Los sueños de José


5José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos, por lo que ellos le tuvieron más odio todavía. 6Les dijo: "Escuchad el sueño que he tenido: 7Estábamos atando gavillas en el campo y mi gavilla se erguía y se mantenía en pie, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante ella". 8Sus hermanos le respondieron: "¿Acaso vas a reinar sobre nosotros, o nos vas a gobernar tú?". Y le tuvieron todavía más odio a causa de sus sueños y de sus palabras. 9Todavía tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos diciendo: "Mirad, aún he tenido otro sueño: El sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí". 10Cuando lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le recriminó diciéndole: "¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso vamos a ir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?". 11Sus hermanos sintieron celos de él, pero su padre meditaba todas estas cosas. (Génesis 37, 5-11).

37, 5   José tuvo un sueño


Los obstáculos no impidieron el camino. La Escritura empieza por enseñarnos que ya antes habían mostrado odio hacia José, para que no pensemos que iniciaron la guerra contra él desde el momento del sueño. "Lo odiaron más aún" quiere decir que creció mucho más el aborrecimiento y la enemistad por él. Y mira, además, la desmesura de su ceguera: ellos mismos interpretan el sueño. Tampoco podemos decir que lo envidiaban por desconocimiento de los hechos futuros, antes bien, prolongaron su odio al enterarse por medio de los sueños de lo que iba a pasar. ¡El colmo de la estupidez! Después de saber esto deberían haber mostrado a José un mayor cariño, alejando cualquier motivo de odio y desterrando el pecado de la envidia. Cegados, sin embargo, por su obsesión y sin comprender que todo lo que hacían se volvería contra ellos, acrecentaron aún más su odio hacia José. ¿Por qué razón, desgraciados y miserables de vosotros, mostráis tamaña envidia, desconociendo el cariño fraterno y el hecho de que la revelación por medio de sueños pone de manifiesto un amor clarísimo de Dios a José? Y no penséis, desde luego, que él hubiera podido revocar jamás las revelaciones de Dios. Como interpretastéis el sueño, así exactamente ocurrirá después, por mucho que queráis discurrir miles de trampas. El Señor de todas las cosas, hábil y sabio como es, muestra la sobreabundancia de su poder permitiendo a menudo que haya muchos obstáculos en medio del camino, para manifestar así, poniendo por obra resoluciones que tomó en otro tiempo, la extraordinaria inmensidad de su poder. Pero la fuerza de la envidia es tal que hace absolutamente imposible que José sea contado entre ellos, sino que, en una palabra y por decirlo de alguna manera, obraba en todo convertido ya en cautivo sin salvación. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 2.


37, 8   Y le tuvieron todavía más odio


Una visión de los tiempos venideros. ¿Por qué envidiáis y odiáis al justo, si Dios le reveló a él sus propios misterios y le manifestó a través de visiones el acontecer de los últimos tiempos? ¿Por qué os entristecéis al ver puesta en él una túnica multicolor, si el justo Padre lo honró amándolo más que a todos, os lo envió como pastor de pastores para visitaros, lo presentó en el mundo como testigo fiel y, aunque fruto de vejez, lo resucitó de entre los muertos como primicia y santo primogénito? ¿Por qué os irritáis si el sol, la luna y once estrellas lo adoran, ellos que de antiguo venían prefigurándolo? Ni Jacob y Raquel se llamaban "sol" y "luna", ni las cosas sucedieron así. Hipólito, Sobre la bendiciones de Isaac y Jacob, 2.


La visión revela la resurrección de Jesús. Aún más resplandeció en el niño la gracia divina, puesto que soñó, lo que a él le parecía una visión, que cuando estaba atando gavillas con sus hermanos, su gavilla se levantó y se puso en pie, y las gavillas de los hermanos, rodeándola, la adoraron. Con esta visión fue revelada la futura resurrección del Señor Jesús, al que adoraron los once apóstoles cuando lo vieron en Jerusalén. Y todos los santos, cuando resuciten, lo adorarán mostrando el fruto de las buenas obras, según está escrito: "Al volver vienen cantando trayendo sus gavillas". Por eso los hermanos, haciendo con sus propias palabras la interpretación del sueño, aunque no quisieran creerlo por envidia, le respondieron: "¿Acaso vas a reinar sobre nosotros, o nos vas a gobernar tú?". Aquella visión se refería al rey que había de venir, al que todo hombre adorará doblando la rodilla. Ambrosio, Sobre José, 2, 7.


37, 10   Su padre le recriminó


Toda pasión se inclina ante Cristo. Vio también otro sueño, y se lo contó a su padre y hermanos: el sol, la luna y once estrellas lo adoraban. El padre le recriminó, diciendo: "¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso vamos a ir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?". ¿Quién es ése al que adoraron el padre y los hermanos postrándose en tierra, sino Jesucristo al que adoraban José y su madre con los discípulos, confensando en el cuerpo al verdadero Dios, el único del que se dijo: "Alabadlo, sol y luna, alabadlo, todas las estrellas luminosas? ¿Y qué otra cosa significa el reproche del padre sino la dureza del corazón del pueblo de Israel, del que Cristo nació según la carne, y al que todavía hoy no aceptan como Dios ni quieren adorarlo como Señor, porque saben bien que nació de ellos? Escuchan su respuesta y no la comprenden. Ellos mismos leen que el sol y la luna lo alaban, pero no quieren creer que eso sea dicho de Cristo. Por lo tanto, Jacob es engañado por una figura ajena, pero no se engaña en su amor. La piedad paterna no se extravía en él, pero expresa la pasión del pueblo equivocado. Ambrosio, Sobre José, 2, 8.

