Los hijos de Jacob parten de nuevo con Benjamín


1El hambre seguía apretando en el país. 2Cuando hubieron consumido la provisión de grano que habían traído de Egipto, les dijo su padre: "Volved a comprarnos algún alimento. 3Judá le respondió: "Aquel hombre, jurando, nos ha insistido: "No os presentéis ante mí sin que vuestro hermano venga con vosotros". 4Si accedes a mandar a nuestro hermano, bajaremos y te compraremos alimento; 5si no accedes, no bajaremos, porque aquel hombre nos advirtió: "No os presentéis ante mí sin vuestro hermano"". 6Israel esclamó: "¿Por qué me habéis traído tal desgracia, contando a aquel hombre que aún teníais otro hermano?". 7Replicaron: "Aquel hombre nos interrogó sobre nosotros y nuestra familia preguntándonos: "¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algún hermano? Nosotros le contestamos según tales preguntas. ¿Acaso podíamos saber que iba a decir: "Traed a vuestro hermano?". 8Entonces dijo Judá a su padre Israel: "Manda al muchacho conmigo; nos pondremos en camino e iremos, para poder seguir viviendo y no morir, ni nosotros, ni tú, ni vuestros niños. 9Yo respondo de él, a mí me lo podrás exigir; si no te lo traigo y lo pongo ante ti, seré para ti culpable de pecado toda la vida. 10Pues si no nos hubiéramos entretenido, ya estaríamos ahora de vuelta por segunda vez".
   11Les dijo su padre Israel: "Si ha de ser así, hacedlo; tomad los mejores productos del país en vuestros equipajes y llevádselos a aquel hombre como regalo: un poco de resina aromática, un poco de miel, tragacanto, ládano, pistachos y almendras. 12 Llevaos el doble de dinero y devolved personalmente el dinero encontrado en la boca de los sacos, pues quizá fue un error; 13y traed a vuestro hermano. Poneos en camino y volved a aquel hombre. 14Que El-Saday os conceda hallar misericordia ante ese hombre, y os devuelva a vuestro otro hermano y a Benjamín. Yo, si me quedo sin hijos, sin ellos me quedaré". 15Tomaron los hombres aquel regalo; llevaron también el doble de dinero, y a Benjamín; y poniéndose en camino, bajaron a Egipto y se presentaron a José. (Génesis 43, 1-15).

43, 1   Tomad los mejores productos del país

El joven Benjamín era retenido, y todavía estaba muy unido al amor del padre. Le retenían los lazos de la ley: las costumbres paternas. El hambre, aumentaba, porque se retrasaba el viaje. Rubén y Judá, es decir, la humildad y la confesión, interceden por él. Ellos dan garantía al padre y a ellos es confiado Benjamín. Uno es el el primogénito, el otro el resucitado. El primogénito representa la ley, el resucitado el Evangelio. Ellos conducen al joven Benjamín, que va a acompañado de buenos aromas, portando consigo resina para pegar piedras de mármol. Porque también con la predicación apropiada se unen las piedras vivas como con una resina espiritual. Llevaba también miel, con la que las heridas se curan interiormente, sin el dolor de tener que seccionar. Así es la predicación de Pablo, que hacía desaparecer la herida podrida y eliminaba lo corrompido con el aguijón de sus argumentos, buscando más quemar las enfermedades de la mente que cortar al mismo enfermo. El profeta David enseña que el incienso de la oración, la casia y el áloe son los adornos de la sepultura: "Mirra, áloe y casia exhalan tus vestidos". Porque Pablo vino a predicar la cruz del Señor, como encina siempre lozana y nuez de la que cuanto más dura es la cáscara, más tierno es el fruto. Merecidamente la vara de Aarón era de nogal y también el báculo de Jeremías. "Llevaos el doble de dinero". ¿Quién podrá dudar de que se trata de regalos innecesarios, cuando la vida del patriarca y la predicación del apóstol siempre reverdece en todos y cuando el ejemplo de los santos resplandece con el fulgor saludable como plata probada al fuego? Y no se habla sin razón de doble cantidad de dinero: Prefigura la venida de Pablo, que obsequiaba a los presbíteros con el doble honor de la palabra y de la doctrina. Ambrosio, Sobre José, 9, 46.

