Encarcelamiento de José


19Cuando el amo de José oyó la versión de su mujer que le decía: "Esto me ha hecho tu siervo", montó en cólera; 20apresó a José y lo metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey; y quedó preso allí. 21Pero el Señor estaba con José y tuvo misericordia de él, haciéndole obtener gracia ante el jefe de la cárcel. 22El jefe de la cárcel confió a José todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que se hacía allí lo disponía él. 23El jefe de la cárcel no vigilaba nada de lo que le había confiado, pues en todo estaba el Señor con José, y le daba éxito en lo que emprendía. (Génesis 39, 19-23).

39, 19   Montó en cólera

Ella unió engaño con engaño. No pudiendo ocultar su pecado, incrimina a los inocentes mezclando perfidia con perfidia, reteniendo lo ajeno, condenando ella misma a los demás y totalmente furiosa. ¿Qué otra razón hay para esa crueldad que el ver la resistencia a sus pasiones y ver defraudados sus deseos ante la negativa? He aquí la razón de que se abra la cárcel para encarcelar a los inocentes; se rompan las cadenas de los culpables para encadenar a los fieles y se oculte la verdad del adulterio para imputar a quien rechazó adulterar la fe. Ambrosio, Sobre José, 6, 28.

39, 20   Apresó a José y lo metió en la cárcel

El Señor nunca abandonó a José. Diré que es más bienaventurado al ser encarcelado, porque sufrió martirio por la castidad. Ésta es buena en sí misma, pero no tiene menor mérito si no pasa por el peligro. Habrá una corona más grande para quien la defiende incluso con peligro de la salvación. José es encarcelado como culpable de un crimen verdadero con un extraño juicio, sin examen de la verdad. Pero el Señor no lo abandonó en la cárcel. Que los inocentes no pierdan la paz cuando son acusados de falsos crimenes, cuando son encarcelados injustamente. Dios también está en la cárcel con los suyos. Por lo tanto, cuanto más peligro, más ayuda hay. Ambrosio, Sobre José, 5, 26.

39, 21   Pero el Señor estaba con José

Cristo visita a los encarcelados. Por qué admirarse de que Cristo visite a los encarcelados, si Él mismo recordó a los suyos que había estado encarcelado cuando dijo: "Estuve en la cárcel y no me visitasteis". ¿Adonde no llega la misericordia divina? Obtuvo José tal gracia que guardaba las puertas de la cárcel, él que había sido encarcelado. El carcelero le confió su cargo y puso bajo su poder a todos los presos. José no sólo no sufría en la cárcel, sino que además sacaba a los demás de la miseria. Ambrosio, Sobre José, 5, 27.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 352-355
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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