José recibe a su padre Jacob


28Jacob envió a Judá por delante a donde estaba José, para que éste diese instrucciones antes de su llegada a Gosen. Luego entraron en la región de Gosen. 29José enganchó su carroza y subió a Gosen al encuentro de su padre Israel. Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él. 30Israel dijo a José: "Ahora puedo morir después de haber visto tu rostro y saber que todavía vives". 31José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: "Voy a subir a dar la noticia al faraón y decirle: "Mis hermanos y la familia de mi padre, que estaban en el país de Canaán, han venido hasta mí. 32Los hombres pastorean ovejas, pues son ganaderos, y han traído sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen".
   33Cuando el faraón os llame y os pregunte cuál es vuestra ocupación, 34le responderéis: "Tus siervos son ganaderos desde la juventud hasta ahora, lo mismo nosotros que nuestros padres". Y de esta forma podréis instalaros en la región de Gosen, porque los pastores de ovejas son una abominación para los egipcios". (Génesis 46, 28-34).


46, 29   José... al encuentro de su padre Israel

Esto era lo que yo decía al principio, que muchas veces también un gozo exagerado hace verter lágrimas. "Echándose al suelo, lloró", dice el texto. No sólo eso, sino: "Un torrente de lágrimas". Porque José se dio cuenta inmediatamente de cuánto había padecido él personalmente y cuánto había soportado su padre por su causa, y consideró la cantidad de tiempo que había transcurrido, y contra toda esperanza veía él ahora a su padre y el padre contemplaba a su hijo. Entonces vertió un torrente de lágrimas, mostrando al mismo tiempo un gozo desmedido y dando gracias al Señor por lo que había pasado. Dice el texto: "Y dijo a José: Ahora ya puedo morir, puesto que he visto tu rostro. Porque tú vives todavía". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 65, 2.

46, 34   La región de Gosen

José fue con carros y con mucha gente a encontrarse con su padre. Bajó y se postró ante su padre, y ambos lloraron en el cuello del otro. [Luego] ordenó a sus hermanos que le dijeran al faraón: "Nosotros y nuestros padres somos ganaderos", para [poder] habitar en Gosén y estar lejos de los que adoraban ovejas y toros. Efrén de Nisibi, Comentarios sobre el Génesis, 40, 6.

José les avisó con astucia. Mira con qué sagacidad José les hace recomendaciones, dándoles estos consejos no sin motivo, sino con el deseo de ponerlos en una situación de mayor seguridad y a la vez no permitirles mezclarse con los egipcios. Efectivamente, puesto que aquéllos sentían asco y desprecio por quienes practicaban el pastoreo alegando que ellos se dedicaban a la sabiduría egipcia, José por eso les aconseja poner un pretexto para su ocupación, a fin de procurarles por medio de una excusa creíble vivir con gran segurdad en la hermosísima tierra que separó para ellos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 65, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 407-408
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

La familia de Jacob



8Estos son los nombres de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, de Jacob y de sus hijos: Rubén, primogénito de Jacob, 9y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. 10Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea. 11Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí. 12Hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres, Zéraj; Er y Onán habían muerto en el país de Canaán. Los hijos de Peres fueron: Jesrón y Jamul. 13Hijos de Isacar: Tolá, Puá, Job y Simrón. 14Hijos de Zabulón: Séred, Elón y Yajleel. 15Estos fueron los hijos que Lía dio a Jacob en Padán-Aram, además de su hija Dina. En total, entre sus hijos e hijas, treinta y tres personas. 16Hijos de Gad: Sefón, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arod y Arelí. 17Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá, y Séraj, hermana de éstos. Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel. 18Éstos son los hijos que dio a Jacob Zilpá, la esclava que Labán regaló a su hija Lía: dieciséis personas. 19Hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín. 20A José le nacieron en el país de Egipto Manasés y Efraím, los hijos que le dio Asenat, hija de Poti-Fera, sacerdote de On. 21Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupim, Jupim y Ared. 22Éstos son los hijos que Raquel dio a Jacob; en total, catorce personas. 23Hijos de Dan: Jusim. 24Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Silem. 25Éstos son los hijos que dio a Jacon Bilhá la esclava que Labán regaló a su hija Raquel: en total, siete personas. 26El total de personas que entraron con Jacob a Egipto, las nacidas de él, sin contar las mujeres de sus hijos, fueron sesenta y seis; 27más los dos hijos de José, que le nacieron en Egipto, hacen  de la familia de Jacob que entró a Egipto un total de setenta personas. (Génesis 46, 8-27).

46, 27   Un total de setenta personas

Bajaron a Egipto un total de setenta y cinco personas, como está escrito. Este número significa el perdón. Pues serían tenidos como indignos después de tanta dureza de corazón y de tan gran pecado si no se les hubiese concedido el perdón de sus pecados. Judá, que es la confesión del error, va al encuentro de José. El pueblo hebreo, que está por llegar, lo manda a preanunciarlo. Por esto, el verdadero José, árbitro e intérprete de la divinidad, sale a su encuentro, porque la confesión ya precedió a los que la perfidia tenía aprisionados. Cristo es el intérprete de la divinidad, porque: "A Dios nadie lo ha visto jamás; el Dios Unigénito, el que está en el seno del Padre, Él mismo lo dio a conocer. Él también salvará en los últimos tiempos al pueblo judío, ya viejo y cansado, no por sus méritos, sino por la elección de su gracia, y le impondrá las manos sobre los ojos para quitarle la ceguera. Le retrasa su salvación para que al fin crea el que antes no juzgó que habría de creer, y perdiera la soberbia de la primera elección. Por eso el Apóstol dice: "La ceguera de Israel fue parcial, hasta que entrara la plenitud de los gentiles y así todo Israel se salve". Los hechos de los patriarcas son símbolos de eventos futuros. El mismo Jacob dice a sus hijos: "Reuníos, que voy a anunciaros lo que os sucederá en los días venideros. Juntaos y escuchad, hijos de Jacob, escuchad a vuestro padre Israel". Ambrosio, Sobre José, 14, 84.

