El sueño del jefe de los coperos


9El jefe de los coperos contó a José su sueño. Le dijo: "En mi sueño había una vid delante de mí, 10y en la vid tres sarmientos; entonces echaba yemas, florecía y sus racimos  se convertían en uvas maduras. 11Yo tenía en la mano la copa del faraón, tomaba las uvas, las exprimía en la copa del faraón y ponía la copa en la mano del faraón". 12José le respondió: "Ésta es su interpretación: Los tres sarmientos son tres días. 13Al cabo de tres días el faraón te levantará la condena y te repondrá en tu cargo; pondrás la copa del faraón en su mano, como acostumbrabas antes cuando eras copero. 14Y si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, ten la bondad de hablarle de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. 15Pues fui arrebatado del país de los hebreos, y nada he hecho aquí para que me metieran en el calabozo". (Génesis 40, 9-15).

40, 13   El faraón te repondrá en tu cargo

Sueño y realidad. No es agradable hablar del sueño de otro. Ciertamente recordáis mis palabras, aunque ahora prefiera olvidarme de su interpretación, pues se refiere a aquel cuyo final me produce repulsa, y cuya muerte me causa horror. Hablemos más bien de este que se considera bienaventurado porque era copero, y pensaba que estaba en lo más alto del poder, porque servía la copa del rey. Tal era su gloria y tal la grandeza de este mundo. Lloraba en su decepción y se alegraba de volver a alcanzarla. Pero se trataba de un sueño, y sueños, no la realidad, son todos los poderes del mundo. Así que en sueños vio que sería reintegrado en su puesto, Isaías afirma que los hombres que se deleitan en las cosas de este mundo son como el que sueña que está comiendo y bebiendo. Mientras duerme cree que se harta de comida y bebida, pero cuando despierta tiene más hambre -entonces comprende lo poco que le sirvió la comida y la bebida al soñador-. Eso mismo pasa con el que se duerme en esta vida y no abre los ojos a los misterios divinos. Cuando se deja llevar por el sueño del cuerpo, piensa que los poderes mundanos tienen algún valor -los ven como en sueños-; pero cuando despierta se da cuenta de cuán vano es el placer de este mundo.
   Observa ahora a aquel verdadero hebreo, intérprete no de un sueño, sino de la lúcida y verdadera visión. El cual llegó a la cárcel desde la plenitud de la divinidad y libertad de la gracia del cielo. Al que las fascinaciones del mundo no pudieron cambiar ni doblegar ninguna corrupción mundana. Tentado, no cayó, y deseado, no deseó. Y, agarrado en la ropa del cuerpo por la mano de la adúltera de la sinagoga, desnudó el cuerpo, pero ascendió libre de la muerte. La meretriz calumnió cuando no pudo retener al que no le dio miedo la cárcel ni pudo poseerlo el infierno. Salvó a otros desde donde había bajado para ser castigado. Donde otros estaban amenazados de muerte, el rompió las cadenas de la muerte. Ambrosio, Sobre José, 6, 30-31.

40, 14   Si te acuerdas de mí cuando te vaya bien

El copero no se acordó. Veamos ahora lo que el hebreo le dijo al jefe de los eunucos, que había ofendido al rey pero había sido restituido en su cargo: "Acuérdate de mí cuando te vaya bien, y ten la bondad de hablarle de mí al faraón para que me saque de esta cárcel". Lo repite dos veces, porque es consciente de que, al recibir el poder, no lo recordará, para olvidarse de la afrenta. También se lo advierte por segunda vez, porque por segunda vez lo libró: para, si no recordaba el primer beneficio, por lo menos tuviese presente el segundo y así no despreciase al que le había salvado y no le hiciese daño con una pérfida traición. Pero lo peor es que cuando llegó la prosperidad se olvidó del favor. El copero, cuando fue restituido en su cargo, se olvidó del intérprete. Pero aunque él se olvidaba, Cristo no se olvidaba y hablaba al copero a través de un sencillo siervo, diciéndole: "Acuerdate de mí cuando te vaya bien"; es decir, recuerda lo que has oído, al menos en consideración de tu trabajo. Y aunque ahora te has olvidado del beneficio, te acordarás de mí para librarte del peligro. Si embargo no lo recordó cuando fue elevado al poder. Ambrosio, Sobre José, 6, 32.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 356-358
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

José, intérprete de sueños


1Después de estos sucesos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto. 2El faraón se llenó de ira contra sus dos eunucos, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, 3y los puso bajo custodia en casa del capitán de los guardias, en la cárcel donde José estaba preso. 4El capitán de los guardias se los encargó a José para que los sirviera, y estuvieron algún tiempo bajo custodia. 5Ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron sendos sueños en la misma noche, y cada sueño con un sentido. 6Por la mañana José entró a donde estaban ellos y los vio abatidos. 7Entonces preguntó a los eunucos del faraón que estaban con él en la cárcel bajo custodia: "¿Por qué tenéis hoy tan mala cara?". 8Le contestaron: "Hemos tenido un sueño, y no hay nadie que lo interprete". José les replicó: "¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Por favor, contádmelos. (Génesis 40, 1-8).

40, 4   Estuvieron algún tiempo bajo custodia

¿Y qué decir de estos eunucos? Deben servir de ejemplo para los demás eunucos, porque su situación es frágil y débil, y toda su esperanza está puesta en la voluntad del rey. Una leve ofensa es un gran peligro para todos ellos. La prosperidad está en su servicio vil. Uno se gloriaba de ser el copero, y el panadero el otro. Ambos ofendieron al faraón y fueron enviados a la cárcel y encomendados al bienaventurado José por el mismo carcelero. Ambrosio, Sobre José, 6, 29.

40, 7   Los eunucos del faraón

Evidencia de la virtud característica de José. Este hombre admirable, preocupado por el bien de ellos, al verlos turbados y con la mente confundida por la visión de unos sueños, les dice: "¿Por qué tenéis hoy mala cara? Porque el aspecto del rostro muestra el desorden interno. Por eso hubo un sabio que dijo: "Cuando el corazón se alegra, el rostro florece, mas si tiene penas, parece sombrío". Así pues, cuando José los vio abatidos por la visión de unos sueños, les preguntó la causa deseoso de saber. Observa cómo incluso encontrándose en la cárcel hace gala de su virtud y se apresura a descargar a otros de sus angustias. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 63, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 355-356
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Encarcelamiento de José


19Cuando el amo de José oyó la versión de su mujer que le decía: "Esto me ha hecho tu siervo", montó en cólera; 20apresó a José y lo metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey; y quedó preso allí. 21Pero el Señor estaba con José y tuvo misericordia de él, haciéndole obtener gracia ante el jefe de la cárcel. 22El jefe de la cárcel confió a José todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que se hacía allí lo disponía él. 23El jefe de la cárcel no vigilaba nada de lo que le había confiado, pues en todo estaba el Señor con José, y le daba éxito en lo que emprendía. (Génesis 39, 19-23).

