Los siete años de hambre


53Cuando se acabaron los siete años de abundancia en el país de Egipto, 54comenzaron a llegar los siete años de hambre, como había anunciado José. Hubo hambre en todos los países; pero en toda la tierra de Egipto había pan. 55Llegó también el hambre a todo el país de Egipto, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón dijo a todos los egipcios: "Id a José. y haced lo que él os diga". 56Reinaba el hambre sobre toda la faz de la tierra, y entonces José abrió todos los graneros y vendió el grano a los egipcios mientras arreciaba el hambre en el país de Egipto. 57De todos los países venían a Egipto a comprar grano a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra. (Génesis 41, 53-57).

41, 55   Id a José, y haced lo que él os diga

Fue José a reunir el grano y lo recogió en toda la ciudad en la que había suficiente reserva para ese año. Tras finalizar los años buenos y cuando vinieron los de hambre, José cuidó de los huérfanos, de las viudas y de todo el que estaba necesitado en Egipto, para que no hubiera necesidad en Egipto. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 36, 1.

41, 57   De todos los países venían a Egipto a comprar grano

El grano se vuelve caro. Gracias al grano [recogido por] José, Egipto no hubiera temido si esa hambruna hubiera sido solamente allí; [pero] había hambre por toda la tierra, y, puesto que en toda ella se necesitaba [el grano de] Egipto, las reservas disminuyeron y el grano se encareció para los egipcios. Podrían haberlo comido a un precio barato debido a su abundancia si la tierra entera no hubiera bajado a comprarlo allí. Para dar a conocer que toda la tierra pasaba hambre, [Moisés] dijo: "Toda la tierra vino a Egipto a comprar [grano] a José". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 36, 2.

Impidiendo la hambruna espiritual. "Reinaba el hambre sobre toda la tierra" Todos los que no son alimentados por Cristo andan hambrientos. Por lo tanto, compremos alimentos con los que podamos remediar el hambre. Nadie se retraiga por su pobreza. Nadie se avergüence de no tener dinero. Cristo no pide oro, sino la fe, que es más preciosa que el oro. Pues Pedro, que no tenía dinero, lo compró: "No tengo plata ni oro, dijo, pero lo que tengo, te lo doy: ¡en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda!". Y también dice el profeta Isaías: "¡Todos los sedientos, venid a las aguas! Y los que tengáis dinero, ¡venid! Comprad y comed. Venid. Comprad, sin dinero y sin nada a cambio, vino y leche". Pues el que pagó por nosotros el precio de su sangre no nos pide que le paguemos, porque no nos redimió con oro o plata, sino con el precio de su sangre. Ambrosio, Sobre José, 7, 42.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 370-371
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

0 comentarios

Publicar un comentario