43, 13   Traed a vuestro hermano

Jacob fue persuadido por el hambre. Jacob estaba obligado por el hambre a enviar a Benjamín con ellos, quisiera o no quisiera. Les dio provisiones, los envió con bendiciones y dijo: "Igual que quedé privado de Raquel, ahora he quedado privado de los hijos de Raquel". Judá confortó a su padre y dijo: "Si no traigo de vuelta a Benjamín y lo presento ante ti, pecaré contra ti para siempre" Tomaron de los bienes de la tierra: goma, pistachos -que son bayas-, etc. Entonces bajaron y se presentaron ante José. José ordenó a su mayordomo que les diera alojamiento en su casa. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 379-381
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hermanos regresan y Jacob rehúsa dejar marchar a Benjamín


29Llegaron a donde estaba Jacob, su padre, en la tierra de Canaán y le contaron todo lo que les había sucedido, diciendo: 30"El Señor del país nos habló duramente y nos tomó por espías del territorio. Le respondimos: Nosotros somos gente honrada; no somos espías; 32éramos doce hermanos, hijos del mismo padre, uno ya no existe, y el pequeño está ahora con nuestro padre en el país de Canaán. Entonces el Señor del país nos replicó: De esta forma sabré que sois gente honrada: dejad conmigo a uno de los hermanos, tomad lo necesario para remediar el hambre de vuestras casas y marchaos. 34Después me traeréis a vuestro hermano pequeño y así sabré que no sois espías, sino gente honrada. Entonces os devolveré a vuestro hermano y podréis circular por el país".
   35Cuando vaciaron los sacos, encontró cada uno una bolsa de dinero dentro, y al ver las bolsas con dinero, tanto ellos como su padre se llenaron de temor. 36Les dijo su padre Jacob: "Me estáis dejando sin hijos; José ya no existe, Simeón tampoco, y queréis llevaros a Benjamín. Todo recae sobre mí". Respondió Rubén a su padre: "Puedes matar a mis dos hijos si no te lo devuelvo; confíamelo que yo te lo devolveré". 38Pero él dijo: "Mi hijo no bajará con vosotros, pues su hermano murió y sólo queda él; si le ocurriera alguna desgracia en el viaje que vais a emprender, haríais bajar de pena mis canas al sheol". (Génesis 42, 29-38).

El comportamiento aparentemente cruel de José, que provoca tal angustia en su padre, Jacob, puede justificarse si consideramos que forma parte del designio divino y tenía como objeto limpiar a Jacob aun de la menor de sus ofensas, una interpretación que quizás se deba en parte a la herencia de la controversia pelagiana (Cesáreo de Arlés). Los hermanos de José suplican a Jacob que envíe a Benjamín, tratando de reblandecer su negativa instándole a pensar en la mujer e hijos de Simeón. (Efrén). 

42, 36   Me estáis dejando sin hijos

Dios actuó con gran misericordia. Observad con atención otro milagro aún mayor, y ved cómo el bienaventurado José, que sabía que su padre sentía una insoportable amargura por él, como si fuera poco lo que hasta entonces había sufrido, hizo que le trajeran también a Benjamín; hecho con el que entendía sin duda que multiplicaría su dolor. Pienso que todas estas cosas se realizaron por inspiración del Espíritu Santo. Porque Dios, cuyos juicios permanecen ocultos las más de las veces, pero nunca son injustos, y que no quiso hacer saber a Jacob que su hijo vivía, tampoco permitió que el bienaventurado José hiciera saber a su padre la gloria de la que disfrutaba; es más, como se ha dicho, al tener preso a Simeón y quitarle a Benjamín, agregó más angustia a su padre. Pues todas estas cosas, hermanos queridísimos, si las miramos fiel y diligentemente, nos daremos cuenta de que Dios las llevó a cabo con una gran misericordia. Desde el principio de la historia obró Dios con sus santos esto que con gran piedad hizo en el bienaventurado Jacob. Prestad atención para saber por qué hizo esto.
   Por mucho que eviten los crímenes más graves y aunque realizen muchas obras buenas los siervos y amigos de Dios, sabemos que no carecieron de pequeñas faltas; no anda lejos de la verdad aquel que dijo: "No está libre de pecado ni siquiera el infante cuya vida sobre la tierra es de un día". Y el evangelista san Juan, que por cierto no era inferior al bienaventurado Jacob, clama y dice: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está con nosotros". Y lo que está escrito en otro lugar: "Siete veces cae el justo, pero se levanta". Por tanto, y como ya se ha dicho, dado que el bienaventurado Jacob no podía estar sin estos pequeños pecados, Dios quiso limpiar estas pequeñas faltas en esta vida con el fuego de la tribulación, e hizo en él lo que dijo el Espíritu Santo: "El horno prueba los vasos del alfarero, y la prueba del hombre está en su conversión". Y aquello: "El Señor corrige a todo aquel que reconoce como hijo". Y también aquello: "Es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones". Pues para que nuestro Dios pudiera presentar en el juicio futuro al santo Jacob como oro acrisolado, primero lo limpió de toda la mancha de pecado, para que el fuego que juzga no hallara en él nada que quemar. Cesáreo de Arlés, Sermón 91, 3-4.