39, 19   Montó en cólera

Ella unió engaño con engaño. No pudiendo ocultar su pecado, incrimina a los inocentes mezclando perfidia con perfidia, reteniendo lo ajeno, condenando ella misma a los demás y totalmente furiosa. ¿Qué otra razón hay para esa crueldad que el ver la resistencia a sus pasiones y ver defraudados sus deseos ante la negativa? He aquí la razón de que se abra la cárcel para encarcelar a los inocentes; se rompan las cadenas de los culpables para encadenar a los fieles y se oculte la verdad del adulterio para imputar a quien rechazó adulterar la fe. Ambrosio, Sobre José, 6, 28.

39, 20   Apresó a José y lo metió en la cárcel

El Señor nunca abandonó a José. Diré que es más bienaventurado al ser encarcelado, porque sufrió martirio por la castidad. Ésta es buena en sí misma, pero no tiene menor mérito si no pasa por el peligro. Habrá una corona más grande para quien la defiende incluso con peligro de la salvación. José es encarcelado como culpable de un crimen verdadero con un extraño juicio, sin examen de la verdad. Pero el Señor no lo abandonó en la cárcel. Que los inocentes no pierdan la paz cuando son acusados de falsos crimenes, cuando son encarcelados injustamente. Dios también está en la cárcel con los suyos. Por lo tanto, cuanto más peligro, más ayuda hay. Ambrosio, Sobre José, 5, 26.

39, 21   Pero el Señor estaba con José

Cristo visita a los encarcelados. Por qué admirarse de que Cristo visite a los encarcelados, si Él mismo recordó a los suyos que había estado encarcelado cuando dijo: "Estuve en la cárcel y no me visitasteis". ¿Adonde no llega la misericordia divina? Obtuvo José tal gracia que guardaba las puertas de la cárcel, él que había sido encarcelado. El carcelero le confió su cargo y puso bajo su poder a todos los presos. José no sólo no sufría en la cárcel, sino que además sacaba a los demás de la miseria. Ambrosio, Sobre José, 5, 27.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 352-355
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Tentación de José


6José era bien parecido y de bella presencia. 7Después de todo esto, la mujer de su amo puso los ojos en José, y le dijo: "Duerme conmigo". 8Él rehusó, y repuso a la mujer de su amo: "Mira, mi amo no me controla nada de lo que hay en la casa, y me ha confiado todo lo que tiene; 9no hay nadie más importante que yo en esta casa, y no se ha reservada nada excepto tú, porque eres su mujer. ¿Cómo voy a cometer esa gran maldad, pecando contra Dios?". 10Ella insistía a José todos los días, pero él no accedió a unirse y a darse a ella. 11Cierto día entró José en la casa a hacer su trabajo, y no había allí ninguno de los sirvientes. 12Ella lo agarró de la ropa diciéndole: "Duerme conmigo". Pero él, abandonando la ropa en sus manos, huyó y salió afuera. 13Al ver que había abandonado la ropa en sus manos y había huido afuera, 14ella llamó a sus siervientes y les dijo: "Mirad, nos ha traído un hebreo para escarnecernos; ha entrado donde yo estaba para unirse a mí; pero he gritado con voz fuerte, 15y, al oír que yo levantaba la voz y gritaba, ha abandonado su ropa junto a mí, ha huido y ha salido afuera". 16Ella se guardó la ropa de José hasta que su amo llegó a casa. 17Y entonces le contó las mismas cosas, diciendo: "El siervo hebreo que nos trajiste ha entrado donde yo estaba para abusar de mí, 18y cuando levanté la voz y grité, abandonó su ropa junto a mí, y huyó afuera". (Génesis 39, 6-18).


39, 6   José era bien parecido


El alma domina la carne. Este santo José, sobre el cual ha oído hablar vuestra caridad en la precedente lectura, era bien parecido, pero más hermoso respecto del alma, pues era casto en su cuerpo y pudoroso en el alma. En él brillaba la belleza del cuerpo, pero brillaba más la hermosura del alma. Aunque para muchas personas la belleza corporal es normalmente un obstáculo para la salvación, sin embargo, no hacía ningún daño a nuestro bienaventurado, porque la belleza de su carácter dominaba a la de su cuerpo. Por tanto el alma debe dominar a la carne, y ésta debe estar sometida al alma. Desgraciada es el alma dominada por la carne y que siendo señora se convierte en esclava al no servir mediante la fe al Señor y al someterse en esclava del pecado. En cambio el alma del patriarca José conserva fielmente su domino y en nada puede la carne dominarla. Cromacio, Sermón, 24, 2.


39, 8   Él rehusó... a la mujer de su amo


La belleza verdadera rechaza dañar al otro. ¿Qué añadiré acerca de las disposiciones, en una casa particular, del siervo que gobernó el imperio? Ante todo que se gobernó a sí mismo, siendo como era de presencia decorosa y de hermosa cara. No utilizó la belleza de su cara para ofender a otros, sino que la guardó para mérito suyo. Por ello, sabiéndose más hermoso sería hallado más hermoso no por la pérdida de la castidad, sino por el cuidado de su pudor. No es verdadera la hermosura que roba los ojos ajenos y castiga las mentes frágiles, sino la que gana la opinión de todos sin engañar a nadie y para alabanza propia. Y si alguien mira con mirada petulante, el pecado es sólo del que mira mal, no de quien prefiere no ser mirado. Ni la culpa está en ser visto. No estaba en poder del siervo no ser mirado: el marido debió advertir a la mujer. Si aquel no tenía nada de cónyuge, éste pensaba ser testimonio de castidad, no un remedio de la negligencia. Aprendan los maridos a advertir a sus mujeres. También son amados los que no quieren serlo. Y José era amado aunque no quería a la que le amaba. La Escritura excusa a José al decir: "La mujer de su amo puso los ojos en José". No fue él el que se exhibió ni la acosó a ella ingenua, sino que fue ella la que tendió sus redes y cayó en su propia trampa. Puso sus lazos y quedó atrapada en sus propias cadenas. Ambrosio, Sobre José, 5, 22.


39, 9   Pecado contra Dios


No escaparemos a la mirada de Dios. ¡Qué hombre más bondadoso! Mira como restituye los favores a su señor a fin de mostrar cuán desconsiderada es aquella mujer con su esposo. "Yo, viene a decir José, soy el siervo, el extranjero, el cautivo, y gozo de tanta confianza por parte de mi amo que tengo de todo el control sin excepción alguna, a no ser tú misma. Aunque me impongo a todos, sólo a ti estoy subordinado, pues da la casualidad de que escapas a mi poder". Luego, para asestarle un golpe oportuno, recordarle la bondad de su marido e intentar convencerla para que no fuera desconsiderada con su cónyuge, dice: "Por esto escapas a mi poder: porque tú eres la mujer de mi amo. Si resulta que eres su mujer, ¿cómo, entonces, yo voy a cometer esta mala acción, pecando además contra Dios?" ¿Pues qué crees? Aunque podamos pasar inadvertidos a todo el mundo, no podemos escondernos del ojo que siempre vela. Ante Él solamente hay que temer, angustiarse y temblar. Así no haremos nada ilícito a sus ojos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 4.


