Los siete años de abundancia


45José salió a recorrer el país de Egipto. 46Tenía José treinta años cuando se presentó ante el faraón, rey de Egipto. Salió José de presencia del faraón y recorrió todo el país de Egipto. 47La tierra produjo copiosamente en los siete años de abundancia, 48y él recogió todo el alimento que hubo durante los siete años en el país de Egipto, y lo guardó en las ciudades; el alimento del campo que rodeaba cada ciudad lo guardó en ella. 49Así José almacenó muchísimo grano, como las arenas del mar, hasta el punto que dejó de medirlo, pues sobrepasaba la medida. (Génesis 41, 45-49).

41, 46   Recorrió todo el país de Egipto

No pensemos que la referencia a la edad de José carece de motivo. Su fin es que aprendamos que no hay justificación para nadie a que descuide la virtud, y que no es posible pretextar juventud cuando uno tiene que dar prueba de virtud. He aquí a José, que no sólo era joven, sino además bello de aspecto y de hermosa apariencia. Es posible no ser físicamente hermoso aun siendo joven, pero es que José, además de joven, era de bello aspecto y de hermosa apariencia, y se encontraba prácticamente en la flor de la edad cuando fue capturado y hecho esclavo. Diecisiete años tenía, dice el texto, cuando lo llevaron a Egipto. Según eso se hallaba en el ardor mismo de la juventud cuando lo atacó la intemperante egipcia, que era a la sazón su ama, y ni así doblegó la fortaleza de aquel justo varón. Luego viene la cárcel y el sufrimiento allí durante tanto tiempo. Aguantó como el diamante, no solamente sin debilitarse, sino cobrando además mayor resistencia. Contaba, efectivamente, con la gracia de lo alto que lo fortificaba. Y como José había dado prueba de gran virtud por sus dones personales, pasó de la cárcel a ser llamado para mandar sobre todo Egipto.
   Oyendo estas cosas, no desfallezcamos nunca en las tribulaciones ni nos mostremos descontentos arrastrados por nuestros propios razonamientos. Antes bien, hemos de nutrirnos de esperanza y dar muestra de gran paciencia, conscientes de los recursos de nuestro Señor y de que no va a ignorarnos ni abondanarnos cuando sentimos la aflicción en momentos de prueba. Al contrario, lo que Dios quiere es que luchemos para ceñirnos una corona radiante. Por esto fueron celebrados todos los santos. Por esta razón también dijeron los apóstoles: "A través de muchas tribulaciones hay que llegar al reino de Dios". Y el mismo Cristo decía a sus díscipulos: "En este mundo tendréis tribulación". No nos dolamos, por tanto, ante las tribulaciones; escuchemos más bien a Pablo cuando dice: "Los que quieran vivir santamente en Cristo Jesús serán perseguidos". Y no nos extrañemos ni nos disgustemos, sino que hemos de soportar lo que venga con toda hombría y paciencia, sin volver la espalda a los problemas, sino sacando de ellos lo que nos sea de provecho. Porque se trata de un negocio puramente espiritual. Como quienes desean juntar dinero y se meten en el negocio de su vida, que no podrían hacer crecer sus ahorros de otra manera sino es soportando muchos peligros por tierra y por mar, además de ataques de ladrones (pues no les queda más remedio que arrostrar insidias de piratas), y sin embargo, están dispuestos a aceptar con gran temple cualquier cosa en espera de una ganancia sin tener sensación alguna de tristeza, de la misma manera nos pasa también a nosotros. Considerando la riqueza que así juntamos, que es una ganancia espiritual, hemos de alegrarnos por ello y regocijarnos, y no cuidarnos de lo que se ve, como reza la exhortación de Pablo: "No mirando lo que se ve".
   Porque esto es, en definitiva, la fe: cuando no nos basta con los ojos del cuerpo solamente, sino que imaginamos con la mirada intelectual cosas que no son visibles. Por eso celebramos al patriarca, pues creyó en la promesa de Dios más allá de la naturaleza y de las consideraciones humanas. Por eso: "Fue contado para su justificación". Ten en cuenta que justificación es creer lo que ha dicho Dios. Cuando Él promete algo, no pidas al asunto, por favor, una lógica humana, sino confía elevándote sobre tales razonamientos de acuerdo con el poder de quien hizo la promesa. Así llegaron a ser celebrados todos y cada uno de los justos, así también aquel varón admirable, José. A pesar de tantos obstáculos como se interpusieron tras su sueño, él no dejó que su mente se perturbara, no se inquietó, sino que todo lo soportaba valerosamente con su espíritu robustecido, consciente de que es imposible que fallen los planes de Dios. Por eso, a pesar de la esclavitud, de la cárcel y de una calumnia de tal embergadura, recibió el control sobre todo Egipto. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 63, 4-5.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 365-367
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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