Nuestro verdadero José. Vio además otro sueño: que el sol y la luna y once estrellas lo adoraban. Su padre le respondió: ¿Es que tendremos que adorarte en la tierra yo y tu madre y tus hermanos? En aquel José esto no pudo cumplirse; pero en nuestro José, es decir, en nuestro Señor Jesucristo, se cumplió el misterio de aquel sueño. El sol y la luna y las once estrellas lo adoraron cuando después de la resurrección santa María como luna y san José como sol, con once estrellas, es decir, los bienaventurados apóstoles, se inclinaron y postraron ante Él, y se cumplió la profecía que dice: "Alabadlo, sol y luna, alabadlo todas las estrellas luminosas". En tanto no se cumplió la interpretación de este sueño en aquel José, en cuanto se lee que su madre había muerto muchos años antes de que él tuviera los sueños mencionados. Realmente, ¿cómo podía convenir a sus hermanos que lo adoraran como estrellas, si la noche de la envidia los había oscurecido y entenebrecido? Habían percibido la claridad de las estrellas los que habían extinguido en ellos la luz de la caridad. Con razón, pues, creemos que eso se realizó con más verdad en el Señor, nuestro Salvador, de quien leemos con frecuencia, como ya he dicho antes, que lo adoraron san José y santa María junto con once apóstoles. El mismo Señor dice en el Evangelio que los apóstoles tenían luz de estrellas: "Vosotros sois la luz del mundo". Y de ellos y de los que se les asemejan dice en otra ocasión: "Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino del Padre". Cesáreo de Arlés, Sermón, 89, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento,  Tomo 2,  p. 325-327
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hijos de Jacob: José y sus hermanos


16Partieron de Betel, y cuando todavía quedaba bastante trecho para llegar a Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo dificultades en el parto...
   37,1Jacob se estableció en el país en el que había residido su padre, en la tierra de Canaán. 2Esta es la historia de la descendientes de Jacob:
   José tenía diecisiete años y pastoreaba el ganado con sus hermanos. Como era un muchacho acompañaba a los hijos de Bilhá y Zilpá, mujeres de su padre, e informó al padre de la mala fama de aquéllos. 3Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque era el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica con mangas. 4Sus hermanos, al ver que su padre le amaba más que a ellos, le odiaban hasta el punto de no poder devolverle el saludo. (Génesis 35, 16-37, 4).

37, 2   José tenía diecisiete años


La juventud no es obstáculo para la virtud. ¿Por qué razón nos indica la edad de José? Para que aprendas que no hay nada en la juventud que constituya un impedimento para la virtud y para que conozcas sobradamente la obediencia de aquel joven hacia su padre y la unión con sus hermanos, a pesar de ser éstos unos bárbaros. De esta manera, aunque José los quería y podía atraérselos por simpatía al ser de la misma edad, no quisieron ellos salvaguardar su cariño; antes bien, viendo desde el principio la inclinación a la virtud del chico y el amor que su padre le mostraba, se despertó en ellos la envidia. Fueron, efectivamente, a su padre Israel con reproches contra José. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 1.

37, 3   Israel amaba a José más


José perdió el amor de sus hermanos. Se nos enseña cuál debe ser el afecto que ha de existir entre los padres y los hijos. Es agradable amar a los hijos, y más agradable aún amarlos intensamente, pero incluso el amor paterno, sino se mantiene en la medida justa, puede dañar a los hijos, pues la excesiva benevolencia con el que más se quiere puede ser nociva para él, o la preferencia hacia uno de ellos puede apartar a los demás del amor paterno. Porque lo mejor que podemos dar a los hijos es el amor de sus hermanos. Ésta es la mayor generosidad por parte de los padres, ésta es la herencia más rica para los hijos. Que el mismo cariño mantenga unidos a los hijos que están unidos por la misma naturaleza...
   ¿Por qué te extrañas si surgen entre los hermanos disputas a causa de tierras o cosas, cuando hubo envidias entre los hijos del santo Jacob por culpa de una túnica? ¿Hemos de reprender a Jacob porque tenía preferencias por uno? Porque no podemos quitar a los padres la libertad de amar más a los que piensan que lo merecen más; ni tampoco debemos arrancar de los hijos el deseo de agradar más. En fin, Jacob amaba más a aquel en el que veía más signos de virtud, no para dar a entender que prefería como padre al hijo, sino como profeta del misterio. Con razón le hizo una túnica distinta, para dar a entender que había de ser preferido a los hermanos por el vestido de las muchas virtudes. Ambrosio, Sobre José, 2, 5-6.

La gracia facilitó su virtud. ¿Qué significa "Israel amaba a José más que a todos los demás hijos por ser para él el hijo de su ancianidad"? Se refiere a que lo amaba más que a todos los demás por haber nacido ya al final de su vida, siendo anciano. Parece ser, en efecto, que de alguna manera son buscados los hijos que se engendran en la ancianidad, y pueden atraerse más el amor paterno. Sin embargo, para que sepamos que no era éste solamente el factor que lo convertía en preferido del padre por encima de sus hermanos, la Sagrada Escritura nos enseña que después de José nació otro niño. Si el amor se realiza siguiendo el orden natural, éste último debería ser más amado por ser verdaderamente el hijo de su ancianidad, nacido cuando aquel justo varón había alcanzado la vejez más extrema. ¿Qué podemos decir a esto? Pues que una especie de gracia de lo alto hacía al joven José más amado y que fue la virtud de su alma lo que lo convirtió en preferido a todos. En la Sagrada Escritura se da como razón el ser el hijo de la ancianidad y por esto mismo más amado, para que no se magnifique de forma evidente la envidia de sus hermanos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 1.

Jacob prefiguraba a Dios Padre. Cuando el pueblo cristiano acude fielmente a la Iglesia, ¿de qué le aprovecha oír cómo se casaron los santos patriarcas o cómo engendraron hijos, sino entiende con significado espiritual por qué sucedieron estas cosas o qué es lo que representaban esas mismas cosas? Hemos oído que el bienaventurado Jacob engendró un hijo y le puso por nombre José, y que lo amó más que a otros hijos. En este pasaje el bienaventurado Jacob representa a Dios Padre; también el bienaventurado José ostentaba la representación del Señor, nuestro Salvador. Jacob amaba a su hijo porque Dios Padre también amaba a su Unigénito, como Él mismo lo declaró: "Éste es mi hijo, el amado". Cesáreo de Arlés, Sermón, 89, 1


Una variedad de gracias. En sentido místico o alegórico José era una figura anticipada del Señor. Luego si consideramos al menos parcialmente la biografía de José, vemos con claridad que en él se muestra por adelantado la imagen del Señor. José tuvo una túnica de diversos colores, y el Señor, Salvador nuestro, se sabe que tenía una túnica de varios colores: la Iglesia reunida de gentes diversas, a la que tomó a manera de vestido. Hay también otra diferencia de color en esta túnica, es decir, en la Iglesia que Cristo recibió, pues la Iglesia tiene múltiples gracias variadas: tiene mártires, tiene confesores, sacerdotes, ministros, vírgenes, tiene viudas, tiene operarios de la justicia. Aunque esta variedad de la Iglesia no supone variedad de colores sino variedad de gracias, pues con esta variedad de la Iglesia el Señor y Salvador nuestro resplandece con vestidura preciosa y variada. José, vendido por sus hermanos fue comprado por unos ismaelitas, y el Señor y Salvador nuestro, vendido por los judíos, fue comprado por los gentiles. Por último, los ismaelitas que compraron a José, llevaban consigo diversos perfumes, para que ahí se viera que los gentiles que venían a la fe exhalaban en el mundo entero aromas diversos de justicia. Cesáreo de Arlés, Sermón, 93, 3.