39, 10   Él no accedió a... darse a ella


La gran virtud de José. Para que nos demos cuenta de la desmesurada virtud de este justo varón y de que no sostuvo esta lucha una vez más, ni dos, sino varias veces, y soportó las palabras de esta mujer sin parar de aconsejarla, dice la Escritura: "Ella le invitaba cada día, pero él no accedió". Después de observar su actividad en la casa, se lanzó sobre el joven como una fiera que afila sus dientes, y tirando de él lo asió por el manto. No pasemos esto por las buena y a la ligera. Consideremos, más bien, cómo aguantó esta lucha aquel justo. Igual que no era asombroso, en mi opinión, que en el horno de Babilonia soportaran incólumes los tres jóvenes sin que el fuego les causara daño alguno, así no es asombroso ni insólito que este admirable joven no se entregara cuando lo asió por el manto esa infame e intemperante. Antes bien, dejó su manto en las manos de aquella para así escapar. Porque igual que aquellos tres niños gozaban de celestial favor por obra de su virtud y se vio que podían con el fuego, así también José, ya que se ofreció a sí mismo y dio muestras de luchar con gran energía por su castidad, pues gozaba de la enorme ayuda del cielo, colaborando con él la diestra de Dios para vencer en tan gran combate y ponerse fuera de las redes de aquella libertina. Sería digno de ver entonces a aquel admirable varón desnudo, sin manto, pero vestido con el traje de la castidad, como si escapara incólume de algún tipo de hoguera o de horno, y no solamente sin quemarse, sino más brillante y resplandeciente además. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 4.


39, 12   Huyó y salió afuera


José estimó su alma. La mujer le dijo: "Duerme conmigo". La primera red de la adúltera son los ojos, la segunda sus palabras. Pero puede resistirse a las palabras quien no ha caído en la trampa de los ojos. Es posible la defensa cuando todavía el afecto está libre. La Escritura dice que "él rehusó". Primero venció, con su escudo mental, rechazando a la que atacaba mentalmente; después hizo vibrar como una lanza su palabra para que ella se apartara de él. "Y repuso a la mujer de su amo". Oportunamente la llama mujer de su amo, no señora suya, pues no fue capaz de conseguir lo que pidió. ¿Pues cómo iba a ser señora la que no tenía capacidad de dominar, la que no poseía una conducta de señora y hacía proposiciones deshonestas a los esclavos? Por el contrario, es un señor el que no cayó en las fauces de la amante, quien no sintió los lazos de la seductora, a quien no le aterró el miedo de la muerte y prefirió antes morir libre de pecar que elegir la ventaja de una unión pecaminosa. Es libre porque creyó que lo repugnante no se puede casar con la gracia. Finalmente, no se excusa como un timorato ni es prudente por timidez, sino que, como deudor del bien del dueño de la casa y de su propia inocencia, huye del crimen de un pecado ingrato, porque, como es justo, aborrece el pecado y la culpa. La adúltera blandía insistentemente un tercer aguijón, pero José no la escuchaba. Aquí tienes lo que has de cuidar después de la primera conversación. La concupiscencia no es sólo escurridiza, sino también procaz, insistente y petulante. La adúltera no tiene de que avergonzarse; no tuvo ningún reparo en perder el primer pudor e insidia hasta que cae la pieza.
   "Cierto día entró José en la casa a hacer su trabajo, y no había allí niguno de los sirvientes. Ella lo agarró de la ropa diciéndole: Duerme conmigo". Según la Escritura, José se excusó porque no quería perder la confianza de su amo, porque no debe uno conformarse con poder entrar tranquilo en el interior de su casa sin miedo a ser apresado. El justo debe ser prudente para no dar la impresión de ser un ladrón, y morir por su pecado. Pero al estar viendo que tenía en contra a la mujer de su amo, debía suponer que también recibiría la enemistad de su amo. Aun pensaba al mismo tiempo en la audacia de las palabras, no en la comprensión. Tuvo motivos para entrar. Se afirma que escapó. E hizo más por la castidad del alma que por el vestido del cuerpo. Abandonó como no suya la ropa que la adúltera agarraba con sus manos, y juzgó como ajena la ropa que pensaba estaba manchada por el tacto. Gran hombre el que, vendido, ignoró la esclavitud; que no amó siendo amado; que no se doblegó a los ruegos; que huyó cuando estaba agarrado; que no pudo ser retenido por la ropa cuando estuvo agarrado por la mujer del amo; cuya alma no pudo ser conquistada y sufriendo ciertamente durante largo tiempo las palabras pensó en la influencia, si permanecía por más tiempo: no fuera que la tentación de la impureza llegase a él a través de las manos de la adúltera. Por lo tanto, abandonó la ropa, se liberó del crimen y, abandonó los vestidos por los que estaba retenido, huyó expoliado, ciertamente, pero no desnudo. Estaba más vestido por el pudor. Porque sólo está desnudo quien ha sido desvestido por el pecado. Ambrosio, Sobre José, 5, 23-25.


39, 14   Nos ha traído un hebreo para escarnecernos


Después salió fuera y ella misma, levantando la voz, divulgó las tentaciones de su propio adulterio, por el mismo hecho de que el hebreo había huido sin sus vestiduras. Lo que debía haber callado, ella misma lo publicaba para hacer daño al inocente con su pecado premeditado. Sin embargo, la desvergonzada hacía esto impunemente, cuando el justo rehusó acusarla. Por lo tanto, diría que ella estaba desnuda, aunque tuviese en las manos la ropa ajena, porque había perdido todas las cautelas de la castidad; mientras que él, cuya voz no se oía y cuya inocencia hablaba, estaba suficientemente vestido, suficientemente defendido. Ambrosio, Sobre José, 5, 56.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 344-352
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Prosperidad de José


1José fue bajado a Egipto. Putifar, un egipcio eunuco del faraón y capitán de los guardias, lo compró a los ismaelitas que lo habían bajado allí. 2El Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre afortunado viviendo en casa de su amo egipcio. 3Su amo vio que el Señor estaba con él, y que le daba éxito en todo lo que emprendía. 4José halló gracia ante él y entró a su servicio. Putifar lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo. 5Desde  el momento en que lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo, el Señor bendijo la casa del egipcio gracias a José. La bendición del Señor recayó sobre todo lo que aquél tenía en su palacio y en el campo. 6El egipcio confió todo lo que poseía en manos de José, y no se preocupaba de otra cosa que del alimento que tomaba. (Génesis 39, 1-6).

39, 2   El Señor estaba con José

Tienen por qué gloriarse los esclavos de nacimiento: también José sirvió. Tienen en qué consolarse los que pasaron de la libertad a la esclavitud por alguna circunstancia. Tienen un ejemplo para imitar. Aprendan que pueden cambiar de condición pero no de costumbres, que existe libertad también en casa del Señor y fortaleza en la esclavitud. También los señores tienen el ejemplo de que pueden esperar muchos bienes de sus siervos. En una hija esclava encontró Abrahán una mujer para el hijo. El Señor bendijo la casa de Egipto a través de José. "La bendición del Señor recayó sobre todo lo que aquél tenía en su palacio y en el campo". "El egipcio confió todo lo que poseía en manos de José". Hay que advertir que gobernaron los esclavos lo que los amos no habían podido gobernar. Ambrosio, Sobre José, 4, 20-21.

