Los hermanos de José conspiran contra él


12Habían ido sus hermanos a pastorear las ovejas de su padre a Siquem, 13e Israel dijo a José: "Tus hermanos están pastoreando en Siquem. Ven que te voy a mandar donde están ellos". Le contestó José: "Estoy dispuesto". 14Le dijo su padre: "Anda, pues, a ver cómo siguen tus hermanos y cómo está el ganado, y tráeme noticias". Lo envió desde el valle de Hebrón y él llegó a Siquem. 15Un hombre lo encontró vagando por el campo y le preguntó: "¿Qué buscas?". 16Respondió: "Estoy buscando a mis hermanos; por favor, dime dónde están pastoreando". 17El hombre le dijo: "Se marcharon de aquí, pues oí que decían: Vámonos a Dotán". Y José fue siguiendo a sus hermanos hasta que los encontró en Dotán. 18Ellos lo vieron a lo lejos y antes de que se acercara a donde estaban, se confabularon contra él para darle muerte. 19Se decían unos a otros: "Mira, ahí viene ese soñador; 20vamos ahora, matémoslo y arrojémoslo a un pozo; luego diremos que lo ha devorado una fiera salvaje. Así veremos en qué paran sus sueños". 21Oyó esto Rubén y, queriendo salvarlo de las manos de éstos, dijo: "No le quitemos la vida". 22Entonces les propuso Rubén: "No derraméis sangre; echadlo a este pozo en medio del desierto, pero no pongáis las manos sobre él". Lo decía para salvarlo de las manos de éstos y devolverlo a su padre. 23Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, éstos arrancaron a José la túnica que llevaba, una túnica con mangas, 24lo agarraron y lo echaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua. (Génesis 37, 12-24).

37, 14   Anda, pues, a ver cómo están tus hermanos

Jacob vio por adelantado el misterio del Padre enviando al Hijo. Luego el patriarca si creyó tan gran sueño. Él proetizaba con ambos oráculos semejantes, que representaban tanto a la persona del justo como al pueblo, porque el Hijo de Dios vendría a la tierra. Y sería amado por los justos y negado por los pecadores. Veía, por lo tanto, el misterio futuro de la encarnación el que enviaba al hijo a los hermanos para ver si las ovejas estaban bien cuidadas. Dios se preocupaba de sus ovejas en aquel interés del patriarca, excepto de las que el mismo Señor Jesús habla en el Evangelio: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel". Y lo envió a Siquem, que significa hombro o espalda, es decir lo envió a quienes no se convertirían al Señor, sino que huyendo de su faz se apartarían de él, lo que es propio del pecador. Caín se ocultó del rostro de Dios, y afirma el profeta: "Y a mí me has vuelto la espalada". Sin embargo el justo no se aparta del Señor, sino que acude a Él, diciendo: "Mis ojos están siempre fijos en el Señor". También Isaías al oír la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré?", se ofreció espontáneamente, diciendo: "Aquí estoy. Envíame a mí". De igual modo Simeón espero para ver a Cristo el Señor, y cuando lo vio, al ver al perdonador de los pecados y Redentor del mundo entero, como recién librado del pecado, pidió ser liberado de su propia carne, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra: porque mis ojos han visto tu salvación". Zaqueo tuvo su mejor recomendación al subir al árbol para ver a Cristo. Luego José fue enviado a sus hermanos por el padre, o más bien por aquel Padre que "no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros"; por aquel Padre del que está escrito: "Lo hizo Dios enviando a su propio Hijo en una carne semejante a la carne pecadora". Ambrosio, Sobre José, 3, 9.

37, 15   Vagando por el campo


No podía encontrar a sus hermanos. "Un hombre lo encontró vagando", porque no encontraba a sus hermanos. No vagaba sin razón el que buscaba a los nómadas. Si, el Señor conoce a los suyos. También "Jesús, fatigado del viaje, se había sentado en el pozo". Estaba fatigado porque no encontraba al pueblo de Dios al que amaba, pues se había apartado de la faz de Dios. El que contrae una culpa huye de Cristo. El pecador huye, el justo se acerca. El Adán pecador se esconde, el justo dice: "Llegue ante ti mi plegaria". Ambrosio, Sobre José, 3, 10.