37, 4   Sus hermanos... le odiaban

La envidia daña el alma. La envidia es un vicio terrible, y cuando se apodera del alma, no la deja hasta haberla conducido a la monstruosidad más extrema. Corrompe al alma que la engendró y coloca al objeto de la envidia en el lugar contrario al deseado: más noble, más considerado, más conocido. Tal hecho, a su vez, produce en el envidioso nuevas y más insoportables aflicciones. Observa aquí, por ejemplo, cómo este varón admirable, sin saber nada de lo que sucede, habla a sus hermanos como si fueran de hecho hijos de su misma madre, y lo hace con toda confianza, dialogando con ellos con gran sencillez. Aquellos, sin embargo, dominados por el pecado de la envidia se preparaban para aborrecerlo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 61, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 321-324
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob vuelve a Betel


1Dios dijo a Jacob: "Ponte en camino, sube a Betel y establécete allí; allí construirás un altar al Dios que se te manifestó cuando huías de tu hermano Esaú". 2Jacob ordenó a su familia y a todos los que le acompañaban: "Retirad los dioses extraños que hay entre vosotros, purificaos y cambiaos de ropa; 3vamos a ponernos en camino y a subir a Betel, donde construiré un altar al Dios que me escuchó el día de mí aflicción y ha estado conmigo en el viaje que emprendí". 4Entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los pendientes que llevaban en sus orejas, y Jacob los enterró al pie de la encina que hay junto a Siquem.
   5Iniciaron el viaje y el terror de Dios invadió las ciudades de su alrededor, de forma que no persiguieron a los hijos de Jacob. 6Jacob llegó a la Luz, en tierra de Canaán, es decir, a Betel, con toda la gente que le acompañaba. 7Allí construyó un altar, y llamó a aquel lugar Dios de Betel, porque allí se le había manifestado Dios cuando huía de su hermano. 8Murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada cerca de Betel, al pie de la encina, por lo que se le dio el nombre de Alón- Bacut.
   9De nuevo se le manifestó Dios a Jacob, a su vuelta de Padán-Aram y le bendijo. 10Le dijo Dios: "Tu nombre es Jacob. Sin embargo ya no te llamarás más Jacob, sino que tu nombre será Israel". Y le puso por nombre Israel. 11Además Dios le dijo: "Yo soy El-Saday, sé fecundo y multiplícate; de ti se formará un pueblo e incluso una multitud de pueblos, y de tus entrañas saldrán reyes. 12La tierra que di a Abrahán e Isaac te la doy a ti; y a tu descendencia futura daré esta misma tierra". 13Y Dios se elevó de su lado, del lugar donde había hablado con él. 14Jacob erigió una estela en el lugar en el que Dios le había hablado. Era una estela de piedra. Hizo sobre ella una libación y derramó aceite sobre ella. 15Jacob llamó Betel a aquel lugar en el que Dios le había hablado. (Génesis 35, 1-15).


35, 2   Purificaos y cambiaos de ropa


También nosotros debemos cambiarnos de ropa. Después de que fue llamado por Dios y subió a Betel, es decir, a la casa de Dios (así es como se interpreta Betel), ofrece sacrificios a Dios y se manifiesta como jefe y ministro de los santos ritos. Ordena a sus sucesores de qué modo es preciso entrar en la casa de Dios. Ordenó arrojar como basura e impureza los dioses extranjeros y cambiar las prendas de vestir. Lo cual ciertamente es costumbre que lo hagamos nosotros llamados ante la presencia de Dios, cuando entramos en su divino templo y especialmente en el tiempo del bautismo. Es preciso que todos nosotros, como quien echa de en medio los dioses ajenos y como quien se aparta de un error, digamos: "Renuncio a ti, Satanás, y a toda tu pompa, y a todo tu culto". Es preciso que todos nosotros cambiemos de vestido "despojándonos en cierto modo del hombre viejo, el hombre corrompido conforme a los deseos del error", "cambiados en el hombre nuevo y renovado en conformidad con la imagen de aquel que lo creó". Las mujeres que estaban con Jacob se despojaron de sus pendientes y, habiendo entrado en la casa de Dios sin nigún adorno carnal, con sus cabellos sueltos, salvan su cabeza de la acusación de soberbia. Esto es lo que significa, según creo, el que las mujeres arrancaron los adornos que llevaban en las orejas. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 5, 4.


35, 14   Era una estela de piedra


La estela de piedra ungida prefigura a Cristo. Así pues, cuando subamos a Betel, es decir, a la casa de Dios, allí reconoceremos la piedra, la piedra escogida, que ha sido constituida en piedra angular, es decir, Cristo. Veremos al ungido por el Padre para alegría y gozo de toda criatura que hay bajo el cielo. Como he dicho el Hijo fue por Dios y Padre: "La alegría de todos nosotros, el gozo universal", según la voz del Salmista. También podrías ver esto prefigurado en las palabras que nos acaban de decir: "Levantó Jacob una piedra rociándola con vino y aceite". Lo realizado es un símbolo del misterio de Cristo, por el cual y con el cual sea dada gloria al Padre junto con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 5, 5.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 319-320
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Venganza de los hijos de Jacob


1Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió a ver a las jóvenes de la región. 2La vio Siquem, hijo de Jamor el jeveo, príncipe del país, se la llevó, se unió a ella y la humilló. 3Se enamoró de Dina, hija de Jacob, amó a la muchacha y le habló al corazón. 4Siquem dijo a su padre Jamor: "Toma esta joven para mí como esposa". 5Jacob se enteró de que habían deshonrado a su hija Dina; pero como sus hijos estaban con el ganado en el campo, Jacob guardó silencio hasta su vuelta. 6Jamor, padre de Siquem, salió a donde estaba Jacob para hablar con él. 7Los hijos de Jacob, al volver del campo, se enteraron; los hombres se llenaron de pena y de furia porque se había hecho una infamia contra Israel al haberse unido a una hija de Jacob; y eso no es lícito.
   8Jamor habló con ellos diciendo: "Mi hijo Siquem ama de corazón a vuestra hija; dádsela, por favor, como esposa. 9Emparentad con nosotros, dadnos vuestras hijas y tomad para vosotros las nuestras. 10Os quedaréis a vivir con nosotros; el país estará a vuestra disposición; estableceos, recorredelo y adquirid posesiones en él". 11También Siquem habló al padre y a los hermanos de Dina: "Que halle yo favor ante vosotros; cualquier cosa que me pidáis os la daré. 12 Subidme mucho el precio y los regalos por la novia, que os lo entregaré como me digáis; pero dadme a la muchacha como esposa".
13Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Jamor hablándoles con engaño, porque aquél había deshonrado a su hermana Dina. 14Les dijeron: "No podemos hacer tal cosa, dar nuestra hermana a un hombre que es incircunciso, pues sería una afrenta para nosotros. 15Solamente os lo consentiremos con esta condición: que seáis como nosotros, circuncidándoos todos los varones. 16Entonces os daremos a nuestras jóvenes y tomaremos las vuestras; habitaremos con vosotros y seremos como un solo pueblo. 17Pero si no estáis de acuerdo en circuncidaros, tomaremos a nuestra hija y nos iremos".
18Su propuesta pareció bien a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor; 19y el joven no tardó en hacerlo, porque estaba enamorado de la hija de Jacob, y era el más influyente de la casa de su padre. 20Después Jamor y su hijo Siquem fueron a la puerta de su ciudad y hablaron a sus conciudadanos diciéndoles: 21"Esos hombres están en son de paz hacia nosotros. Que habiten en la región y puedan recorrerla, ya que es una región espaciosa para ellos. Tomaremos a sus hijas por esposas y les daremos las nuestras. 22Pero estos hombres sólo consentirán en habitar con nosotros y llegar a ser un solo pueblo con una condición: que nos circuncidemos todos los varones, como ellos están circuncidados. 23Sus ganados, sus posesiones y sus animales, ¿no serán entonces nuestros? Así que demos nuestro consetimiento, y que habiten con nosotros". 24Todos los que salían por la puerta de la ciudad escucharon a Jamor y a su hijo Siquem; y se circuncidaron todos los varones, todos los que salían por la puerta de la ciudad.
    25Al tercer día, cuando aquéllos estaban en medio de los dolores, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, empuñaron cada uno una espada, penetraron en la ciudad que estaba desguarnecida y mataron a todos los varones. 26También pasaron a espada a Jamor y a su hijo Siquem; sacaron a Dina de casa de Siquem y se marcharon. 27Los hijos de Jacob se lanzaron sobre los muertos, y saquearon la ciudad, porque habían deshonrado a su hermana. 28Se llevaron ovejas, vacas, asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo; 29tomaron como botín todas sus riquezas, sus niños y sus mujeres, y saquearon lo que había en las casas. 30Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: "Me habéis traído la desgracia haciéndome odioso a los habitantes del país, cananeos y perezeos. Somos pocos y ellos se reunirán contra mí, me atacarán y me aniquilarán a mí y a mi familia". 31Le respondieron: ¿Se podía tratar a nuestra hermana como a una prostituta?". (Génesis 34, 1-31).

34, 30   Me habéis traído la desgracia

Refugiarse en el tabernáculo del Señor. Los que son según la fe hermanos de la injuriada, aunque desempeñen el orden sacerdotal, como era el caso de Leví, sin duda, o también si así se considera a Simeón, es decir, los situados en el orden de los súbditos (Simeón es interpretado como "obediencia"), se indignan si alguno de sus familiares en la fe es ofendido. Pero que no llegue a la sangre ni pidan castigos severos para los corruptores, para que no tengan que oír a Cristo que dice: "Me habéis hecho odioso, de suerte que soy malo a los ojos de todos los habitantes de la tierra". Es preciso recordar que el mismo Salvador reprendió a Pedro en cierta ocasión cuando desenvainaba su espada, diciendo: "Vuelve la espada a su vaina, pues todos los que toman la espada, a espada morirán". Pues no sería conveniente que estuviéramos armados contra los enemigos los que hemos elegido esforzarnos en el amor a Dios, sino más bien ser pacientes, aunque algunos hayan decidido perseguirnos, y bendecir a los que nos injurian, tolerando por nuestra parte no huir, y más bien entregarnos a quien juzga justamente. Aquellos que desean evitar la destrucción deben procurar no alejarse de la tienda paterna, es decir, de la casa de Dios, ni dirigirse a los rebaños de extranjeros o herejes. Dina, por haber salido de la casa paterna, fue llevada a la casa de Siquem; pero nunca habría sido ultrajada si hubiera permanecido siempre en las mansiones paternas y hubiera vivido siempre en la tienda de los santos. Que esta decisión era hermosa y útil, nos lo persuade el bienaventurado David cuando canta: "Una cosa pido al Señor, esto buscaré; habitar en la casa del Señor durante todos los días de mi vida, que vea yo los atractivos del Señor y ver su santo templo. Porque me ocultó en su tabernáculo, en el día de los males me protegió en lo oculto de su tabernáculo". Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 5, 4-5.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 317- 319
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob se reconcilia con Esaú


1Jacob alzó la vista y vió que venía Esaú acompañado de cuatrocientos hombres. Entonces repartió a los niños entre Lía, Raquel y las dos esclavas. 2Colocó delante a las esclavas con sus hijos, tras ellas a Lía con sus hijos, y detrás a Raquel con José. 3Él pasó delante de todos y se postró en tierra siete veces hasta llegar a su hermano.
   4Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello, le besó y rompio a llorar. 5Alzando la vista vio a las mujeres y a los niños, y preguntó: "¿Quiénes son éstos?". Respondió: "Son los hijos que Dios ha concedido a tu siervo". 6Entonces se acercaron las esclavas con sus hijos y se postraron. 7Se acercó también Lía con sus hijos y se postraron. Después se acercaron José y Raquel y se postraron. 8Preguntó de nuevo: "¿Qué es toda esa caravana que he encontrado?". Jacob contestó: "Es para alcanzar el favor de mi señor". 9Repuso Esaú: "Yo tengo mucho, hermano mío; guarda lo que es tuyo". 10Jacob replicó: "De ningún modo. Si he hallado gracia a tus ojos, acepta mi regalo, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios, y me has acogido bien. 11Acepta, por favor, el presente que te he traído, pues me lo ha concedido Dios y de todo tengo en abundancia". Le insistió tanto que aceptó.
   12Y dijo Esaú: "Pongámonos en marcha; yo iré a tu lado". 13Jacob le respondió: "Mi señor sabe que los niños son débiles, y llevo ovejas y vacas criando; si las apremian una sola jornada, todo el rebaño morirá. 14Vaya, por tanto, mi señor delante de su siervo, y yo seguiré despacio, al paso de la caravana que llevo delante, y al paso de los niños, hasta llegar a donde está mi señor en Seír".
   15Esaú dijo: "Dejaré contigo parte de la gente que me escolta". Contestó Jacob: "¿Para qué? Sólo quiero hallar gracia ante mi Señor". 16Aquel día Esaú volvió por su camino hacia Seír. 17Jacob marchó a Sucot, donde se construyó una casa e hizo cabañas para su ganado. Por eso puso por nombre a aquel lugar Sucot.
   18Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, en tierra de Canaán, viniendo de Padán-Aram, y acampó frente a la ciudad. 19Entonces compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, la parte del campo donde había plantado su tienda por cien monedas. 20Construyó allí un altar y lo llamó El-Elohé-Israel (Génesis 33, 1-20).


