José da trigo a sus hermanos


18Al tercer día les dijo José: "Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios. 19Si sois gente honrada, ¡uno de vuestros hermanos quede preso en la cárcel! Los demás id a llevar el grano comprado para remediar el hambre de vuestras casas. 20Después me traeréis a vuestro hermano pequeño para poder comprobar la verdad de vuestras palabras, y no moriréis". Así lo hicieron, 21diciéndose los hermanos entre sí: "En verdad somos culpables respecto a nuestro hermano, pues vimos su angustia cuando nos pedía piedad y no le escuchamos; por eso nos sobreviene esta desgracia". 22Les replicó Rubén: "¿No os dije que no pecaséis contra el muchacho, y no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre". 23Ellos ignoraban que José entendía, pues entre ellos había habido un intérprete. 24José se retiró de su lado y rompió a llorar; luego volvió a donde estaban y les habló de nuevo. Eligió de entre ellos a Simeón y le hizo prender delante de todos. 25Después José dio órdenes de que les llenaran los envases de grano, les devolvieran su dinero, a cada uno en su saco, y les dieran provisiones para el camino. Y así lo hicieron. (Génesis 42, 18-25).

42, 21   Somos culpables

El pecado ciega la mente. Así es el pecado. Una vez que se comete y se lleva a cabo, muestra entonces la desmesura de su insensatez. Como el borracho, que cuando se sirve gran cantidad de vino no tiene conciencia alguna de la ruina que conlleva la bebida, sino que es después, por la misma experiencia, cuando comprende la magnitud del daño, de esta manera también el pecado. Mientras se comete, oscurece la razón y, como una nube densa, así se embota la mente, pero después la conciencia se turba y tortura la mente sin piedad con toda clase de reproches, poniendo de manifiesto la injusticia cometida. Fíjate en éstos, dándose ahora cuenta. Cuando ven el peligro que por todas partes se cierne sobre ellos es cuando reconocen lo que han hecho y dicen: "Si. Somos culpables por lo de nuestro hermano, porque nos desentendimos de la aflicción de su alma. No sin motivo y en vano nos vemos soportando esto, sino justamente, y muy justamente a demás. Paguemos, pues, la pena por la falta de humanidad y la crueldad que manifestamos hacia nuestro hermano". Porque nos desentendimos de la aflicción de su alma cuando nos suplicaba, y no le escuchamos. Es porque hemos sido inmisericordes, vienen a decir, y dimos muestras de una gran crueldad, por lo que ahora experimentamos lo mismo: "Por eso nos ha llegado esta desgracia". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 64, 2.

42, 24   Eligió... a Simeón 

Al oír José la mención hecha sobre su hermano, se inflamó en deseos de verlo y dijo: "En eso probaré que no sois espías, hasta que vuestro hermano pequeño no venga con vosotros". Y retiene de entre ellos a Simeón, lo ata en presencia de ellos y lo mete en prisión. Si deseas conocer quien es nuestro Benjamín, nuestro hermano menor, al que busca José, nuestro Cristo, es Pablo, anteriormente Saulo, de la tribu de Benjamín, cómo él mismo afirma, y conforme a su propia afirmación, el menor de los apóstoles. En Simeón podemos reconocer a Pedro, atado por los vínculos de las tres negaciones, a quien el miedo ató y el amor desató. Quodvultdeo, Libro de las promesas y bendiciones de Dios, 1, 30, 42.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 374-376
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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