Jacob y Simeón se van en paz. Jacob descendió a Egipto con setenta y cinco personas y su hijo José vino a su encuentro. Cuando Jacob lo vio, le dijo: "Te veo, hijo, ya puedo morir en paz". También se puede encontrar algo parecido a la historia de nuestro José [es decir, Cristo]. Cuando Simeón, ese venerable anciano, que era padre por edad, aunque no lo fuera por generación de hijos, vio a Cristo, por el que todavía estaba en este mundo, como si fuera otro Egipto, a pesar de su decrepitud, exclamó: "Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto tu salvación". Según el número de personas [llegadas a Egipto con Jacob], también el salmo setenta y cinco de David dice: "Dios es conocido en Judea, mientras que en Israel su nombre es grande". Puesto que Israel significa "el que ve a Dios", es necesario que todo hombre iluminado por la gracia, judío o griego, sea liberado de la esclavitud de Egipto, aunque el faraón, el diablo, lo oprima con su pesado yugo. Quodvultdeo, Libro de las promesas y predicciones de Dios, 1, 32, 44.

Maravillas ante la providencia de Dios. ¿Por qué motivo la Sagrada Escritura nos indica el número con precisión? Para que podamos saber cómo llega a realizarse la predicción de Dios cuando dice: "Allí os convertiré en una gran nación". En efecto, de estas setenta y cinco personas, el pueblo de Israel creció hasta seiscientos mil. ¿Ves como no es en vano ni sin razón que nos enseñe el número de los que bajaron a Egipto? El fin era hacernos saber que de unos pocos surgió un gran número, para que no desconfiáramos de las promesas de Dios. Cuando pienses que tras la muerte de Jacob y de José, aún sirviéndose el rey de Egipto de tanto ingenio para reducirlos a un corto número y que no creciera su población, ni así pudo, sino que de esa manera aumentó todavía más y creció, asómbrate y siente espanto de la providencia de Dios, porque es imposible que jamás falle lo que Él se propone, aunque otros maquinen mil argucias. Juan Crisóstomos, Homilías sobre el Génesis, 65, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testameto, Tomo 2,  p. 405-407
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob sale para Egipto


1Israel emprendió el viaje con todo lo que tenía; llegó a Berseba y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2Dios llamó a Israel en una aparición aquella noche: "¡Jacob, Jacob!". Éste contestó: "¡Aquí estoy!". 3Y le dijo: "Yo soy el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque te constituiré allí en un gran pueblo. 4Yo bajaré contigo a Egipto, y yo te haré también subir; y José te cerrará también los ojos. 5Jacob se puso en camino desde Berseba, y los hijos de Israel subieron a su padre Jacob, a los niños y a las mujeres en carros que había enviado el faraón para transportarle. 6Llevaron su ganado y las riquezas que habían hecho en el país de Canaán, y llegaron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él: 7sus hijos y sus nietos, y sus hijas y sus nietas; a toda su descendencia la llevó consigo a Egipto. (Génesis 46, 1-7).

46, 1   Ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac

Es lógico que se ponga en camino quien se acerca a Cristo. La fe procede de la devoción. Primero se puso en camino, después ofreció sacrificios. Porque está pronto a ofrecer sacrificios el que ha llegado al conocimiento de Dios. "Dios llamó a Israel en una aparición aquella noche: "¡Jacob, Jacob!". Éste contestó: ¡Aquí estoy!". Y le dijo: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque te constituiré allí en un gran pueblo. Yo bajaré contigo a Egipto y te guiaré para siempre". Ambrosio, Sobre José, 14, 81.

46, 3   Yo soy Dios, el Dios de tu padre

Después de esto, nos parece conveniente considerar y examinar lo que Dios dice en visión a Israel mismo y cómo lo envía a Egipto robusteciéndolo y exhortándolo como a quien parte hacia determinados combates. Dice, en efecto: "No temas bajar a Egipto", como si dijese: Cuando tengas que luchar "contra los principados, las potestades y los dominadores de este mundo de tinieblas" -que figuradamente es llamado Egipto-, no temas, no vaciles. Y si quieres saber el motivo por el que no debes temer, escucha mi promesa: "Allí haré de ti una gran nación; bajaré contigo a Egipto y al final yo mismo te haré volver de allí". Luego no teme bajar a Egipto, no teme afrontar las luchas de este mundo ni los combates de los demonios opositores aquel con el que Dios baja al combate. Escucha, por ejemplo, al Apóstol que dice: "He trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo". Y también en Jerusalén, tras haberse levantado una sedición contra él y después de haber sostenido un magnífico combate por la palabra y la predicación del Señor, se le apareció el Señor y le dijo las mismas palabras que ahora se le dicen a Israel: "No temas, Pablo, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 5.

46, 4   Yo bajaré contigo a Egipto

Sin embargo, yo pienso que en este pasaje se esconde un misterio aún más grande; porque me conmueve lo que dijo: "Haré de ti una gran nación; bajaré contigo a Egipto y al final te haré volver de allí". ¿Quién es el que llegó a ser una gran nación en Egipto y al final fue reclamado? Podría pensarse que se trata de aquel Jacob al que aquí se alude, y sin embargo, no es verdad. A Jacob no se le hizo volver de Egipto al final, puesto que murió en Egipto. Y sería absurdo decir que Jacob fue reclamado por Dios, dado que su cuerpo fue devuelto. Si se admitiese esto, no sería verdad que "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos". No es necesario, por tanto, entender este retorno como el de un cuerpo muerto, sino que se atestigua de hombres vivos y en plenitud de fuerzas.
   Veamos, pues, si estas palabras no representan tal vez la figura del Señor, que baja a este mundo y llega a ser una gran nación, a saber, la Iglesia de los gentiles, y de su vuelta al Padre, una vez que se ha consumado, o la del primer hombre creado, que baja a Egipto en medio de luchas cuando, arrojado de las delicias del paraíso, es traído a las fatigas y miserias de este mundo y se le propone el combate con la serpiente con estas palabras: "Tu acecharás su cabeza y ella acechará tu calcañal", y todavía se le dice a la mujer: "Pondré enemistad entre tú y él, entre tu linaje y su linaje".
   Con todo, Dios no abandonará a los que fueron colocados en medio de este combate, sino que está siempre con ellos. Se complace en Abel, reprende a Caín; invocado, acude en auxilio de Henoc; en el diluvio, manda a Noé construir el arca de la salvación; hace salir a Abrahán de la casa de su padre y de su parentela, bendice a Isaac y a Jacob; hace salir de Egipto a los hijos de Israel. Por medio de Moisés escribe la Ley de la letra; por medio de los profetas completa lo que faltaba. Esto significa "estar con ellos" en Egipto.
   Por lo que se refiere al texto: "al final los haré salir de allí", pienso, como dijimos más arriba, que significa que al final de los tiempos su Hijo unigénito descendió a los infiernos por la salvación del mundo y desde allí reclamó al primer hombre creado. Pues lo que dijo al ladrón: "Hoy estarás conmigo en el paraíso", debes entenderlo no como dicho sólo a él, sino a todos los santos por los que había descendido a los infiernos. Luego en Él, con más verdad que en Jacob, se cumple lo que se dijo: "Al final te haré salir de allí". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 5.