33, 4   Esaú corrió a su encuentro


Cristo se reconciliará con Israel. Pero en los últimos tiempos nuestro Señor Jesucristo reconciliará a Israel, el antiguo perseguidor, consigo, lo mismo que Jacob, después de la vuelta de Jarán, acogió a Esaú entre besos. Si aplicamos atentamente nuestro oído a la Escritura, de ningún modo podríamos poner en duda que el mismo Israel después de los tiempos será recibido en el amor de Cristo por medio de la fe. El Señor de todas las cosas dijo en algún lugar por alguno de los santos profetas: "Por lo cual los hijos de Israel se sentarán durante muchos días sin que haya rey alguno, ni príncipe, ni sacrificio, ni altar para el sacrificio, sin sacerdocio, sin manifestaciones, y después de esto, los hijos de Israel volverán y buscarán al Señor su Dios y a David su rey y pondrán su esperanza en el Señor y en sus bienes en el último de sus días". Al reunir aún Cristo Salvador de todos nosotros a los creyentes de entre las naciones, Israel quedó en cierta medida abandonada, sin ley que hiciera las veces de árbitro de lo que se debía hacer, sin la presentación en el altar divino de lo que estaba prescrito por la ley; aguardaba de alguna manera a Cristo que retornase después de la llamada de los gentiles, para que después fuera posible que él mismo entrara en Israel por medio de la fe, y por la ley del amor solamente Israel tuviera contacto con los otros. Observa cómo Jacob, gozoso por la descendencia de sus hijos y por las muchas crías de sus rebaños, vuelve de Jarán y de esta forma más tarde recibe en su amistad al mismo Esaú. Así pues, después de los tiempos, después de la llamada de los pueblos, retornará Israel y admirarán estas mismas riquezas en Cristo. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 5, 3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 315-316
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob lucha contra un hombre


23Se levantó por la noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos esclavas y a sus once hijos y cruzó el vado de Yaboc. 24Los llevó y les hizo pasar el río; después pasó todo lo que tenía, 25y se quedó Jacob solo. Un hombre estuvo luchando con él hasta rayar el alba; 26y al ver aquel hombre que no lo podía, le alcanzó en la articulación del muslo; y se le dislocó a Jacob la articulación del muslo en su lucha con él. 27Y le dijo el hombre: "Suéltame, pues va a rayar el alba". Le contestó: "No te soltaré hasta que no me bendigas". 28Entonces le preguntó: "¿Cómo te llamas?". Respondió: "Jacob". 29Le dijo: "Ya no te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has podido". 30Jacob le pregunto: "Por favor, dime tu nombre". Le contestó: "¿Por qué preguntas mi nombre? Y le bendijo allí mismo. 31Jacob puso a aquel lugar el nombre de Penuel, porque se dijo: "He visto a Dios cara a cara y conservo la vida". 32Salía el sol cuando atravesó Penuel, e iba cojeando del muslo. 33Por eso los hijos de Israel no comen hasta hoy el tendón que está en la articulación del muslo, porque en el tendón fue alcanzada la articulación del muslo de Jacob. (Génesis 32, 23-33).


32, 25   Un hombre estuvo luchando con él


La lucha por la virtud. Así Jacob, que había purificado su corazón de todo rencor y tenía sentimientos de paz, después que hubo alejado se sí todas sus pertenencias, se quedó solo y luchó con Dios. En efecto, quien no se preocupa de las cosas mundanas se acerca más a la imagen y a la semejanza de Dios. En verdad, ¿qué quiere decir luchar con Dios sino emprender la lucha por la virtud y entrar en combate con uno que es más fuerte y llegar a ser un imitador de Dios mejor que de los demás? Y porque su fe y su devoción eran insuperables, el Señor le revelaba los misterios secretos golpeando la articulación de su muslo, porque de su descendencia estaba destinado a nacer de la Virgen el Señor Jesús, que no era ni inferior a Dios ni diverso de Dios. El lado del muslo que quedó entorpecido simbolizaba su cruz, porque Él traería la salvación a todos, extendiendo la remisión de los pecados sobre todo el mundo, y con el entorpecimiento y la muerte de su cuerpo alcanzaría la resurrección de los difuntos. Por este motivo, no inmerecidamente, sale el sol sobre el santo Jacob, por cuya estirpe resplandeció la cruz salvadora del Señor, y al mismo tiempo, porque el sol de justicia surge sobre aquel que ve a Dios, en cuanto Él mismo es la luz eterna. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 7, 30.


32, 26   Al ver aquel hombre que no le podía


Cuando él fue vencido, venció por nosotros. Hay judíos creyentes y judíos incrédulos. ¿Dónde fueron condenados por primera vez? En el primero de todos, en el mismo Jacob, padre de todos, llamado también Israel. Jacob significa usurpador; Israel, el que ve a Dios. Cuando regresaba de Mesopotamia en compañía de sus hijos, luchó con él un ángel que representaba a Cristo, y en la lucha, a pesar de ser muy superior por su poder, sucumbió el ángel y prevaleció Jacob. De idéntica manera sucumbió Cristo el Señor ante los judíos; prevalecieron ellos cuando le dieron muerte. A pesar de su gran poder, fue vencido, y donde fue vencido, allí alcanzó la victoria para nosotros. ¿Qué significa lo dicho? Que de la parte de su ser en que pudo sufrir la pasión derramó la sangre con que nos redimió.
   Así está escrito: Jacob prevaleció sobre él. Y, con todo, el mismo que luchaba, Jacob, era conocedor del misterio. Un hombre prevaleció en la lucha sobre un ángel, y al decir éste: "Déjame", el que había prevalecido le respondió: "No te dejaré si no me bendices". ¡Oh gran misterio! El vencido bendice habiendo sufrido quien libera; entonces tuvo lugar la bendición plena: ¿Cómo te llamas?, le preguntó. Aquél respondió: "Jacob". No te llamarás Jacob, le dijo, sino Israel. La imposición de nombre tan sublime es gran bendición. Como ya dije, Israel se traduce por "El que ve a Dios", nombre para uno solo y premio para todos. Para todos, pero todos los fieles y los bendecidos, tanto judíos como griegos. En efecto, el Apóstol llama griegos a todos los gentiles, porque entre los gentiles destaca la lengua griega. "Gloria y honor -son palabras del Apóstol-, gloria, honor y paz a quien obra el bien; al judío primero, y luego al griego; ira, indignación, tribulación y angustia para todo espíritu que obre mal; para el judío primero, y luego para el griego". Bien para los judíos buenos y mal para los malos; bien para los gentiles buenos y mal para los malos. Agustín, Sermón 229F, 2.


