Los sueños de José


5José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos, por lo que ellos le tuvieron más odio todavía. 6Les dijo: "Escuchad el sueño que he tenido: 7Estábamos atando gavillas en el campo y mi gavilla se erguía y se mantenía en pie, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante ella". 8Sus hermanos le respondieron: "¿Acaso vas a reinar sobre nosotros, o nos vas a gobernar tú?". Y le tuvieron todavía más odio a causa de sus sueños y de sus palabras. 9Todavía tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos diciendo: "Mirad, aún he tenido otro sueño: El sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí". 10Cuando lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le recriminó diciéndole: "¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso vamos a ir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?". 11Sus hermanos sintieron celos de él, pero su padre meditaba todas estas cosas. (Génesis 37, 5-11).

37, 5   José tuvo un sueño


Los obstáculos no impidieron el camino. La Escritura empieza por enseñarnos que ya antes habían mostrado odio hacia José, para que no pensemos que iniciaron la guerra contra él desde el momento del sueño. "Lo odiaron más aún" quiere decir que creció mucho más el aborrecimiento y la enemistad por él. Y mira, además, la desmesura de su ceguera: ellos mismos interpretan el sueño. Tampoco podemos decir que lo envidiaban por desconocimiento de los hechos futuros, antes bien, prolongaron su odio al enterarse por medio de los sueños de lo que iba a pasar. ¡El colmo de la estupidez! Después de saber esto deberían haber mostrado a José un mayor cariño, alejando cualquier motivo de odio y desterrando el pecado de la envidia. Cegados, sin embargo, por su obsesión y sin comprender que todo lo que hacían se volvería contra ellos, acrecentaron aún más su odio hacia José. ¿Por qué razón, desgraciados y miserables de vosotros, mostráis tamaña envidia, desconociendo el cariño fraterno y el hecho de que la revelación por medio de sueños pone de manifiesto un amor clarísimo de Dios a José? Y no penséis, desde luego, que él hubiera podido revocar jamás las revelaciones de Dios. Como interpretastéis el sueño, así exactamente ocurrirá después, por mucho que queráis discurrir miles de trampas. El Señor de todas las cosas, hábil y sabio como es, muestra la sobreabundancia de su poder permitiendo a menudo que haya muchos obstáculos en medio del camino, para manifestar así, poniendo por obra resoluciones que tomó en otro tiempo, la extraordinaria inmensidad de su poder. Pero la fuerza de la envidia es tal que hace absolutamente imposible que José sea contado entre ellos, sino que, en una palabra y por decirlo de alguna manera, obraba en todo convertido ya en cautivo sin salvación. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 2.


37, 8   Y le tuvieron todavía más odio


Una visión de los tiempos venideros. ¿Por qué envidiáis y odiáis al justo, si Dios le reveló a él sus propios misterios y le manifestó a través de visiones el acontecer de los últimos tiempos? ¿Por qué os entristecéis al ver puesta en él una túnica multicolor, si el justo Padre lo honró amándolo más que a todos, os lo envió como pastor de pastores para visitaros, lo presentó en el mundo como testigo fiel y, aunque fruto de vejez, lo resucitó de entre los muertos como primicia y santo primogénito? ¿Por qué os irritáis si el sol, la luna y once estrellas lo adoran, ellos que de antiguo venían prefigurándolo? Ni Jacob y Raquel se llamaban "sol" y "luna", ni las cosas sucedieron así. Hipólito, Sobre la bendiciones de Isaac y Jacob, 2.


La visión revela la resurrección de Jesús. Aún más resplandeció en el niño la gracia divina, puesto que soñó, lo que a él le parecía una visión, que cuando estaba atando gavillas con sus hermanos, su gavilla se levantó y se puso en pie, y las gavillas de los hermanos, rodeándola, la adoraron. Con esta visión fue revelada la futura resurrección del Señor Jesús, al que adoraron los once apóstoles cuando lo vieron en Jerusalén. Y todos los santos, cuando resuciten, lo adorarán mostrando el fruto de las buenas obras, según está escrito: "Al volver vienen cantando trayendo sus gavillas". Por eso los hermanos, haciendo con sus propias palabras la interpretación del sueño, aunque no quisieran creerlo por envidia, le respondieron: "¿Acaso vas a reinar sobre nosotros, o nos vas a gobernar tú?". Aquella visión se refería al rey que había de venir, al que todo hombre adorará doblando la rodilla. Ambrosio, Sobre José, 2, 7.


37, 10   Su padre le recriminó


Toda pasión se inclina ante Cristo. Vio también otro sueño, y se lo contó a su padre y hermanos: el sol, la luna y once estrellas lo adoraban. El padre le recriminó, diciendo: "¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso vamos a ir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?". ¿Quién es ése al que adoraron el padre y los hermanos postrándose en tierra, sino Jesucristo al que adoraban José y su madre con los discípulos, confensando en el cuerpo al verdadero Dios, el único del que se dijo: "Alabadlo, sol y luna, alabadlo, todas las estrellas luminosas? ¿Y qué otra cosa significa el reproche del padre sino la dureza del corazón del pueblo de Israel, del que Cristo nació según la carne, y al que todavía hoy no aceptan como Dios ni quieren adorarlo como Señor, porque saben bien que nació de ellos? Escuchan su respuesta y no la comprenden. Ellos mismos leen que el sol y la luna lo alaban, pero no quieren creer que eso sea dicho de Cristo. Por lo tanto, Jacob es engañado por una figura ajena, pero no se engaña en su amor. La piedad paterna no se extravía en él, pero expresa la pasión del pueblo equivocado. Ambrosio, Sobre José, 2, 8.

Nuestro verdadero José. Vio además otro sueño: que el sol y la luna y once estrellas lo adoraban. Su padre le respondió: ¿Es que tendremos que adorarte en la tierra yo y tu madre y tus hermanos? En aquel José esto no pudo cumplirse; pero en nuestro José, es decir, en nuestro Señor Jesucristo, se cumplió el misterio de aquel sueño. El sol y la luna y las once estrellas lo adoraron cuando después de la resurrección santa María como luna y san José como sol, con once estrellas, es decir, los bienaventurados apóstoles, se inclinaron y postraron ante Él, y se cumplió la profecía que dice: "Alabadlo, sol y luna, alabadlo todas las estrellas luminosas". En tanto no se cumplió la interpretación de este sueño en aquel José, en cuanto se lee que su madre había muerto muchos años antes de que él tuviera los sueños mencionados. Realmente, ¿cómo podía convenir a sus hermanos que lo adoraran como estrellas, si la noche de la envidia los había oscurecido y entenebrecido? Habían percibido la claridad de las estrellas los que habían extinguido en ellos la luz de la caridad. Con razón, pues, creemos que eso se realizó con más verdad en el Señor, nuestro Salvador, de quien leemos con frecuencia, como ya he dicho antes, que lo adoraron san José y santa María junto con once apóstoles. El mismo Señor dice en el Evangelio que los apóstoles tenían luz de estrellas: "Vosotros sois la luz del mundo". Y de ellos y de los que se les asemejan dice en otra ocasión: "Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino del Padre". Cesáreo de Arlés, Sermón, 89, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento,  Tomo 2,  p. 325-327
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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