42, 38   Mi hijo no bajará con vosotros

Los hermanos suplican a Jacob. Subieron y relataron a su padre los males que habían sufrido durante el camino, y cómo habían sido objeto de escarnio en Egipto, siendo acusados de espionaje allí, y cómo no habrían escapado de este sufrimiento si no fuera por causa de Benjamín. Mientras algunos de ellos decían esto ante su padre, los otros descargaban los sacos y al abrirlos cada uno encontraba su propio dinero en el saco.
   Jacob estaba afligido por todo lo que les había pasado, pero sobre todo por Simeón, que estaba cautivo. Y aunque le pedían todos los días que enviara con ellos a Benjamín, él no lo consentía debido a lo que le había pasado a José. Entonces, cuando su trigo se había acabado y todos los miembros de su casa languidecían de hambre, todos sus hijos se le acercaron y le dijeron: "Salva a Simeón por el bien de sus hijos, y quédate unos pocos días sin tu hijo pequeño para que no quede viuda la mujer de Simeón". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 37, 1-2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 377-379
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hermanos encuentran su dinero


26Cargaron el grano en los asnos y partieron. 27Cuando en el lugar donde pernoctaron uno de ellos abrió su saco para dar pienso al asno, vio el dinero que estaba en la boca del saco 28y dijo a sus hermanos: "Me han devuelto el dinero; está también en mi saco". Entonces se sobresaltaron y aterrados se decían unos a otros: "¿Qué es lo que ha hecho Dios con nosotros?"(Génesis 42, 26-28).

El trigo que se les da a los hermanos simboliza los misterios de Dios, que no pueden comprarse con dinero, sino que únicamente pueden obtenerse por la gracia, y por eso se les devuelve el dinero (Ambrosio).

42, 28   ¿Qué es lo que ha hecho Dios con nosotros?

La abundancia es mayor que la hambruna. "Hay grano en Egipto". Donde era el hambre mayor fue la hartura. En Egipto había gran cantidad de trigo. Y dice Dios Padre: "De Egipto llamé a mi Hijo". De esta semilla, aquella fecundidad. Y sería imposible tal cosecha si los egipcios no hubieran sembrado antes el grano. Había trigo como nadie antes podría haberse imaginado. Los patriarcas fueron a comprar este trigo. Y ellos llevaban dinero, pero el buen José les regaló el trigo y les devolvió el dinero. A Cristo no se le compra con dinero, sino con la gracia. Tu paga es la fe, con la que se compran los misterios divinos. Además, el trigo es llevado por aquel borrico que antes era impuro por la ley, pero ahora está limpio por la gracia. Ambrosio, Sobre José, 8, 45.

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por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 376-377
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

José da trigo a sus hermanos


18Al tercer día les dijo José: "Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios. 19Si sois gente honrada, ¡uno de vuestros hermanos quede preso en la cárcel! Los demás id a llevar el grano comprado para remediar el hambre de vuestras casas. 20Después me traeréis a vuestro hermano pequeño para poder comprobar la verdad de vuestras palabras, y no moriréis". Así lo hicieron, 21diciéndose los hermanos entre sí: "En verdad somos culpables respecto a nuestro hermano, pues vimos su angustia cuando nos pedía piedad y no le escuchamos; por eso nos sobreviene esta desgracia". 22Les replicó Rubén: "¿No os dije que no pecaséis contra el muchacho, y no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre". 23Ellos ignoraban que José entendía, pues entre ellos había habido un intérprete. 24José se retiró de su lado y rompió a llorar; luego volvió a donde estaban y les habló de nuevo. Eligió de entre ellos a Simeón y le hizo prender delante de todos. 25Después José dio órdenes de que les llenaran los envases de grano, les devolvieran su dinero, a cada uno en su saco, y les dieran provisiones para el camino. Y así lo hicieron. (Génesis 42, 18-25).