46, 4   José te cerrará los ojos

Pero veamos ahora cómo debe  entenderse la palabra: "Y José pondrá tus manos sobre tus ojos". Yo pienso que tras el velo de esta frase se esconden muchos misterios de sentido arcano que en otro momento deberán tocarse y tratarse. Entretanto, no será inútil decir que algunos de nuestros predecesores han creído ver ahí la indicación de una profecía, ya que de la tribu de José era aquel Jeroboam que hizo dos vacas de oro para inducir al pueblo a adorarlas y, por medio de ello, como imponiendo sus manos, cegó y cerró los ojos de Israel para que no viese su impiedad. En relación con este asunto se dijo: "Todo esto, por causa de la impiedad de Jacob y del pecado de la casa de Israel. Y ¿cuál es la impiedad de Jacob? ¿No es acaso Samaría?".
   Mas si uno afirma que las palabras con las que Dios se refiere a las cosas futuras bajo la apariencia de piedad no deben plegarse a una acción reprensible, diremos que el verdadero José, nuestro Señor y Salvador, del mismo modo que puso su mano corporal sobre los ojos del ciego y le devolvió la vista que había perdido, así también puso sus manos espirituales sobre los ojos de la Ley, que estaban cegados por la inteligencia carnal de los escribas y fariseos, y les devolvió la vista, para que aquellos a quienes el Señor desvela las Escrituras descubran la visión y la inteligencia espirituales de la Ley.
   Ojalá que el Señor ponga sus manos sobre nuestros ojos, para que también nosotros empecemos a mirar no las cosas visbles, sino las invisibles, y nos abra esos ojos que no contemplan las cosas presentes, sino las futuras, y nos desvele esa mirada del corazón que permite ver a Dios en espíritu, por el mismo Señor Jesucristo, al cual "la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 7.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 401-404
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

El regreso a Canaán


21Así lo hicieron los hijos de Israel; José les dio carros según la orden del faraón, y les proporcionó provisiones para el viaje. 22A cada uno de ellos le ragaló un vestido nuevo, pero a Benjamín le dio trescientos siclos de plata y cinco vestidos nuevos. 23A su padre le mandó lo siguiente: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de grano, pan y provisiones para el viaje de su padre. 24Despidió a su hermanos, y cuando se marchaban les dijo: "No os enfadéis en el camino". 25Subieron de Egipto y llegaron al país de Canaán donde estaba su padre Jacob. 26Le dieron la noticia: "José vive todavía y él es quien manda en todo el país de Egipto". Jacob no se conmovió porque no les creía. 27Entonces le contaron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que José mandaba para transportarle, Jacob, su padre, recobró el ánimo. 28Israel exclamó: "Es suficiente; mi hijo José vive todavía. Iré a verle antes de morir". (Génesis 45, 21-28).

45, 22   A cada uno de ellos le regaló un vestido nuevo

Reciben dos vestiduras. ¿De qué vestiduras se trata? De las que no debes dudar, pues has leído que se dijo de la Sabiduría: "Todos los suyos llevan vestido doble". Uno es espiritual, otro moral. Pero no todos los apóstoles, ni todos los profetas, ni todos los pastores, ni todos los poderes tienen la gracia de curación o el don de lenguas. Donde hay premios diversos, hay méritos diversos. Ambrosio, Sobre José, 13, 76.

45, 23   Provisiones para el viaje de su padre

Y envió regalos a su padre. El hijo rinde honor al padre, Cristo invita a su pueblo a recibir las promesas y los dones de Dios. Llevan la carga aquellos asnos que antes realizaban un trabajo inútil y duro, pero ahora son útiles. De modo simbólico, van cargados con los dones de Cristo esos asnos que en el Evangelio llevarán al dador de los dones. Ambrosio, Sobre José, 13, 77.

45, 24   No os enfadéis en el camino

Les ordenó que no se pelearan en el camino. La disputa que les prohibió era ésta: que uno dijo al otro: "Tú aconsejaste que lo arrojásemos al aljibe", mientras que otro se pelaba con su hermano [diciendo]: "Tú nos metiste prisa para que lo vendiésemos a los árabes atado y con cadenas". "Puesto que os he perdonado a todos, perdonaos mutuamente para que no os peleéis por causa de vuestras mutuas demandas y vuestro alegre viaje se os vuelva calamitoso por culpa de vuestras disputas". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 40, 2. 