39, 4   Putifar lo puso al frente de su casa

Dios, amigo del hombre, deseaba poner a José en completa seguridad, pero no lo sacó de la esclavitud ni se aprestó a liberarlo. Y es que Dios siempre acostumbra no apartar de los peligros a los hombres buenos ni a librarlos de las pruebas, sino a mostrar su favor tan característico precisamente en las pruebas, de modo que las pruebas mismas se tornan para ellos en motivo de regocijo. Por esto el bienaventurado David decía: "En el agobio me diste anchura". "No me has hecho reposar quitándome antes el agobio, viene a decir, ni alejándome de él, sino que -lo que es más asombroso y paradójico- me diste seguridad en medio de las tribulaciones". Y esto es, sin duda, lo que también hace en este caso nuestro amoroso Señor. "Bendijo la casa del egipcio por medio de José". Y se enteró entonces incluso el bárbaro de que aquel joven al que consideraba un criado era alguien íntimamente unido a Dios. "Dejó cuanto tenía en manos de José y no se ocupaba ya de nada más que del pan que comía", afirma la Escritura. Puede decirse que lo convirtió en señor de toda su casa. Era el esclavo, el cautivo, quien tenía en sus manos todas las posesiones de su señor. Tal es la virtud: allí donde aparece, sobrepasa y vence todo. Como es expulsada la tiniebla al brotar la luz, así también ahora se aleja todo mal porque brilla la virtud. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 342-344
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Tamar tiene gemelos


27Llegó el momento del parto, y resultó que tenía mellizos en el vientre. 28Al dar a luz salió una mano; la agarró la comadrona, y ató a la mano una cinta roja, diciendo: "Éste ha salido primero". Pero sucedió que retiró la mano, y salió su hermano. Entonces ella dijo: "¡Qué brecha te has abierto!". Y le puso por nombre Peres. 30Después salió su hermano con la cinta roja en la mano, y le puso por nombre Zéraj (Génesis 38, 27-30).

38, 27   Resultó que tenía mellizos en el vientre

Zéraj, un símbolo de la Iglesia. Observa aquí la misteriosa predicción de lo que va a pasar. Después de atar la nodriza la cinta escarlata en la mano para hacer al niño reconocible, entonces "retiró la mano y salió su hermano". Dejó el camino libre a su hermano, dice, y el que era considerado el último nació primero, mientras que el considerado primero llegaba después de aquél. Y dijo la matrona: "¡Qué brecha se abrió a través de ti!. Y le puso por nombre Peres. Porque el nombre significa "brecha" y también "división", podríamos decir. "Detrás salió su hermano, que llevaba en su mano la cinta escarlata y lo llamó Zéraj", nombre que significa "salida del sol". Y conste que estas cosas no han pasado sin razón, sino que eran una prefiguración de los hechos que habrían de ocurrir. Porque lo ocurrido no era conforme al proceso natural. ¿Cómo va ha ser posible que después de haber atado a la mano la cinta escarlata, el niño la retirara de nuevo y dejara paso al que venía detrás, si no es por algún tipo de fuerza divina que había dispuesto estas cosas de antemano? Como en una especie de sombra se prefiguraba ya que desde el principio y desde sus comienzos Zéraj, que significa "salida del sol" porque él es la imagen de la Iglesia, comenzara a salir delante. Como primero se movió hacia adelante y después se retiró, la observancia de la ley, representada por Peres, hizo su ingreso antes. Después de que éste fuese poderoso durante mucho tiempo, el primero -es decir Zéraj, que se había retirado- se adelantó, y todo el modo judaico de vida cedió el sitio a la Iglesia. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 341-342
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Tamar desaparece y es justificada


20Judá envió el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para recuperar la prenda de manos de la mujer; pero éste no la encontró. 21Preguntó a la gente de aquel lugar: "¿Dónde está la prostituta que se ponía en Enaim junto al camino?" Le respondieron: "Aquí no ha habido ninguna prostituta". 22Él volvió a Judá y le dijo: "No la he encontrado, e incluso la gente del lugar dice que ahí no ha habido ninguna prostituta". 23Repuso Judá: "Que se lo quede para ella; no vayamos a ser objeto de burla. Yo he enviado este cabrito y tú no la has encontrado".
   24Pasados unos tres meses, le comunicaron a Judá: "Tamar, tu nuera, se ha prostituido, y además, está embarazada debido a su prostitución". Dijo Judá: "Que la saquen fuera y la quemen". 25Cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: "El hombre a quien pertenece esto me ha dejado embarazada". Y añadió: "Comprueba por favor de quien son este sello, los cordones y el bastón". 26Judá los reconoció y dijo: "Es más inocente que yo, puesto que no le di a mi hijo Selá". Y no volvió a tener relaciones con ella. (Génesis 38, 20-26).

Tamar es justificada y declarada inocente por Judá (Efrén). Para hacer que el plan divino se cumpliera, Tamar necesitaba la semilla de la procreación, de la que su marido carecía (Cirilo de Alejandría). Judá admite que ella es inocente, y ya no la culpa más por la muerte de sus hijos, sino que acepta que fueron castigados por su maldad (Crisóstomo). Del mismo modo que el profeta Oseas tomó una prostituta por esposa, lo que resultó ser una metáfora de Dios, así también el adulterio de Tamar y Judá era un símbolo de la unión espiritual (Cirilo de Alejandría).

38, 26   Es más inocente que yo

Dijo: "Ella es más inocente que yo", es decir: "Es más justa que yo". "¡Qué pecadores fueron mis hijos! Por eso no se la entregué a mi hijo Selá. Puesto que era inocente de esa sospecha que tuve contra ella, le negué [que se casara con] mi hijo Selá". La que fue calumniada en el matrimonio fue justificada con la fornicación. La expulsó por causa de los dos primeros hijos; la hizo volver por causa de los dos últimos. "No [volvió] a estar con ella" porque había sido la mujer de sus dos primeros hijos; tampoco tomó otra mujer, pues era la madre de sus dos últimos hijos. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 34, 6.

Judá admitió su pecado. ¿Qué significa "ella tiene más razón que yo"? Pues que ella no es responsable y yo, en cambio, me condeno a mí mismo y no me oculto ante ninguna prueba acusatoria. Tengo, más bien, prueba suficiente en la prenda que entregué. Luego, a su vez, hace una defensa de la propia Tamar diciendo: "Porque no la entregué a mi hijo Selá". Quizá esto ocurrió por la razón que paso a exponer. Como Judá pensaba que ella había sido el motivo por el cual la muerte había asaltado a Er y a Onán, tuvo miedo y no la entregó a Selá a pesar de que esto era lo prometido. El fin era saber por los acontecimientos mismos que Tamar no era la causa de aquellas muertes, sino que ellos recibían de esta manera un castigo por su maldad. Porque dice la Escritura: "Dios lo mató", y también en lo referente al segundo pone: "Lo mató". Por eso él tuvo relaciones con su propia nuera sin saberlo, comprendiendo así por la fuerza de los hechos que el motivo no era la mujer, sino la perversidad de aquéllos, que los convertía en responsables y culpables. Tras conocer, entonces, su pecado y habiéndola liberado de toda culpa, Judá "no tuvo más relaciones con ella", según dice el texto, con lo que vino a demostrar que tampoco antes se hubiera unido a ella si no es porque ignoraba este hecho mientras se producía la unión. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 2.