32, 27   No te soltaré hasta que no me bendigas


La lucha cesa al amanecer. Ved cómo no permite que siga la lucha en el momento en que empieza a amanecer. Pues no se lucha con los que están en la luz. A quienes han sido llevados a una luminosidad tan grande, a éstos les es digno decir: ¡Oh Dios, Dios mío, a ti te vigilo desde la luz". Y además de esto, lo siguiente: "Por la mañana oirás mi voz, por la mañana me pondré en tu presencia y me mirarás". Cuando la luz de la justicia, es decir, Cristo, nace en nuestra mente e infunde en nuestros corazones la claridad espiritual, entonces finalmente nos mostraremos sumamente luminosos a él por la bondad en todo, y apareceremos como dignos a nosotros mismos de la mirada de Dios. Los ojos de Dios, dice, sobre los justos. Al levantarse la aurora, hace cesar la lucha. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco.


32, 29   No te llamarás más Jacob, sino es Israel


Esta lucha prefigura otra lucha. Un hombre -dice la Escritura- luchaba con Jacob. Si es sólo un hombre ¿quién es? ¿de dónde viene? ¿Por qué disputa o lucha con Jacob? ¿Qué había pasado entre ambos? ¿Qué había sucedido? ¿Cuál era el motivo de una tan gran contienda y de una lucha tan grande? Además ¿por qué Jacob que aparece como más fuerte al sujetar al hombre con el que luchaba, le pide la bendición a aquel a quien retenía, y se la pidió porque, según el texto, ya estaba levantándose la estrella de la mañana? Pues porque esta lucha prefiguraba ya la que tendría lugar entre Cristo y los hijos de Jacob, que en el Evangelio se dice que se consumó. En efecto, contra este hombre ha luchado el pueblo de Jacob y en esta lucha el pueblo de Jacob se ha mostrado más fuerte, ya que ha conseguido contra Cristo la victoria de su iniquidad. En esta ocasión por el delito cometido, comenzó a cojear penosísimamente inseguro y tambaleante, en el camino de la propia fe y salvación, y, aunque se ha mostrado superior al condenar a Cristo, sin embargo tiene necesidad de su misericordia y todavía necesita su bendición. Pero este hombre que luchó con Jacob le dijo: "Ya no te llamarás Jacob, sino que tu nombre será Israel". Y si Israel significa el hombre que "ve a Dios", elegantemente mostraba el Señor que no sólo era un hombre el que luchaba entonces con Jacob, sino también Dios. Ciertamente Jacob veía a Dios, con el cual luchaba, aunque en la lucha retuviese su aspecto humano. Y par que no pudiera quedar ninguna duda, Él mismo dio la interpretación diciendo: "Porque has luchado con Dios y eres poderoso con los hombres". Por este motivo el mismo Jacob, comprendiendo la importancia del misterio y viendo claramente la autoridad de aquel con quien había luchado, puso por nombre a aquel lugar en el que había luchado, "visión de Dios". Además añadió razones para ampliar la interpretación de la expresión "de Dios": "He visto a Dios cara a cara y mi alma ha quedado salvada". Ciertamente vio a Dios, con el que había estado luchando como si lo hubiera estado haciendo con un hombre, y casi como si fuera el vencedor sujetó al hombre, pero en cuanto inferior le pidió la bendición como si se tratara de Dios. Así luchó con un dios y con un hombre. Y si en este pasaje se trataba de una prefiguración, en el Evangelio se consumó la lucha entre Cristo y el pueblo de Jacob, en la cual, aunque el pueblo pareciera superior, resultó inferior, en cuanto que quedó demostrado culpable, ¿quién dudará en reconocer que Cristo y el pueblo de Jacob, en quien la figura de esta lucha tuvo su cumplimiento, es no sólo un hombre, sino también Dios, pues la misma figura de la lucha parece que muestra que es hombre y Dios? Novaciano, La Trinidad, 18, 113-114.

32, 30   Por favor, dime tu nombre


La fuerza y la debilidad de Jacob. Aquella noche se le apareció un ángel luchó con él. [Jacob] vencía al ángel y era vencido por él para que aprendiera lo débil y lo fuerte que era. Era débil porque el ángel tocó su tendón y éste se dislocó. Era fuerte porque el ángel dijo: "Déjame marchar". Para mostrar durante cuanto tiempo se había enfrentado, dijo: "Está amaneciendo". Entonces Jacob pidió ser bendecido para hacer saber que se habían enzarzado con amor. Y también el ángel lo bendijo para mostrar que no estaba enojado porque un ser terrenal hubiera prevalecido sobre él. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 30, 3.


32, 31   Panuel


La consideración del Señor sobre nuestras limitaciones. ¿Ves cuánta confianza ganó Jacob por la visión que tuvo? Al decir: "Y conservo mi vida", está diciendo: Yo casi había perecido de miedo, soy un privilegiado puesto que he visto a Dios cara a cara "y conservo la vida". Entonces el sol brilló sobre él cuando pasó la visión de Dios.
   ¿Ves cómo el Señor siempre muestra consideración ante las limitaciones humanas, y lo realiza todo dando muestras de su amor característico? No te sorprendas, amadísimo, de la magnitud de su consideración; más bien recuerda que eso mismo lo hizo con el patriarca, cuando Abrahán estaba sentado bajo la encina y Dios vino en forma humana como invitado del justo en la compañía de ángeles, como una premonición del cielo de que Él asumiría un día la condición de los hombres para liberar a toda la naturaleza humana de la tiranía del diablo, y que nos conduciría a la salvación. En ese mismo momento, sin embargo, como eran tiempos tempranos, Dios se manifiesta a cada uno de ellos a modo de aparición, como también se dice por el autor inspirado: "Yo multiplicaré las visiones y haré lo mismo en las acciones de los profetas". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 58, 3.