45, 25   Llegaron al país de Canaán

Al leer las Sagradas Escrituras, debemos prestar atención al modo de usar los términos "subir" y "bajar" en cada uno de los pasajes. Pues si los examinamos detenidamente descubriremos que casi nunca se dice que uno haya bajado a un lugar santo, ni se recuerda que haya subido a un lugar vituperable. Estas observaciones ponen de manifiesto que la divina Escritura no se ha compuesto en un estilo zafio y rudo, sino conforme a un método apropiado a la enseñanza divina, y que se aplica menos a los relatos históricos que a las realidades y sentidos místicos.
   Encontrarás, pues, escrito que los que nacen del linaje de Abrahán han bajado a Egipto, mientras que los hijos de Israel han subido de Egipto. Y en fin, del mismo Abrahán se dice: "Abrahán subió desde Egipto al desierto, él mismo y su esposa y todo lo que le pertenecía, y Lot con él. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 1. 

45, 26   Jacob no se conmovió porque no les creía 

Pero veamos cómo hay que entenderla palabra escrita: "Tú hijo José vive". Yo no la entiendo como dicha en sentido ordinario. Supongamos, por ejemplo, que José se hubiese dejado vencer por la lujuria y hubiese pecado con la mujer de su señor; no creo que los patriarcas le hubiesen dado a su padre, Jacob, esta noticia: "Tu hijo José vive". Pues, si se hubiese comportado así, no habría estado vivo, porque "el alma que peca morirá".
  También Susana enseña lo mismo cuando dice: "Me estrechan angustias por todas partes. Si hago esto -es decir, si peco-, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos". Ve, por tanto, que también ella considera el pecado como la muerte misma.
  Pero incluso la recomendación hecha por Dios al primer hombre contiene la misma enseñanza, cuando dice: "El día en que comáis de él, moriréis sin remedio". Y, en efecto, apenas hubo transgredido el mandato, murió. Murió el alma que pecó, y a la serpiente que dijo: "No moriréis", se le acusa de haber engañado.
  Esto, por lo que respecta a la palabra dicha por los hijos de Israel a Jacob: "Tu hijo José vive". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 2. 

45, 27   Jacob, su padre, recobró el ánimo

La expresión latina "el espíritu revivió" en griego se escribe anezopyresen, que significa no tanto resucitar como, por así decir, "reavivar" o reinflamar. Esto es lo que suele decirse cuando en una materia combustible viene a faltar el fuego, hasta el punto de parecer que se apaga; pero si, vuelto a atizar, se repone, se dice de él que se ha reavivado. O si la luz de una lámpara que parece estar a punto de apagarse, se la reanima vertiendo aceite en ella, se dice, aunque con una expresión menos feliz, que la lámpara es reavivada. Lo mismo se dirá de un candil o de otras luminarias de este género.
   Esta manera de hablar, por tanto, parece indicar también algo semejante en Jacob; porque mientras estuvo lejos de José y hasta que no le anunciaron que [su hijo]  estaba vivo, se encontraba como si su espíritu hubiese desfallecido en él y la luz que había en él se hubiese oscurecido ya por falta de combustible. Pero cuando vinieron a anunciarle que José vivía, es decir, que "la vida era la luz de los hombres", su espíritu se reavivó en él y se restableció en su interior el fulgor de la luz verdadera. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 2.

45, 28   Iré a verle antes de morir

Con todo, puesto que el fuego divino puede apagarse a veces incluso en los santos y en los fieles, escucha el consejo que el apóstol Pablo dirigía a los que merecían recibir los dones del Espíritu y la gracia: "No apaguéis el Espíritu". Por tanto, como si Jacob hubiese experimentado algo parecido a lo que Pablo enseña que no debe hacerse y se hubiese recuperado con la noticia de que José estaba vivo, se dice de él: "Jacob recobró el ánimo, y dijo Israel: Gran cosa es para mí que mi hijo José esté aún vivo".
   Pero debemos considerar también que el que reavivó su espíritu, ese espíritu que aparecía casi extinguido, es llamado Jacob; en cambió, el que dice: "Gran cosa es para mí que mi hijo José esté vivo", como si comprendiese y viese que la vida que se encierra en el José espiritual es una cosa grande, no es llamado ya Jacob, sino Israel, como el que ve con la mente la vida verdadera, que es Cristo, verdadero Dios. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 15, 3. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 394-401
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Invitación del faraón


16Llegó a casa del faraón la noticia de que habían venido los hermanos de José, y les pareció bien al faraón y a sus siervidores. 17El farón dijo a José: "Di a tus hemanos: "Haced lo siguiente: Cargad vuestras caballerías y volved al país de Canaán, 18recoged a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí; yo os daré lo mejor del país de Egipto, y comeréis lo más excelente de la tierra". 19Ordénales también: "Haced lo siguiente: Llevaos del país de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, montad a vuestro padre y venid. 20No os preocupéis de vuestras cosas, porque tendréis lo mejor de todo el país de Egipto"". (Génesis 45, 16-20).

45, 16   La noticia de que habían venido los hermanos de José

El faraón se regocijó. Cuando terminaron de decirse entre sí lo que era necesario, se abrieron las puertas del tribunal. Los grandes entraron alegrándose, y los jefes del ejército regocijándose. Esta noticia pareció bien a los ojos del faraón y de sus servidores, pues se les hizo creíble que el que era como un padre para el faraón y gobernaba sobre los hombres libres y los príncipes de Egipto no era un esclavo sino un hijo de hombres libres de la estirpe bendita de la casa de Abrahán. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 40, 1.