Símbolos de unión espiritual. En primer lugar pienso que se ha de decir que, si entre las personas que aparecen en la Escritura divinamente inspirada con una fama muy esclarecida, hay algunas no plenamente respetables, sin embargo, como Dios persigue algo necesario para nuestra utilidad, debemos desechar lejos de nosotros el daño que procede del escándalo. Si tenemos buen cuidado en ser sabios e inteligentes, llegaremos a conocer lo que nos resulta útil. Pensemos que también el bienaventurado profeta Oseas tomó para sí en cierta ocasión la mujer prostituta y no repudió un matrimonio desaconsejado en esta forma y fue llamado padre de hijos odiosos, cuyos nombres eran: "No pueblo mío" y "No compadecida": ¿Qué significa este hecho y por qué se hacía? No dudaré en aclararlo. Después que los que parecían ser los más famosos de entre los de Israel se opusieron a los oráculos de los profetas y la palabra de Dios les resultó más inadmisible, Dios actuaba de esta forma por medio de los santos, para que viendo en los acontecimientos las cosas futuras, pintadas espléndidamente como en una tabla y a la vista de todos, aplicaran su mente en la búsqueda de lo que era conveniente, se esforzaban en elegir lo que era útil para ellos y persuadieran a los demás ha hacer lo mismo. Aprendieron que podrán ser a veces no pueblo y que serán colocados entre los no compadecidos, pues eran duros y no dispuestos a escuchar. Pues ¿qué? ¿No sufrieron estos dos defectos y se tuvieron que avergonzar de ellos en todas partes?... Al comprender ahora los planes de la salvación en aquellos tiempos, no condenaremos a Tamar y a Judá, sino que diremos que esta unión sucedió según el plan divino. Ella necesitaba la semilla de la procreación, pero su marido legítimo era estéril. [Judá] había cometido una falta leve, ya que era libre, pues su primera esposa había muerto. Así esta unión y procreación nos instruye sobre nuestra unión espiritual y el renacer de nuestra mente. La mente humana no puede ser conducida a la verdad de un modo más apropiado. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 6, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 339-341
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hijos de Judá y la estratagema de Tamar


1Por aquel tiempo Judá se alejó de sus hermanos y se fue hasta donde vivía un adulamita llamado Jirá...
   12Pasó mucho tiempo y murió la hija de Súa, esposa de Judá. Cuando Judá se consoló del duelo, subió a Timná, al esquileo de sus ovejas, con su amigo Jirá el adulamita. 13Le comunicaron a Tamar: "Mira, tu suegro sube a Timná a esquilar sus ovejas". 14Ella se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo, y, disfrazada, se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timná, pues veía que Selá había crecido y ella no había sido dada a él por esposa.
   15Judá la vio y la tomó por una prostituta, pues tenía cubierto el rostro. 16Se dirigió a ella en el camino y le dijo: "Por favor, deja que vaya contigo". Pues no reconoció que era su nuera. Ella le preguntó: "¿Qué me vas a dar por venir conmigo?". 17 Él respondió: "Te enviaré un cabrito del rebaño". Replicó ella: "Bien, si me das una prenda hasta que lo envíes". 18Él le preguntó: "¿Qué prenda he de darte?". Le contestó: "Tu sello, tu cordón y el bastón que llevas". Él se los dio y se llegó a ella dejándola embarazada. 19Ella se levantó, fue y, quitándose el manto, se vistió de nuevo las ropas de viuda. (Génesis 38, 1-19).

La historia de Tamar resultaba enigmática y escandalosa para sociedades que desconocen las tradiciones de la Ley mosaica, y por eso necesitaban ser explicadas. Tamar no deseaba un segundo matrimonio, sino sólo la bendición, es decir, la descendencia de su primer matrimonio. Aunque ella no era israelita, quería recibir el tesoro oculto en los circuncisos, y rogó a Dios que impulsara a Judá a colaborar. Así el comportamiento de Judá fue divinamente inspirado y no escandaloso (Efrén). La estratagema de Tamar fue elaborada por designio divino, y sus propósitos eran buenos. Los dos niños que nacieron de Tamar y Judá eran un símbolo de los dos pueblos, prefigurando la vida judía y la vida espiritual (Crisóstomo). Si bien el texto de la historia no parece muy apropiado, en Judá y Tamar se describe el misterio de la encarnación de nuestro Salvador, que es el propósito de todas la Escrituras (Cirilo de Alejandría).

38, 14   Selá había crecido

Anhelo de bendición. Cuando Selá ya era un joven, Judá no quería cambiar de opinión y devolver [a Tamar] a su casa. Ella pensaba: "¿Cómo haré saber a los hebreos que no ansío el matrimonio sino que deseo la bendición que está escondida en ellos? Pues aunque puedo tener relaciones con Selá, no sería capaz de hacer victoriosa mi fe por medio de Selá. Por tanto, debo de tener relaciones con Judá, de forma que, mediante el tesoro que reciba, yo pueda enriquecer mi pobreza, y en la viudez que mantengo pueda dejar claro que no deseo el matrimonio". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 34, 2. 

Lo que sucedió fue por designió divino. Alimentada por las promesas, Tamar esperaba en casa de su padre, dice, aguardando que se realizará la promesa de su suegro. Al ver que Judá no quería cumplir lo prometido, soportaba hasta entonces mansamente, rechazando la unión con otro hombre y abrazando la viudez, en espera de un momento adecuado. Porque anhelaba tener hijos de su suegro. Más cuando vio que su suegra había muerto y que Judá estaba en Timná para el trasquile del rebaño, planeó robarle a su suegro relaciones sexuales, deseosa de tener hijos con él, no por libertinaje, ¡válgame Dios!, sino para no parecer un ser anónimo. Simplemente formaba parte del plan salvífico lo que estaba ocurriendo, por lo que llegó a realizarse lo que ella había planeado. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62,1.

Ella quería un signo. Puesto que ella tenía miedo de que [Judá] la reconociera y la matara en venganza por sus dos hijos, de cuya muerte había sido acusada, ella, como Eliezer, pidió un signo y dijo: Que tu conocimiento no me condene por un acto de pasión, pues yo estoy sedienta de aquello que está oculto en los hebreos. No sé si esto te agrada o no. Permíteme que yo me parezca a él con un aspecto distinto, para que no me mate, y que en su boca se encuentre una invitación para acostarme con él, y así yo pueda saber que aceptas que el tesoro que está escondido en los circuncisos puede transmitirse también por medio de la hija de unos incircuncisos. Que cuando me vea, me diga: "Ven, déjame ir a ti". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 34, 3.

Simbología de Tamar. La Iglesia es fecunda con esta penitencia en todos los pueblos que la forman. En efecto, convenía que Cristo sufriera y resucitara al tercer día, y en su nombre fuera predicada la penitencia y la remisión de los pecados en todos los pueblos, empezando por Jerusalén. Por eso la presencia de esta meretriz es la confesión de los pecadores. Un tipo de Iglesia es Tamar, llamada de entre los gentiles, que se encuentra sentada a la entrada de Henan o Enaim, que significa "fuentes". Ps.-Isidoro, Cuestiones sobre el Antiguo Testamento, 29, 16. 