32, 32   La articulación del muslo de Jacob


Insensibilidad a la gracia de la fe. Pero Jacob cojeó a causa de su muslo. "Por esto todavía hoy los hijos de Israel no comen el tendón".¡Ojalá lo hubieran comido y hubieran creído! Pero como no tenían intención de hacer la voluntad de Dios, por eso no lo comieron. Hay también algunos que entienden este pasaje del modo siguiente: Que Jacob quedase cojo de un muslo porque dos pueblos salieron de su descendencia y se revelaba ya el entorpecimiento que uno de ellos habría de tener respecto a la gracia de la fe. Así pues, éste es el pueblo que cojeó por el entorpecimiento de la perfidia. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 7, 31.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 308-314
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob trata de calmar a Esaú


14Pasó allí aquella noche y luego, de lo que poseía, separó un rebaño para su hermano Esaú: 15doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte corderos, 16treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte burras y diez asnos. 17Lo confió a su siervos, cada hato por separado, ordenándoles: "Pasad delante de mí y dejad un trecho entre un hato y otro". 18Al primero le dio está orden: "Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte de quién eres, a dónde vas, y para quién es eso que llevas, 19tú contestarás: "Es de tu siervo Jacob, un regalo que envía a mi señor Esaú; él viene detrás de nosotros".
   20Dio la misma orden al segundo, al tercero y a todos los que iban tras los hatos: "Esto es lo que diréis a Esaú cuando os encontréis con él; 21y añadiréis: 
   "Tu siervo Jacob viene detrás de nosotros". Pues se decía: "Lo aplacaré con el regalo que va por delante, y después lo veré cara a cara; quizá esté a mi favor". 22El regalo pasó por delante de él, y él se quedó aquella noche en el campamento. (Génesis 32, 14-22).


32, 14   Separó un regalo para su hermano


La virtud perfecta posee tranquilidad. Entonces, con la intención de pedir la paz a su hermano, [Jacob] durmió en el campamento. La virtud perfecta tiene un reposo tranquilo y sereno; al mismo tiempo, el Señor ha reservado su don a los más perfectos, diciendo: "Mi paz os doy, mi paz os dejo". En verdad, es propio de los perfectos no ser influidos fácilmente por las cosas mundanas, no ser turbados por el miedo, no ser agitados por la sospecha, no ser abatidos por el terror, no ser afligidos por el dolor, sino que como una rada segurísima delante de las olas que levanta las tempestades del mundo, tienen calmado el espíritu, que permanece inmóvil en un anclaje seguro. Cristo ha traído esta estabilidad a las mentes de los cristianos, trayendo la paz interior a los ánimos de aquellos que han superado la prueba, para que nuestro corazón no sea turbado ni nuestro ánimo agitado. El docto Apóstol afirmó que esta paz es superior a toda inteligencia, diciendo: "Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia, custodiará vuestros corazones y vuestros sentimientos en Cristo Jesús". Así pues, el fruto de la paz es la ausencia de perturbación en el corazón. En una palabra, la vida del justo es tranquila; en cambio, el injusto está lleno de inquietud y turbación. Y así, es más atormentado el ímpio por las propias sospechas que la mayor parte de los hombres por los golpes de otros, y son más grandes los moratones de las heridas en su ánimo, que sobre el cuerpo de aquellos que han sido golpeados por otros.
   Es una gran cosa estar tranquilos interiormente y en acuerdo consigo mismo. Externamente, la paz es buscada a través de la vigilante prudencia del emperador, o a través de la mano de los soldados, o viene del éxito feliz de las guerras, o de una matanza de bárbaros, si ellos se combaten entre sí. En una paz de este género, el mérito no es nuestro, sino del suceso. Ciertamente la gloria de aquella paz es atribuida al emperador, mientras que el beneficio de esta paz es que está en nosotros y se conserva en el sentimiento de cada uno de nosotros. Es más grande el fruto de esta paz, porque se rechazan las tentaciones del espíritu del mal, mejor que las armas enemigas. Esta paz, que mantiene lejanos los atractivos de las pasiones corporales y mitiga las perturbaciones, es más noble que aquella que frena las invasiones de los bárbaros. En efecto, es mucho más grande resistir al enemigo encerrado dentro de ti, que aquel que está lejano. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 6, 28-29.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 306-307
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob pide la liberación


10Entonces clamó Jacob: "Dios de mi padre Abrahán, Dios de mi padre Isaac, el Señor, que me dijiste: "Vuelve a tu tierra, a tu descendencia, que yo seré generoso contigo". 11Soy indigno de todos tus favores y de toda la lealtad que has mostrado con tu siervo, pues atravesé el Jordán sin otra cosa que mi cayado, y ahora he llegado a formar dos campamentos. 12Líbrame de la mano de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de él, no vaya a venir y mate a la madre con los hijos. 13Tú mismo dijiste: "Seré muy generoso contigo y multiplicaré tu descendencia como la arena del mar, que, por ser tanta, no se puede contar. (Génesis, 32, 10-13).


32, 11   Ahora he llegado a formar dos campamentos


"Cruzó el Jordán únicamente con su cayado" Era un portentoso misterio que tomara anticipadamente en su mano el signo de la cruz del gran profeta. Levantó sus pies hacia la tierra de la gente del Este, pues de ella surgiría la luz para los pueblos. Se reclinó sobre el pozo que tenía una piedra sobre su brocal y que muchos no habían podido levantar (muchos pastores no pudieron levantarla y abrir el pozo hasta que vino Jacob) y por la fuerza del Pastor que estaba oculto en sus miembros, levantó la piedra y dio de beber a su ganado. Muchos profetas vinieron y no pudieron revelar el bautismo, hasta que vino el gran profeta y lo abrió por sí mismo y fue bautizado, llamando y diciendo con su agradable voz: "Todo el que esté sediento que venga a mí y beba". Afraates, Sobre la oración, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 305
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob prepara el encuentro con Esaú


7Volvieron a Jacob los mensajeros diciendo: "Hemos llegado hasta donde está tu hermano Esaú, y también él viene a tu encuentro acompañado de cuatrocientos hombres". 8Se estremeció Jacob, y se llenó de angustia. Dividió a la gente que iba con él, las ovejas, las vacas y los camellos, en dos campamentos 9diciéndose: "Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el campamento restante podrá escapar". (Génesis 32, 7-9).


