José es vendido como esclavo


25Después se sentaron a comer y, alzando la vista, vieron una caravana de Ismaelitas que venía de Galaad, cuyos camellos transportaban tragacanto, resina y laúdano, y que iba bajando hacia Egipto. 26Entonces dijo Judá a sus hermanos: "¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? 27Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano y nuestra carne". Y sus hermanos asintieron. 28Cuando pasaban unos mercaderes madianitas, lo sacaron, subiendo a José del pozo, y lo vendieron por veinte monedas de plata a los ismaelitas, quienes se llevaron a José a Egipto. (Génesis 37, 25-28).


37, 25   Una caravana de Ismaelitas... iba bajando hacia Egipto


El aroma de la justicia. José fue rechazado por los hermanos y comprado por los ismaelitas. Nuestro Señor y Salvador fue rechazado por los judíos y comprado por los gentiles. Los ismaelitas que compraron a José llevaban consigo diversas clases de perfumes, mostrando con ello que los gentiles que habrían de venir a la fe repartirían por el mundo entero diversos perfumes de la justicia. Cromacio, Sermón, 24, 3.


37, 27   Vamos a venderlo a los ismaelitas


El misterio del precio. Para dar a entender que todo esto es figura del pueblo y del Señor Jesús, dice: "Vamos a venderlo a los ismaelitas". ¿Qué otra interpretación puede tener el nombre de José si no es que representa a la gracia divina y es una expresión viva del Dios sumo? ¿Quién es vendido si no es el que "siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo"?... Vendieron a mercaderes y éstos compraron de los traidores un buen aroma. Pues Judá vendió y compraron los ismaelitas, quienes, según el significado latino, odian a su Dios. Vemos que José fue vendido por veinte monedas según unos, según otros veinticinco, treinta según otros. Pues no todos coinciden en poner precio a Cristo. Para unos vale más y para otros menos. Según la fe del que compra, así es el aumento de precio. Dios es más apreciado por el más religioso. El Redentor es más estimado por el pecador. Para muchos vale más el que más gracia tiene. Pero también vale más para muchos quien más dones recibió, porque ama más aquel a quien más se le perdonó, según lo que dijo el Señor en el Evangelio, de aquella mujer que derramó el perfume sobre sus pies, los lavó con sus lágrimas, los acarició con sus cabellos y los secó con sus besos. De ella dice a Simón: "Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se le perdona menos ama". Ambrosio, Sobre José, 3, 14.


37, 28   Lo vendieron por veinte monedas de plata


Escasa estimación de la Pasión. Observemos ahora el gran misterio. José fue comprado por veinte monedas de oro, el Señor por treinta monedas de plata. El esclavo fue vendido más caro que el Señor. Ciertamente la estimación humana se equivocó respecto del Señor, pues fue vendido por un precio inferior. Pero consideremos con más atención este misterio. Los judíos ofrecieron por el Señor treinta monedas de plata; en cambio los ismaelitas compraron al sirviente por un precio mayor que el que ofrecieron los judíos por el Señor. Aquellos veneraron la imagen de Cristo en José; en cambio éstos despreciaron la verdadera imagen de Cristo. Por consiguiente, los judíos ofrecieron por Cristo un precio inferior porque estimaron en menos precio la Pasión del Señor. Pero ¿cómo se puede estimar en menos la Pasión del Señor cuando ella es el precio de la redención del mundo entero? Escucha al Apóstol que nos lo aclara de la siguiente manera: "Vosotros habéis sido adquiridos a un gran precio". Escucha al Apóstol Pedro, que dice igualmente: "Habéis sido rescatados de vuestra conducta vana... no con oro y plata, sino con la sangre preciosa del Hijo sin mancha de Dios". Si nosotros hemos sido liberados de la muerte con oro y plata, nuestro rescate habría sido barato, porque el hombre vale más que el oro y la plata; pero hemos sido rescatados a un gran precio, porque el que nos ha rescatado mediante su Pasión no tiene precio. Cromacio, Sermón, 24, 4.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 331-333
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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