38,15   Judá la vio y la tomó por una prostituta

Ella sabía que agradaba a Dios. Mientras estaba suplicando a Dios por esto, Judá fue y la vio. La plegaria de Tamar, lo llevó, contra su costumbre, hacia una prostituta. Cuando ella lo vio, llevaba puesto un velo, ya que tenía miedo. Sin embargo, después de que se pronunció la palabra [que servía] de señal y que ella había pedido, supo que Dios estaba satisfecho con lo que estaba haciendo. Por eso descubrió su rostro, sin miedo y pidió la recompensa al señor del tesoro. Efrén de Nisbi, Comentario sobre el Génesis, 34, 4.

38,18   Se llegó a ella dejándola embarazada

Llevando a cabo el plan divino. Que nadie al oír estas cosas, condene a Tamar. Como ya he dicho, servía al plan de Dios y por eso ni ella se granjeó censura alguna, ni Judá se hizo responsable de cargos. Y si andas el camino desde este punto, efectivamente, encontrarás que Cristo hace descender su linaje de los niños engendrados por Judá. Además, estos gemelos nacidos de él eran una prefiguración de los dos pueblos, que simbolizan la vida judía y la vida espiritual. Por lo que vemos, sin embargo, tras la partida de Judá había transcurrido un corto espacio de tiempo, saliendo luego el asunto a la luz, y además Judá se juzga a sí mismo exculpándola a ella. Así pues, cuando Tamar realizó lo que había proyectado, volvió nuevamente a cambiarse de ropa, dice el texto, se fue de allí y regresó a su casa. Judá no obstante, que no sabía nada de estas cosas, cumplió su promesa y envió un cabrito para rescatar la prenda que había entregado, pero la mujer no se hallaba en parte alguna, así que retornó el esclavo anunciándole a Judá que en ninguna parte se podía encontrar a la mujer. Cuando supo esto, Judá dijo: "¡Pues que nunca se nos haga reproches considerándonos ingratos!" Porque no sabía nada de lo que había sucedido. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 62, 1.

Se describe la encarnación. El fin de la Escritura divinamente inspirada es mostrarnos el misterio de Cristo por medio de tan innumerables acontecimientos. No sin razón podría uno compararla con una ciudad maravillosa y digna de admiración, que tiene no una sola estatua, la del Rey, sino muchas estatuas, todas cuantas están expuestas a la vista en todos los lugares. Observa cómo no pasa por alto ninguno de los relatos que hacen referencia a esto, sino que los recorre todos. Y si alguno de los relatos históricos contiene algo no agradable, nada impide que la Escritura construya apropiadamente y lleve a su cumplimiento la demostración propuesta. Su finalidad no es exponer la vida de los santos (lejos de esto), sino más bien instruirnos sobre el conocimiento del misterio de Cristo mediante los hechos que pueden hacer que nuestro discurso sobre él sea sabio y verdadero. Por lo tanto, no se puede criticar [la Escritura] como si estuviera alejada de la verdad. Se nos expone, pues, otra vez, en Judá y en Tamar, el misterio de la encarnación de nuestro Salvador. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 6, 1. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 336-339
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob es informado de la muerte de José


29Volvió Rubén al pozo y José no estaba allí. Entonces se rasgó las vestiduras, 30y yendo a donde estaban sus hermanos les dijo: "El muchacho no aparece; ¿dónde voy a ir yo ahora?". 31Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en sangre. 32Después mandaron llevar la túnica con mangas a su padre, y decirle: "Hemos encontrado esto. Comprueba si es la túnica de tu hijo o no". 33Él la reconció y exclamó: "Es la túnica de mi hijo. Un fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado". 34Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se puso un saco a la cintura e hizo muchos días de duelo por su hijo. 35Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarlo; pero él rehusaba consolarse y decía: "Quiero llegar de luto hasta el sheol donde está mi hijo". Y su padre lloró por él. 36Entretanto los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar, eunuco del faraón y capitán de los guardias. (Génesis 37, 29-36).

37, 31   La túnica de José

El hecho de empapar la túnica en sangre parece significar que, ansiosos de falsas excusas, apartaron por envidia del pecado al que carga con los pecados de todo el pueblo. Para nosotros es un cordero, para ellos un cabrito. Por nosotros fue muerto el cordero de Dios, que quitó el pecado del mundo. Para ellos un cabrito aumentó su error y aumentó el delito. Por ello dice la Escritura: "Y vosotros, colmad la medida de vuestros padres". Justamente deplorando Jacob el fracaso de sus descendientes, como padre lloraba al hijo perdido, como profeta lloraba la ruina de los judíos. También rasga su vestidura, al igual que lo hizo en la pasión del Señor Jesús el sumo sacerdote, y no como persona privada sino en función de su cargo. Y el velo del templo se rasgó para significar con tales signos que los misterios habían sido profanados, el pueblo desposeído de su salvación y el reino dividido. Porque todo reino dividido se destruye fácilmente. Y estaba verdaderamente dividido, porque lo que era Cristo empezó a ser el diablo. Porque los que separan al padre del hijo no pueden permanecer unidos. Ambrosio, Sobre José, 3, 18.

37, 36   Los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar

Mezcla de envidia y falso arrepentimiento. Jacob envió [a José] hacia el ganado para que le trajera noticias de sus hermanos. Pero ellos, por medio del vestido manchado con sangre, le enviaron una noticia acerca de José. Lo arrojaron sin misericordia a un pozo del desierto y lo lloraron con lágrimas dentro de la casa. Desnudo lo vendieron a los árabes y lo lloraron a voces ante los cananeos. Pusieron hierros en sus manos y en sus pies, enviándolo por el camino, y compusieron lamentaciones por él en la ciudad. [José] bajó a Egipto y fue vendido. ¡En pocos días había cambiado dos veces de dueño! Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 35, 2.

La historia de José llama a todos a un profundo examen. Por lo que se refiere a la enseñanza moral, puesto que Dios "quiere que todos los hombres se salven", ofrece por medio de José un consuelo a quienes se encuentran en la esclavitud. Les enseña que en el último puesto puede haber las mayores virtudes; y que no existe ningún estado en el que no se pueda ser virtuoso, si cada cual se da cuenta de que el cuerpo puede ser sometido a la esclavitud, pero no el alma; y el esclavo es más libre que el señor si, siendo esclavos, piensan que han de abstenerse de las obras que esclavizan. Todo pecado hace esclavos; la inocencia hace libres. Porque el Señor dice: "Todo el que comete pecado, esclavo es del pecado", ¿Cómo se esclavizan todos los avaros, no esclavos, que se venden a sí mismos en las subastas por la ilusión de una pequeña ganancia? El que amontona cosas que no usa siente el temor de perder todo lo amontonado; y cuanto más tiene, más preocupación hay de guardarlo...
   ¿Cómo se esclaviza un no mendigo, para quien todo es poco? Porque aunque parezca rico, es pobre de sí mismo y no puede saciar sus deseos con palabras quien no puede creer lo que desea. ¿Cómo se esclaviza el no esclavo que está sometido a las pasiones? Primero arde en sus ardores y se come con las fauces su propio corazón. De ellos afirma el profeta con razón: "Caminad a la luz de vuestro fuego y de las teas que habéis encendido". El miedo los sobrecoge a todos, son asediados por el miedo a los demás; y para gozar del deseo de uno, se hace esclavo de todos. Por lo tanto, sirve además a una miserable esclavituz quien se fabrica señores para sí mismo. Él mismo quiere poseer a los que teme. No hay una esclavitud más refinada que la de estar siempre en el temor. Sin embargo, en cualquier condición de esclavo es libre el que no es capturado por el amor, el lazo de la avaricia no lo retiene, y no está atado por el miedo del crimen quien observa el presente sereno y no tiene miedo del futuro. ¿No piensas que éste es libre en la esclavitud y aquél es esclavo en la libertad? José servía y reinaba el faraón. Más feliz el servicio de éste que el reino de aquél. Al final todo Egipto se habría derrumbado si su reino no hubiera seguido los consejos del esclavo. Ambrosio, Sobre José, 4, 20.