32, 7   Él viene a tu encuentro


Jacob se aterrorizó. Observa cómo eso es suficiente para acrecentar el miedo del justo. Lejos de comprender la intención de su hermano, Jacob se aterrorizó al comprender el número de los que se acercaban, y sospechó que venían con ánimo hostil y que querían alcanzarlo. El texto dice: "Jacob se estremeció y se llenó de angustia". El miedo perturbó su pensamiento, y en lugar de saber qué hacer, se encontró perdido; aterrorizado y con la perspectiva de la muerte ante él, "dividió a todos los que estaban con él en dos campamentos", y dijo: "Si viene contra un campamento y lo ataca, el otro tendrá la oportunidad de huír". Así el miedo y el gran terror ordenaron estas cosas. Viéndose cogidos en una trampa, se refugió en el Señor invencible y le recordó las promesas hechas por el Dios de todos, como si le dijera: Ahora ha llegado el momento de gozar de tu ayuda completa por la virtud de mis antepasados y las promesas que les hiciste. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 58, 1


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 304
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob envía mensajeros a Esaú


1Se levantó Labán muy de mañana, dio un beso a sus nietos y a sus hijas, los bendijo, y se fue. Labán regresó a su región. 2Jacob, en cambio, siguió su camino, y entonces le salieron al encuentro unos ángeles de Dios. 3Al verlos dijo Jacob: "Éste es el campamento de Dios". Y llamó a aquel lugar Majanaim.
   4Jacob envió por delante mensajeros a su hermano Esaú, a la tierra de Seír en la región de Edom, 5y les dio esta orden: "Así diréis a mi señor Esaú: Esto dice tu siervo Jacob: He permanecido con Labán hasta ahora, 6y poseo bueyes y asnos, ovejas y vacas, siervos y siervas. Lo mando comunicar a mi señor para hallar gracia ante él". (Génesis 32, 1-6).


32, 1   Se levantó Labán muy de mañana


La gran sabidurá de Dios. ¿No ves, amadísimo, la gran sabiduría de Dios demostrando su cuidado para el justo, apartando al otro de su injusticia y, prohibiéndole hablar mal de Jacob, dirigiéndolo así gradualmente al camino del conocimiento de Dios? Aunque Labán, como a una bestia salvaje, había intentado tenderle una trampa y destruirlo, le presentó sus excusas, besó a sus hijas y a sus hijos, se despidió y regresó a casa. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 7.

32, 2   Unos ángeles de Dios

Muchos ángeles estaban con Jacob. Después de separarse el uno del otro, "los ángeles de Dios se encontraron con Jacob" para hacerle saber que si Labán no obedecía a Dios -que se le había aparecido por la tarde- tanto él como sus acompañantes serían destruidos al amanecer por los ángeles que protegían a Jacob. Del mismo modo que durante su descenso le mostró a los ángeles que le acompañaban, durante su ascenso le mostró también a los ángeles, para hacerle saber que la palabra que le había pronunciado era verdadera: "Yo bajaré contigo y Yo te haré subir allí". El ejército de ángeles que le mostró era para que no tuviese miedo de Esaú, pues (los ángeles) que estaban con él eran más numerosos que los que estaban con Esaú. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 30, 1.

32, 4   Jacob envió por delante mensajeros


Dios calmó la ira de Esaú. Observa qué grande era el miedo que aún perseguía a Jacob incluso tras la visión que había tenido este justo. Él tenía miedo del ataque de su hermano y era consciente de que la memoria de lo que había hecho anteriormente podría provocar que Esaú le atacara. "Di a mi señor Esaú -dice Jacob a su sirviente-: Yo he estado morando con Labán y allí permanecí hasta ahora; he adquirido ganado y asnos y ovejas, siervos y siervas. He enviado esta palabra a mi señor en la esperanza que su siervo pueda encontrar favor contigo". Considera cómo Jacob tenía miedo de su hermano y, deseando aplacarlo, le envió una embajada que lo alertara de su venida, hablándole de la riqueza adquirida por él y del lugar donde había pasado todo este tiempo, de modo que consiguiera aplacar la cólera de Esaú y atraer su favor. Esto pasó de hecho, pues Dios aplacó su corazón, alivió su enojo y lo hizo cortés. Después de todo, si a causa de lo que dijo Jacob a Labán, quien lo había perseguido lleno de furor, [el Señor] le hizo sufrir tanta aprensión, con mayor razón obró que el hermano fuese más afable con el justo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 58, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 302-303
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Pacto entre Labán y Jacob


43Respondió Labán a Jacob: "Ésas son mis hijas, ésos mis hijos, y ése mi rebaño; todo lo que ves es mío. ¿Qué puedo hacerles hoy a mis hijas o a los hijos que ellas han dado a luz? 44Ahora, pues, vamos; establezcamos una alianza entre tú y yo que sirva de testimonio entre los dos". 45Jacob tomó una piedra y la erigió como estela. 46Y dijo Jacob a sus familiares: "Recoged piedras". Ellos recogieron piedras, hicieron un montículo y comieron allí sobre el montículo. 47Labán lo llamó Yegar-Sehadutá y Jacob lo llamó Galed
   48Dijo entonces Labán: "Este montículo sea hoy testigo entre tú y yo". Por eso le puso el nombre de Galed, 49y también Mispá, pues dijo: "Que el Señor nos vigile a ti y a mí cuando nos hayamos alejado el uno del otro. 50Si maltratas a mis hijas o tomas otras mujeres además de mis hijas cuando no haya nadie con nosotros, ten presente que Dios es testigo entre tú y yo". 51Dijo también Labán a Jacob: "Aquí está este montículo, y ahí la estela que he levantado entre tú y yo. 52Este montículo y la estela son testigos de que yo no traspasaré este montículo ni la estela hacia ti, ni tú traspasarás este montículo ni la estela hacia mí, para nada malo. 53Que el Dios de Abrahán y Dios de Najor, el Dios de sus padres, juzgue entre nosotros". Jacob juró por el Temor de su padre Isaac. 54Y ofreció Jacob un sacrificio en la montaña, invitando a comer a sus parientes. Comieron pan y pasaron la noche en la montaña. Génesis (31, 43-54).


31, 49   Que el Señor nos vigile


El que lo ve todo. Considera cómo Labán se acerca gradualmente al conocimiento de Dios. El que previamente había acusado a aquel hombre bueno de robar sus dioses familiares y había llevado a cabo semejante búsqueda, ahora dice: "Como no hay nadie entre nosotros que pueda actuar en el caso de que algo suceda después, que Dios sea testigo entre nosotros de lo que estamos haciendo. Él está presente, lo ve todo y nada escapa a su atención, porque lee el corazón de cada persona". Juan Cisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 7.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 301-302
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez