Los hijos de Jacob: José y sus hermanos


16Partieron de Betel, y cuando todavía quedaba bastante trecho para llegar a Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo dificultades en el parto...
   37,1Jacob se estableció en el país en el que había residido su padre, en la tierra de Canaán. 2Esta es la historia de la descendientes de Jacob:
   José tenía diecisiete años y pastoreaba el ganado con sus hermanos. Como era un muchacho acompañaba a los hijos de Bilhá y Zilpá, mujeres de su padre, e informó al padre de la mala fama de aquéllos. 3Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque era el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica con mangas. 4Sus hermanos, al ver que su padre le amaba más que a ellos, le odiaban hasta el punto de no poder devolverle el saludo. (Génesis 35, 16-37, 4).

37, 2   José tenía diecisiete años


La juventud no es obstáculo para la virtud. ¿Por qué razón nos indica la edad de José? Para que aprendas que no hay nada en la juventud que constituya un impedimento para la virtud y para que conozcas sobradamente la obediencia de aquel joven hacia su padre y la unión con sus hermanos, a pesar de ser éstos unos bárbaros. De esta manera, aunque José los quería y podía atraérselos por simpatía al ser de la misma edad, no quisieron ellos salvaguardar su cariño; antes bien, viendo desde el principio la inclinación a la virtud del chico y el amor que su padre le mostraba, se despertó en ellos la envidia. Fueron, efectivamente, a su padre Israel con reproches contra José. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 1.

37, 3   Israel amaba a José más


José perdió el amor de sus hermanos. Se nos enseña cuál debe ser el afecto que ha de existir entre los padres y los hijos. Es agradable amar a los hijos, y más agradable aún amarlos intensamente, pero incluso el amor paterno, sino se mantiene en la medida justa, puede dañar a los hijos, pues la excesiva benevolencia con el que más se quiere puede ser nociva para él, o la preferencia hacia uno de ellos puede apartar a los demás del amor paterno. Porque lo mejor que podemos dar a los hijos es el amor de sus hermanos. Ésta es la mayor generosidad por parte de los padres, ésta es la herencia más rica para los hijos. Que el mismo cariño mantenga unidos a los hijos que están unidos por la misma naturaleza...
   ¿Por qué te extrañas si surgen entre los hermanos disputas a causa de tierras o cosas, cuando hubo envidias entre los hijos del santo Jacob por culpa de una túnica? ¿Hemos de reprender a Jacob porque tenía preferencias por uno? Porque no podemos quitar a los padres la libertad de amar más a los que piensan que lo merecen más; ni tampoco debemos arrancar de los hijos el deseo de agradar más. En fin, Jacob amaba más a aquel en el que veía más signos de virtud, no para dar a entender que prefería como padre al hijo, sino como profeta del misterio. Con razón le hizo una túnica distinta, para dar a entender que había de ser preferido a los hermanos por el vestido de las muchas virtudes. Ambrosio, Sobre José, 2, 5-6.

La gracia facilitó su virtud. ¿Qué significa "Israel amaba a José más que a todos los demás hijos por ser para él el hijo de su ancianidad"? Se refiere a que lo amaba más que a todos los demás por haber nacido ya al final de su vida, siendo anciano. Parece ser, en efecto, que de alguna manera son buscados los hijos que se engendran en la ancianidad, y pueden atraerse más el amor paterno. Sin embargo, para que sepamos que no era éste solamente el factor que lo convertía en preferido del padre por encima de sus hermanos, la Sagrada Escritura nos enseña que después de José nació otro niño. Si el amor se realiza siguiendo el orden natural, éste último debería ser más amado por ser verdaderamente el hijo de su ancianidad, nacido cuando aquel justo varón había alcanzado la vejez más extrema. ¿Qué podemos decir a esto? Pues que una especie de gracia de lo alto hacía al joven José más amado y que fue la virtud de su alma lo que lo convirtió en preferido a todos. En la Sagrada Escritura se da como razón el ser el hijo de la ancianidad y por esto mismo más amado, para que no se magnifique de forma evidente la envidia de sus hermanos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 1.

Jacob prefiguraba a Dios Padre. Cuando el pueblo cristiano acude fielmente a la Iglesia, ¿de qué le aprovecha oír cómo se casaron los santos patriarcas o cómo engendraron hijos, sino entiende con significado espiritual por qué sucedieron estas cosas o qué es lo que representaban esas mismas cosas? Hemos oído que el bienaventurado Jacob engendró un hijo y le puso por nombre José, y que lo amó más que a otros hijos. En este pasaje el bienaventurado Jacob representa a Dios Padre; también el bienaventurado José ostentaba la representación del Señor, nuestro Salvador. Jacob amaba a su hijo porque Dios Padre también amaba a su Unigénito, como Él mismo lo declaró: "Éste es mi hijo, el amado". Cesáreo de Arlés, Sermón, 89, 1


Una variedad de gracias. En sentido místico o alegórico José era una figura anticipada del Señor. Luego si consideramos al menos parcialmente la biografía de José, vemos con claridad que en él se muestra por adelantado la imagen del Señor. José tuvo una túnica de diversos colores, y el Señor, Salvador nuestro, se sabe que tenía una túnica de varios colores: la Iglesia reunida de gentes diversas, a la que tomó a manera de vestido. Hay también otra diferencia de color en esta túnica, es decir, en la Iglesia que Cristo recibió, pues la Iglesia tiene múltiples gracias variadas: tiene mártires, tiene confesores, sacerdotes, ministros, vírgenes, tiene viudas, tiene operarios de la justicia. Aunque esta variedad de la Iglesia no supone variedad de colores sino variedad de gracias, pues con esta variedad de la Iglesia el Señor y Salvador nuestro resplandece con vestidura preciosa y variada. José, vendido por sus hermanos fue comprado por unos ismaelitas, y el Señor y Salvador nuestro, vendido por los judíos, fue comprado por los gentiles. Por último, los ismaelitas que compraron a José, llevaban consigo diversos perfumes, para que ahí se viera que los gentiles que venían a la fe exhalaban en el mundo entero aromas diversos de justicia. Cesáreo de Arlés, Sermón, 93, 3.


37, 4   Sus hermanos... le odiaban

La envidia daña el alma. La envidia es un vicio terrible, y cuando se apodera del alma, no la deja hasta haberla conducido a la monstruosidad más extrema. Corrompe al alma que la engendró y coloca al objeto de la envidia en el lugar contrario al deseado: más noble, más considerado, más conocido. Tal hecho, a su vez, produce en el envidioso nuevas y más insoportables aflicciones. Observa aquí, por ejemplo, cómo este varón admirable, sin saber nada de lo que sucede, habla a sus hermanos como si fueran de hecho hijos de su misma madre, y lo hace con toda confianza, dialogando con ellos con gran sencillez. Aquellos, sin embargo, dominados por el pecado de la envidia se preparaban para aborrecerlo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 321-324
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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