42, 21   Somos culpables

El pecado ciega la mente. Así es el pecado. Una vez que se comete y se lleva a cabo, muestra entonces la desmesura de su insensatez. Como el borracho, que cuando se sirve gran cantidad de vino no tiene conciencia alguna de la ruina que conlleva la bebida, sino que es después, por la misma experiencia, cuando comprende la magnitud del daño, de esta manera también el pecado. Mientras se comete, oscurece la razón y, como una nube densa, así se embota la mente, pero después la conciencia se turba y tortura la mente sin piedad con toda clase de reproches, poniendo de manifiesto la injusticia cometida. Fíjate en éstos, dándose ahora cuenta. Cuando ven el peligro que por todas partes se cierne sobre ellos es cuando reconocen lo que han hecho y dicen: "Si. Somos culpables por lo de nuestro hermano, porque nos desentendimos de la aflicción de su alma. No sin motivo y en vano nos vemos soportando esto, sino justamente, y muy justamente a demás. Paguemos, pues, la pena por la falta de humanidad y la crueldad que manifestamos hacia nuestro hermano". Porque nos desentendimos de la aflicción de su alma cuando nos suplicaba, y no le escuchamos. Es porque hemos sido inmisericordes, vienen a decir, y dimos muestras de una gran crueldad, por lo que ahora experimentamos lo mismo: "Por eso nos ha llegado esta desgracia". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 64, 2.

42, 24   Eligió... a Simeón 

Al oír José la mención hecha sobre su hermano, se inflamó en deseos de verlo y dijo: "En eso probaré que no sois espías, hasta que vuestro hermano pequeño no venga con vosotros". Y retiene de entre ellos a Simeón, lo ata en presencia de ellos y lo mete en prisión. Si deseas conocer quien es nuestro Benjamín, nuestro hermano menor, al que busca José, nuestro Cristo, es Pablo, anteriormente Saulo, de la tribu de Benjamín, cómo él mismo afirma, y conforme a su propia afirmación, el menor de los apóstoles. En Simeón podemos reconocer a Pedro, atado por los vínculos de las tres negaciones, a quien el miedo ató y el amor desató. Quodvultdeo, Libro de las promesas y bendiciones de Dios, 1, 30, 42.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 374-376
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

José encarcela a sus hermanos


6José era el gobernador del país y el que vendía a toda la gente del país. Llegaron sus hermanos y se postraron ante él rostro en tierra. 7Al ver José a sus hermanos los reconoció; pero, fingiéndose extraño, les habló duramente. Les preguntó: "¿De dónde venís? Ellos respondieron: "Del país de Canaán a comprar alimentos". 8José había reconocido a sus hermanos pero ellos no lo reconocieron a él. 9Se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: "¡Vosotros sois espías! Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país". 10Le respondieron: "No, Señor, tus siervos han venido a comprar alimentos; 11todos nosotros somos hijos del mismo padre, y somos gente honrada; tus siervos no son espías". 12Les volvió a decir: "No. Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país". 13Respondieron: "Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, hijos del mismo padre en el país de Canaán; el pequeño está ahora con nuestro padre, y el otro ya no existe". 14Les dijo de nuevo José: "Os lo vuelvo a decir: vosotros sois espías; 15pero os voy a poner a prueba de este modo: ¡Por vida del faraón! no saldréis de aquí hasta que venga vuestro hermano pequeño. 16Enviad a uno de vosotros que busque a vuestro hermano; mientras tanto quedaréis presos, y se pondrán a prueba vuestras palabras, a ver si la verdad está de vuestra parte. Si no, ¡por vida del faraón!, es que sois espías". 17Y los puso bajo custodia tres días. (Génesis 42, 6-17).