Un gran misterio ha sido revelado. Se alegró el faraón de que José reconociese a sus hermanos. Se difundió, por tanto, la noticia en la casa del faraón y éste exhortó al santo José a invitar a sus hermanos a venir a Egipto con su padre. Manda llenarles los sacos de trigo y que se lleven carros. Tal humanidad en un bárbaro ¿qué otro fin puede tener si no es mostrar el gran misterio de que la Iglesia no siente recelos porque los judíos sean redimidos, y que el pueblo cristiano se alegra de su unión y los ayuda en todo lo que puede y envía evangelizadores del pueblo de Dios para que maduren en su fe? Ambrosio, Sobre José, 13, 74.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 393-394
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Judá intercede por su padre y José se da a conocer a sus hermanos


18Judá se le acercó y le dijo: "Te suplico, mi señor, que permitas a tu siervo decir una palabra a oídos de mi señor; y no se excite tu ira contra tu siervo, pues eres como el faraón"...
   45-1José ya no podía contenerse ante todos sus asistentes y ordenó: "Salid todos de mi presencia". Y no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos. 2Al llorar levantó la voz, y lo oyeron los egipcios y la casa del faraón. 3José dijo a sus hermanos: "Yo soy José; ¿vive aún mi padre?". Sus hermanos no podían responderle, porque quedaron aterrados ante él.
   4Entonces José dijo a sus hermanos: "Acercaos a mí". Se acercaron y les dijo: "Yo soy José, vuestro hermano, el que vendistéis a los egipcios; 5pero ahora no os preocupéis, no os parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió por delante para vuestra salvación. 6Llevamos dos años de hambre dentro del país y todavía quedan cinco años en los que no habrá ni siembra ni siega. 7Dios me envió delante de vosotros para aseguraros la subsistencia en la tierra, y conservaros la vida mediante una gran liberación. 8No me enviastéis, por tanto, vosotros aquí, sino que es Dios quien me ha puesto como un padre para el faraón, como señor de toda su casa, y como gobernador de todo el país de Egipto. 9Daos prisa, subid a donde está mi padre y decidle: "Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho Señor de todo Egipto, baja a donde estoy yo, sin detenerte; 10te instalarás en la región de Gosen, vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos; tu ganado mayor y menor, y todo lo que posees". 12Estáis viendo con vuestros propios ojos, y también lo ve mi hermano Benjamín, que os hablo yo personalmente. 13Contadle a mi padre toda mi gloria en Egipto y todo lo que habéis visto, y daos prisa en bajar aquí con mi padre". 14Luego se hechó al cuello de su hermano Benjamín y rompió a llorar; Benjamín lloró también abrazado a él. 15Besó José a todos sus hermanos y lloró abrazado a ellos. Después de esto sus hermanos comenzaron a hablarle. (Génesis 44, 18-45, 15).

45, 3   Yo soy José

Mandó salir a todos para darse a conocer a sus hermanos. Pues el mismo Jesús enseñó que había venido para salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y llorando dijo José: "Yo soy José; ¿vive aún mi padre?" Lo que quiere decir: extendió sus manos al pueblo infiel y perseguidor, que no buscaba el anuncio del testamento, pero el mismo Señor quería salvar a su pueblo. El que decía: "Yo soy" es el mismo que dijo: "Aquí estoy" y "Me dejé encontrar por quienes no preguntaban, me hallaron los que no me buscaban". No es este "yo soy" lo mismo que contestó Jesús al ser interrogado por los príncipes de los judíos?: "Por tanto, ¿tú eres el hijo de Dios? Vosotros lo decís: Yo soy, les respondió". ¿O lo que contesta a Pilato: "Tú lo dices: Yo soy Rey: Para esto he nacido y para esto he venido"? También su respuesta al príncipe de los sacerdotes: "Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". "Tú lo has dicho -le respondió Jesús-. Además os digo que en adelante veréis al Hijo de Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo". Por lo tanto, esto es lo que significa el "Yo soy José" (yo tengo el poder divino). Ambrosio, Sobre José, 12, 67.

45, 4   Yo soy José, vuestro hermano

"Acercaos a mí", ya que yo me he acercado a vosotros hasta el punto de que me he hecho partícipe de vuestra naturaleza al asumir el cuerpo. No queráis apartaros del que comparte vuestra naturaleza, aunque desconozcaís al autor de la salvación.. "Se acercaron y les dijo: Yo soy José, vestro hermano, el que vendisteis a los egipcios; pero ahora no os preocupéis ni os parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió por delante para vuestra salvación". Cuán amable es la hermandad que excusa incluso del pecado fraticida, diciendo que ha sido la divina providencia, y no la impiedad humana, la que lo hizo, puesto que no fue entregado por los hombres a la muerte, sino enviado por el Señor para dar la vida. Semejante es la interseción de nuestro Señor Jesucristo, quien superando a todos los hermanos en piedad, imploró por el pueblo en la cruz: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen". Semejante el ejemplo de santidad ante sus discípulos... "Se llenaron de espanto y de miedo, pensando que veían un espíritu. Y les dijo: "¿Por qué os asustáis y por qué admitís esos pensamientos en vuestros corazones?" Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo". Ambrosio, Sobre José, 12, 68.

45, 9   Subid a donde está mi padre

Se expresan con las mismas palabras, para que veamos que es el mismo el que habla primero por José, y después Él en persona, puesto que usa las mismas expresiones. Primero les dijo: "No os preocupéis"; y ahora les manda: "Daos prisa, subid a donde está mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto". Y en el Evangelio dice: "No os asustéis. Id a decir a mis discípulos que vayan a Galilea: allí me verán". Y al final les dice: "Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra". O lo que es lo mismo: Ha sido voluntad de Dios que yo recibiera la potestad, no disposición de la dureza de los hombres. No importa el crimen que conduce al premio. Lo dicho en el Génesis: "Dios me envió delante de vosotros", se refiere a lo que dice el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Tal es el premio a la vida de los santos: salvar a otros. Y no en vano ha sido escrito en el Génesis: "Vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos". Lo mismo que se lee en el Evangelio: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Ambrosio, Sobre José, 12, 70.

