Los hijos de Judá y la estratagema de Tamar


1Por aquel tiempo Judá se alejó de sus hermanos y se fue hasta donde vivía un adulamita llamado Jirá...
   12Pasó mucho tiempo y murió la hija de Súa, esposa de Judá. Cuando Judá se consoló del duelo, subió a Timná, al esquileo de sus ovejas, con su amigo Jirá el adulamita. 13Le comunicaron a Tamar: "Mira, tu suegro sube a Timná a esquilar sus ovejas". 14Ella se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo, y, disfrazada, se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timná, pues veía que Selá había crecido y ella no había sido dada a él por esposa.
   15Judá la vio y la tomó por una prostituta, pues tenía cubierto el rostro. 16Se dirigió a ella en el camino y le dijo: "Por favor, deja que vaya contigo". Pues no reconoció que era su nuera. Ella le preguntó: "¿Qué me vas a dar por venir conmigo?". 17 Él respondió: "Te enviaré un cabrito del rebaño". Replicó ella: "Bien, si me das una prenda hasta que lo envíes". 18Él le preguntó: "¿Qué prenda he de darte?". Le contestó: "Tu sello, tu cordón y el bastón que llevas". Él se los dio y se llegó a ella dejándola embarazada. 19Ella se levantó, fue y, quitándose el manto, se vistió de nuevo las ropas de viuda. (Génesis 38, 1-19).

La historia de Tamar resultaba enigmática y escandalosa para sociedades que desconocen las tradiciones de la Ley mosaica, y por eso necesitaban ser explicadas. Tamar no deseaba un segundo matrimonio, sino sólo la bendición, es decir, la descendencia de su primer matrimonio. Aunque ella no era israelita, quería recibir el tesoro oculto en los circuncisos, y rogó a Dios que impulsara a Judá a colaborar. Así el comportamiento de Judá fue divinamente inspirado y no escandaloso (Efrén). La estratagema de Tamar fue elaborada por designio divino, y sus propósitos eran buenos. Los dos niños que nacieron de Tamar y Judá eran un símbolo de los dos pueblos, prefigurando la vida judía y la vida espiritual (Crisóstomo). Si bien el texto de la historia no parece muy apropiado, en Judá y Tamar se describe el misterio de la encarnación de nuestro Salvador, que es el propósito de todas la Escrituras (Cirilo de Alejandría).

38, 14   Selá había crecido

Anhelo de bendición. Cuando Selá ya era un joven, Judá no quería cambiar de opinión y devolver [a Tamar] a su casa. Ella pensaba: "¿Cómo haré saber a los hebreos que no ansío el matrimonio sino que deseo la bendición que está escondida en ellos? Pues aunque puedo tener relaciones con Selá, no sería capaz de hacer victoriosa mi fe por medio de Selá. Por tanto, debo de tener relaciones con Judá, de forma que, mediante el tesoro que reciba, yo pueda enriquecer mi pobreza, y en la viudez que mantengo pueda dejar claro que no deseo el matrimonio". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 34, 2. 

Lo que sucedió fue por designió divino. Alimentada por las promesas, Tamar esperaba en casa de su padre, dice, aguardando que se realizará la promesa de su suegro. Al ver que Judá no quería cumplir lo prometido, soportaba hasta entonces mansamente, rechazando la unión con otro hombre y abrazando la viudez, en espera de un momento adecuado. Porque anhelaba tener hijos de su suegro. Más cuando vio que su suegra había muerto y que Judá estaba en Timná para el trasquile del rebaño, planeó robarle a su suegro relaciones sexuales, deseosa de tener hijos con él, no por libertinaje, ¡válgame Dios!, sino para no parecer un ser anónimo. Simplemente formaba parte del plan salvífico lo que estaba ocurriendo, por lo que llegó a realizarse lo que ella había planeado. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62,1.

Ella quería un signo. Puesto que ella tenía miedo de que [Judá] la reconociera y la matara en venganza por sus dos hijos, de cuya muerte había sido acusada, ella, como Eliezer, pidió un signo y dijo: Que tu conocimiento no me condene por un acto de pasión, pues yo estoy sedienta de aquello que está oculto en los hebreos. No sé si esto te agrada o no. Permíteme que yo me parezca a él con un aspecto distinto, para que no me mate, y que en su boca se encuentre una invitación para acostarme con él, y así yo pueda saber que aceptas que el tesoro que está escondido en los circuncisos puede transmitirse también por medio de la hija de unos incircuncisos. Que cuando me vea, me diga: "Ven, déjame ir a ti". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 34, 3.

Simbología de Tamar. La Iglesia es fecunda con esta penitencia en todos los pueblos que la forman. En efecto, convenía que Cristo sufriera y resucitara al tercer día, y en su nombre fuera predicada la penitencia y la remisión de los pecados en todos los pueblos, empezando por Jerusalén. Por eso la presencia de esta meretriz es la confesión de los pecadores. Un tipo de Iglesia es Tamar, llamada de entre los gentiles, que se encuentra sentada a la entrada de Henan o Enaim, que significa "fuentes". Ps.-Isidoro, Cuestiones sobre el Antiguo Testamento, 29, 16. 

38,15   Judá la vio y la tomó por una prostituta

Ella sabía que agradaba a Dios. Mientras estaba suplicando a Dios por esto, Judá fue y la vio. La plegaria de Tamar, lo llevó, contra su costumbre, hacia una prostituta. Cuando ella lo vio, llevaba puesto un velo, ya que tenía miedo. Sin embargo, después de que se pronunció la palabra [que servía] de señal y que ella había pedido, supo que Dios estaba satisfecho con lo que estaba haciendo. Por eso descubrió su rostro, sin miedo y pidió la recompensa al señor del tesoro. Efrén de Nisbi, Comentario sobre el Génesis, 34, 4.

38,18   Se llegó a ella dejándola embarazada

Llevando a cabo el plan divino. Que nadie al oír estas cosas, condene a Tamar. Como ya he dicho, servía al plan de Dios y por eso ni ella se granjeó censura alguna, ni Judá se hizo responsable de cargos. Y si andas el camino desde este punto, efectivamente, encontrarás que Cristo hace descender su linaje de los niños engendrados por Judá. Además, estos gemelos nacidos de él eran una prefiguración de los dos pueblos, que simbolizan la vida judía y la vida espiritual. Por lo que vemos, sin embargo, tras la partida de Judá había transcurrido un corto espacio de tiempo, saliendo luego el asunto a la luz, y además Judá se juzga a sí mismo exculpándola a ella. Así pues, cuando Tamar realizó lo que había proyectado, volvió nuevamente a cambiarse de ropa, dice el texto, se fue de allí y regresó a su casa. Judá no obstante, que no sabía nada de estas cosas, cumplió su promesa y envió un cabrito para rescatar la prenda que había entregado, pero la mujer no se hallaba en parte alguna, así que retornó el esclavo anunciándole a Judá que en ninguna parte se podía encontrar a la mujer. Cuando supo esto, Judá dijo: "¡Pues que nunca se nos haga reproches considerándonos ingratos!" Porque no sabía nada de lo que había sucedido. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 1.

Se describe la encarnación. El fin de la Escritura divinamente inspirada es mostrarnos el misterio de Cristo por medio de tan innumerables acontecimientos. No sin razón podría uno compararla con una ciudad maravillosa y digna de admiración, que tiene no una sola estatua, la del Rey, sino muchas estatuas, todas cuantas están expuestas a la vista en todos los lugares. Observa cómo no pasa por alto ninguno de los relatos que hacen referencia a esto, sino que los recorre todos. Y si alguno de los relatos históricos contiene algo no agradable, nada impide que la Escritura construya apropiadamente y lleve a su cumplimiento la demostración propuesta. Su finalidad no es exponer la vida de los santos (lejos de esto), sino más bien instruirnos sobre el conocimiento del misterio de Cristo mediante los hechos que pueden hacer que nuestro discurso sobre él sea sabio y verdadero. Por lo tanto, no se puede criticar [la Escritura] como si estuviera alejada de la verdad. Se nos expone, pues, otra vez, en Judá y en Tamar, el misterio de la encarnación de nuestro Salvador. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 6, 1. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 336-339
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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