Jacob es informado de la muerte de José


29Volvió Rubén al pozo y José no estaba allí. Entonces se rasgó las vestiduras, 30y yendo a donde estaban sus hermanos les dijo: "El muchacho no aparece; ¿dónde voy a ir yo ahora?". 31Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en sangre. 32Después mandaron llevar la túnica con mangas a su padre, y decirle: "Hemos encontrado esto. Comprueba si es la túnica de tu hijo o no". 33Él la reconció y exclamó: "Es la túnica de mi hijo. Un fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado". 34Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se puso un saco a la cintura e hizo muchos días de duelo por su hijo. 35Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarlo; pero él rehusaba consolarse y decía: "Quiero llegar de luto hasta el sheol donde está mi hijo". Y su padre lloró por él. 36Entretanto los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar, eunuco del faraón y capitán de los guardias. (Génesis 37, 29-36).

37, 31   La túnica de José

El hecho de empapar la túnica en sangre parece significar que, ansiosos de falsas excusas, apartaron por envidia del pecado al que carga con los pecados de todo el pueblo. Para nosotros es un cordero, para ellos un cabrito. Por nosotros fue muerto el cordero de Dios, que quitó el pecado del mundo. Para ellos un cabrito aumentó su error y aumentó el delito. Por ello dice la Escritura: "Y vosotros, colmad la medida de vuestros padres". Justamente deplorando Jacob el fracaso de sus descendientes, como padre lloraba al hijo perdido, como profeta lloraba la ruina de los judíos. También rasga su vestidura, al igual que lo hizo en la pasión del Señor Jesús el sumo sacerdote, y no como persona privada sino en función de su cargo. Y el velo del templo se rasgó para significar con tales signos que los misterios habían sido profanados, el pueblo desposeído de su salvación y el reino dividido. Porque todo reino dividido se destruye fácilmente. Y estaba verdaderamente dividido, porque lo que era Cristo empezó a ser el diablo. Porque los que separan al padre del hijo no pueden permanecer unidos. Ambrosio, Sobre José, 3, 18.

37, 36   Los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar

Mezcla de envidia y falso arrepentimiento. Jacob envió [a José] hacia el ganado para que le trajera noticias de sus hermanos. Pero ellos, por medio del vestido manchado con sangre, le enviaron una noticia acerca de José. Lo arrojaron sin misericordia a un pozo del desierto y lo lloraron con lágrimas dentro de la casa. Desnudo lo vendieron a los árabes y lo lloraron a voces ante los cananeos. Pusieron hierros en sus manos y en sus pies, enviándolo por el camino, y compusieron lamentaciones por él en la ciudad. [José] bajó a Egipto y fue vendido. ¡En pocos días había cambiado dos veces de dueño! Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 35, 2.

La historia de José llama a todos a un profundo examen. Por lo que se refiere a la enseñanza moral, puesto que Dios "quiere que todos los hombres se salven", ofrece por medio de José un consuelo a quienes se encuentran en la esclavitud. Les enseña que en el último puesto puede haber las mayores virtudes; y que no existe ningún estado en el que no se pueda ser virtuoso, si cada cual se da cuenta de que el cuerpo puede ser sometido a la esclavitud, pero no el alma; y el esclavo es más libre que el señor si, siendo esclavos, piensan que han de abstenerse de las obras que esclavizan. Todo pecado hace esclavos; la inocencia hace libres. Porque el Señor dice: "Todo el que comete pecado, esclavo es del pecado", ¿Cómo se esclavizan todos los avaros, no esclavos, que se venden a sí mismos en las subastas por la ilusión de una pequeña ganancia? El que amontona cosas que no usa siente el temor de perder todo lo amontonado; y cuanto más tiene, más preocupación hay de guardarlo...
   ¿Cómo se esclaviza un no mendigo, para quien todo es poco? Porque aunque parezca rico, es pobre de sí mismo y no puede saciar sus deseos con palabras quien no puede creer lo que desea. ¿Cómo se esclaviza el no esclavo que está sometido a las pasiones? Primero arde en sus ardores y se come con las fauces su propio corazón. De ellos afirma el profeta con razón: "Caminad a la luz de vuestro fuego y de las teas que habéis encendido". El miedo los sobrecoge a todos, son asediados por el miedo a los demás; y para gozar del deseo de uno, se hace esclavo de todos. Por lo tanto, sirve además a una miserable esclavituz quien se fabrica señores para sí mismo. Él mismo quiere poseer a los que teme. No hay una esclavitud más refinada que la de estar siempre en el temor. Sin embargo, en cualquier condición de esclavo es libre el que no es capturado por el amor, el lazo de la avaricia no lo retiene, y no está atado por el miedo del crimen quien observa el presente sereno y no tiene miedo del futuro. ¿No piensas que éste es libre en la esclavitud y aquél es esclavo en la libertad? José servía y reinaba el faraón. Más feliz el servicio de éste que el reino de aquél. Al final todo Egipto se habría derrumbado si su reino no hubiera seguido los consejos del esclavo. Ambrosio, Sobre José, 4, 20.

La virtud atacada. Creo que esto es otra desgracia que les sobreviene. Veían los hermanos que cuanto más lo consideraba Jacob asesinado por fieras, tanto más mostraba un acuciante deseo de su hijo ausente, y más se consumían ellos de envidia. Pero los hermanos no podrían ser merecedores de indulgencia alguna, pues se habían tornado crueles con su hermano y con su padre, mientras que los propios madianitas obedecían al plan salvífico de Dios entregando a José, a su vez, a Putifar, jefe de la escolta del faraón. ¿Ves cómo poco a poco van sucediendo las cosas en el camino y a través de todas ellas se pone de manifiesto la virtud y la fortaleza de José para ceñirse así, como un atleta que lucha valerosamente, la corona real, y para, una vez se hayan hecho realidad los sueños, enseñar mediante esta prueba a quienes lo vendieron que no han sacado ganancia alguna de tal maquinación? Y es que la virtud tiene una fuerza tan grande que, cuando es atacada, se torna mucho más evidente. Nada, en efecto, es más fuerte que ella, nada más poderoso. No porque la virtud tenga en sí misma tal poder, sino porque quien la posee goza del favor del cielo, y gozando del favor del cielo y obteniendo la ayuda que de allí viene, uno sería más poderoso que nada ni nadie, inconquistable e inexpugnable no solamente ante las asechanzas de los hombres, sino también de las fuerzas demoníacas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 5

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 334-336
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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