso la recomendación hecha por Dios al primer hombre contiene la misma enseñanza, cuando dice: "El día en que comáis de él, moriréis sin remedio". Y, en efecto, apenas hubo transgredido el mandato, murió. Murió el alma que pecó, y a la serpiente que dijo: "No moriréis", se le acusa de haber engañado.
  Esto, por lo que respecta a la palabra dicha por los hijos de Israel a Jacob: "Tu hijo José vive". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 2. 

45, 27   Jacob, su padre, recobró el ánimo

La expresión latina "el espíritu revivió" en griego se escribe anezopyresen, que significa no tanto resucitar como, por así decir, "reavivar" o reinflamar. Esto es lo que suele decirse cuando en una materia combustible viene a faltar el fuego, hasta el punto de parecer que se apaga; pero si, vuelto a atizar, se repone, se dice de él que se ha reavivado. O si la luz de una lámpara que parece estar a punto de apagarse, se la reanima vertiendo aceite en ella, se dice, aunque con una expresión menos feliz, que la lámpara es reavivada. Lo mismo se dirá de un candil o de otras luminarias de este género.
   Esta manera de hablar, por tanto, parece indicar también algo semejante en Jacob; porque mientras estuvo lejos de José y hasta que no le anunciaron que [su hijo]  estaba vivo, se encontraba como si su espíritu hubiese desfallecido en él y la luz que había en él se hubiese oscurecido ya por falta de combustible. Pero cuando vinieron a anunciarle que José vivía, es decir, que "la vida era la luz de los hombres", su espíritu se reavivó en él y se restableció en su interior el fulgor de la luz verdadera. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 2.

45, 28   Iré a verle antes de morir

Con todo, puesto que el fuego divino puede apagarse a veces incluso en los santos y en los fieles, escucha el consejo que el apóstol Pablo dirigía a los que merecían recibir los dones del Espíritu y la gracia: "No apaguéis el Espíritu". Por tanto, como si Jacob hubiese experimentado algo parecido a lo que Pablo enseña que no debe hacerse y se hubiese recuperado con la noticia de que José estaba vivo, se dice de él: "Jacob recobró el ánimo, y dijo Israel: Gran cosa es para mí que mi hijo José esté aún vivo".
   Pero debemos considerar también que el que reavivó su espíritu, ese espíritu que aparecía casi extinguido, es llamado Jacob; en cambió, el que dice: "Gran cosa es para mí que mi hijo José esté vivo", como si comprendiese y viese que la vida que se encierra en el José espiritual es una cosa grande, no es llamado ya Jacob, sino Israel, como el que ve con la mente la vida verdadera, que es Cristo, verdadero Dios. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 3. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 394-401
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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