Cristo también buscó la raza humana. Jacob envió a su hijo para ver cómo estaban y que le trajera noticias de sus hermanos; y Dios Padre envió a su Unigénito para visitar como a ovejas perdidas al género humano enfermo del pecado. José, mientras buscaba a sus hermanos, andaba vagando por el desierto; y Cristo buscaba al género humano errante por el mundo; y era como si también Él anduviera errante por el mundo, pues buscaba a los que andaban perdidos. José buscaba a sus hermanos en Siquem. Siquem significa "espalda", y es que los pecadores siempre dan la espalda ante el rostro del justo, pues la espalda está detrás. Y la manera como los hermanos de José heridos por la envidia presentaban la espalda más que el rostro al amor del hermano, también los infelices judíos prefirieron odiar antes que amar al autor de la salvación que los visitaba. De ellos se dice en un salmo: "Que se nublen sus ojos y no vean, doblégales las espaldas por siempre". Cesáreo de Arlés, Sermón, 89, 1.

37, 17   Los encontró en Dotán

José encontró a sus hermanos en Dotán, que significa "deserción". ¿No es acaso un desertor el que se aparta de Dios? Nada extraño es que desertaran los que no oían al que le decía: "Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré". Llegó José a Dotán. Lo vieron llegar desde lejos, antes de que se acercara a ellos. Y se enfurecieron hasta el punto de querer matarlo. Ciertamente estaban lejos los que estaban en la deserción y por eso se enfurecían, porque no se acercaba a ellos Cristo. Porque si se le hubiese acercado a ellos la figura de Cristo, habrían amado ciertamente al hermano. Pero no podían estar cerca [de Cristo] los que tramaban un fraticidio: "Mira, dicen, ahí viene ese soñador; vamos ahora, matémoslo". Los que albergaban pensamientos fraticidas ¿no decían lo mismo que dice de ellos Salomón: "Preparamos trampas para el justo, pues nos es molesto"? Ambrosio, Sobre José, 3, 11.

37, 20   Matémoslo y arrojémoslo a un pozo


Se cumplió en Cristo. El Génesis continúa: "Así veremos en que paran sus sueños". Se refiere a José, pero se cumplió en Cristo cuando, en su pasión, los judíos le decían: "Es el Rey de Israel, que se baje ahora de la cruz y creeremos en él. Confió en Dios, que lo salve ahora si lo quiere de verdad". ¿Acaso los hermanos tienen tanta impiedad como para matar a su hermano? ¿Y dónde está el mérito de los patriarcas como para que la ley designe con sus nombres a cada una de las tribus del pueblo? ¿Cómo se pueden compaginar sus piadosos nombres con su crímen? Actuaban como figura del pueblo, no por imperfección propia. De ahí toda la envidia, de ahí el plan del patricidio: la envidia se realiza mediante figura, la piedad mediante el amor. Ambrosio, Sobre José, 3, 12. 

37, 21   Oyó esto Rubén

Los vínculos santos de la fraternidad. Finalmente Rubén y Judá, cumpliendo los piadosos derechos fratenos, desean salvarle la vida. Judá es puesto el primero en todo merecimiento por la bendición paterna, cuando le dice: "A ti, Judá, te alabaran tus hermanos; pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos y ante ti se postrarán los hijos de tu padre. Judá es un cachorro de león... hasta que venga aquel a quien le pertenece y a quien deben obediencia las naciones". Esto sólo le pertenece a Cristo, a quien, para ser adorado por los hermanos y esperado por las naciones, le fue concedido lavar sus vestiduras en vino con la pasión del propio cuerpo, ya que ningún pecado manchó su carne... Ambrosio, Sobre José, 3, 13.

37, 23   Arrancaron a José la túnica


La prefiguración de la Cruz. Ya en aquel tiempo encontramos una prefiguración clara de la crucifixión, porque, al ser despojado de la túnica, es decir, del cuerpo que había asumido, al mismo tiempo fue despojado de la gran belleza de sus virtudes. Por tanto, fue manchada de sangre su túnica, es decir, la carne, no su naturaleza divina; lograron arrebatarle el vestido de la carne, pero no la vida inmortal. Ambrosio, Sobre José, 3, 15.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 327-331
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

0 comentarios

Publicar un comentario