45, 15   Besó José a todos sus hermanos

Habéis admirado la castidad de José; considerad ahora su benignidad. A cambio del odio, él devuelve amor; y al ver a sus hermanos -a sus hermanos enemigos-, y queriendo que lo reconocieran, dio testimonio de sentimientos de amor con piedad y dolor. Los besó uno a uno, y lloraba por cada uno; y bañando el cuerpo de los aterrados con llanto y lágrimas, lavaba con lágrimas de amor el odio de sus hermanos, a los que siempre amó, con el amor de su padre vivo y de su hermano muerto. No recordará que había sido arrojado a la cisterna para que muriera, no piensa que pusieron precio a su hermano, sino que, devolviendo bien por mal, ya entonces practicó los preceptos apostólicos, que todavía no se habían promulgado. El bienaventurado José, pensando en la dulzura del amor verdadero, con la ayuda de Dios procuró arrojar de su corazón el veneno de la envidia, del que sabía que sus hermanos habían sido heridos. Cesáreo de Arlés, Sermón, 90, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 390-393
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Se halla la copa en el saco de Benjamín


1José dio la siguiente orden a su mayodormo: "Llena de víveres los sacos de estos hombres, tanto como quepan, y pon el dinero de cada uno en la boca de su saco. 2Además colocarás mi copa, la de plata, en la boca del saco del pequeño, junto con el dinero de su compra". Él cumplió tal cual la orden de José. 3Al amanecer se despidieron los hombres con sus asnos. 4Éstos salieron de la ciudad y aún no estaban lejos cuando José dijo a su mallordomo: "Ponte en camino y persigue a esos hombres; cuando les alcances diles: "¿Por qué habéis pagado mal por bien? 5¿No es esta copa donde bebe mi señor y con la que hace adivinaciones? Está muy mal lo que habéis hecho".
   6Los alcanzó y les dijo estas mismas palabras. 7Ellos le respondieron: "¿Por qué habla mi señor de este modo? Lejos de tus siervos hacer tal cosa. 8El dinero que encontramos en la boca de nuestros sacos te lo trajimos desde el país de Canaán. ¿Cómo íbamos a robar plata ni oro de la casa de tu señor? 9Aquel de tus siervos a quienes se le encuentre, que muera, e incluso nosotros quedaremos como esclavos de mi señor". 10Él les dijo: "De acuerdo, sea como decís; a quien se le encuentre quedará como mi esclavo, los demás quedaréis libres". 11Dándose prisa cada uno bajó su saco a tierra, y lo abrió. 12Él lo registró comenzando por el mayor y acabando por el pequeño, y encontró la copa en el saco de Benjamín. 13Entonces se rasgaron las vestiduras y, cargando cada uno su asno, volvieron a la ciudad.
   14Entró Judá con sus hermanos a casa de José, quien todavía estaba allí, y cayeron ante él rostro en tierra.
15Les dijo José: "¿Qué acción habéis cometido? ¿No sabíais que un hombre como yo puede adivinar? 16Respondió Judá: "¿Qué podemos exponer a mi señor? ¿Qué alegaremos y cómo nos vamos a justificar? Dios a descubierto la falta de tus siervos; aquí estamos como esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder se ha encontrado la copa". 17Repuso José: "Lejos de mí tal acción; aquel en cuyo poder se ha encontrado la copa, ése será mi esclavo; los demás id en paz a donde está vuestro padre". (Génesis 43, 1-17).

44, 2   Mi copa, la de plata

La copa de plata fue colocada sólo es su saco. Benjamín ignoraba esto. Así también Pablo estaba en el error, pero fue llamado. Por la mañana uno fue enviado tras él, pues la noche estaba avanzada y se acercaba el día de la fe. Ambrosio, Sobre José, 11, 61.

44, 12   Encontró la copa en el saco de Benjamín

Los hermanos no sabían qué decir. Era imposible no acusar a Benjamín porque la copa había salido de su saco, pero el dinero que había salido dos veces de sus equipajes no les permitía acusarlo. Entonces, confundidos por lo que había ocurrido, rasgaron sus vestiduras y se volvieron llorando, dirigiéndose a la casa de la que habían salido regocijándose. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 38, 3.

44, 16   Dios ha descubierto la falta de tus siervos

Dijo Judá: "Ante Dios, los pecados de tus siervos han sido descubiertos". No éste [de la copa] sino aquel por el que "hemos sido pagados con esto". "Todos nosotros nos convertimos en esclavos de nuestro señor, y no sólo aquel en cuyo equipaje ha sido encontrado el dinero". Y José dijo: "Muy lejos está de los justos egipcios hacer esto". Estos hombres, debido a su gran virtud, ni siquiera comen pan con los hebreos para no quedar impurificados por ello: ¿Cómo haremos eso que es [tan] ajeno a nuestro recto modo de obrar? La justicia, que nos impide pecar contra quien no ha pecado contra nosotros, nos obliga a buscar satisfacción de aquel que nos ha ofendido. "El hombre en cuyo poder se ha encontrado la copa se quedará [aquí] y servirá como esclavo. [Eso] le será más provechoso que la libertad, pues esta última esclavitud que le librará del delito de hurto le servirá más que esa primera libertad que le esclavizó con el hurto. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 38, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 387-390
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hermanos se encuentran con José


26Cuando llegó José a casa, ellos le ofrecieron los regalos que habían traído hasta allí, y se postraron en tierra ante él. 27José les saludó y les preguntó: "¿Qué tal está vuestro anciano padre del que me hablasteis? ¿Vive todavía?. 28Respondieron: "Tu siervo, nuestro padre, está bien; vive todavía". E inclinándose se postraron. 29Alzó la vista y vio a su hermano Benjamín, hijo de su madre. Preguntó: "¿Es éste vuestro hermano pequeño del que me hablasteis?". Y exclamó: "¡Que Dios te guarde, hijo mío!". 30Entonces José salió a toda prisa, porque se le conmovieron las entrañas a la vista de su hermano, sintiendo ganas de llorar, y entrando en su habitación, lloró allí. 31Luego, se lavó la cara, salió y conteniéndose, ordenó: "Servid la comida". 32Le sirvieron por separado a él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, ya que es una abominación para los egipcios. 33Ellos se sentaron frente a él, el primogénito conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su juventud. Y todos se miraron asombrados. 34José les pasó raciones de su mesa, y la ración de Benjamín era cinco veces más grande que las reaciones de todos los demás. Bebieron y se alegraron en su compañía. (Génesis 43, 26-34).

