José encarcela a sus hermanos


6José era el gobernador del país y el que vendía a toda la gente del país. Llegaron sus hermanos y se postraron ante él rostro en tierra. 7Al ver José a sus hermanos los reconoció; pero, fingiéndose extraño, les habló duramente. Les preguntó: "¿De dónde venís? Ellos respondieron: "Del país de Canaán a comprar alimentos". 8José había reconocido a sus hermanos pero ellos no lo reconocieron a él. 9Se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: "¡Vosotros sois espías! Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país". 10Le respondieron: "No, Señor, tus siervos han venido a comprar alimentos; 11todos nosotros somos hijos del mismo padre, y somos gente honrada; tus siervos no son espías". 12Les volvió a decir: "No. Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país". 13Respondieron: "Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, hijos del mismo padre en el país de Canaán; el pequeño está ahora con nuestro padre, y el otro ya no existe". 14Les dijo de nuevo José: "Os lo vuelvo a decir: vosotros sois espías; 15pero os voy a poner a prueba de este modo: ¡Por vida del faraón! no saldréis de aquí hasta que venga vuestro hermano pequeño. 16Enviad a uno de vosotros que busque a vuestro hermano; mientras tanto quedaréis presos, y se pondrán a prueba vuestras palabras, a ver si la verdad está de vuestra parte. Si no, ¡por vida del faraón!, es que sois espías". 17Y los puso bajo custodia tres días. (Génesis 42, 6-17).

42, 6   LLegaron sus hermanos y se postraron ante él

Ahora actúan desconociendo hasta la fecha todas estas cosas. como no es poco el tiempo que ha transcurrido, ya no reconocen los rasgos de su hermano. Es natural que José haya sufrido algún tipo de cambio en sus rasgos, dado que había alcanzado la madurez. Creo, en resumidas cuentas, que formaba parte del plan del Dios del universo que ellos no pudieran reconocer a su hermano ni por su modo de hablar ni por su aspecto. ¿Cómo iba nadie a imaginar esto? Y es que pensaban que José se había convertido para siempre en siervo de los ismaelitas y que soportaba la esclavitud entre los bárbaros. Como ellos no podían concebir nada semejante, no reconocían a José. Él, en cambio, los reconoció nada más verlos y se apresuró a esconder su identidad, pretendiendo comportarse como si ellos fueran extraños. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 64, 1.

42, 9   Sois espías

Contestaron diciendo: Ni siquiera conocemos la lengua egipcia que nos permitiría hablar en egipcio, y así pasar desapercibidos y engañar a los egipcios. Puedes darte cuenta por nuestras ofrendas que vivimos en la tierra de Canaán. Y somos doce, por lo que es imposible que todos nosotros tengamos un deseo malvado de espiar. Por nuestra [propia] voluntad hemos venido y nos hemos presentado ante ti. También testifica en favor de nuestra sinceridad el que no conozcamos la lengua de los egipcios y no llevemos el vestido de los egipcios. Es evidente que no somos espías, pues somos doce, y somos reconocibles por doquier por nuestra raza y nuestro número. "Uno de nuestros hermanos permanece junto a nuestro padre, y el otro ya no existe". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 36, 4.

42, 13   Eramos doce hermanos

Ellos no admitieron la culpa. ¡Oh, qué fraudulentas palabras! Todavía cuentan entre ellos a aquel que vendieron a unos comerciantes, y no dicen: "Éramos doce", sino: "Somos doce hermanos y he aquí que el más joven está con nuestro padre". Esto era lo que José anhelaba conocer, si habían tratado a su hermano de la misma manera. "He aquí que el más joven está con nuestro padre y el otro ya no existe". Y no dan el motivo con claridad, sino que dicen simplemente: "Ya no existe". Sospechando por esto que quizá hubieran hecho lo mismo con Benjamín, José dice: "¡Lo que había dicho! ¡Espías sois! ¡pues no saldréis de aquí hasta que vuestro hermano pequeño no venga acá". Quiero verlo. Deseo contemplar al que también es fruto del vientre de mi madre. Desconfío de vosotros, no sea que alberguéis sentimientos de odio hacia vuestro hermano como ocurrió conmigo. Así pues, si queréis, "enviad a uno de vosotros y traédmelo", vosotros quedáis presos hasta que él se presente. Cuando aquel llegue, enseñará si es verdad lo que habéis dicho y quedaréis libres de toda sospecha. Si esto no fuera así, estaría claro que sois espías, y por eso habéis llegado hasta acá. Y después de haber hablado así, "los metió en la cárcel". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 64, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 372-374
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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