42, 6   LLegaron sus hermanos y se postraron ante él

Ahora actúan desconociendo hasta la fecha todas estas cosas. como no es poco el tiempo que ha transcurrido, ya no reconocen los rasgos de su hermano. Es natural que José haya sufrido algún tipo de cambio en sus rasgos, dado que había alcanzado la madurez. Creo, en resumidas cuentas, que formaba parte del plan del Dios del universo que ellos no pudieran reconocer a su hermano ni por su modo de hablar ni por su aspecto. ¿Cómo iba nadie a imaginar esto? Y es que pensaban que José se había convertido para siempre en siervo de los ismaelitas y que soportaba la esclavitud entre los bárbaros. Como ellos no podían concebir nada semejante, no reconocían a José. Él, en cambio, los reconoció nada más verlos y se apresuró a esconder su identidad, pretendiendo comportarse como si ellos fueran extraños. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 64, 1.

42, 9   Sois espías

Contestaron diciendo: Ni siquiera conocemos la lengua egipcia que nos permitiría hablar en egipcio, y así pasar desapercibidos y engañar a los egipcios. Puedes darte cuenta por nuestras ofrendas que vivimos en la tierra de Canaán. Y somos doce, por lo que es imposible que todos nosotros tengamos un deseo malvado de espiar. Por nuestra [propia] voluntad hemos venido y nos hemos presentado ante ti. También testifica en favor de nuestra sinceridad el que no conozcamos la lengua de los egipcios y no llevemos el vestido de los egipcios. Es evidente que no somos espías, pues somos doce, y somos reconocibles por doquier por nuestra raza y nuestro número. "Uno de nuestros hermanos permanece junto a nuestro padre, y el otro ya no existe". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 36, 4.

42, 13   Eramos doce hermanos

Ellos no admitieron la culpa. ¡Oh, qué fraudulentas palabras! Todavía cuentan entre ellos a aquel que vendieron a unos comerciantes, y no dicen: "Éramos doce", sino: "Somos doce hermanos y he aquí que el más joven está con nuestro padre". Esto era lo que José anhelaba conocer, si habían tratado a su hermano de la misma manera. "He aquí que el más joven está con nuestro padre y el otro ya no existe". Y no dan el motivo con claridad, sino que dicen simplemente: "Ya no existe". Sospechando por esto que quizá hubieran hecho lo mismo con Benjamín, José dice: "¡Lo que había dicho! ¡Espías sois! ¡pues no saldréis de aquí hasta que vuestro hermano pequeño no venga acá". Quiero verlo. Deseo contemplar al que también es fruto del vientre de mi madre. Desconfío de vosotros, no sea que alberguéis sentimientos de odio hacia vuestro hermano como ocurrió conmigo. Así pues, si queréis, "enviad a uno de vosotros y traédmelo", vosotros quedáis presos hasta que él se presente. Cuando aquel llegue, enseñará si es verdad lo que habéis dicho y quedaréis libres de toda sospecha. Si esto no fuera así, estaría claro que sois espías, y por eso habéis llegado hasta acá. Y después de haber hablado así, "los metió en la cárcel". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 64, 2.

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por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 372-374
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hijos de Jacob buscan grano en Egipto


1Jacob se enteró de que había grano en Egipto, y dijo a sus hijos: "¿Por qué estáis mirándoos unos a otros? 2He oído que hay grano en Egipto; bajad allí y comprad para nosotros, para que podamos vivir y no muramos". 3Bajaron, pues, diez hermanos de José a comprar grano a Egipto. 4A Benjamín, hermano de José, no lo envió Jacob con sus hermanos, porque pensó: "No vaya a sucederle alguna desgracia". 5Los hijos de Israel llegaron junto con otros que iban también a comprar, porque reinaba el hambre en el país de Canaán. (Génesis 42, 1-5).