La virtud atacada. Creo que esto es otra desgracia que les sobreviene. Veían los hermanos que cuanto más lo consideraba Jacob asesinado por fieras, tanto más mostraba un acuciante deseo de su hijo ausente, y más se consumían ellos de envidia. Pero los hermanos no podrían ser merecedores de indulgencia alguna, pues se habían tornado crueles con su hermano y con su padre, mientras que los propios madianitas obedecían al plan salvífico de Dios entregando a José, a su vez, a Putifar, jefe de la escolta del faraón. ¿Ves cómo poco a poco van sucediendo las cosas en el camino y a través de todas ellas se pone de manifiesto la virtud y la fortaleza de José para ceñirse así, como un atleta que lucha valerosamente, la corona real, y para, una vez se hayan hecho realidad los sueños, enseñar mediante esta prueba a quienes lo vendieron que no han sacado ganancia alguna de tal maquinación? Y es que la virtud tiene una fuerza tan grande que, cuando es atacada, se torna mucho más evidente. Nada, en efecto, es más fuerte que ella, nada más poderoso. No porque la virtud tenga en sí misma tal poder, sino porque quien la posee goza del favor del cielo, y gozando del favor del cielo y obteniendo la ayuda que de allí viene, uno sería más poderoso que nada ni nadie, inconquistable e inexpugnable no solamente ante las asechanzas de los hombres, sino también de las fuerzas demoníacas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 5

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 334-336
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

José es vendido como esclavo


25Después se sentaron a comer y, alzando la vista, vieron una caravana de Ismaelitas que venía de Galaad, cuyos camellos transportaban tragacanto, resina y laúdano, y que iba bajando hacia Egipto. 26Entonces dijo Judá a sus hermanos: "¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? 27Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano y nuestra carne". Y sus hermanos asintieron. 28Cuando pasaban unos mercaderes madianitas, lo sacaron, subiendo a José del pozo, y lo vendieron por veinte monedas de plata a los ismaelitas, quienes se llevaron a José a Egipto. (Génesis 37, 25-28).


37, 25   Una caravana de Ismaelitas... iba bajando hacia Egipto


El aroma de la justicia. José fue rechazado por los hermanos y comprado por los ismaelitas. Nuestro Señor y Salvador fue rechazado por los judíos y comprado por los gentiles. Los ismaelitas que compraron a José llevaban consigo diversas clases de perfumes, mostrando con ello que los gentiles que habrían de venir a la fe repartirían por el mundo entero diversos perfumes de la justicia. Cromacio, Sermón, 24, 3.


37, 27   Vamos a venderlo a los ismaelitas


El misterio del precio. Para dar a entender que todo esto es figura del pueblo y del Señor Jesús, dice: "Vamos a venderlo a los ismaelitas". ¿Qué otra interpretación puede tener el nombre de José si no es que representa a la gracia divina y es una expresión viva del Dios sumo? ¿Quién es vendido si no es el que "siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo"?... Vendieron a mercaderes y éstos compraron de los traidores un buen aroma. Pues Judá vendió y compraron los ismaelitas, quienes, según el significado latino, odian a su Dios. Vemos que José fue vendido por veinte monedas según unos, según otros veinticinco, treinta según otros. Pues no todos coinciden en poner precio a Cristo. Para unos vale más y para otros menos. Según la fe del que compra, así es el aumento de precio. Dios es más apreciado por el más religioso. El Redentor es más estimado por el pecador. Para muchos vale más el que más gracia tiene. Pero también vale más para muchos quien más dones recibió, porque ama más aquel a quien más se le perdonó, según lo que dijo el Señor en el Evangelio, de aquella mujer que derramó el perfume sobre sus pies, los lavó con sus lágrimas, los acarició con sus cabellos y los secó con sus besos. De ella dice a Simón: "Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se le perdona menos ama". Ambrosio, Sobre José, 3, 14.


37, 28   Lo vendieron por veinte monedas de plata


Escasa estimación de la Pasión. Observemos ahora el gran misterio. José fue comprado por veinte monedas de oro, el Señor por treinta monedas de plata. El esclavo fue vendido más caro que el Señor. Ciertamente la estimación humana se equivocó respecto del Señor, pues fue vendido por un precio inferior. Pero consideremos con más atención este misterio. Los judíos ofrecieron por el Señor treinta monedas de plata; en cambio los ismaelitas compraron al sirviente por un precio mayor que el que ofrecieron los judíos por el Señor. Aquellos veneraron la imagen de Cristo en José; en cambio éstos despreciaron la verdadera imagen de Cristo. Por consiguiente, los judíos ofrecieron por Cristo un precio inferior porque estimaron en menos precio la Pasión del Señor. Pero ¿cómo se puede estimar en menos la Pasión del Señor cuando ella es el precio de la redención del mundo entero? Escucha al Apóstol que nos lo aclara de la siguiente manera: "Vosotros habéis sido adquiridos a un gran precio". Escucha al Apóstol Pedro, que dice igualmente: "Habéis sido rescatados de vuestra conducta vana... no con oro y plata, sino con la sangre preciosa del Hijo sin mancha de Dios". Si nosotros hemos sido liberados de la muerte con oro y plata, nuestro rescate habría sido barato, porque el hombre vale más que el oro y la plata; pero hemos sido rescatados a un gran precio, porque el que nos ha rescatado mediante su Pasión no tiene precio. Cromacio, Sermón, 24, 4.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 331-333
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hermanos de José conspiran contra él


12Habían ido sus hermanos a pastorear las ovejas de su padre a Siquem, 13e Israel dijo a José: "Tus hermanos están pastoreando en Siquem. Ven que te voy a mandar donde están ellos". Le contestó José: "Estoy dispuesto". 14Le dijo su padre: "Anda, pues, a ver cómo siguen tus hermanos y cómo está el ganado, y tráeme noticias". Lo envió desde el valle de Hebrón y él llegó a Siquem. 15Un hombre lo encontró vagando por el campo y le preguntó: "¿Qué buscas?". 16Respondió: "Estoy buscando a mis hermanos; por favor, dime dónde están pastoreando". 17El hombre le dijo: "Se marcharon de aquí, pues oí que decían: Vámonos a Dotán". Y José fue siguiendo a sus hermanos hasta que los encontró en Dotán. 18Ellos lo vieron a lo lejos y antes de que se acercara a donde estaban, se confabularon contra él para darle muerte. 19Se decían unos a otros: "Mira, ahí viene ese soñador; 20vamos ahora, matémoslo y arrojémoslo a un pozo; luego diremos que lo ha devorado una fiera salvaje. Así veremos en qué paran sus sueños". 21Oyó esto Rubén y, queriendo salvarlo de las manos de éstos, dijo: "No le quitemos la vida". 22Entonces les propuso Rubén: "No derraméis sangre; echadlo a este pozo en medio del desierto, pero no pongáis las manos sobre él". Lo decía para salvarlo de las manos de éstos y devolverlo a su padre. 23Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, éstos arrancaron a José la túnica que llevaba, una túnica con mangas, 24lo agarraron y lo echaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua. (Génesis 37, 12-24).

