Prosperidad de José


1José fue bajado a Egipto. Putifar, un egipcio eunuco del faraón y capitán de los guardias, lo compró a los ismaelitas que lo habían bajado allí. 2El Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre afortunado viviendo en casa de su amo egipcio. 3Su amo vio que el Señor estaba con él, y que le daba éxito en todo lo que emprendía. 4José halló gracia ante él y entró a su servicio. Putifar lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo. 5Desde  el momento en que lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo, el Señor bendijo la casa del egipcio gracias a José. La bendición del Señor recayó sobre todo lo que aquél tenía en su palacio y en el campo. 6El egipcio confió todo lo que poseía en manos de José, y no se preocupaba de otra cosa que del alimento que tomaba. (Génesis 39, 1-6).

39, 2   El Señor estaba con José

Tienen por qué gloriarse los esclavos de nacimiento: también José sirvió. Tienen en qué consolarse los que pasaron de la libertad a la esclavitud por alguna circunstancia. Tienen un ejemplo para imitar. Aprendan que pueden cambiar de condición pero no de costumbres, que existe libertad también en casa del Señor y fortaleza en la esclavitud. También los señores tienen el ejemplo de que pueden esperar muchos bienes de sus siervos. En una hija esclava encontró Abrahán una mujer para el hijo. El Señor bendijo la casa de Egipto a través de José. "La bendición del Señor recayó sobre todo lo que aquél tenía en su palacio y en el campo". "El egipcio confió todo lo que poseía en manos de José". Hay que advertir que gobernaron los esclavos lo que los amos no habían podido gobernar. Ambrosio, Sobre José, 4, 20-21.

39, 4   Putifar lo puso al frente de su casa

Dios, amigo del hombre, deseaba poner a José en completa seguridad, pero no lo sacó de la esclavitud ni se aprestó a liberarlo. Y es que Dios siempre acostumbra no apartar de los peligros a los hombres buenos ni a librarlos de las pruebas, sino a mostrar su favor tan característico precisamente en las pruebas, de modo que las pruebas mismas se tornan para ellos en motivo de regocijo. Por esto el bienaventurado David decía: "En el agobio me diste anchura". "No me has hecho reposar quitándome antes el agobio, viene a decir, ni alejándome de él, sino que -lo que es más asombroso y paradójico- me diste seguridad en medio de las tribulaciones". Y esto es, sin duda, lo que también hace en este caso nuestro amoroso Señor. "Bendijo la casa del egipcio por medio de José". Y se enteró entonces incluso el bárbaro de que aquel joven al que consideraba un criado era alguien íntimamente unido a Dios. "Dejó cuanto tenía en manos de José y no se ocupaba ya de nada más que del pan que comía", afirma la Escritura. Puede decirse que lo convirtió en señor de toda su casa. Era el esclavo, el cautivo, quien tenía en sus manos todas las posesiones de su señor. Tal es la virtud: allí donde aparece, sobrepasa y vence todo. Como es expulsada la tiniebla al brotar la luz, así también ahora se aleja todo mal porque brilla la virtud. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 342-344
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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