 42, 1   Había grano en Egipto

Y Jacob "dijo a sus hijos: ¿Por qué estáis mirándoos unos a otros? He oído que hay grano en Egipto; bajad allí y comprad para nosotros". Jacob no habló así una sola vez sino que cada día lo repite a todos los hijos, que se toman en serio acercarse a la gracia de Cristo. "¿Por qué estáis mirándoos unos a otros? He oído que hay grano en Egipto". El grano de este trigo es el que devuelve las fuerzas; por tanto quien pasa hambre debe alimentar con él su debilidad. "He oído que hay grano en Egipto". Los jóvenes suelen enterarse de las cosas antes que los mayores, porque andan más por la calle. Pero aquí es el anciano el que oye hablar primero de este comercio; un anciano que posee las blancas canas de la fe. Se entera primero el anciano que tiene una ancianidad venerable y ha llevado una vida inmaculada hasta la ancianidad. Ambrosio, Sobre José, 8, 43.

42, 4   A Benjamín... no lo envió

Benjamín prefigura a Pablo. Pero no todos fueron a comprar, sólo los hijos mayores de Jacob. Por lo tanto, van diez, no baja el más pequeño. El padre no lo envía, "no vaya a sucederle -dice- alguna desgracia". Pues el joven Benjamín todavía podía contraer alguna enfermedad. Aquí se habla del patriarca Benjamín, pero en él está prefigurado Pablo, que sería de la tribu de Benjamín. Jacob tenía razones para pensar en su desgracia. Cayó enfermo para ser sanado. Pablo sufrió la ceguera, pero esa enfermedad fue para su salvación, pues le dio luz. Hemos recordado la historia, conozcamos ahora el misterio. Los patriarcas se pusieron en camino al principio sin Benjamín, los apóstoles sin Pablo. Uno y otro no fueron entre los primeros, pero al ser llamados por éstos consiguieron con su presencia que fuese mayor el fruto de los primeros. Ambrosio, Sobre José, 8, 44.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.  371-372
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los siete años de hambre


53Cuando se acabaron los siete años de abundancia en el país de Egipto, 54comenzaron a llegar los siete años de hambre, como había anunciado José. Hubo hambre en todos los países; pero en toda la tierra de Egipto había pan. 55Llegó también el hambre a todo el país de Egipto, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón dijo a todos los egipcios: "Id a José. y haced lo que él os diga". 56Reinaba el hambre sobre toda la faz de la tierra, y entonces José abrió todos los graneros y vendió el grano a los egipcios mientras arreciaba el hambre en el país de Egipto. 57De todos los países venían a Egipto a comprar grano a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra. (Génesis 41, 53-57).

41, 55   Id a José, y haced lo que él os diga

Fue José a reunir el grano y lo recogió en toda la ciudad en la que había suficiente reserva para ese año. Tras finalizar los años buenos y cuando vinieron los de hambre, José cuidó de los huérfanos, de las viudas y de todo el que estaba necesitado en Egipto, para que no hubiera necesidad en Egipto. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 36, 1.

41, 57   De todos los países venían a Egipto a comprar grano

El grano se vuelve caro. Gracias al grano [recogido por] José, Egipto no hubiera temido si esa hambruna hubiera sido solamente allí; [pero] había hambre por toda la tierra, y, puesto que en toda ella se necesitaba [el grano de] Egipto, las reservas disminuyeron y el grano se encareció para los egipcios. Podrían haberlo comido a un precio barato debido a su abundancia si la tierra entera no hubiera bajado a comprarlo allí. Para dar a conocer que toda la tierra pasaba hambre, [Moisés] dijo: "Toda la tierra vino a Egipto a comprar [grano] a José". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 36, 2.

Impidiendo la hambruna espiritual. "Reinaba el hambre sobre toda la tierra" Todos los que no son alimentados por Cristo andan hambrientos. Por lo tanto, compremos alimentos con los que podamos remediar el hambre. Nadie se retraiga por su pobreza. Nadie se avergüence de no tener dinero. Cristo no pide oro, sino la fe, que es más preciosa que el oro. Pues Pedro, que no tenía dinero, lo compró: "No tengo plata ni oro, dijo, pero lo que tengo, te lo doy: ¡en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda!". Y también dice el profeta Isaías: "¡Todos los sedientos, venid a las aguas! Y los que tengáis dinero, ¡venid! Comprad y comed. Venid. Comprad, sin dinero y sin nada a cambio, vino y leche". Pues el que pagó por nosotros el precio de su sangre no nos pide que le paguemos, porque no nos redimió con oro o plata, sino con el precio de su sangre. Ambrosio, Sobre José, 7, 42.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 370-371
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Marcelo Merino Rodríguez