43, 26   Se postraron en tierra ante él

"Ellos le ofrecieron regalos". Nosotros entregamos los regalos, él prepara el convite. Dice: "Servid la comida", que sólo comen los hebreos. Los egipcios no pueden comer. Pero antes de comer, ¡qué dignidad!, ¡qué ejemplo de saber estar y de elegancia y de gracia! Todavía estaban pensando en la calumnia que José había lanzado contra ellos. Los hermanos no se fiaban. Él los invitó a comer. El ánimo de ellos cambió, la benevolencia de José era firme. Él es el primero en hablar y les pregunta: ¿Qué tal estáis?". Y de nuevo les dice: "¿Qué tal está vuestro anciano padre?". Es propio del superior empezar la conversación con el inferior, dar confianza en la conversación, preguntar no sólo sobre ellos, sino también por los padres. Y ellos les responden: "Tu siervo, nuestro padre, está bien". Él lo llama anciano, para honrarlo. Ellos lo laman siervo para presentarse con humildad, porque la ancianidad tiene una dignidad que merece honor, mientras que la juventud parece más subordinada, pues es más propia de ella la modestia que el orgullo. Ambrosio, Sobre José, 10, 53-55.

43, 27   ¿Qué tal está vuestro anciano Padre?

Cuando José entró en la casa, le trajeron ofrendas y se postraron temblando. Él les preguntó por la salud y quedaron confortados. Les preguntó si su padre estaba vivo y se tranquilizaron. Preguntó también si estaba su hermano, y le bendijo diciendo: "Que Dios tenga misericordia de ti, hijo mío", y todo su temor quedó apartado de sus mentes. [José] les había bendecido en egipcio, pero ellos escucharon esas conversaciones iniciales por medio de un intérprete. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 3.

43, 29   Vio a su hermano Benjamín

"Alzó la vista y vio a su hermano Benjamín, hijo de su madre". Ya entonces son vistos los hebreos, y son vistos por Cristo, que es el verdadero José, cuando llegan con aquel que prefigura a Pablo. Y José les dice palabras de humilde masedumbre invitándolos a comer juntos. Antes los había conocido, pero no se había dado a conocer porque habían venido sin Benjamín, como está escrito. Y les hablaba claramente, porque ellos no reconocían al que los conocía a ellos. Por lo tanto, preanunciaron a Pablo, al que el Señor Jesús amaba más que a los demás hermanos por haber sido el hermano menor engendrado de la misma madre. Tengan en cuenta los judíos que negaron al Señor, que el crucificado también ama a los nacidos en la sinagoga, como nacidos del mismo padre, si reconocen, aunque tarde, al autor de la salvación. Pero, reconociéndose pecadores, no creen que la misericordia de Cristo sea tan grande como para perdonar su pecado y olvidar la injuria. Por tanto los que vivirían en el futuro estaban prefigurados en los patriarcas. Eran invitados a la gracia. Eran llamados al banquete de la mesa de la salvación y seguían sospechando que se preparaba una calumnia contra ellos y que alguna trampa se estaba tramando. Ambrosio, Sobre José, 9, 47.

43, 33   Todos se miraban asombrados

Comenzó a sentar a sus hermanos como [si estuviesen] alrededor de una copa, al más anciano de acuerdo con su edad y al más joven de acuerdo con su juventud. Es sorprendente que no le reconocieran ni por el dinero que les devolvió en sus provisiones la primera vez, ni por el apresamineto de Simeón, ni cuando preguntó por el anciano padre durante el retorno de Benjamín, ni cuando los acusó de calumnia, ni cuando los acogió en su casa y bendijo a Benjamín, ni por el hecho de que conociera el nombre de todos sus hermanos, especialmente dándose el hecho de que su apariencia fuera tan similar. Aunque su dignidad real los confundiera, sus sueños deberían de haberles hecho recordar. Aunque no le reconocieron por su majestad, su rango y sus palabras duras, fue por causa del Señor por lo que se les ocultó, hasta que sus sueños se cumplieron en ellos, que lo habían vendido para evitar que [estos sueños] se realizaran. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 7. 

43, 34   La ración de Benjamín era más grande

En otro pasaje leemos que José, aquel santo varón que preanunció la figura del Salvador, que fue vendido por sus hermanos y que gobernó en Egipto, del mismo modo que también nuestro Señor y Salvador fue vendido por los judíos y reinó en el Egipto de este mundo; digo que José, aquel bienaventurado varón, aquel predecesor que venció la crueldad con la bondad, que fue vendido en Egipto para proveer de alimento a Egipto y a los propios hermanos que lo habían vendido; aquel José, repito, invitó a comer a sus hermanos. Y fijaos en lo que dice: "Y se embriagó al mediodía". ¿Esto es verdad y puede admitirse que un santo varón se emborrachara? Noé tambien se embriagó, pero se trató de una borrachera verdadera. Tanto Noé como José se embriagaron y lo hicieron en su propia casa. Considerad el misterio que ello encierra. Veamos en primer lugar su significado oculto y tartaremos luego de dilucidar su sentido. Después del diluvio de este mundo, Noé bebió hasta emborracharse en su casa y se bajó las calzas dejando al descubierto sus vergüenzas. Y vino su hermano mayor y se burló de él; el hermano menor, en cambio, lo cubrió. Todo esto hace alusión al Salvador, que en la cruz había apurado la copa de la pasión. "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz". Bebió, se embriagó y dejó al descubierto sus muslos: esto está simbolizando la ignominia de la cruz. Vino el hermano mayor, el pueblo judío, y se burló de Él; pero el hermano menor, el pueblo de los gentiles, cubrió su ignominia. Por eso, "maldito Canaán, siervo será de su hermano".
   Y he aquí que aquella maldición aún continúa hasta el día de hoy. Nosotros, pueblo menor, gobernamos al pueblo mayor de los judíos. Así pues, al igual que el Señor se embriagó con la pasión, también los santos, en ardor de su fe, se embriagan al diario con el Espíritu Santo. Tú, que ayer atesorabas riquezas y hoy las dilapidas, ¿no aparentarás ser un loco a los ojos de quienes no te conocen? En fin, también a los apóstoles se les decía que estaban borrachos cuando, tras descender sobre ellos el Espíritu Santo y haberlos llenado de su poder, comenzaron a hablar varias lenguas. Jerónimo, Comentario al Salmo, 80. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 383-387
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hermanos preparan el encuentro con José