37, 14   Anda, pues, a ver cómo están tus hermanos

Jacob vio por adelantado el misterio del Padre enviando al Hijo. Luego el patriarca si creyó tan gran sueño. Él proetizaba con ambos oráculos semejantes, que representaban tanto a la persona del justo como al pueblo, porque el Hijo de Dios vendría a la tierra. Y sería amado por los justos y negado por los pecadores. Veía, por lo tanto, el misterio futuro de la encarnación el que enviaba al hijo a los hermanos para ver si las ovejas estaban bien cuidadas. Dios se preocupaba de sus ovejas en aquel interés del patriarca, excepto de las que el mismo Señor Jesús habla en el Evangelio: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel". Y lo envió a Siquem, que significa hombro o espalda, es decir lo envió a quienes no se convertirían al Señor, sino que huyendo de su faz se apartarían de él, lo que es propio del pecador. Caín se ocultó del rostro de Dios, y afirma el profeta: "Y a mí me has vuelto la espalada". Sin embargo el justo no se aparta del Señor, sino que acude a Él, diciendo: "Mis ojos están siempre fijos en el Señor". También Isaías al oír la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré?", se ofreció espontáneamente, diciendo: "Aquí estoy. Envíame a mí". De igual modo Simeón espero para ver a Cristo el Señor, y cuando lo vio, al ver al perdonador de los pecados y Redentor del mundo entero, como recién librado del pecado, pidió ser liberado de su propia carne, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra: porque mis ojos han visto tu salvación". Zaqueo tuvo su mejor recomendación al subir al árbol para ver a Cristo. Luego José fue enviado a sus hermanos por el padre, o más bien por aquel Padre que "no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros"; por aquel Padre del que está escrito: "Lo hizo Dios enviando a su propio Hijo en una carne semejante a la carne pecadora". Ambrosio, Sobre José, 3, 9.

37, 15   Vagando por el campo


No podía encontrar a sus hermanos. "Un hombre lo encontró vagando", porque no encontraba a sus hermanos. No vagaba sin razón el que buscaba a los nómadas. Si, el Señor conoce a los suyos. También "Jesús, fatigado del viaje, se había sentado en el pozo". Estaba fatigado porque no encontraba al pueblo de Dios al que amaba, pues se había apartado de la faz de Dios. El que contrae una culpa huye de Cristo. El pecador huye, el justo se acerca. El Adán pecador se esconde, el justo dice: "Llegue ante ti mi plegaria". Ambrosio, Sobre José, 3, 10.

Cristo también buscó la raza humana. Jacob envió a su hijo para ver cómo estaban y que le trajera noticias de sus hermanos; y Dios Padre envió a su Unigénito para visitar como a ovejas perdidas al género humano enfermo del pecado. José, mientras buscaba a sus hermanos, andaba vagando por el desierto; y Cristo buscaba al género humano errante por el mundo; y era como si también Él anduviera errante por el mundo, pues buscaba a los que andaban perdidos. José buscaba a sus hermanos en Siquem. Siquem significa "espalda", y es que los pecadores siempre dan la espalda ante el rostro del justo, pues la espalda está detrás. Y la manera como los hermanos de José heridos por la envidia presentaban la espalda más que el rostro al amor del hermano, también los infelices judíos prefirieron odiar antes que amar al autor de la salvación que los visitaba. De ellos se dice en un salmo: "Que se nublen sus ojos y no vean, doblégales las espaldas por siempre". Cesáreo de Arlés, Sermón, 89, 1.

37, 17   Los encontró en Dotán

José encontró a sus hermanos en Dotán, que significa "deserción". ¿No es acaso un desertor el que se aparta de Dios? Nada extraño es que desertaran los que no oían al que le decía: "Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré". Llegó José a Dotán. Lo vieron llegar desde lejos, antes de que se acercara a ellos. Y se enfurecieron hasta el punto de querer matarlo. Ciertamente estaban lejos los que estaban en la deserción y por eso se enfurecían, porque no se acercaba a ellos Cristo. Porque si se le hubiese acercado a ellos la figura de Cristo, habrían amado ciertamente al hermano. Pero no podían estar cerca [de Cristo] los que tramaban un fraticidio: "Mira, dicen, ahí viene ese soñador; vamos ahora, matémoslo". Los que albergaban pensamientos fraticidas ¿no decían lo mismo que dice de ellos Salomón: "Preparamos trampas para el justo, pues nos es molesto"? Ambrosio, Sobre José, 3, 11.

37, 20   Matémoslo y arrojémoslo a un pozo


Se cumplió en Cristo. El Génesis continúa: "Así veremos en que paran sus sueños". Se refiere a José, pero se cumplió en Cristo cuando, en su pasión, los judíos le decían: "Es el Rey de Israel, que se baje ahora de la cruz y creeremos en él. Confió en Dios, que lo salve ahora si lo quiere de verdad". ¿Acaso los hermanos tienen tanta impiedad como para matar a su hermano? ¿Y dónde está el mérito de los patriarcas como para que la ley designe con sus nombres a cada una de las tribus del pueblo? ¿Cómo se pueden compaginar sus piadosos nombres con su crímen? Actuaban como figura del pueblo, no por imperfección propia. De ahí toda la envidia, de ahí el plan del patricidio: la envidia se realiza mediante figura, la piedad mediante el amor. Ambrosio, Sobre José, 3, 12. 

37, 21   Oyó esto Rubén

Los vínculos santos de la fraternidad. Finalmente Rubén y Judá, cumpliendo los piadosos derechos fratenos, desean salvarle la vida. Judá es puesto el primero en todo merecimiento por la bendición paterna, cuando le dice: "A ti, Judá, te alabaran tus hermanos; pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos y ante ti se postrarán los hijos de tu padre. Judá es un cachorro de león... hasta que venga aquel a quien le pertenece y a quien deben obediencia las naciones". Esto sólo le pertenece a Cristo, a quien, para ser adorado por los hermanos y esperado por las naciones, le fue concedido lavar sus vestiduras en vino con la pasión del propio cuerpo, ya que ningún pecado manchó su carne... Ambrosio, Sobre José, 3, 13.

37, 23   Arrancaron a José la túnica


La prefiguración de la Cruz. Ya en aquel tiempo encontramos una prefiguración clara de la crucifixión, porque, al ser despojado de la túnica, es decir, del cuerpo que había asumido, al mismo tiempo fue despojado de la gran belleza de sus virtudes. Por tanto, fue manchada de sangre su túnica, es decir, la carne, no su naturaleza divina; lograron arrebatarle el vestido de la carne, pero no la vida inmortal. Ambrosio, Sobre José, 3, 15.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 327-331
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez