Jacob trata de calmar a Esaú


14Pasó allí aquella noche y luego, de lo que poseía, separó un rebaño para su hermano Esaú: 15doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte corderos, 16treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte burras y diez asnos. 17Lo confió a su siervos, cada hato por separado, ordenándoles: "Pasad delante de mí y dejad un trecho entre un hato y otro". 18Al primero le dio está orden: "Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte de quién eres, a dónde vas, y para quién es eso que llevas, 19tú contestarás: "Es de tu siervo Jacob, un regalo que envía a mi señor Esaú; él viene detrás de nosotros".
   20Dio la misma orden al segundo, al tercero y a todos los que iban tras los hatos: "Esto es lo que diréis a Esaú cuando os encontréis con él; 21y añadiréis: 
   "Tu siervo Jacob viene detrás de nosotros". Pues se decía: "Lo aplacaré con el regalo que va por delante, y después lo veré cara a cara; quizá esté a mi favor". 22El regalo pasó por delante de él, y él se quedó aquella noche en el campamento. (Génesis 32, 14-22).


32, 14   Separó un regalo para su hermano


La virtud perfecta posee tranquilidad. Entonces, con la intención de pedir la paz a su hermano, [Jacob] durmió en el campamento. La virtud perfecta tiene un reposo tranquilo y sereno; al mismo tiempo, el Señor ha reservado su don a los más perfectos, diciendo: "Mi paz os doy, mi paz os dejo". En verdad, es propio de los perfectos no ser influidos fácilmente por las cosas mundanas, no ser turbados por el miedo, no ser agitados por la sospecha, no ser abatidos por el terror, no ser afligidos por el dolor, sino que como una rada segurísima delante de las olas que levanta las tempestades del mundo, tienen calmado el espíritu, que permanece inmóvil en un anclaje seguro. Cristo ha traído esta estabilidad a las mentes de los cristianos, trayendo la paz interior a los ánimos de aquellos que han superado la prueba, para que nuestro corazón no sea turbado ni nuestro ánimo agitado. El docto Apóstol afirmó que esta paz es superior a toda inteligencia, diciendo: "Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia, custodiará vuestros corazones y vuestros sentimientos en Cristo Jesús". Así pues, el fruto de la paz es la ausencia de perturbación en el corazón. En una palabra, la vida del justo es tranquila; en cambio, el injusto está lleno de inquietud y turbación. Y así, es más atormentado el ímpio por las propias sospechas que la mayor parte de los hombres por los golpes de otros, y son más grandes los moratones de las heridas en su ánimo, que sobre el cuerpo de aquellos que han sido golpeados por otros.
   Es una gran cosa estar tranquilos interiormente y en acuerdo consigo mismo. Externamente, la paz es buscada a través de la vigilante prudencia del emperador, o a través de la mano de los soldados, o viene del éxito feliz de las guerras, o de una matanza de bárbaros, si ellos se combaten entre sí. En una paz de este género, el mérito no es nuestro, sino del suceso. Ciertamente la gloria de aquella paz es atribuida al emperador, mientras que el beneficio de esta paz es que está en nosotros y se conserva en el sentimiento de cada uno de nosotros. Es más grande el fruto de esta paz, porque se rechazan las tentaciones del espíritu del mal, mejor que las armas enemigas. Esta paz, que mantiene lejanos los atractivos de las pasiones corporales y mitiga las perturbaciones, es más noble que aquella que frena las invasiones de los bárbaros. En efecto, es mucho más grande resistir al enemigo encerrado dentro de ti, que aquel que está lejano. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 6, 28-29.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 306-307
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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