16Cuando José vio con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: "Haz entrar a estos hombres en casa, mata a algún animal y prepáralo, pues ellos van a comer conmigo a mediodía". 17El hombre hizo lo que le había mandado José e introdujo a aquellos hombres en casa de José. 18Ellos sintieron miedo al ser introducidos en casa de José, y decían: "Nos meten aquí por lo del dinero devuelto en nuestros sacos la otra vez, para acosarnos, caer sobre nosotros y llevarnos como esclavos con nuestros asnos". 19Se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la puerta de la casa, 20diciéndole: "Escúchanos, por favor, señor; ya bajamos otra vez a comprar alimento, 21y sucedió que al llegar al lugar donde pernoctamos y abrir nuestros sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de su saco, todo nuestro dinero en su justo peso, y queremos devolverlo personalmente. 22Hemos traído, además, otro dinero para comprar alimento. No sabemos quién metió nuestro dinero en los sacos". 23Él respondió: "Quedaos en paz, no temáis; vuestro Dios, el Dios de vuestros padres, os puso un tesoro en los sacos, pues vuestro dinero me llegó a mí". Entonces sacó a Simeón con ellos. 24Les introdujo en casa de José, les trajo agua para lavarse los pies, y echó pienso a los asnos. 25Ellos prepararon los regalos antes de que llegase José a mediodía, pues oyeron que iban a comer allí. (Génesis 43, 16-25).

43, 18   Para... llevarnos como esclavos

Cuando vieron que los siervos de José se apresuraban a desatar sus monturas y a meter su equipaje, se dijeron con amargura: "Hemos privado a nuestro padre de Benjamín, y no volveremos a ver el rostro de nuestro padre. El dinero fue colocado con malicia en la abertura de nuestros equipajes para que, aunque nos libremos [de la acusación] de espionaje, nos cojan y nos hagan esclavos por [la acusación] de hurto. Confesemos ante el mayordomo el [asunto] del dinero antes de que comience a acusarnos, para que nuestro hermano Benjamín quede libre de [la acusación] de espionaje y la confesión de nuestros labios [nos libre de la acusación] de robo. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 4.

43, 19   Se acercaron al mayordomo de José

Se acercaron al mayordomo de José y le dijeron: "Cuando volvimos la primera vez abrimos nuestros equipajes, y había dinero de alguien en su abertura. Ahora te lo devolvemos, pues no es justo que tomemos el dinero del grano junto con el grano". Pero cuando [el mayordomo] vio el miedo que tenían, los consoló y les dijo: Estad tranquilos, no temáis. No es por el dinero recibido por lo que os traemos a esta casa. La verdad que se encuentra en vosotros nos ha hecho esperaros con ansia. No vais a ser juzgados por algo que no habéis robado. Habéis sido invitados a sentaros y a hablar libremente ante [José], pues nuestro señor es justo y, por este honor que os ha reservado en esta segunda ocasión, él quiere haceros olvidar la desgracia que os asaltó la primera vez. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 5.

Prefirieron ser justificados por las obras. Y se acercaron al mayordomo. Querían presentar su petición en la puerta. Todavía tienen dudas de entrar y prefieren ser justificados por sus obras, pues quieren dar razones más que recibir la gracia, y por eso se quedan en la puerta. Sin embargo el que espera el fruto del seno de la Virgen y la herencia del Señor, comercia con los bienes del Hijo. No se queda avergonzado en la puerta, sino que, al dejar esta vida, rechaza al enemigo para que éste, consciente de sus culpas aún más graves, no ponga un obstáculo al que se acerca al cielo. Por tanto, el mayordomo le responde de modo místico. Y debes saber de quién se trata cuando leas que Moisés era fiel a toda su casa. Los mayordomos son Moisés, Pedro, Pablo y todos los santos. Sólo Cristo es el Señor. Está escrito que Moisés fue fiel a toda su casa como servidor para atestiguar lo que fue dicho. Sin embargo, Cristo está como Hijo en su casa, que somos nosotros, si mantenemos la libertad y la gloria de la esperanza. Ambrosio, Sobre José, 9, 48.

43, 23   El Dios de vuestros padres

Cristo es el don de la alegría. Ellos dijeron: "El dinero de cada uno estaba en la boca de su saco. Hemos traído nuestro dinero en su justo peso". ¡Oh gran misterio, visto con toda evidencia! Es como decir: ¿por qué estáis sorprendidos? ¿Vosotros pensáis que el dinero que tenéis en los sacos es vuestro? ¿Que tenéis que no hayáis recibido? Y si lo recibisteis, ¿de qué os gloriáis? Ya habéis quitado el hambre, habéis sido hechos ricos, pues creéis que tenéis dinero, pero el Dios de vuestros padres os ha dado el dinero. El Dios vuestro es el Dios de vuestros padres, a quien habéis negado. Pero es un Dios que comprende y perdona, que os recibe si volvéis a Él. El mismo que no quiere vuestro dinero es quien os da el suyo. Él puso el dinero en vuestros sacos que estaban llenos de lodo. Es vuestro compañero el que dice: has despedazado mi saco y me has vestido de alegría. El don de la alegría es Cristo. Él es vuestro dinero; Él es vuestro precio. Ambrosio, Sobre José. 9, 50.

43, 25   Ellos prepararon los regalos  

El mediodía simboliza la luz óptima de la justicia. "Preparaon los regalos antes que entrase José al mediodia". La fe de Pablo aceleró el mediodía. Antes era ciego, después comenzó a ver la luz de la justicia, porque si uno abre al Señor su camino y espera en Él, también el Señor levantará su justicia como la luz, y su juicio como el mediodia. Y cuando Dios se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré era mediodia, y resplandecía la luz eterna por la presencia del Señor. Es mediodia cuando el verdadero José entra en su casa para almorzar. En efecto, el día brilla más cuando celebramos los sagrados misterios. Ambrosio, Sobre José, 10, 52.  

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 377-379
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez